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lunes, enero 13, 2025

Foto

Estamos en una época en la que parece que no ha existido aquello que no hemos fotografiado.

Reconozco que una de las maravillas, entre tantas, que ofrecen las redes sociales es tener tu álbum vital, que te permite, en tardes tontas, ir hacia atrás en el tiempo para ver cómo fue ese viaje a Japón o como ibas vestido en la boda de Cristina.

De ahí al otro extremo, el hacerse una foto hasta para cepillarse los dientes, hay apenas un paso.

Recuerdo los viajes de fin de curso, en los que ibas con uno o dos carretes Kodak en tu cámara y tacañeabas antes de darle al botón para evitar quedarte sin fotos en los días finales.

Es un buen ejercicio, también para esto, el de la contención.

Hay lugares mágicos en los que se ven turistas fotografiando cada esquina, sin pararse a respirar lo que están viendo, acumulando miles y miles de imágenes que nunca tendrán tiempo de ver.

miércoles, julio 03, 2024

Cursi

Yo reivindico lo cursi, ya que parece que así llaman a todo lo que tenga que ver con el amor.

Me manifiesto a favor de abrir el corazón a las emociones nobles. A no ocultarlas. A liberarse del qué dirán. Pasamos la vida criticando a éste y aquél y poquísimo tiempo hablando de lo maravillosa que es esa otra persona.

Esta sociedad se molesta con los besos, las alegrías y las expresiones de amor.

Miran mal a quien dice algo bonito.

Por donde quiera que vayas, el lenguaje que predomina es chabacano, faltón, grosero. Andamos todos tirándonos cosas a la cabeza y evitamos hablar bien de nadie, decir que algo nos emociona, mostrar pasión por lo conmovedor.

Reniego del lenguaje y los modos en los que hemos sido educados, los de la contención.

Prefiero ser cursi antes que ocultar lo emocional, porque estoy convencido de que el amor es el único motor que hace avanzar al ser humano.

Recuerdo el entierro de mi madre, a mis 18 años, con ella en un ataúd a dos metros de la familia y yo destrozado de dolor. Alguien, que me quería bien, se me acercó para insinuarme que estaba dando un espectáculo con tanto llanto.

Yo me metí para dentro, dentro de mí, hasta atragantarme con mi propio sufrimiento.

Muchas veces ha vuelto a mi cabeza esa escena, de esa persona, susurrándome:

Borete, ya vale de llorar así.

Me arrepiento de no haberle respondido:

Así, ¿cómo? ¿Cómo si se hubiese muerto mi madre?

viernes, mayo 24, 2024

Bien

Hablar bien de los demás es la mejor manera de hablar bien de uno mismo.

De hecho, en cada persona podemos encontrar una cualidad a alabar. Centrémonos en esa cuando pensemos en ella.

Hay una tendencia muy humana a criticar. que no sé si tiene su base en nuestros complejos o es un sistema de autodefensa. Lo que sé es que es feo.

Con determinada gente hay que hacer un ejercicio de contención, para no expulsar sapos y culebras cuando se les cita en una conversación, pero para el resto, la gran mayoría, siempre hay una palabra justa para hablar de ellos sin amargura.

lunes, abril 04, 2022

Queja

Tenemos todo el derecho a maldecir el despertador. A no querer levantarnos. Nos merecemos poder decir que nos desespera volver a empezar de nuevo un día más.

Lo que no vale es decirlo a diario.

Lucho por no avergonzarme de expresar, no a nadie sino a mí mismo, mi hartura. Esos días en los que ves que a las ocho de la mañana tienes reunión con el amargado de turno, que Fran está en San Sebastián y que no tengo yogur en la nevera. Sí. Me cabreo con el mundo, saco mi tablao de Farruquito y me pego mi 'zapateao'. Me meto en la ducha y me achicharro, con plena consciencia, hasta que con la toalla me seco mi mala uva y abro las ventanas.

No quiero ser contenido conmigo mismo. Quiero concederme esos instantes de pataleo casi infantil en el que me digo, en el tono dramático que corresponde, que no puedo más.

La luz de amanecer de mi ciudad, que me conoce, hace por amansar a la fiera.

domingo, marzo 27, 2022

Móvil

Estamos escasos de contención.

Es una consecuencia directa de los tiempos en los que vivimos, en los que todo se mueve a una velocidad de vértigo y la palabra paciencia se ha devaluado hasta ser considerada como una tara.

Queremos conocer las noticias ya, que nos traigan el sushi ahora, ver ese vídeo en este momento, que me traigan esa camiseta mañana. Vamos construyéndonos necesidades imperiosas en el día a día y muchas no tienen que ver con el dinero, sino con la información. De ahí que consultemos de manera compulsiva el móvil para comprobar si ha pasado algo nuevo en Ucrania, con los transportistas, en nuestra ciudad.

Tomamos el teléfono ahora y lo volvemos a consultar cinco minutos después, como si en ese suspiro de tiempo el mundo se haya podido dar la vuelta del revés.

Yo trato de aplicar la contención. Aparcar el móvil durante horas en la mesita de noche, tratar de no consultarlo cuando estoy cenando, pasear sin mirarlo en busca de no sé qué.

No es sencillo. No hay lugar para el que mires en el que no haya alguien viendo el móvil, que muchas veces, es cierto, ofrece una compañía inestimable.

Yo, en todo caso, aplico la contención. Casi siempre respondo con tardanza porque trato de ir a mi ritmo y no me gusta que un aparatejo controle mi respirar.