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lunes, agosto 24, 2026

Día

La frase más peligrosa para una persona disciplinada es 'un día es un día'.

Porque si te agarras una vez a la excepción, ancha es Castilla.

Hace unos años, tras un sustillo de salud, decidí dejar la cerveza. Porque sí. Nadie me lo exigió, pero consideré que me vendría bien. ¡Al más cervecero del mundo!

La semana pasada, en el Algarve, con mis hermanas y Fran, en un sitio precioso y al caer la noche, hubiera vendido el alma por tomarme una.

Se me pasó.

martes, mayo 20, 2025

Arrachera

A mí me destinaron, de un día para otro, a una ciudad en medio del desierto del norte de México: Torreón.

Un problema gordo de calidad había provocado una crisis en mi empresa y me sentía orgulloso de que hubiesen pensado en mí para acudir a resolverlo.

Me destinaron allí 4 meses y no pensé que pudiera gustarme tanto México. No tanto la ciudad, que no era bonita, sino la gente. Desde entonces, no me canso de repetir que no he conocido pueblo más acogedor que el mexicano.

Sin conocer a nadie, me iba cada noche a un restaurante montado en un edificio cuadrado de cristales, donde me servían una cerveza Modelo helada y una carne riquísima, a la que llamaban "arrachera".

Aun a día de hoy, veinte años después, cuando voy a un sitio de brasas y me preguntan, "¿qué corte prefieres?", yo pregunto, con toda la inocencia de quien recuerda los días felices en Torreón:

¿Saben lo que es la arrachera?

sábado, enero 18, 2025

Cerveza

Me quité de la cerveza de un día para otro y por decisión propia.

Cervecero hasta la médula, me bebía las cañas como vasos de agua. Más en una ciudad como Sevilla, tan dada al tapeo, donde el calor te pide líquido casi helado para refrescar el cuerpo.

Que nadie me explique el placer de beberla, que me lo sé. Me ha acompañado en momentos muy felices y no reniego de ello.

La vida, sin embargo, es evolución y hay que saber dar pasos en la buena dirección.

Las mejores decisiones son aquellas que tomas de forma voluntaria, cuando eres tú quien decides que eso ya no te hace bien, que pesan más los pros que los contras.

Vivir con el 'sí, pero no' es más complejo, porque entras en la montaña rusa de las flagelaciones y los desquites.

Soy muy partidario de las decisiones firmes. Te hacen confiar más en ti.

viernes, abril 12, 2024

Salud

Hay un factor placer en el cuidarse.

Saber que la ensalada que tomas es sanísima, renunciar esa noche a la cerveza, darte el largo paseo hasta Triana pese a la pereza, hacer las flexiones antes de dormir, estirar la espalda en la ducha, comprar un kilo de sardinas en el mercado, con todo su omega 3.

Tenemos que disociar la lucha salud-disfrute, porque las dos caben en el mismo cofre de las maravillas.

Querer a nuestro cuerpo es querer al mundo. Cuidarlo es lo menos que nos podemos pedir.

martes, junio 07, 2022

Cerveza

—El avión da un zambombazo en el suelo cuando hay tanta nieve —me explicó un ingeniero japonés, vecino de asiento, al aterrizar en el aeropuerto de Teherán—. Así se agarra bien a la pista.

Eran las dos de la madrugada de un periplo que había comenzado 48 horas antes en Sevilla. Había un problema urgente que resolver en las redes de concesionarios iraníes y ningún voluntario para acudir, en una semana donde los periódicos anunciaban dos atentados en la capital.

—Te va a tocar ir —me dijo mi jefe.

En pleno duro invierno, se tuvo que deshacer el primer intento debido a una tormenta histórica de nieve, que hizo a la nave, donde yo viajaba, poner rumbo a Catar para que pudiésemos descansar. Al día siguiente vino el barrigazo contra la pista iraní.

El país era tan negro como me lo habían pintado. Todas las mujeres con el velo, pocas sonrisas en los funcionarios y austeridad hasta en las máquinas expendedoras de agua. Me esperaba un chófer.

—¿Navarro?

—Yes.

Yo no sabía que pudiese existir tanto frío, ni tantos metros de nieve para transportar unos elementos de repuesto que pensaban un quintal en mi maleta.

—El coche no arranca —me dijo el conductor, mientras yo buscaba en la lejanía un cartel luminoso que pusiera hotel.

Tras varios empujones en los que perdí medio hígado por la boca, un coche se ofreció a empujarnos y pudimos salir de esa ratonera.

La felicidad fue llegar al hotel de cinco estrellas. Aún recuerdo su situación en un alto, entre montañas nevadas, calentito por dentro y con una maravillosa vista de Teherán. Cuando el botones dejó la maleta en mi habitación le di no sé cuántos billetes de una moneda que aún no conocía y le supliqué por una cerveza fresquita, con un guiño, que no tardó en venir. A los cinco minutos pedí otra y dormí como un angelito con el mareíllo que dan las burbujas del alcohol.

Ya al día siguiente, tras una jornada intensa de trabajo, decidí cenar en el mismo hotel. Me dejé aconsejar para la comida, riquísima.

—¿Y para beber?

—Una cerveza, por favor —pedí.

—Sólo la tenemos sin alcohol.

—Pero, si yo aquí, ayer... —él negó, condescendiente, con la cabeza. Yo recordaba el gustirrinín de perder un poco el pie al tomarla-. Una que tenía la tapa dorada —insistí.

—En Irán está prohibido el alcohol, señor.

En situaciones similares trato de ejercitar esa práctica de la sugestión, que tan bien bordé en la fría noche de Teherán, pensando que las prohibiciones no lo son tanto para los clientes noveleros de hotelazos suntuosos como el que me tocó.