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lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

sábado, octubre 02, 2021

Berberechos

Me encantaba ir subido al carrito del Carrefour, o como quiera que se llamase por entonces.

Que mi madre se parase en la calle de las conservas y me dijese:

—Borete, busca los berberechos de tu padre.

Como un Indiana Jones pequeñillo de ciudad, yo iba a la caza de los berberechos, como si me cronometrasen para los Juegos Olímpicos.

Tal cual si fuera un perro al que le lanzaran una pelota, mi madre me ponía más retos. Los yogures que te gustan, el suavizante en bote grande, unos cepillos de dientes para tus hermanas, una bolsa con cuatro tomates bien rojos.

Yo corría por los pasillos y traía varias opciones entre las manos, para que ella decidiera qué suavizante, cuántos yogures o si podía cogerme unas palmeras de chocolate.

Sigo experimentando cierta melancolía cuando, cuarenta años después, voy con Fran llevando el carro del hipermercado. Él lleva todo organizado en el móvil, me va cantando la lista de la compra y a mí, de vez en cuando, se me produce un cosquilleo cerebral al pasar junto a los berberechos de mi padre.

miércoles, agosto 25, 2021

Carrefour

Salíamos hacia Portugal y le propuse a Fran que hiciéramos escala en un hipermercado a la salida de Sevilla.

Quiero hacer una fabada.

Se la había visto hacer a un amigo en su canal de Instagram y, viendo lo sencillo que parecía, me lancé a buscar los ingredientes.

Yo voy a comprar un solomillo ibérico para cenar esta noche, que tenemos un tinto riquísimo en casa se lanzó Fran, con esa habilidad que tiene para entusiasmar con sus propuestas.

Allí estábamos lo dos, en la carnicería del Carrefour, observando cómo una mujer nos preparaba el solomillo. Con un cuidado casi oriental fue quitando cada pitraco, loncheándolo bien para hacerlo a la plancha, aplastándolo, limpiándolo. 

Fran y yo nos miramos.

Dile algo le propuse.

No lo dudó.

Señora, da gusto ver con el cariño que hace su trabajo. ¡Vaya solomillo bien preparado!

La carnicera enrojeció hasta casi perder el pie.

Me habéis alegrado la mañana —nos confesó.

Luego, camino de Portugal, escribimos un email al director del centro comercial para alabar la profesionalidad de esa mujer, que tenía impecable su territorio. 

Antes de cenar recibimos su respuesta. un 'muchas gracias' en mayúsculas y el compromiso de felicitar a la carnicera.

¡No he comido un solomillo más rico en mi vida!

A veces, muchísimas, es muy fácil hacer feliz. Y cuando lo consigues, sales ganando tú.