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domingo, marzo 03, 2024

Seguridad

Admiro el aplomo que deriva del conocimiento.

Cuando un médico te responde sí o no, sin titubeos. Cuando lo hace un compañero de trabajo respecto a cuestiones que suponen muchos miles de euros. Incluso cuando en un restaurante preguntas por una recomendación.

El carpaccio de alcachofas.

La duda interna es una fuente de sabiduría en el día a día, porque nos abre las puertas a la reflexión y eso nos hace crecer. Dudar es reconocer nuestras flaquezas y trabajarlas.

Pero cuando necesitas una certeza, qué atractiva es la persona que te responde, firme, a los ojos, cuál es su verdad.

Rencor

Siempre he pensado que un poquito de rencor es bueno.

Que ejerza de memoria respecto a quienes me hicieron mucho daño, que los hubo. 

Me parece demasiado naif eso de olvidar traiciones y puñaladas.

No es cuestión de poner fotos en tu habitación a las que ir lanzando dardos antes de irte a dormir, sino de saber con quiénes no, nunca, a ningún lado.

Lluvia

Estoy seguro que que el hombre controlará que llueva lo preciso, donde sea necesario y a las horas en que no moleste.

Tanto como que dará con la técnica, individualizada, para eliminar el horroroso drama del cáncer de nuestra sociedad.

No tengo dudas de que encontrará la fórmula para producir alimentos suficientes para toda la población sin destrozar el planeta.

Lo que no tengo claro es si ese mismo hombre se matará antes a sí mismo en guerras de soberbia, ira y rencor.

El bienestar personal tiene mucho que ver con cómo tenemos compartimentada la cabeza.

Si tu mente es un solo espacio donde todo se confunde, es difícil manejarte con soltura por el mundo. Los traumas y los proyectos se juntan y de esa ensaladilla no puede salir la calma que requiere el sentirse bien en la propia piel.

Las pérdidas, que todos arrastramos, deben tener su sitio en nuestro cerebro, pero deben estar bien separadas de las preocupaciones del día a día, y éstas deben tener un sitio apartado de aquél donde están nuestras ilusiones de futuro. El amor, el deseo sexual, la ternura, la reflexión. Debemos poder abrir esos cajones en cada momento preciso.

Si una muerte de alguien querido causa estragos en cada uno de nosotros, tenemos que encontrar el modo de acudir a ella cuantas veces lo necesitemos, pero sin que todo nuestro pensamiento se llene para siempre del aroma negruzco del dolor.

Eso no es traicionar a nadie, sino vivir con dignidad.

miércoles, febrero 28, 2024

Gozo

Escribir una novela es una lucha entre el sufrimiento y el gozo.

Tengo clarísima en mi cabeza mi próxima historia, ya los personajes conviven conmigo en mi vida diaria. Cada día descubro algún detalle de ellos que se me escurría, al acostarme me susurran historias de su pasado que casan con sus comportamientos actuales, visualizo escenas extraordinarias donde todo se derrumbó entre ellos, empatizo con sus ilusiones, admiro cómo deshicieron errores pasados.

La dificultad es encontrar la fuerza para abrir el fichero y colocarse tras la última frase, respirar hondo y mimetizarse con el escenario, con la mirada de ella, con la respiración acelerada de él, ponerse en la piel de uno y otra para continuar la historia allí donde la dejé, donde ella me dejó a mí.

Se sufre, porque tengo que salir de mí para convertirme en ellos, por lo que aparecen mil excusas para dilatar el momento, ese instante en el que, por fin, tecleo la primera frase. Él la mira, ella le dice qué estás mirando y todo comienza a rodar.

Cuando cierro el ordenador y vuelvo a ser yo, todo es gozo.

Catetos

La gente menos viajada, menos leída, menos curiosa, más apoltronada piensa que los extranjeros son tontos y no tienen remilgos en gritarlo al viento.

-Mira el guiri ese, la cara de pánfilo, que no se entera ni de la mitad.

Ese guiri, que es probable que no hable el idioma de la tierra que visita, ha hecho el esfuerzo de gastarse un dinero en visitar la tierra de quien le critica, pone de su parte por entender el menú del restaurante y trata de leer acerca del lugar que visita para ampliar su mundo.

Son los guiris, o nosotros cuando estamos en lugares lejanos, los que unen el planeta, los que lo hacen más grande, los que saben explicar qué se siente allá o allí, los que rompen fronteras.

El guiri tiene de tonto lo que de avispado tiene el cateto que lo critica.

Restaurante

A veces miro a la gente cenando en un restaurante o charlando con amigos en un parque y me digo, qué bonito es vivir.

Me pongo el disfraz de hombre invisible y me mezclo entre viandantes que no conozco, poco importa en qué ciudad, en qué país o en qué circunstancias, para disfrutar de su cotidianeidad al escuchar historias que se repiten, banales, tremendas, cómicas, tristes acerca del devenir de las cosas.

Observo a ese chaval arreglado y perfumado, a esa señora buscando algo en el móvil, a la cría saltando a la comba como si le fuera la vida en ello y me digo, qué bonito es vivir.

Gordofobia

Ya me ha ocurrido en un par de ocasiones, que alguien o yo ensalcemos la figura de una amistad a quien queremos y surja la polémica.

Eso es gordofobia.

Al principio me lo tomé a mal, porque mi intención, o la de la persona que comentaba la pérdida de peso de alguien querido, salía del corazón con la idea de animarle.

No me ha hecho falta meditarlo más de dos veces para dar la razón a quienes critican esos comentarios, que permiten profundizar en complejos físicos de quienes los escuchan. Quizás, el día que no estén tan delgados, prefieran no salir a la calle o quedar contigo. Creemos hacer un favor al piropear y lo que estamos haciendo es definir el tamaño de su jaula.

'Es que antes no existían tantas tonterías', protesta una parte de la sociedad.

Es que antes éramos menos sensibles a los traumas de los demás. El peso, el acné, el pelo, las dentaduras, la forma de las piernas. Todo lo que no pasara por el estricto filtro de lo estándar podía ser motivo de mofa o llevar asociado comentarios degradantes.

Cómo vemos el cuerpo de los demás es problema nuestro, no de ellos.

Afortunadamente que vamos cambiando, que se crean esos términos para definir lo que no deberíamos hacer, hasta llegar al punto en el que no califiquemos nunca más a nadie por su físico.

Conseguiremos que las calles estén más llenas y haya menos gente mirando por la ventana.

Seremos, todos, más bonitos.

Carrefour

Recién llegados a Conil, nos fuimos a un supermercado para rellenar la nevera con los básicos.

Ya en la cola para pagar, mientras hablaba por el móvil, vi cómo Fran ayudaba a una cría que colocaba la compra en la cinta, cómo le acercaba el carro de cestas para que depositara la suya.

La niña, de unos diez años, siguió para delante sin mirar a los ojos a Fran. 

La madre, a su bola, se enzarzaba en una conversación con la cajera.

Dejé el teléfono y lamenté.

No se educa en dar las gracias.

A lo que Fran respondió con un 'qué pena'.

Andaluz

El sentimiento andaluz no va contra nadie, sino a favor de nosotros mismos. 

Queremos ser de todos los sitios de los que somos.

Hartos de ser motivos de mofa, por nuestro acento, por nuestra economía, por nuestro folklore, cada día nos reafirmamos más en lo que nos identifica, un pueblo humilde, orgulloso de entender la vida a pecho descubierto, buenos anfitriones sin enemigos por combatir, expertos en mano izquierda y en comunicarnos sin brusquedades.

Tal vez por nuestra sangre impura de tantas razas mezcladas y ese sol fuerte que nos alegra los días, no queremos dejar de ser lo que nos caracteriza, una sociedad con personalidad propia, donde lo que menos cuenta es el RH o el origen de nuestros apellidos.

Siendo de Andalucía, somos de cualquier lugar del mundo, porque no miramos a nadie por encima del hombro. Esta, mi tierra, es tuya también, todos los acentos son bienvenidos. Y yo, que estoy muy viajado, sé bien lo que me digo.

Cuánto más me dicen que somos incultos, que somos vagos, que somos horteras, que somos superficiales, cuántas más veces me piden que cuente un chiste por haber nacido donde he nacido, más me digo para mis adentros que no me cambiaría por ninguno de los que me critican.


Anchoas

Uno de los grandes retos del ser humano es saber gestionar sus contradicciones.

Nadie se libra.

No importa cuál sea la lucha, los intereses, las aficiones o los miedos, que siempre hay un detalle en nuestro comportamiento que nos desmiente, de ahí que, salvo con temas de aceptación universal, sea tan peligroso sentenciar acerca de nada, porque tendremos antes o después que comernos nuestras palabras.

Puedo ensalzar a Murakami y al mismo tiempo detestar cómo gestiona los finales de sus obras.

Puedo odiar a toda la clase política y admirar profundamente a un político.

Puedo condenar todas las guerras y, al mismo tiempo, defender la batalla de los ucranianos.

En temas peliagudos, me he visto defendiendo una opción tras haber abanderado la contraria.

Todo quien me conoce sabe que si hay alguna comida que no soporto, son las anchoas, pero, en secreto, y sin que nadie se entere, siempre hay aceitunas con anchoas en mi nevera.

lunes, febrero 26, 2024

Odio

Mucha gente confunde la libertad de expresión que dan las redes sociales con campo libre para odiar, sin importar los daños asociados.

Autoproclamados reyes de un territorio que les da visibilidad, se vienen arriba con insultos y desprecios que, si muestran algo, es sus complejos y su pequeñez. Expulsan la bilis que su cobardía les impide desahogar en su vida diaria del mundo real.

Un adulto que se precie de serlo debe poner filtro a sus instintos.

Interpretar esta ventana que nos da la tecnología como un búnker desde donde disparar nuestras frustraciones es no haberse enterado de lo que es la clave de la comunicación entre humanos, el respeto al otro.

A mí me educaron en pensar en los demás y no hacer pupas innecesarias.

jueves, febrero 22, 2024

Redención

La risa es la redención. 

Los libros te llevan a mundos que nunca visitarlas, sí, pero también te lanzan frases que resumen toda una filosofía de vida, para apropiártela para siempre. 

Fue mi hermana Raquel quien me introdujo en la atmósfera de Kallifatides, como ya en la adolescencia me hizo descubrir a Auster o la Highsmith. 

La sensibilidad del viejo escritor griego afincado en Suecia es de una sutileza que te reconcilia con el mundo.

Sí. La risa es la redención. 

Color

Yo me aprovecho de pintores excelentes para hacerme ver, luego está en ti el curiosear o no el texto que acompaña a esas pinturas.

Los que no lo hacen, muchas veces me preguntan si el artista soy yo.

Al aclararle que yo no hago sino ponerle letras a los cuadros, suelen responderme que tengo muy buen gusto, especialmente los que me siguen por Instagram, donde todo es imagen.

A mí no me desagrada ofrecer al mundo esa paleta de colores alegres de obras que no he creado yo, porque transmiten por sí solas lo que mis relatos quieren alcanzar. Darte un trocito de luz cada día.

Sin más.

México

Os invito a jugar a un juego.

En mis años parisinos, mi jefe me llamó una tarde para hacerme una propuesta.

Tenemos un problema importante con un proveedor mexicano y necesitamos que vayas allí unos meses hasta que enderecen el rumbo.

Yo mostraba un semblante sereno de mesa para arriba y me temblaban las piernas, ¡de emoción!, de mesa para abajo. 

El compromiso con mi empresa era enviarles un informe diario de cómo avanzaban todas las acciones que íbamos poniendo en marcha, de forma acordada, para remontar esa empresa.

Los primeros días todos los grandes jefes, desde Francia, respondían a mi reporte con infinidad de propuestas y preguntas. Pasados unos meses, nadie respondía a mis informes. Así que me decidí a escribir uno en el que decía 'me acabo de caer por la terraza de mi hotel en México y esstoy muerto'.

Nadie contestó. ¡Nadie me leía!

Ahora viene el juego. 

Si me lees, no le des al me gusta, el botoncillo azul, sino al de la risa. Vamos a hacer recuento y comprobar cuánta gente me lee o si tengo que cerrar el chiringuito.

miércoles, febrero 21, 2024

Censura

 A la hora de escribir no me puede cohibir el no molestar a gente querida que piensa distinto, poque, en el fondo, las defraudaría a ellas, sí, pero, sobre todo, me defraudaría a mí.

No niego que pienso en determinadas personas cercanas cuando me posiciono sobre algún tema, del mismo modo que sé que si lo sé es porque esa persona no tiene tapujos en manifestar lo que piensan.

Cuando, hace muchísimos años, decidí publicar mi primera novela, me invadía el rubor al imaginar la reacción de mi padre al leer las escenas de sexo, a pesar de que siempre las traté con delicadeza.

Tengo claro que el creador no debe censurarse por el qué dirán, sino por dejar de lado su propia autenticidad.

martes, febrero 20, 2024

Trabajo

Qué peligro nacer sin tener necesidad de trabajar.

Pongo nombre y apellidos a casos cercanos, pero también a personajes mediáticos que nacieron en entornos en los que no solo les dieron más de lo que necesitaban, sino que no les exigieron el esfuerzo de buscarse una forma de sustento.

Sí, son pocos, por fortuna.

Trabajar es tanto la maldición como la salvación, es la independencia labrada con el esfuerzo, la condena necesaria.

Tendríamos mil cosas por hacer si no trabajasemos, tanto como sé que podríamos dedicarnos a ellas porque nos hemos ganado el poder hacerlas, hemos superado retos por nosotros mismos sin ayudas, hemos sabido apretar los dientes cuando había que hacerlo.

Saber que somos capaces y que lo hicimos, nos catapulta como individuos.

domingo, febrero 18, 2024

Biblioteca

Todos tenemos nuestra biblioteca de recuerdos sexuales en nuestra cabeza.

Para qué engañarnos, no todas nuestras relaciones son para encuadrarlas en el marco de lo inolvidable. 

Hubo momentos, eso sí, con personas, circunstancias, tiempos, deseos, cuerpos y caricias que quedan para siempre en el archivo de lo más excitante que nunca nos pasó.

Es bonito tirar de ellos, para sacar una sonrisa, por motivarse, para darse un gustazo, por mantenerlos vivos.

Ese día, con esa persona, en aquel lugar, en que levitaste de placer.

Pasteles

Marisol, la tía de Fran, le dio una bandeja con cuatro pasteles para mí.

Que se los tome, que está muy delgado.

Cuando Fran apareció con los dulces, me entró un cosquilleo de emoción por el detalle que había tenido conmigo, pero lo tuve claro.

Dale un beso muy grance y las gracias, pero eso tiene mucha azúcar.

Ya a la tarde, con Fran fuera y yo recién terminado de trabajar, vi la bandeja sobre la encimera de la cocina. La abrí, por curiosear, y me encontré dos bollos de leche y dos hojaldres con crema.

Tomé un cuchillo para recortar un pequeño extremo del dulce que no tenía crema, por ver a qué sabía.

¡Una delicia!

Me comí los cuatro pasteles.

Absurdo

Reivindico mirar la vida, de vez en cuando, desde los ojos de lo absurdo.

Nos hacemos a nacer con piernas y brazos, a tener padres, a ingerir comida y expulsarla, a tener sexo con otras personas, a morir, a creer o no creer en un dios que todo lo sabe y todo lo puede, a juntarnos con amigos, a pelearnos, a buscar el amor, a sufrir dolencias, a disfrutar victorias.

Todo es absurdo cuando te pones las gafas de ver la realidad con lentes estrictamente racionales. Todo se desbarata y el mundo se convierte en un terreno de juego inentendible que te hace preguntarte ¿qué hago yo aquí?

Luego te quitas las gafas y, como el resto que no las lleva puesta, te limitas a seguir la partida.

jueves, febrero 15, 2024

Jueces

Tenía un compañero de clase, tan empollón como yo, que tardó hasta los treinta y tantos años en sacarse las oposiciones a notario.

Pudo hacerlo porque tenía una familia pudiente detrás que lo mantuvo durante todos esos años, de encierro conventual, para empaparse de libros gordísimos con leyes por memorizar.

Lo mismo ocurre con los jueces, los inspectores de Hacienda y otras profesiones que, salvo contadísimas excepciones, pertenecen a la clase alta de nuestro país.

No conozco a ningún juez ni notario que provenga de una familia obrera.

De ahí el carácter netamentte conservador de la carrera judicial. Si la vida nos lleva delante de un tribunal, sabemos que quien nos juzgue, muy probablemente, tendrá una sensibilidad que no corresponde con el perfil medio de la ciudadanía.

Incluso siendo un hombre bueno, tendrá un recorrido vital más acomodado que la media, menos conectado con las capas menos favorecidas de nuestra sociedad.

Si los jueces eligieran a su propio Consejo del Poder Judicial, tendríamos uno de los tres poderes de la democracia alejado de la realidad de las cosas. 

Si el pueblo vota, que sean nuestros representantes quienes los elijan.

Manta

En esta vida lo fácil es tirarse en la cama y taparse con la manta hasta arriba.

A todos nos gusta.

Esconderse en ese refugio siempre a mano para no participar del juego de los retos es destructivo. Son millones las personas que se meten en esa cueva, por no arriesgar.

Llega un día en el que se les viene el mundo encima y se dicen, no he viajado, no suena el teléfono, no tengo historias que contar, no sé hablar de nada interesante, porque siempre que le propusieron algo, cómodo o retador, prefieron apagar luces y tirarse en diagonal en el colchón.

miércoles, febrero 14, 2024

Izaguirre

Tomaba una sardinas en la playa con mi padre y sus amigos.

Alguien que no lo conocía bien, le llamó Boris, en vez de Bori, que es como lo conocíamos.

¿Cómo Boris Izaguirre? preguntó a mi padre.

¡No! Que yo no soy maricón.

Tal como lo dijo, se dio cuenta de que tenía a su hijo homosexual a su lado, con una cerveza.

Horas después vinieron a buscarme mis hermanas para decirme lo mal que se sentía por haber soltado esa frase. Que le daba incluso vergüenza hablarlo conmigo.

Le dije que le dijeran que los homosexuales llevamos toda la vida siendo insultados..

Y que sabía que no había maldad en él.

martes, febrero 13, 2024

Despistado

Acostumbrado a tocarme la cremallera del pantalón al salir de casa y llevarla abierta, soy especialista en comprobar varias veces que llevo la cartera, las llaves o el DNI si salgo de viaje, 

Tan despistado soy que, cada cierto tiempo, en cualquier sitio, echo mano a la portañuela, al bolsillo, al móvil y a las gafas de sol por ver si está todo en su sitio.

De tan en la parra que suelo estar, he creado, sin querer, mecanismos de control que hacen poco creíble mi fama de despistado. 

Tan de un extremo que era que, sin darme cuenta, atravesé al otro lado.

lunes, febrero 12, 2024

Yiyi

Nosotros somos cuatro hermanos, pero, de pequeños, en las fotos, siempre aparecíamos cinco.

Mi tío Yiyi, el pequeño de la familia de mi madre, estaba más cerca de nuestra edad que de la de sus hermanos mayores, así que, cada vez que hacíamos una excursión, se venía con nosotros.

Largo, de piernas inacabables, él nos iba abriendo camino. En su habitación de la casa de la abuela nos ponía canciones de Pink Floyd y los cuatro nos quedábamos embobados. El día en el que se echó su primera novia se rompieron muchas rutinas con él.

Cuando murió su hermana mayor, nuestra madre, él debió sentir un desconsuelo más de hijo que de hermano. Supo de nuestro inmenso dolor y nunca dejó de acompañar a esos chavalillos huérfanos, en plena adolescencia, que éramos los cuatro.

Ese hombre vital, culto y chistoso, hoy, tan joven, está viviendo una situación crítica, inesperada, de salud, y los cuatro hermano-sobrinos que tiene no hacemos más que pensar en él, en nuestro tío preferido, el más divertido, el que siempre estuvo a nuestro lado cuando más lo necesitábamos.

Lo queremos sano y fuerte, y él lo va a conseguir.

sábado, febrero 10, 2024

Cariño

Cuando hay amor, se llega al equilibrio.

El amor de verdad, maduro, es una lucha por no ganar, es un tablero donde no quieres que pierda tu contrincante, porque el corazón es sabio y sabe que, si buscas tu beneficio, se derrumba el pastel.

No es un equilibrio sencillo, siempre hay quien está mejor posicionado, más animado, menos apático. Es esa persona, la que tiene la fuerza en ese momento, la que debe entender que el mayor esfuerzo debe estar trabajado desde su lado.

Querer de verdad es no buscar victorias en la que no ganen los dos.

Agradecido

Soy tan de decir gracias, que incluso las digo cuando me las tienen que dar a mí.

Interpreto que ese hábito lo tomé de mi período vital en París, cuatro años residiendo en un país donde el 'merci' está en la boca de todos, aunque no esté acompañado por el gesto.

Yo lo tomo como una ganancia, que, a veces, incluso llega a incomodar. No hay plato que me cambien en un restaurante, respuesta que me den en una tienda, comentario que me hagan en el trabajo que no vaya seguido de un agradecimiento por mi parte.

De ahí que, en ocasiones, me aparte para dejarle el paso a alguien en cualquier espacio público y, además, le dé las gracias, instintivamente, por llenar el silencio que no merecen las situaciones de cortesía.

Prefiero el exceso.

viernes, febrero 09, 2024

Elisa

Cada vez que paso por la puerta del McDonald's del edificio Cristina veo a Elisa.

Pero no a mi querida Elisa de Ubrique, ni a mi adorada Elisa de Huelva, veo a la Elisa de 'El hombre que ya no soy'.

Demacrada, atacada, golfa y vividora, no puedo no pensar en ella cuando paso por allí. 

Crear mundos desde cero provoca ese efecto surrealista de cruzarte con gente que no existe sino en tu cabeza. 

Yo paso con el coche y me asomo, inconscientemente, por ver si la está liando, una vez más, en el McDonald's.

Fría

Me descuadra la gente de sangre fría. 

La admiro, la envidio, la observo.

Yo vivo con una persona así, comparto mi vida con ella, estoy enamorado de él. Me enseña, sin discursos, a ver las cosas con perspectiva, a pensar las cosas antes de estallar, a no caminar siempre al borde del precipicio.

Yo le bajé varios grados la temperatura a mi sangre desde que estoy con él, pero aún soy un individuo que se revuelve con demasiada facilidad.

Hay que apretar los dientes, aguantar el pronto y mirar con perspectiva.

Se gana, siempre se gana, cuando se actúa uniendo la cabeza al corazón.


Católico

Llegado bien de mañana a Barcelona un domingo reluciente, me lancé a atravesar las Ramblas tras leer la prensa con un tazón de Cola-cao en el café Zurich.

Mis pasos me dirigieron, tras saludar a Colón, hacia la basílica de Santa María del Mar, pura poesía en piedra, un espacio austero de techos altísimos donde me senté a descansar mientras mis ojos iban por libre atisbando cada detalle.

Un intento fallido en el Museo Picasso, ¡cortaron la cola justo delante de mí!, me llevó a la plaza de la Catedral. 

Dos chicas impedían el paso a todo el que no entrase a misa, lo que no me desanimó. Con mis mejores palabras, les comenté que hacía años que no pisaba Barcelona, que me quedaría apenas un minuto al fondo del templo, sin hacer fotos. Ellas se miraron, sonriendo, con cara de decirse ¡vaya petardo de tío, la chapa que nos está dando!

Entonces, conocedor de la importancia que le doy al respeto, me hice, por un momento y por partida doble, mentiroso.

Perdonad, pero voy a entrar, soy católico y he venido a rezar.

Y allí las dejé, tan ancho, mientras subía las escaleras camino de la Catedral.

sábado, febrero 03, 2024

Regalo

Voy sin tiempo, Salva, perdona por no habértelo dicho antes me decía mi amiga Isa. No tengo ni tiempo para aparcar. El amarillo. 'Y si aparece'.

Le dije que no se preocupase y que me dijese el nombre de la cumpleañera.

Se llama Guada.

Mi gente no se imagina la felicidad que me produce cada vez que se acuerdan de mí para regalar un libro. Esa sensación tan potente de comprobar que se sienten orgullosos de mí.

Sí, tengo miles de lectores en toda España. Sí, dedico mis novelas con todo mi afecto a personas que no conozco. Todo implica una satisfacción brutal de confianza en mi capacidad de emocionar con mis historias.

Pero llega un amigo y piensa en mí para un regalo de cumpleaños.

Y floto.

Luque

Yo andaba recién llegado.

Me habían dado la ropa de empresa y una persona de mantenimiento con la que estar a todas horas, para aprender. Recién salido de la escuela de Ingenieros, yo no tenía idea de nada, así que preguntaba con ansia infantil cada operación que mi tutor, de la edad de mi padre, realizaba; mientras, poco a poco, me iban dando autonomía.

Salva me paró un veterano de la fábrica, ¿quieres un café?

Se lo acepté. Por el poco tiempo que llevaba allí, sabía que esa persona era un referente entre las decenas de técnicos que trabajaban en el mantenimiento.

No camines nunca por la fábrica con las manos en los bolsillos me sugirió, con una sonrisa en la boca y con la elegancia de hacerlo sin que nos escuchara nadie.

Supongo que enrojecí. Por la evidencia del consejo y por no haberme dado cuenta, imbuido en otras cosas de ese período del paso a la vida adulta.

Guggenheim

Pregunté a una de las trabajadoras del Guggenheim acerca de una sala, por ver si formaba parte de una exposición. Me contestó que sí, con entusiasmo.

Entré y comprobé que emitían un documental bastante peñazo y que no había nadie más allí; esa vigilante de sala y yo.

Me había programado una jornada cultural intensa en las dos horas libres tras el trabajo, por lo que apenas en un rato tenía que dejar el museo para asistir a la presentación de un libro no lejos de allí.

La chica observaba cómo miraba yo la película, que ocupaba toda la pared.

Apenas tenía cuarenta minutos y todo el Guggenheim, visitado mil veces antes y siempre con propuestas nuevas, por ver.

Me di media vuelta y me fui, cruzando la mirada contra el entusiasmo de la explicación de la chica.

Perdona, tengo prisa —me justifiqué, sin necesidad.

Tal vez ella pensaría que cuando uno va a una exposición no debe tener prisa, yo me dije a mí mismo que poco importa lo que piense de ti un desconocido.

Pero aquí estoy escribiéndolo...

miércoles, enero 31, 2024

Complejos

Hay quien juzga las virtudes como complejos y que vienen a resumir en una frase.

'Si te comportas bien es por interés propio'.

Y no les falta razón. Es seguro que una parte de nuestras bondades tienen que ver con el querer ser queridos. ¿Qué habría de malo en eso? ¿Qué pecado se encuentra en buscar el amor con el amor?

Mientras tras los comportamientos afectuosos no haya una falta de autoestima, sino unas ganas sinceras de confortar, todo beneficio que venga de vuelta es bienvenido.

Porque no nos engañemos, a todos nos gusta que nos quieran.

Metido

Porque he vivido media vida deseando que alguien me preguntase qué es lo que me comía por dentro, soy un especialista en escuchar lo que la gente cercana me quiera contar.

No hay como abrir diques con alguien de confianza para sentirse menos raro, nada como descubrir que te comprenden llega a ser tan apaciguador.

Pasamos por la vida defendiendo un castillo en el que nos queremos sentir protegidos, sin darnos cuenta de que la verdadera fortaleza es tirar murallas, empezando por las propias.

Hay que saber entender esas señales y encontrar el momento de preguntar.

¿Cómo estás?

domingo, enero 28, 2024

Duermevelas

El momento del día que más disfruto es, sin duda, justo antes de dormir.

Cuando estoy agarrado a Fran y mi cabeza empieza a viajar entre los dos lados de la frontera, ya sin fuerzas, en ese instante mágico en el que se me cruzan pasado, presente y futuro y aparezco, sin darme cuenta, en otro mundo que también es mío.

Aún se escuchan los ruidos de la tele, o la música bajita del mundo que creemos real y yo batallo, relajado, por pensar en qué hice y todo lo que quiero hacer.

Son instantes de una paz infinita en donde todo sobra, nada tiene importancia, todo se ralentiza para no ser más que yo.

Formas

Es imposible convencerme de la bondad de una persona a la que le fallan las formas.

Me pueden criticar que pongo la cruz demasiado pronto a individuos que tratan con soberbia a otros, que ridiculizan, que no escuchan y hablan a gritos.

Pero, si es un pedazo de pan, Salva...

Yo a ese de pedazo de pan lo pondría en remojo para que se reblandeciera. Tal vez consigamos una torrija.

Inmortalidad

Uno de mis principales argumentos para no creer en la inmortalidad es la pura observación del género humano.

Hay gente tan mala, tan mediocre, tan absurda que destrozarían cualquier futuro en armonía por los tiempos de los tiempos. Auténticos bultos con ojos.

Yo habría hecho inmortal a Saramago, A José Luis Sampedro, a Montserrat Caballé, para que alegrara aún más el paraíso con sus arias...

Sin embargo, paseas un rato por cualquier ciudad y empiezas a rogar a quien corresponda que, por favor, esto no sea eterno.

Ruido de sillas

Tuve un director francés que, tras cada reunión, nos afeaba el que arrastrásemos las sillas o las dejásemos apartadas, de cualquier manera, de la mesa.

Podría parecer una tontería, podría hablar de otras cualidades más complejas de este hombre, que las tenía, pero a mí me demostraba con ese comentario la importancia que le daba a la más estricta educación, entendida como actuar pensando en los demás.

Es desagradable el ruido de una silla que se arrastra o llegar a una sala de reuniones como si allí hubiera habido una fiesta de pijamas.

No hay vez en la que me levante de una mesa de un restaurante y levante la silla para colocarla correctamente en su sitio.

Aún no he llegado al punto de solicitarlo a los demás, porque pienso, tal vez con cierta inocencia, que el ejemplo es la mejor forma de predicar.

Sensible

A veces querría ser menos sensible, pero no sé si ese deseo es sincero.

Me junto con gente tan alejada de los problemas del mundo que me digo si no sería más fácil vivir así. A fin de cuentas, mis diatribas acerca de lo que es justo o injusto no llegan a producir el más mínimo efecto para cambiar las cosas.

Dicen que es más feliz quien no empatiza, porque al no hacerlo no se lleva a casa los problemas de los demás.

La sensibilidad es una virtud que puede dañar a quien la padece, que abre los ojos a realidades que otros no ven, que perturba, hiere, descoloca, dificulta, desarbola, te cuestiona.

Yo querría ser menos sensible, me digo, pero sé que me haría mal.

Parla

Seguramente con alguna enfermedad mental, quién no la tiene en mayor o menor grado, una chica insultaba a todos los pasajeros del cercanías que llevaba de Chamartín a Parla.

¡Sois unos borregos!

Íbamos como sardinas en lata en un tren que yo solo cojo de vez en cuando para hacer un transbordo entre AVEs cuando viajo entre Valladolid y Sevilla. 

¡Todos los putos días lo cojo para trabajar y nos tratan como a mercancía!

Se quejaba de la frecuencia de los trenes y los pasajeros miraban al suelo o a sus móviles sin hacer caso a esa chica que se desgañitaba. 

¡Sois unos mierdas por no protestar!

Yo me bajé en Atocha, acogotado por la angustia que se respiraba en ese vagón, lleno de trabajadores apretujados en su resignación. 

sábado, enero 27, 2024

Vaticano

Sé que estuve en el Vaticano, sé que me impresionó, pero lo sé porque me consta que estuve, ya que aparece en mí como un recuerdo robado.

Me ocurre con determinados paisajes, personas o situaciones, que sé que los visité, las encontré, me ocurrieron, y al mismo tiempo no se instalaron en mi corazón, puede que porque mi cabeza estuviera en otras cosas que me perturbaban.

Sueño con volver a esas conversaciones que no me emocionaron siendo emocionantes, a ese inmenso Vaticano que vi pequeñito porque yo, ese día, estaba pequeñito, recuperar personas que sé que valían mucho y con las que no supe conectar, recorrer de nuevo Bolivia sin los miedos con los que la recorrí, abrazar con fuerza a aquellos que quisieron quererme y encontraron en mí un trozo de hielo a punto de derretir.

Plantarme allí y decir, perdón, esa era una persona que nunca quise ser. 

Impuestos

A nadie le gusta pagar impuestos.

Poco menos que un robo a nuestros esfuerzos cotidianos, a los ahorros de una vida, un atropello a lo que nos pertenece.

A nadie le gusta tampoco conducir por una autopista con baches, ni esperar diez horas en Urgencias, ni ver las calles llenas de basura, ni que los trenes de cercanías lleguen tarde y abarrotados.

Yo entiendo que al millonario le subleve pagar impuestos, porque tiene su médico privado, su cochazo antibaches y no se molesta en pasear mucho por las calles de su ciudad. (También hay millonarios solidarios).

El resto de los mortales debemos entender que parte del bienestar de nuestro país depende de nuestro esfuerzo, y eso es, debe ser, un orgullo personal.

Misión nuestra es elegir a quien mejor gestione ese dinero de todos.

viernes, enero 26, 2024

Aletargados

Cuántas veces no nos dejamos aletargar por programas de radio que no nos interesan.

Hasta que un día saltamos y nos decimos ¡basta ya! de aguantar a este pelmazo contándome siempre la misma historia.

Convivimos con situaciones que nos desagradan y la mayoría de las veces no nos damos cuenta. Volvemos a ponernos una y otra vez el pantalón deshilachado, comemos en el plato descascarillado, nos sentamos en la silla en la que se nos clavan los muelles y seguimos sin arreglar la puerta del lavavajillas.

¡Hay que solucionar!

La pereza es una gangrena que nos hace tener las piernas cada vez más llena de fango, tanto que, cuando nos queramos dar cuenta, nos hundiremos en las arenas movedizas de ni siquiera protestar.

Maldecir

Tenemos todo el derecho a maldecir nuestra suerte, a gritar con rabia que nadie tenía derecho a meternos en este sinsentido del vivir.

Lo grave es cuando lo hacemos a todas horas y con cualquier argumento.

Sí, la vida nos ofrece escenarios dolorosísimos de los que no se libra ni el más afortunado; sí, nos hace pequeñitos, vulnerables, insignificantes cuando quiere. No tiene compasiones con nadie y es justo protestar, aunque nuestro grito no vaya a otro lado que al más grande de los vacíos.

A cambio, hay días de pleno sol que, quizás, compensan los desengaños y dan sentido a lo que, a veces, pensamos que no lo tiene.

Ese sol puede ser una sonrisa.

miércoles, enero 24, 2024

Perderse

Cuando estoy falto de inspiración, leo novela, y siempre encuentro la salida al laberinto, porque no hay como la ficción para alimentar a la ficción.

Para los que amamos la literatura, las historias que se cuentan en un libro no son artificios, sino que detrás de ellas hay vida, desde el momento en el que una persona ha ocupado una gran parte de su tiempo, y de su esfuerzo, en poner en pie un conglomerado de personajes a los que ha dado el soplo de la vida con el que están bendecidos los escritores.

Así, cuando quiero ausentarme del mundo que me rodea y entrar, como Alicia, al otro lado del espejo, no tengo más que ir a mi biblioteca, alargar el brazo y decidí en qué lugar del mundo, y de los tiempos, me voy a perder sin que nadie sepa que no estoy aquí.

sábado, enero 20, 2024

Novelas

Uno de los mensajes que recibo con más frecuencia proviene de personas que tienen una vida que merece ser escrita.

Podrías hacer una novela con mi vida, Salva.

Es entrañable que cada cual se sienta protagonista de una novela. Es un buen mecanismo ése el de considerarse centro del universo para tirar hacia delante. Mucho mejor que asumir nuestra mediocridad, lo días iguales y la falta de alicientes.

Un buen escritor puede narrar una historia potente también de la más pura nadería, de esas personas que, siendo más o menos previsibles, se ven como reyes del mambo.

Planes

Esta misma tarde te llamo.

Nunca llama.

El miércoles te doy un toque para cenar en casa.

Nunca da el toque.

No hay mala intención, son tan solo incapaces de ejecutar sus promesas, sin darse cuenta de que esa falta de fiabilidad se graba en el cerebro de quienes reciben sus compromisos, que empiezan a descartar de sus planes de vida a esa persona que siempre falla.

Llega el día en el que sí se acuerda de esa cena prometida y, entonces, ya no estás tú.

Eterno

Nos dan la vida las cosas que perduran, porque la vida es ir perdiendo instantes para siempre.

De ahí que cada vez que vuelve cada año la primavera, o visito los pueblo de mi infancia, en cada ocasión en la que se cuela un olor de los guisos de mi madre, o vuelvo a ver la serie Friends después de años, o a recorrer las salas imperturbables del museo de Bellas Artes, me arropa una manta de certidumbre en la que me acurruco, aunque sea por un ratito.

Momentos que yo provoco cuando quiero calmar el paso.

Mientras el mundo rueda y rueda, machacando el presente para devolvérnoslo en recuerdos deformados, ese encuentro con lo que no cambia nos hace sentir eternos.

viernes, enero 19, 2024

Reproche

Es mejor trabajar la falta de entusiasmo que el exceso de reproche.

Si un jefe, o un padre, o una pareja, se instala en un continuo recriminar, por mucha razón que tenga, lo que consigue con el tiempo es la desmotivación, la desconfianza, el desamor.

Si, en cambio, practicamos la virtud de cantar lo bonito en el otro, lo bien hecho, si agradecemos como costumbre, entonces la otra persona interpretará bien los silencios como nuestra herramienta para mostrar, con la sutileza de los inteligentes, nuestro desencanto.

Yo me hincho de halagar los trabajos bien hechos de mi equipo, de ahí que sobrevuele un fantasma cada vez que me limito a sonreír.

Postulados

Yo defiendo con ardor postulados que son perfectamente legítimos defendidos desde el extremo contrario, así que con mis textos no pretendo decir cómo deben ser las cosas, sino como querría yo que fuesen.

No sé qué me hace formular mis reflexiones en la voz alta que conceden las redes sociales, sí sé, en cambio, que crezco con ello, tal vez como reacción natural a un largo período de mi vida en que viví en la oscuridad de no expresar cómo yo sentía, qué es lo que pensaba, las cosas que me aturdían, el mundo que no me gustaba.

Que me leas es un acto de generosidad por tu parte, del mismo modo que entregarte un poco de mí cada día es una forma sanísima de sentirme feliz y en paz conmigo mismo.

Urgencias

Urgencias es un terreno sembrado de historias para escritores, de obligada naturaleza curiosa.

Vi cómo ingresaban a un hombre muy mayor, al parecer recién salido de un infarto. Se deshacía en agradecimientos hacia las enfermeras que lo atendían.

No quisiera molestarlas, señoritas.

Asustado por la situación, se dejaba hacer mientras le colocaban vías, monitores, sueros y medicamentos.

Si hago algo que no debo, me lo dicen insistía.

Menudo bonachón, pensé, qué hombre más humilde en una situación tan dura. 

No mucho después llegó su mujer.

¡Tápame! ¡Quítame esto de encima! ¡Dame agua! ¡Date prisa! ¡Pareces tonta!

Entonces me planteé cuál era el verdadero anciano,  si el primero o el segundo.

Desgraciadamente para su mujer, el segundo.

miércoles, enero 17, 2024

Papá

Dormía una de estas siestas de telediario en las que no llegas a pasar de los titulares, hasta que di con mi padre, que me esperaba en Roma.

Culto como él solo, me empezó a narrar de Nerón mientras paseábamos junto al Coliseo.

Con su risa socarrona y las manos agarradas tras su cintura, no me habló de otra cosa que de Roma, porque yo no sabía que pudiese decirle cuánto le echaba en falta.

Sonó el timbre de la puerta y me salí, de golpe, de Roma. Pero yo no estaba dispuesto. Así que cerré los ojos.

Me vuelvo donde papá. 

Perdonar

Cuanto más hago por perdonarme menos estrés tengo.

Sin malas intenciones, hay pocas cosas que me martiricen de mi comportamiento ni que me hagan perder el sueño. 

Me niego a exigirme tanto como siempre solía hacer, cuando llegaba a convertirme en un esclavo de mí mismo.

Vivir es equivocarse. Cuanto más tardamos en entenderlo más infelices somos.


miércoles, enero 10, 2024

12 tapas

Hay días duros de trabajo en que le digo a Fran, en cuanto llega a casa:

¡Sácame a la calle!

Tenemos el inmenso centro de Sevilla a pie de calle para pateárnoslo sin rumbo, aunque hay días en los que cogemos el coche para perdernos en cualquier pueblecito a las afueras.

¿Qué tal el 12 tapas? propuse.

Así que tiramos hacia Castilleja de la Cuesta para deleitarnos con ese coqueto restaurante que aparece en las guías Michelín. 

Estaba vacío.

¿Tienen reserva?

No dijimos, pensando que le hacíamos un favor a un negocio que no tenía ningún comensal.

La cena, con un tartare de atún con tomate frito y huevo de codorniz como plato principal, fue una delicia. Cuando nos dimos cuenta, en el restaurante no cabía ni un alma. ¡Con suerte habíamos encontrado una mesa un martes noche de puro frío y humedad!

Hay que contar hasta diez antes de perdonarle la vida a nadie.

Barcelona

La primera vez que visité Barcelona fue un visto y no visto. 

Iba de paquete, apretado entre otros tantos chavales, en un coche con remolque camino de los campeonatos de España de remo en Banyoles. Fue un atravesar la Diagonal en pleno atasco y quedarme para siempre en la retina con esa inmensa avenida, y sus gentes, en la cabeza. Recuerdo que crucé la mirada con un joven montado en un autobús, hasta arriba de pasajeros. Yo era un adolescente y la magnitud de la ciudad me superó.

Luego fui mil veces. Estuve durante las Olimpiadas, fui con mis hermanas, que iban a abrir un negocio de copas, para tomar ideas en sus locales nocturnos, la visité por trabajo, con amantes, con amigos, por el puro placer de recorrerla. No hacían falta excusas. ¡Era mía!

Ocurrió que presenté mi novela 'Huyendo de mí' en la librería Laie y me encontré una ciudad que me recibió llena de banderas esteladas. De golpe, me sentí fuera de casa, me expulsaban de allí. Yo, ciudadano del mundo, sufrí ese episodio de nacionalismo exacerbado con mucho dolor. 

Nunca volví. No por rencor, ni por cuestiones políticas, faltaría más. Simplemente, el romance se rompió.

Ahora me llega una invitación para ir a un congreso el próximo mes de febrero y ando como el adolescente que fui, nervioso por volver a encontrarme con esa ciudad que parte en dos la Diagonal.

domingo, enero 07, 2024

Complicarse

Tengo una gran amiga que afirma no querer introducir a nadie nuevo en su vida. Radical.

Yo, en cambio, espero hacer amistades incluso en la residencia de ancianos donde acabe mis días, si llego a esa edad.

Ella argumenta los desengaños que me he llevado, yo le respondo con las personas que se han integrado en mi mundo.

Entiendo la vida como un viaje en el que vamos despidiendo y saludando a gente que, en determinados períodos, se convierten en importantes para nosotros.

Yo sé que aún tendré grandes amigos que a día de hoy no conozco. 

viernes, enero 05, 2024

Pasados

He vivido siempre con tantas ganas, que conservo amistades, y conocidos, de todas las épocas.

Ocurre que, cuando aparecen en mi presente aquellas personas que dejé en un tiempo muy anterior, me entra una infinita pereza.

Pereza de abrirles mi corazón y decirles que ya soy otro diferente al que conocieron, que rompí mis corazas y me entregué al amor, que el Salva con el que compartieron un pasado se esfumó.

Es agotador explicar que por entonces yo sufría y jugaba a ser un témpano de hielo.

De vez en cuando aparecen, me llaman, me buscan y a mí no me apetece decirles que ese hombre de sentimientos básicos que persiguen ya no está aquí.

Dios

Yo no creo en Dios, pero me acuerdo de él cuando meto, a solas, la pata.

Es una complicidad surrealista, esas risas que él se pega cuando hago una de las mías debido a mis despistes.

Que me pego un resbalón, que busco las llaves y las tengo en la mano, que me lanzo a bailar como un descosido, que se me cae la tostada con la mantequilla hacia abajo, entonces siento su risa.

¿Será que mi Dios es un guasón?

Se ríe de mí, tal vez, porque yo me río de él.

jueves, enero 04, 2024

Ciudades

Cuanto menos viaja uno más grande cree que es su ciudad.

Hacerte, en cambio, peatón de otras avenidas es un ejercicio sanísimo de humildad, para así poder valorar lo hermoso que ofrecen lugares que nos son ajenos.

Observar cómo se construyeron, las tradiciones que conservaron, los sonidos que las acompañan, la forma de relacionarse de las gentes, sus árboles,, las bicis, el color de sus atardeceres.

Si se viaja con ojos abiertos al aprendizaje uno se está nutriendo de empatía directamente en vena y aprende, de paso, las cualidades reales del lugar donde nació.

Salir

Las personas a las que mejor les va son aquellas que no se enrocan en el por qué a mí y se lanzan a por el cómo salgo de esta.

No se debe andar de espaldas, así es difícil ver la luz que se abre en el horizonte. 

Todos sufrimos reveses, a uno no le conviene creerse especialmente desgraciado ni que la naturaleza o el destino se haya cebado con él.

Al pasado hay que mirarlo para aprender, no para echarle las culpas.

miércoles, enero 03, 2024

Noruega

No sé cuál es la razón de que me salgan tantas fotos de Noruega en mis redes sociales.

Es un país al que nunca fui y que me encantaría visitar, como me gustaría viajar a tantos sitios que aún no conozco.

Las imágenes son espectaculares, pueblecitos nevados de apenas cuatro casas entre fiordos, montañas y lagos. Muchas de esas fotos son nocturnas y visualizo el interior que dejan entrever las ventanas iluminadas con una cálida luz naranja. Chimenea, sopa y una película tirado en el sofá.

Así se construyen los sueños, a base de imágenes idealizadas que te hacen querer estar ahí.

Luego imagino abrir la puerta de esa casita de hadas, salir a la ventisca de una noche de invierno y gritar.

¡¡¡Sáquenme de aquí!!!

Cristina

"Te quiero mucho, aunque te vea poco. Sé que estás ahí y eso es algo maravilloso"

Me permito compartir este entrañable mensaje de felicitación navideña de mi amiga Cristina, como ejemplo de la calidad de las amistades que tengo.

Apreciarnos por sabernos ahí es tan reconfortante como sanador, porque sí, la vida nos lleva en volandas de un lado a otro, nos pega sustos, nos rompe planes y, más veces de las que quisiéramos, nos anula cafés ya previstos.

Ella y yo llevamos meses como el perro y el gato. Cuando puede ella, yo no estoy, cuando la llamo, ella está de hospitales.

Saber que sabe que estoy aquí me reconforta.

martes, enero 02, 2024

Banderitas

Es de sentido común que si un colectivo se apropia de un símbolo y se lo tira a la cabeza a los que no piensan como ellos, ese símbolo, como mínimo, sale perjudicado.

Así ocurre desde hace decenios con la bandera de España y, desde algunos años atrás, con la Monarquía.

De tal exhuberancia de rojo y amarillo en las manifestaciones contra todo lo que huela a izquierda, aquellos que nos sentimos progresistas comenzamos a sentir una cierta animadversión hacia nuestro propio símbolo.

Los que más presumen de patria son los que más la dividen, así que cuando me junto con alguien con pulseras, pendientes o cinturones de esos colores pongo pie en pared.

Ya solo me gusta mi bandera en los partidos de la selección.

Ibiza

Soy sevillana como vosotros, de La Puebla de Cazalla. Pero llevo aquí más de media vida. Escuchad mi acento. —Terminó de fotocopiar nuestros DNI's—. Ahora mismo dejáis las maletas en la habitación y os vais al puerto, a ver una de las puestas de sol más hermosas del mundo.

La propietaria del pequeño hotelito de Ibiza no nos dio margen ni a una ducha tras el viaje.

—¡Que aquí anochece muy pronto!

Habíamos ido a la aventura en un vuelo de última hora, sin preparar nada, salvo el cotillón.

—¿En La Farándula? —Se interesó por nuestras uvas—. Habéis elegido muy bien.

No estaba dispuesta a dejarnos marchar sin organizar nuestra agenda. 

—Esta noche os vais a ir a cenar a Ibiza, veréis que ambiente más bonito por Vara de Rey. ¡Que la ciudad es patrimonio de la humanidad! Subís a la catedral y cenáis en el Ebusus. 

Fran anotaba todo. Le preguntamos por alguna cala para visitar al día siguiente y nos hizo una ruta con las horas de salida y llegada al hotel.

—Y este pueblecito, Sant Agustí des Vedrà, no os lo podéis perder.

Cumplimos a rajatabla el plan, encantados con nuestra improvisada mamá ibicenca.

¿Y si el mundo estuviera lleno de gente así?

Odio

Son muchos los que basan su felicidad en el odio. Sin saberlo.

Como los perrillos a los que lanzas la pelota una y otra vez, no saben definir ese disfrute. 

Amargados con sus vidas actuales, buscan por los periódicos, en las radios, en el telediario esas noticias en las que meter colmillo, para despotricar contra los moros, los maricones, las feministas, los sudacas, los culturetas, los negros, los catalanes o los comunistas. 

Si pudieran, nos quemaban.

Ese morbo de tomarse un café, abrir el periódico y aullar por dentro contra todo el que sea lo que él nunca será. ¡No hay mayor placer que estar encabronado!

El peligro, visto está, es que votan. 

viernes, diciembre 29, 2023

Proyectos

¿Qué es una persona sin proyectos?

Por nimios que sean, incluso aunque tengan más que ver con los otros que contigo. Ver terminar la carrera de un nieto, celebrar el ascenso de una hija o la fiesta anual de la asociación de vecinos.

No hay vida sin ilusión y las ilusiones son propósitos concretos que se integran en tu corazón cuando abres los ojos al despertarte cada día.

Hay, incluso, que luchar por buscarlos, por crearlos, por enredarnos. Nos va la vida en ello.

Es lógico que haya fechas para revisarlos y ponernos nota, para hacer borrón de lo que no nos gustó y rehacer la lista. Lo bueno es que siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.

¡Feliz año!

Triste

¿Qué haces si tu pareja se convierte en un triste?

Esa persona que te conquistó con sus piropos, los abrazos, su manera de camelarte, aquella que ya no existe, que engatusaba a tus amigos con sus conversaciones, que proyectaba mil viajes, que te ilusionaba con formar una familia sin rigideces, quien se apuntaba a un bombardeo.

No sé si está en los genes de algunos el desembocar en una madurez atormentada o si son los golpes que nos da la vida, el caso es que veo a mi alrededor a quienes están aguantando, casi diría que por compasión, a parejas que no están a la altura de lo que prometían.

¿Quién les devuelve el tique?

Red

Leía el otro día a un psicólogo americano que lleva toda su vida estudiando las claves de la felicidad. 

Tras leer la entrevista, mi primera conclusión es que sus largas investigaciones vienen a concluir que el principal factor para tener una vida completa son las relaciones sociales.

Son los otros.

Los otros que nos quieren, que nos rodean, que nos aguantan, que nos piden ayuda, que nos admiran, que nos protegen.

Vivimos la era de la exaltación del 'yo'. Tal vez tengamos que replantearnos que hay vida más allá de nosotros. 

miércoles, diciembre 27, 2023

Coquetear

No había situación que me resultase más tensa en mi juventud que la coquetería de una mujer conmigo, no porque no me sintiera halagado, sino por no poder corresponder en ese juego entre lo sensual y sexual que se establece entre personas que se gustan.

Yo era un chaval atractivo no por lo físico, sino por mis ansias de comerme el mundo, de experimentar, de conocer, de entregarme a lo que la vida mi ofreciese. Un hombre así es rápidamente calado por una mujer sensible.

Entonces aparecía el pánico a defraudar, a mostrar mi sexualidad, a decirles no me gustas, porque no me podían gustar en el sentido que los dos hubiésemos querido.

Aún hoy en día hay circunstancias en las que una mujer se me acerca, coqueta, y se me revuelve el estómago con los miedos de mi juventud de entonces.

Tráfico

Resulta desesperante cruzarte con un mal conductor, aquellos que no se enteran de que las calles no son de su propiedad ni atiende a señales, ritmos ni sentido común.

Si, además, tienes prisa o no estás en tu mejor momento, el cuerpo te pide dar bocinazos y gritar, aunque nadie te escuche.

En esos momentos es buena práctica acordarme de algunos pésimos conductores amigos míos. Humanizo entonces a quien, en ese momento, me está haciendo la puñeta.

martes, diciembre 26, 2023

Tradición

La tradición es que yo salga del coche antes de que Fran lo baje al garaje.

Conforme abro con llave el portal, espero a que este se cierre para pulsar el botón de apertura. Al atravesar la puerta del patio, la retengo para que quede encajada. Una vez que subo a casa, me preocupo de dejarla abierta para evitar que Fran tenga que buscar sus llaves.

Hay días, escasísimos, en que escucho el tintineo de sus llaves y me maldigo por haberme olvidado de él.

Vestidos

Hay semanas en las que puedo ir con el mismo pantalón al trabajo, algo que no suelen hacer las mujeres que trabajan conmigo.

Un político puede tener un par de trajes, azul y negro, pero a una política se la critica si repite ropa en poco tiempo.

La mujer tiene que pensar muy bien qué ponerse mientras el hombre tira de lo primero que le aparece al abrir la puerta del armario.

Hay veces, pienso, en que debe ser cansado ser mujer.

lunes, diciembre 25, 2023

Hablar mal

Hablar mal de alguien siempre se te puede volver en contra, por mucho que, a veces, apetezca y, de vez en cuando, sea necesario.

Yo he aprendido de gente muy querida a ser prudente.

Es más, hacer el ejercicio de buscar las cosas bonitas en las personas que no te caen bien es sanísimo, porque no hay quien no las tenga.

Yo siento repulsión, literal, hacia más de uno. Y más de una. Pero esa repulsión la meto en un paquete, le pongo un lazo y la meto en el trastero de las cosas inútiles.

Paisajes

Hay veces en las que me leo a mí mismo y no estoy de acuerdo con lo que hace un tiempo escribí. Me veo muy radical, demasiado optimista o inseguro con respecto a cualquiera de las materias de la vida sobre las que me gusta reflexionar.

Cuánto más no van a estar en desacuerdo conmigo gentes que, como tú, no tienes mi edad, ni mi trayectoria, ni mi manera de ver la vida.

Vivir es aprender a modelar los paisajes que se ven desde aquí dentro, porque seguro que desde tus ojos los verdes son más claros y las nubes van a otra velocidad.

No hay verdades absolutas que no pasen por el tamiz de lo que cada uno somos en cada momento.

Crispados

Es complicado alimentar una columna de opinión sin que haya quien discuta el derecho de uno a tratar cualquier tema, sea cual sea la materia.

A veces pienso que vivimos en tal estado de crispación que resulta desagradable refelxionar en voz alta sin que alguien se sienta ofendido.

No sólo es imposible, sino que no quiero que mis lectores coincidan conmigo en todo. Sería aburridísimo. Lo que sí querría es tener la posibilidad de hablar de todo lo que me inquieta aun sin tener todos los conocimientos necesarios, porque si nos ponemos muy mijitas tendríamos que estar todo el tiempo callados.

Nadie sabe todo de nada.

Escribir un texto de opinión y compartirlo es una invitación a la reflexión, no un intento de imposición de doctrinas.

A vivir se aprende viviendo, y escuchando.

No lo sé

Hay quienes saben de todo, opinan con pretendido criterio y sermonean acerca del tema que se les ponga por delante, poco importa si hablamos de los invernaderos de Almería o del gobierno de Costa Rica.

Decir 'no lo sé' es iluminar una conversación, dar espacio a la escucha, abrir el corazón al aprendizaje.

Admitir que no dominamos un tema, o que ni siquiera nos suena, es un síntoma de fortaleza personal. Hacer lo contrario, soltar discursos sostenidos en patas de barro, es arriesgarse a perder la credibilidad incluso con uno mismo.

Me apasiona deleitarme con la sabiduría de quien conoce.

domingo, diciembre 24, 2023

Cursi

La diferencia entre lo cursi y lo entrañable, para mí, es la que existe entre reenviar una felicitación navideña impersonal y escribir unas palabras sentidas a una persona concreta para decirle que, un año más, la tienes en mente.

Sí, recibir un mensaje enlatado ya implica que alguien se ha acordado de mí. Sin embargo, cuando va acompañado de mi nombre y el de los míos, eso roza el corazón.

La Navidad se llena de palabras empalagosas que no quieren decir nada. Deberíamos rebelarnos contra tanta cursilería y poner un poco más de corazón. No tirar de la agenda del móvil y enviar un mensaje indiscriminado, sino escribir, si apetece, a aquella persona que supone tanto para ti y decirle, por qué no, ¡Felices Fiestas! 

Un año más, me acuerdo de ti.

sábado, diciembre 23, 2023

Respiraciones

Es un método que no falla.

Espero a que esté dormido y me agarro por detrás, tan pegado que incluso siento sus latidos y su respiración a través de su espalda. Entonces, en el silencio de la noche, me concentro en el movimiento de sus pulmones, en el ritmo relajado de sus inspiraciones y espiraciones, hasta, poco a poco, acoplarme a su respirar.

Al concentrarme solo en eso, en coordinar mi cuerpo con el suyo en el movimiento más animal, mi mente se va adentrando en sueños, que no pueden ser feos, hasta dormir.

Protección

Cuando veo a gente muy mayor e imagino todas las pérdidas que ha debido sufrir, me planteo cuánta inocencia no habrán dejado por el camino, en una lucha justificada por no sucumbir a la tristeza.

No se puede remontar infinitamente cuando la vida te golpea, deben crearse mecanismos de protección para relativizar, disminuir la empatía para poder mirar hacia otro lado. 

Al pensar en hacerme mayor mi gran esperanza es ganar en sabiduría, mi gran miedo es perder sensibilidad.

Abrazo

Ver ese abrazo fue un chute de emoción. 

La semana pasada, el mejor amigo de Fran perdió a su madre. Un hombre noble como nadie, el dolor de Isaac era nuestro dolor.

Tomamos el coche para ir al tanatorio de Chiclana, donde una procesión de amigos iba llegando desde todos los rincones para estar con la familia.

Son muchas las veces en las que he pensado en lo hermosa, por fresca y franca, es la amistad entre Fran e Isaac. 

Yo caminaba detrás y vi el interminable abrazo entre los dos amigos por una madre muerta. Se confundían los hombres con los niños que fueron, en ese terrible despertar al horror que es perder a quien te puso en este mundo.

En ese abrazo está toda la verdad de la vida.

jueves, diciembre 21, 2023

Tetris

Debo confesar que estoy enganchado al Tetris desde que viajé a Turquía. 

Me apareció una publicidad y lo descargué para hacer más entretenido el vuelo.

Desde entonces no veo el momento de tirarme en el sofá para jugar.

Tal vez como reacción estúpida a llevar una vida en la que me falta tiempo para todo lo que tengo siempre por hacer, aparece esa tentación tonta y adictiva que me llama con su musiquita para decirme "nunca llegarás a los ochenta mil puntos"

Uno se construye mil teorías sobre cómo vivir una vida plena y coherente... y aparece el Tetris.

Desequilibrio

En todos los terrenos posibles suelo encontrarme con gente que se maneja por el precipicio del desequilibrio mental.

No son certezas, sí fuertes intuiciones que me hacen ver lo cerca que están de perder el pie. Se les nota en la mirada, en gestos atropellados, en frases deslavazadas que me ponen en alerta y me hacen prestarles especial atención.

Nadie está a salvo de perderse por dentro y descarrilar, pero sí es cierto que hay quien tiene muchas más papeletas para caer.

Los tengo localizados en el trabajo, entre los amigos, en algún que otro bar, incluso los distingo entre las páginas de los periódicos y en programas de televisión.

Hay veces, pocas, en que descubren que los he descubierto y entonces, avergonzado, bajo la mirada.

Una mirada que, quizás, malinterpreten, porque no hay compasión en mí hacia ellos, sino solidaridad.


viernes, diciembre 15, 2023

Hungría

Yo me eduqué en no ir a sitios donde no me gusta cómo se piensa.

Todo empezó pronto y en la casa de un amigo. Yo era un mico pero ya sabía que allí no. Me desagradaban las fotos, las banderas, los comentarios, la forma de hablar.

Decidí, bien pronto, dónde no. Lo que fue una casa se convirtió en muchas otras, y las casas se convirtieron en barrios que me disgustan. 

A día de hoy mis autorrestricciones se transformaron en países a los que nunca iría. Por lo que votan, por lo que odian, por lo que representan.

En toda sociedad hay gente buena, sana, inteligente, culta, pero yo no quiero visitar lugares donde se alaba la violencia, se denigra al diferente, se vota en negro, se pone a la religión por encima del hombre, la tradición sobre el respeto, donde se infravalora a la mujer.

Antiquaires

Lloviznaba y estaba reventado. La jornada de trabajo había resultado interminable, con una reunión tensísima para rematarla. Meditaba sobre mi gestión de ese tipo de situaciones, mientras paseaba rue de Saint-Jacques hacia el río. Poca gente a esas horas de una noche de martes desapacible, el Sena desbocado formando remolinos bajo Notre Dame, mi abrigo calado hasta arriba para protegerme la garganta.

¿Te relías o no? me preguntaba a mí mismo.

Atravesé la isla de la Cité hasta dar con el brazo ancho del río, donde me paré, apoyado en la baranda de piedra del puente, con la idea en la cabeza de que necesitaba descansar. París siempre iba a estar ahí. Era cuestión de retomar los pasos hacia el hotel.

Lo que ocurre es que no sé repetir caminos y tiré por otro puente, por otras calles, me paré en otros lugares por ver si los remolinos seguían igual. Vi cruzar barcos, parejas agarradas, ciclistas enfadados.

¿Me relío?

Recordé la última vez en Les Antiquaires, lo amable que fue la camarera, lo pachucho que me encontraba yo, las risas con mi amiga Mariángeles. Enfilé entonces la rue du Bac y me planté allí.

¿Tienen mesa?

Piedras

Nos despertaban a gritos antes de amanecer y nos ponían a correr por caminos agrestes a las afueras de Sevilla. Casi todas las mañanas había algún lesionado que acababa en el botiquín.

Correr sobre piedras fortalece cada músculo de pies y piernas nos decían.

Yo sobreviví a la mili sin machacarme ningún tendón y dejé entre mis peores recuerdos esa forma de tratarnos como ganado.

Lo que sí retuve fue esa teoría de las piedras. Cuanto más difícil es el camino, más te fortaleces.

La vida es así de jodida casi siempre, uno se curte en el dolor.

miércoles, diciembre 13, 2023

Macronie

Me gusta escuchar las noticias radiofónicas de France Info cada vez que trabajo en París. Son muchas las horas de coche entre el hotel y la oficina, así que aprovecho para ponerme al día.

Esta semana la gran movida política en el país es el rechazo por parte de la Asamblea Nacional de una ley de inmigración promovida por Emmanuel Macron

Tertulianos y políticos no afines al gobierno repiten como un mantra, despectivos, el término 'La Macronie' (el macronismo) como la fuente de todos los males del país. Acusan al presidente de sacar las leyes con forceps, de no tener principios, de aliarse con el diablo para mantenerse en el poder.

Me suena todo tan conocido...

domingo, diciembre 10, 2023

Vasconcelos

Visitábamos la última exposición de Joana Vasconcelos en Lisboa, una propuesta colorida, provocadora y arriesgada, como todas las de la artista portuguesa. Lo hacíamos con la calma de no tener nada importante que hacer durante la tarde, con la felicidad que dan los días sin ritmos a los que engancharse.

Fran, admirador de la obra de la artista, iba lento. Yo, sedado por la belleza, caminaba a mi bola, tan pendiente de lo que se exponía como de la gente que lo observaba.

Es precioso embobarse de ver a la gente embobada.

Había, eso sí, electrones libres, que me desquiciaban. Que hacían fotos a cada obra, a cada objeto, a cada letrero explicativo, quizás para llegar apurados a casa y ponerse a mirar lo que no supieron ver mientras los demás nos dejábamos llevar por la fantasía.

jueves, diciembre 07, 2023

Usted

A mí los usted me asustan.

Hacia mí no los quiero, los corto rápido.

Tutéame.

Se dice que es señal de respeto, mi piel, en cambio, lo toma como vasallaje. No me gusta. 

Ni en un restaurante, ni en un hotel, ni en una reunión.

A mí me asustan incluso cuando nos dirigimos así hacia los ancianos.

Me produce sarpullidos escucharlo en el trabajo y que el jefe no lo frene, en las casas y que los propietarios no le digan, a quien tienen contratado, que les hablen de tú. 

¿Quién tiene tantos galones para que le tengan que hablar de usted?

Asumimos clasismos sin rebelarnos.

Afrentas

Si me preguntan por qué me cae tan mal una persona, me cuesta poner en pie las afrentas pasadas.

Soy de poco recordar los daños, pero de bien retener el desdén hacia quien alguna vez me hizo un feo, a mí o a gente querida.

Tanta es mi desmemoria que hay días en los que trato de limpiar la imagen de alguno de los que pertenecen a mi santoral de benditos demonios. Apago luces, pongo musiquita y ejercito la gimnasia de buscar qué me hizo separarme de ese individuo.

La mayoría de las veces cuesta, aunque, eso sí, casi siempre aparece ese momento maldito en el que me di cuenta de que no lo quería a mi lado ni con un millar de rosas.

Wasaps

Yo dejo los wasaps sin responder el tiempo que haga falta me decía el otro día un conocido, mientras me mostraba el listado de los mensajes que andaban pululando desde hacía días por su teléfono.

Lo decía con un cierto aire de suficiencia y, ante mis preguntas, lo remataba hablando de lo cansado que estaba de lo informal que es la gente a la hora de dar respuesta a los mensajes.

Entendiendo que nuestra libertad está por encima de obligaciones que no lo son, siendo consciente de lo difícil que es desprenderse de toda esa tecnología que nos acorrala, yo soy partidario de no cambiar mis hábitos por reflejo de lo mal o bien que lo hagan los demás.

Puedo tardar en enviar un wasap de vuelta por estar trabajando, cenando o durmiendo una siesta, incluso por despiste, pero no de forma premeditada para mostrar ser más o menos adicto al móvil.

Cuando alguien querido me escribe, hago lo posible por reaccionar en cuanto puedo, por una cuestión de cariño, de respeto.

Otra cosa son los grupos, que crecen como setas, y de los que trato de escaparme en cuanto puedo.

Pero si eres tú y me escribes a mí, haré por atenderte como mereces.

miércoles, diciembre 06, 2023

Voluntad

A la fuerza de voluntad hay que ayudarla.

Fran me proponía ir este fin de año al cotillón que se celebra en la plaza de un pueblo de la sierra de Cádiz.

Ni loco, que al día siguiente estoy malísimo.

Pues no bebas... me responde, sin creérselo ni él mismo.

¡Cómo no voy a beber, si me encanta una fiesta y un cubata!

Yo puedo pasar meses sin tomar una palmera de chocolate, pero no me lleves cada día a la puerta de una confitería, porque caigo.

En este mundo hay pocos héroes, al menos yo estoy lejos de serlo. Tengo muy claro cómo cuidarme, porque me gusta mucho vivir, así que hago lo que está en mi mano por no estar cerca de las tentaciones que me matan.

Novelista

El gran beneficio personal de ser novelista es el autoregalo diario de escapar del propio cuerpo. Olvidarse de sí. Habitar otras mentes, recorrer otros paisajes, enfrentar retos desconocidos.

Disfruto y sufro siendo otro.

El buen lector sabe que eso es así y es buen lector por eso, por el bien que hace ese transcender a la propia realidad para sumergirte en otra en la que tú, de forma directa, no tienes nada que ver.

Si quien lee ficción aprecia ese regalo, cuánto más no lo disfrutamos quienes nos dedicamos a inventar mundos nuevos.

Al final de una historia, sea escrita o leída, todo se cierra. Vuelves a tu yo terrenal e integras, para siempre, ese viaje, de tantas hojas, en otra piel.

martes, diciembre 05, 2023

Gracias

Llevo más de la mitad de mi vida trabajando y me siento afortunado por ello.

Afortunado, también, por mis condiciones laborales y por el compromiso social de mi empresa, podría hacer un tratado de cómo sí y cómo no se deberían hacer las cosas para conseguir que un colectivo se sienta comprometido con su compañía.

Todo el tratado se podría resumir en una palabra: Reconocimiento.

¡Cuesta tanto!

¡Cuántos directivos piensan que poner pegas a todo es ser un buen jefe! Que buscar las cosquillas es demostrar jerarquía, que pedir siempre más es la única vía para tener bien atado al personal.

No se dan cuenta, la gran mayoría, de la importancia que tiene dar las gracias por cada trabajo realizado. Así de simple. Con el agradecimiento puede venir el reproche por esto o por aquello, el consejo acerca de cómo hacerlo en el futuro, la explicación de lo que se espera del otro.

Agradecer el esfuerzo, siempre, es la mejor de las técnicas para conseguir objetivos.

Colocar al hombre en el centro es la clave del éxito de cualquier empresa. 

Abrazo

Siempre consideré mi inscripción en un club de remo como una de las decisiones más sabias de mi adolescencia.

Empujado por mi madre, que observaba en mí a un niño demasiado metido para dentro, un día de primavera, a los trece años, me planté en el círculo de Labradores para conocer a quienes serían mis amigos durante muchas temporadas.

Pasaba de un ambiente masculinizado, católico y cerrado a un escenario abierto al aire, liberal y donde se podía tratar con chicas.

Estaba, sobre todo, Anchoa, el entrenador, que me recibió, supongo, con consignas claras por parte de mi familia acerca de cuáles eran mis circunstancias. Yo, enclenque, tímido, despistado, siempre fui tratado por él con un profundo respeto.

La vida explosionó para mí a los dieciocho años, dejé el remo y toda una adolescencia de entrenamientos diarios. Siempre mantuve, a pesar de la distancia, el contacto con Anchoa. 

Hasta que, hace unos años, una enfermedad cabrona se lo llevó.

Anoche soñaba mis historias, entre amigos, entre risas, en esos sueños míos surrealistas en los que tan bien me lo paso. Buscábamos el hueco de una barra para tomar algo cuando, de pronto, apareció Anchoa, sentado en un taburete.

Me tiré de bruces encima y me abrazó con esa energía que solo tenía él.

Me apretó tanto que me desperté.

domingo, diciembre 03, 2023

Mirones

Hay gente que te mira a la cara y te desnuda. Tan torpes que no cuentan con que tú escrutas a esos ojos que se mueven para observarte las orejas, las ojeras, el cuello, la barba, los hombros.

No es algo habitual, pero tengo dos o tres nombres en la cabeza de gente cercana que utilizan su mirada con el abuso que da la insensibilidad.

A mí me gusta jugar al juego de quién aguanta más la mirada. De tus ojos a los míos. Cuando se conversa desde la madurez no hay nada más rotundo que establecer ese hilo invisible entre las pupilas, en las que me meto yo y en las que dejo que te metas tú.

Kanye West

Kanye West me parece un tío impresentable.

No sé siquiera si es músico o cuál es su principal ocupación en la vida. Ni quiero investigarlo en Google. Sé que tiene o tuvo algo con las Kardashian, otra tribu que me da repelús.

Sin embargo, cada cierto tiempo apago luces y enciendo el ordenador para dejarme llevar por ocho minutos esplendorosos que me retrotaen a lo mejor de mí.

¡Runaway!

Puede hacer quince años de la creación de ese vídeo musical al que recurro cuando busco la belleza que hay en el mundo.

¿Matamos al artista?

Padres

Atravieso una época en la que las reuniones con mis amigos se transforman en una suerte de psicoterapia en la que toma especial relevancia el rol que han desempeñado los padres en nuestras vidas actuales.

Quizás porque es el período en el que están yéndose o necesitan de nuestros cuidados, el caso es que toca hacer repaso a sus trayectorias e identificar cuánto de sus proyectos o frustraciones han acabado por marcar nuestras existencias.

Cada generación examina a la anterior bajo el prisma de su presente, algo que es sano siempre que sepamos empatizar con las circunstancias que a ellos les tocaron vivir.

Ya vendrá el día en el que nos juzguen a nosotros. Para entonces, pediremos clemencia. Diremos que no tuvimos todas las herramientas para saber vivir.

viernes, diciembre 01, 2023

Filosofía

Pese a lo poco clerical que soy, cuando pienso en el bachillerato recuerdo al cura que nos enseñaba Filosofía. No impartía la asignatura, la enseñaba.

No podría escribir una lista del resto de profesores, sí recuerdo en cambio su semblante serio, la ironía seca, el pelo a medio teñir y su impaciencia con los perezosos.

Sé que tu madre está mal me dijo una mañana, tras sacarme al pasillo entre clase y clase, un aliento impagable para un chaval perdido que tenía en él un referente de poderío humanista. Sé fuerte, Salvador.

Con él no hacía falta abrir el libro, casi ni tomar apuntes. Bastaba con escucharlo.

La Filosofía, la madre de todas las sabidurías, la ciencia que tiene su fortaleza en las preguntas, la única rama del conocimiento que no tiene respuestas.

Fue quizás desde entonces que establecí una distinción entre las personas que se interesan por el fondo del corazón. 

No hay mente brillante que me subyugue si no arrastra tras de sí una preocupación sincera por el alma humana.


Radio

Una manta de agua me acompañó toda la tarde de ayer, entre Aveiro y Sevilla.

Un viaje larguísimo en coche.

Había tan poca visibilidad por determinados tramos de la carretera que apenas podía adelantar a los camiones. 

El GPS iba retrasando la hora de llegada sin cesar, pretendiendo amargarme la tarde.

Lo que el GPS no sabía, tan moderno, es que la radio, más antigua que yo, le ganaba la partida por goleada.

Hay pocos placeres similares al de escucharla mientras atraviesas cientos de kilómetros de paisajes, por muy lluviosos que sean. Me introduje en conversaciones interesantísimas sobre el cambio climático, acerca de terapias genéticas y de técnicas de canto. Recorrí las selvas africanas mientras cruzaba Coimbra, conocí la vida de Henry Kissinger al tiempo que circulaba por la provincia de Badajoz.

Viajar, aunque sea conduciendo bajo el diluvio universal, nunca es un tiempo perdido.

Y menos aun con la radio como compañera.