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lunes, septiembre 07, 2026

Vértigo

Hay alarmas que saltan en las redes para recordarme cumpleaños de gente que ya no trato: personas que en un período de mi vida veía a diario, con las que viajé a solucionar problemas para la empresa, con quienes preparé decenas de exámenes en la universidad, amigos a quienes les confesé mi homosexualidad.

Entonces rastreo sus fotos y no reconozco al tipo que fue, ni la niña que conocí, ni el confidente de entonces.

No me atrevo a preguntarles por reparo a lo que me puedan contar o, qué sé yo, por miedo a que pasen de mí.

Hubo tiempos en los que algunos fueron imprescindibles.

Da vértigo la vida.

jueves, junio 04, 2026

Mequinenza

Hay lugares que ocupan un espacio inamovible de tu memoria y que solo necesitan un clic, normalmente el olor, para mostrarse.

Yo no sé qué combinación de aromas, seguro que mucho de hierba, algo de humedad, quizás bosque, probablemente polen de primavera, hacen que, de golpe, estando en cualquier paisaje perdido, me encuentre en Mequinenza. Un pueblecito zaragozano donde de jovencillo participaba en los campeonatos de España de remo.

No me ocurre a menudo, ni siquiera cada año, es un ataque desprevenido, quizás no solo el olor.

Es el clic y me veo en Mequinenza, con esas patillas escuálidas y un zumo de pera en la mano.

martes, marzo 31, 2026

Memoria

Mariángeles es mi memoria.

En todos los momentos especiales de nuestras vidas, hemos estado allí. Los tres: ella, su memoria y yo.

En Nueva York, Berlín, París, Londres, Lisboa. En su Huelva, en mi Sevilla.

Me vienen chispazos de un pasado feliz y ella lo dibuja con sus recuerdos.

Eso ocurrió el 14 de diciembre del 2013, tú llevabas un polo rojo y acababas de volver de Japón.

No sé dónde almacena tantas fotos sin papel, cómo enlaza una historia con otra, hasta saber qué comimos ese día, de qué hablamos.

Fogonazos de una vida que ella caza para mí.

miércoles, febrero 25, 2026

Pichet

En España no se estila la tradición del 'pichet'.

Esa jarrita de cristal de vino de la casa para acompañar las comidas.

No paro de repetirle a Fran: tenemos que hacernos con uno. Aunque sea por recordar los maravillosos años vividos en París 

Pero en realidad no quiero ver pichets en España, porque si todo estuviera en cualquier sitio perderías el cosquilleo de llegar a Francia y darte el gustazo de pedir:

Quiero un pichet.

jueves, enero 15, 2026

Mary Poppins

Cuando cuento que fuimos a ver Mary Poppins con mi tía Elo de muy pequeños, mis hermanas no se acuerdan.

Pero yo nos recuerdo cantando el supercalifragilístico cogidos de la mano por la calle Sierpes.

Seguro que a ellas, que cantaban conmigo, no les ocurrió.

A mí, sí.

jueves, noviembre 27, 2025

Anónimos

Hay señales tontas que me llevan a otros tiempos y allí, entre la bruma de mi memoria, se me aparece gente con la que me lo pasé en grande.

Entonces trato de ponerles nombre, de encontrar una pista, de decirme cómo podría dar con ellos de nuevo.

Sí, en los recodos de nuestras neuronas hay una biblioteca de personas de las que perdimos el hilo de dónde tirar para preguntarles cómo les trata la vida que un día compartimos.

sábado, noviembre 01, 2025

Arena

Miro la arena bajo el Arte Náutica y veo al pequeño Iván jugando al fútbol con la camarera.

Hay imágenes, benditas, que quedan para siempre.

Ese restaurante es nuestro refugio, donde Fran y yo acudimos tras el duro trabajo de la semana, desde hace veinte años, cada vez que nos acercamos a Portugal.

Lo descubrimos cuando mi sobrino era un renacuajo al que no le gustaba comer. Se venía con su balón y se liaba a pegar patadas a los pies del local, erigido sobre patas de madera en plena arena.

Una tarde, una camarera bajó a jugar con él.

martes, julio 29, 2025

300

Apenas estuvimos un rato, la música sonaba altísima, proyectaban un partido de béisbol y Pablo me explicaba las reglas.

Nos costó llegar a ese barecillo de Tokio, en pleno barrio de Ginza, y nos echó para atrás comprobar que dejaban fumar dentro, algo impensable hoy en día.

El caso es que nos pedimos un gintónic. Y dos. El caso es que escuchaba las explicaciones sobre el bateador y el que corría tras la pelota, sin entender ni angustiarme por no entender. Yo ejercía de periscopio asomado a las cabecillas de japonesitos que bailaban rock.

No sé por qué, de vez en cuando vuelvo al 300, ese pub japonés lleno de humo, y me recuerdo absolutamente feliz.

Tenemos todo el derecho del mundo a idealizar nuestro pasado. A agarrarnos a él. A manosearlo.

lunes, junio 09, 2025

Fechas

Ocurre que a menudo vienen a mi mente novelas que me ayudan a entender mi vida, porque cuando uno se hace lector no solo guarda recuerdos propios sino también los que otros inventaron para ti.

Leyendo la última novela de Millás recordé aquella deliciosa 'El desorden de tu nombre' que me transporta de inmediato a uno de esos trenes que tardaban ocho horas en llegar de Madrid a Sevilla, un compartimento estanco y un chavalito mexicano a quien destinaban a un centro de desintoxicación a Córdoba.

El 1984 de Orwell me lleva a tardes eternas tumbado en la arena leyendo con Mariló, en voz alta, cada uno un párrafo, cuando soñaba que el amor no tenía que ver con el sexo.

El psicoanalista de Katzenbach me hace viajar a la ciudad belga de Mons, en esos tiempos en los que viajaba solo por el mundo para explicar a mis compañeros cómo aplicar determinadas metodologías japonesas.

Un buen libro nunca se acaba al terminarlo.

domingo, marzo 09, 2025

Destratar

Salió del bar con su copa y con la mía.

—Me ha destratado, Salva.

Se refería a la camarera y a mí la frase se me quedó grabada. No hablaba de maltrato, sino de destrato, una palabra que no existe en la RAE pero que ejemplifica con sonoridad uno de las peores maneras de comportarse con alguien: el ninguneo.

Esa mujer que traía las copas era María Emilia, una uruguaya que se llevó un trozo de mi corazón cuando se fue a vivir a Montevideo.

Cada vez que paso por ese lugar donde nos conocimos, ese bar donde la destrataron, me acuerdo de sus pelos rojos y su manera divertidísima de relatar lo mundano de nuestras vidas.

lunes, marzo 03, 2025

Borracho

Hay palabras que me llevan a la infancia y muchas tienen que ver con la merienda.

La merienda en sí, ¿hay algo más infantil?

Hasta el mismo nombre es de dibujitos animados, de mesa camilla en invierno y mantel de hule bajo el sol en verano. Su soniquete es el de barriga llena, de azúcar cuando no era veneno, de risas y cara de siesta, de tele sin apenas volumen.

Son bocatas de Nocilla, galletas mojadas en leche, bollos de chocolate, Panteras Rosas. Es la voz de alguien que ya no está.

El otro día nos ofrecieron un pastel al terminar una cena y pregunté qué era.

Un borracho me explicaron.

¿Un borracho?, me dije, ¡cuántos siglos sin escucharlo! Una palabra que, como un túnel del tiempo, me llevó al sofá de la casa de mi abuela Salud.

domingo, febrero 16, 2025

Abrecartas

Me regaló un abrecartas precioso con mi nombre grabado, 'Borete'.

En mi vida hay una frontera que divide a mi gente en dos, la que me llama Borete, que tiene que ver con mi infancia, y la que se dirige a mí como Salva, ya a partir de mi adolescencia.

Cada vez que reordeno papeles y organizo libros, aparece el abrecartas y con él se presenta Bárbara, esa niña de la infancia a la que yo vigilaba en su cuna, como Carlota vigilaba a Fernando en mi última novela.

Ya no nos vemos, ya no sabemos apenas el uno del otro, aunque siempre nos alegra encontrarnos.

Hoy apareció el abrecartas y el pellizco se repitió con el eco de lo que fuimos.

lunes, febrero 03, 2025

Presente

Si los recuerdos no valen, ¿qué somos cuando no somos nada y la vida nos golpea?

Si el pasado no cuenta y solo vale el presente, no merecemos lo ya vivido, porque nada de eso existe ya.

Sin embargo, somos lo que somos hoy por todo lo que hicimos ayer.

No idolatremos solo el presente, no hagamos caso a quienes dicen que no hay que mirar atrás, huyamos de la cultura de ir quemando etapas, porque el día de hoy, el momento en el que me lees, no tiene alma de por sí si renunciamos al lugar de dónde venimos.

sábado, enero 25, 2025

500

Era muy pequeño cuando me enfrenté por primera vez al concepto del dinero.

Una cena de navidad en casa de mi abuela fue el escenario. Con unas copas de más, mi tío Jesus Mari sacó quinientas pesetas y lanzó una frase, a todos los allí presentes, que me impactó.

—¡Este billete se te va de las manos en cuanto te descuidas! —gritó.

A mí, por entonces, quinientas pesetas me parecían una fortuna. ¡Cuántos dónuts se podían comprar! ¡Cuántos cromos del álbum de ciudades del mundo! ¡Cuántos chicles de menta!

Hay veces en las que me asomo a mi cuenta bancaria y visualizo a mi tío Jesús Mari, con las venas del cuello llenas de sangre, agitando el billete de 500 pesetas entre botellas de champán.

lunes, enero 20, 2025

Conchita

Fue un viaje inolvidable a Gran Canaria.

Mariángeles, recién salida de una larga relación, Fran y yo. Los tres nos largamos ese verano a Maspalomas, alquilamos un coche y nos dedicamos a meternos entre pecho y espalda unos desayunos de marajá, recorrer cada rincón de esa maravillosa isla y disfrutar del placer de las charlas al sol.

Eran otros tiempos y el descapotable que cogimos tenía aparato de compact disc's, lo que no sé es cómo se nos ocurrió comprar en la primera gasolinera en la que paramos un CD de Conchita.

—Qué tía más cursi —dijimos cuando empezó a sonar—. ¡Qué música más ñoña!

El caso es que nos acompañó durante todos esos días; cada vez que nos montábamos en el coche, sonaba ella. Si en cualquier lugar del mundo oigo una de sus canciones, me transporto de inmediato a las islas y esos días felices.

Hace poco, bajaba en coche a Sevilla, en una ruta larga, yo solo, y me puse colorado al pedirle a Google que me pusiera música de Conchita.

Me encantan sus letras, cursis y poéticas, me gusta su música ñoña y su voz de no haber roto nunca un plato.

Qué le voy a hacer.

jueves, diciembre 26, 2024

Ventanas

Son tres ventanas de arco redondo, pequeñas, que asoman a una plaza sin salida, desde un tercer piso, y que puedo ver a menudo desde la calle Peris Mencheta.

La imagino allí, entre sus cosas, por darme el placer de pensar en ella. 

Que abre una de las tres ventanas y aparece con su pelo negro gritando:

—¡Sube, Salva!

No quiero que se rompa ese sueño, no quiero que quiten esas tres ventanas, ni que se abran para que aparezca alguien que no sea Montse.

Yo sigo caminando por allí, da igual con quién o hacia dónde; no hay vez que no mire para allá por si se produce el milagro.

(—Ay, mi Salva)


lunes, diciembre 23, 2024

Luxemburgo

No hace mucho me acerqué a visitar la boulangerie que tenía abajo de casa cuando vivía en París.

En un paseo emocional, volviendo veinte atrás al lugar donde tan feliz fui, me asomé por ver si seguían vendiendo croissants de almendras. 

Las chicas que atendían no eran las de entonces, lo que tenía claro no tanto por recordar sus caras sino por su juventud.

Recordé entonces las tardes de invierno en las que bajaba casi a escondidas de mí mismo para saborear uno de esos croissants rellenos de crema recién hechos. 

Mi penitencia era correr todo el perímetro de los Jardines de Luxemburgo por cada uno que me comía. Así que, si no quería correr, no bajaba a pecar.

Veinte años después echo de menos no solo los croissants, sino la carrera de penitencia entre maravillosas alamedas bajo un frío glacial.

lunes, octubre 21, 2024

Ochoa

Siempre terminábamos allí cuando íbamos de compras por el centro.

¿Un carmen en el Ochoa?

A mi madre le volvía loca esa copa chata de metal donde nos colocaban bolas de helado adornadas con caramelo, servidas por camareros uniformados, en la más clásica de las confiterías de Sevilla.

Dejábamos las bolsas colgadas en la barra y nos apostábamos allí, hasta buscar con la cucharilla el último rastro de nata.

En esta media vida sin ella, cada vez que paso por la calle Sierpes miro de reojo a la confitería. Ya no quedará nadie de entonces, quién sabe si siguen sirviendo cármenes con caramelo, ni si habrá madres golosas que lleven a sus niños a asomarse al placer de los momentos que se van para siempre.

domingo, septiembre 15, 2024

Marsella

Antes y después de tomar el barco hacia la isla de If, en cuyo castillo estuvo preso el conde de Montecristo, Fran y Raquel pasaron un buen tiempo en una jabonería del viejo puerto de Marsella.

Yo, poco dado a ese tipo de establecimientos, me lo pasé oliendo todas las esencias de pastillas en forma de manzana, limón o tabletas de chocolate.

¿Os decidís? les pregunté.

Fran miró unos paños de cocina una y otra vez, volvía a por los jabones, tomaba uno para cambiarlo por otro.

Compra los trapos, Fran le dije. Van a durar mucho tiempo y cada vez que nos limpiemos en ellos las manos nos acordaremos de estos días de sol marsellés.

Así está siendo, cada mañana, desde entonces, al prepararnos el desayuno. 

Tenemos a Montecristo en casa.

viernes, julio 12, 2024

Primera sesión

A mí, como a la mayoría, nos han ido sacando de la zona de comfort a empujones.

Mis romances con la felicidad tienen mucho que ver con escenas que hubiera querido que se repitieran de por vida, pero las cervezas en el Cancún empezaron a desvanecerse conforme mis amigos se echaban novias, los veranos en La Antilla se acabaron cuando la familia se dispersó, los entrenamientos en el Guadalquivir se fueron cancelando en cuanto tenía que elegir entre el remo o la universidad.

Recuerdo como especialmente gloriosos los sábados al mediodía, siendo muy pequeño, cuando terminábamos de comer y nos tirábamos en el suelo fresquito del salón, con cojines repartidos por el suelo, para empezar a ver la película de la semana, ¡Primera sesión!

Casi siempre de vaqueros, acabábamos todos los hermanos dormidos mientras los tiros y puñetazos se mezclaban entre nuestros sueños infantiles.

No éramos conscientes de nuestra felicidad.