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domingo, agosto 02, 2026

Autores

En este recorrido por Italia estoy descubriendo artistas desconocidos para mí.

Los escultores Niccolò dell’Arca o Alfonso Lombardi son dos de ellos. Tanto me impresionaron que quiero saber todo de su obra.

Estamos acostumbrados, yo el primero, a ver el arte, y la vida, al revés. Primero observamos el cartelito del autor y luego, si es famoso, reverenciamos el cuadro. La secuencia sana es la inversa.

En no pocas ocasiones, ha cambiado la disposición hacia mí de la persona a la que me acaban de presentar cuando alguien le indica: 'es ingeniero de la Renault' o 'escribe novelas'.

La etiqueta.

El interés debe venir de la mirada, no de lo que se supone que debes sentir.

martes, agosto 19, 2025

Vascos

La primera persona vasca que yo conocí, dejando de lado a mi abuela, fue una mujer dulce, de sonrisa permanente, casada con un andaluz seco y mal encarado.

Era un matrimonio amigo de mis padres con cuya familia tuvimos trato todos los largos veranos de nuestra infancia.

Eran esos tiempos negros para Euskadi, en los que cuando decían que alguien era de allí la gente pensaba dónde guardaría la pistola.

Ni la vasca era como las pintaban, ni su marido tenía ningún salero.

Cuando uno nace con un mínimo de ojos abiertos se da cuenta que el criterio sobre las cosas se establece a partir de la experimentación y no de los clichés venenosos con los que de siempre se ha educado a los pueblos.

Es más sencillo cerrar los ojos y que te digan a quién hay que maldecir.

miércoles, julio 23, 2025

Peste

Salí aprisa de casa para hacerme con un aguacate para un plato que preparaba y me topé por la calle con un vecino que olía mal. Muy mal.

Un tipo majo que no conozco de nada y al que suelo ver por el barrio.

Ya de vuelta, con mi aguacate, me vino un enorme tufo a algo podrido justo en el mismo sitio donde ese vecino y yo nos cruzamos.

Si no llego a pasar por allí de vuelta me hubiera quedado con la idea de que ese hombre era un guarro. Seguramente él, que no volvería a pasar por ese trozo de la calle, creerá que yo lo soy.

Para opinar con criterio hay que darse más de una oportunidad.

martes, marzo 04, 2025

Alabar

Soy muy insistente en una teoría acerca del ser humano: una persona que habla bien de los demás es una persona con valores.

Puede que, en el fondo, sea un miserable, aunque lo dudo. Tal vez su día a día demuestre otra cosa, pero me costaría creerlo. ¿Y si solo es una estrategia para darse pábulo, un modo de ganar simpatías? No me encaja.

Suele ocurrir que, por mi trabajo, tengo que establecer relaciones con gente de la que ya tengo una opinión formada. Por conversaciones de café, por su forma de hablar, incluso por puro instinto.

Luego llega el día en que me toca trabajar con esa persona, que no me hace tilín, y resulta que se deshace en elogios hacia sus compañeros.

Ya me tiene embaucado.

lunes, mayo 20, 2024

Tere

Cuando empezamos a poder salir tras la pandemia, pero dentro de las fronteras de nuestra localidad, a un guía turístico divertido y sabio se le ocurrió proponer visitas guiadas a los sevillanos en su propia ciudad.

Allí estábamos nosotros, con mascarillas, visitando la Sevilla literaria, la de la Expo del 29, los Alcázares, la Catedral, el Museo de Bellas Artes, el barrio de la Macarena, el de San Lorenzo... cada sábado una propuesta bien documentada, con el hombre desgañitándose tras la mascarilla.

La pandilla se iba haciendo cada vez más grande. Llamábamos a amigos que invitaban a otros amigos.

En uno de los primeros 'tours' apareció una mujer con voz radiofónica y alto nivel cultural. A mí me pareció insoportable. Lo sabía todo, lo preguntaba todo.

—No la soporto —le decía a Fran.

Un día me la encontré en una librería, sin mascarillas, de tú a tú. Descubrí en ella una chica encantadora y nos comprometimos a vernos más.

Hoy es una persona a la que necesito no dejar de ver.

viernes, octubre 14, 2022

Tremendo

Paso por períodos en que me pongo tremendo con algo.

De golpe simplifico al máximo en mi mente, de forma irracional, a un colectivo. No tienen por qué ser los rusos, podrían ser los camareros, o los presentadores de telediarios, o los ingenieros industriales, o los mismos sevillanos.

Algún cable hace contacto en mi cerebro y, por algún gesto, unido a una expresión o a un comportamiento inesperado, de pronto ya esa colectividad, sin que ninguno se libre, es toda ella arisca, frívola, prepotente o cualquiera sabe lo que dispone mi cabeza.

Entonces viene el trabajo de recomposición, no, que todos los italianos no son así; de buscar ejemplos, ves, ése no es idiota; de buscarles otros adjetivos, mira, también son personas atentas; de leer acerca de ellos, para saber qué hizo que parezcan como yo siento que son.

Porque el estereotipo salta rápidamente a tu cabeza y uno lo compra sin más. Todos los de esa religión son de aquella manera, ¿o es que no lo ves? Mira esa tipa cómo se comporta, no es de extrañar, es de aquel país. No sabe conducir, claro, nació allí en...

¡Es lo fácil!

Luego lleva meses descomponer esas teorías infames y volver a confirmar que toda persona es un mundo imposible de clasificar.

jueves, mayo 05, 2016

Incendios

Jugar al límite es una opción vital por la que ciertas personas optan en su relación con los demás.

Se trataría de establecer una continua medición de fuerzas con el otro, de forma que cada momento en que hay un contacto con alguien cercano el susodicho saca el cronómetro, la balanza, el libro de notas y la cámara de fotos para controlar cómo de bien, rápido y pasionalmente ha actuado cada uno frente al otro, para anotarlo con todo lujo de detalles en el cuaderno de sus recelos.

Yo era así de joven.

Son individuos excesivamente exigentes consigo mismos, por lo general, que aplican a los demás el mismo nivel de severidad en la evaluación del otro, sin comprender que la vida no es una competición ni hay medallas que repartir al final del camino. Suele ser gente interesante, con muchos valores que, sin embargo, no empatizan con las virtudes que no le son propias.

Si uno al madurar no se aplica el cuento de quitarse de encima estos comportamientos infantiles corre el riesgo de convertirse en un incendiario dedicado a regodearse en el reproche, especialista en ver en los demás el labio seco pero no la mirada brillante, incapaz de disfrutar de la parte luminosa de su pareja para centrarse en las lavadoras no puestas y los cumpleaños no felicitados por sus amigos.

Estas personas, de cuya secta salí hace tiempo, te lanzan a la cara sus frustraciones de analfabeto emocional para hacerte reaccionar, con la torpeza de quien lo hace en la creencia de ayudarte a ser mejor. Te calientan con frases irónicas, comparaciones basadas en medias verdades y autoflagelaciones que muestran cómo ellos sí son de raza; si se pasan de frenada en sus reconvenciones, son especialistas en lanzarse en tromba a apagar el incendio con una sonrisa, seguramente sincera.

Llega el día en que los amigos juzgados prefieren dejar de dar explicaciones de sus propias flaquezas y vuelven la cara a quien hubo un día que vieron desnudo de prejuicios.