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lunes, febrero 02, 2026

Andamios

A lo largo de mi vida me he encontrado con gente que me imponía, en todos los ámbitos. Personas con las que me ponía un peldaño por debajo solo de estar a su lado, con quienes me costaba establecer una comunicación de igual a igual. Se me vienen a la cabeza rostros muy concretos.

Superar eso me ha costado media vida. Saber que nadie vale más que nadie.

Por eso cuando alguien se acerca a mí con un excesivo respeto, hago rápido por desmontar andamios artificiales.

Motivación

Cuando uno lleva más de treinta años en una empresa, resulta complicado que le motiven los resultados de ventas, de calidad o de producción. Uno quiere, por supuesto, que la compañía vaya bien, pero también necesita otro tipo de estímulos que se centren en lo humano, en el equipo, en la alegría de compartir café con la gente que aprecias.

La vida laboral no se puede extender indefinidamente, porque el cuerpo va diseñando anticuerpos que se rebelan contra toda forma de alienación y, salvo que tu trabajo te apasione, algo que muy pocos afortunados tienen el placer de decir, llega un punto que estás hasta el gorro de aguantar presiones para conseguir objetivos.

Ya no es ésa la ficha de la que tienen que tirar para motivarte, ésa ya está amortizada por mucho que la cambien de forma y de color.

La clave está en la sonrisa de los compañeros a los que quieres.

Noticias

Siendo muy de periódicos y de telediarios, atravieso rachas en que solo me interesa, al margen de mi vida, la ficción.

Poner las noticias en la tele es tener la sensación de que no hay esperanza y no quiero vivir así.

Pasará lo peor, estoy seguro, volverán los días de luz, no lo dudo, pero, mientras tanto, prefiero tomar la última novela de Juan Manuel Gil o recorrerme el listado de películas de Filmin para olvidarme por un rato de la época que me tocó vivir.

domingo, febrero 01, 2026

Tortilla

Cuando trabajo en Madrid, me gusta cenar en un gallego donde se come riquísimo.

Siempre voy con compañeros y repetimos menú: una ensalada de lechugas vivas y tortilla de Betanzos.

Esta pasada semana me vi obligado a ir solo, pero no quería renunciar al menú. La camarera, al retirarme la ensalada y acercarme la tortilla, me preguntó, con la bandeja en la mano:

¿Quieres que te sirva media?

Vi el cielo abierto y se lo agradecí.

Me vendrá bien, la ensalada era enorme y no me gusta cenar tanto.

Entonces ella la partió, dejando salir la yema cruda, antes de servírmela en el plato. Babeaba de solo verla.

Aquí le dejo la otra media la colocó sobre mi mesa. Esa ya se la sirve usted.

Novela

Hace apenas unos minutos que he terminado mi última novela y ya siento el vacío de no volver a ella por un tiempo.

Me resulta aun sorprendente mi capacidad para conmoverme con historias que yo mismo he inventado, ese pellizco en el corazón al sentirse descubierta Marita por su hijo, mis lágrimas al acompañar a Iker para ayudar en la mudanza de su padre, la belleza de la devoción del protagonista por su primo Gorka, el dolor aterrador de perder a una segunda madre...

Entiendo que me emociono hasta los huesos porque las historias que escribo no hablan de mí, pero se construyen desde lo más íntimo de mis inquietudes: la pérdida de la infancia, la maternidad rota, el trabajo no deseado, las amistades que no fallan, lo azaroso del destino, la salud mental de nuestros mayores, el amor como solución a todo.

Y, para ayudarme en el viaje, tiro de personajes que se hicieron ya reales en novelas anteriores. Aquí volveremos a la cocina de Patri o al gabinete de rayos uva de Reyes. Son amigas leales en este mi mundo de ficción, tan real dentro de mí, como actrices de un director de cine que las necesita en el plató.

Si en 'Lo que hicieron de mí' hablaba de Álvaro, un hombre que cargaba con una culpa infantil que no le correspondía, en esta nueva novela os hablaré de Iker, un joven de salud frágil que se maneja como puede tras haber sido sobreprotegido desde muy pequeño.

¡La infancia!

Feliz de haber pasado tanto tiempo en Donosti con las Urzaiz, ahora toca corregirla, maquetarla, ponerla bonita para que en unos meses seas tú, quizás, quien te remuevas con esta historia arriesgada de herencias familiares donde la torpeza, a veces, desluce al amor.

viernes, enero 30, 2026

Cuchara

A Fran le gusta saborear los yogures con cuchara grande.

Entregárselo con una pequeña es una cierta forma de traición, porque es en esos detalles donde se concreta una relación de más de veinte años, en saber que la persona a la que quieres le gusta tomar así los yogures.

Dicen que una relación se rompe cuando empezamos a no ver al otro.

El día que me ponga una ensalada con tomates cherry, empezaré a temblar.

miércoles, enero 28, 2026

Soñar

Para mí es una victoria soñar bonito.

Porque tengo la suerte, mala o buena, de recordar con precisión los sueños. 

Así, los días en los que me levanto tras un vuelo nocturno sobre Venecia ya comienzo con buen pie.

No sé cuánto hay de ciencia en la positividad de las historias que transcurren al otro lado de la almohada, lo que sí sé es que en mis peores períodos de  estrés las pesadillas eran una noche sí y la otra también.

Así que cuando abro los ojos y recuerdo paseos infinitos en bicicleta por la luna, sé que no lo estaré haciendo del todo mal.

Alterado

Llevo dos encuentros con amigos —muy amigos en los que he saltado como una fiera.

Por situaciones en las que puedo tener razón, pero con formas que me quitan toda la razón.

No sé qué virus nos han inoculado en estos tiempos que nos hacen estar tan viscerales: yo me niego a ser así.

Porque yo quiero transmitir calma, saber escuchar, tener paciencia, ser como siempre he presumido ser. Pero, de pronto, pierdo los papeles, levanto la voz más de la cuenta y me digo:

Ese no soy yo.

Tengo que currármelo.

lunes, enero 26, 2026

Eternidad

El ser humano está obsesionado con la eternidad, sin ponerse a pensar que, tal vez, sería una pesadilla.

Existir para siempre. Qué horror. Un futuro eterno de felicidad celestial. ¿Cómo se come eso?

¿No sería más sensato pensar que la realidad está aquí y ahora? ¿Que no hay necesidad de ocupar el tiempo en pensar en otras vidas que, quizás, no vengan?

Que hay que comportarse bien porque sí, no buscando un premio.

Vivir intuyendo que esto se acaba afina la mirada.

Porque si ocurre que cuando desaparezcamos, lo hacemos para siempre, bien está. No sufriremos, porque no existiremos.

El sentido de la vida, si lo hay, está en el presente, en querernos y querer. En apreciar lo bello, en aprender de los otros, en ser cada día mejor.

No olvidemos que estamos libres de toda culpa, porque nadie nos preguntó si queríamos plantarnos aquí. Nos han educado en lo contrario, en la puñetera culpabilidad. Eso sí, ya que estamos, saquemos nuestra mejor versión.

¿Ser eternos? Qué pereza...

Uber

Lo que más me gusta de este trabajo es no tener jefe.

El conductor de Uber estaba suelto para hablar y yo aproveché.

¿Vuestro salario va asociado al número de carreras que hacéis?

No, cobramos una cantidad fija. Para que nos den un plus tenemos que echar muchísimas horas y no compensa.

Entonces comenzó a explicar el modo de funcionamiento.

—No podemos estar con el coche parado, siempre debemos estar moviéndonos —explicaba—. Si nos quedamos parados cinco minutos, porque haya un coche de la basura en la calle, nos llaman.

—¿Y si paras para ir al baño?

—Nos llaman para pedirnos explicaciones.

—Ahá...

A cualquier cosa le llama uno no tener jefe.







domingo, enero 25, 2026

Políptico

Llevaba años sin ver el Políptico y pude entrar por cuestión de minutos en la catedral de San Bavón.

Si usted no tiene prisa me dijo quien me vendió la entrada, quédese hasta el final. Es el momento más bonito del día.

Apenas éramos cinco personas, una pareja de tortolitos japoneses, un matrimonio belga de avanzada edad y yo.

Cada tarde cerraban el retablo de Van Eyck como ceremonia final, cuando ya apenas entraba luz por las vidrieras en el viejo templo gantés.

Con toda la paciencia sanísima de una espera de media hora contemplando cada detalle, el ritual comenzó.

Con un mecanismo sencillo, empezó a cerrarse de forma automática el tablero mientras un viejo canónigo nos explicaba las pinturas, tan llenas de colores en el frontal, a las que iban tapando los tablones grises que imitaban a esculturas.

La historia de este políptico es la historia de los últimos siglos en Europa, de su espiritualidad, de los movimientos políticos que lo llevaron de un país a otro.

Tuve la suerte de llegar unos minutos antes de que cerrasen las puertas para sentir la emoción de una de las escenas más bellas.

Siempre hay tiempo para el recogimiento.

sábado, enero 24, 2026

Harricots

Esta semana he trabajado en una ciudad francesa horrorosa, y ya es difícil. Industrial, de cielo plomizo y hoteles de mala muerte, lo meritorio allí es sonreír.

No nombraré el sitio, porque no se cantan las miserias de nadie.

Dando la espalda a la frontera con Bélgica, elegí volar a Bruselas en lugar de a París para disminuir el trayecto y así aprovechar todo el tiempo libre que tuve para saborear la belleza del ladrillo rojo de las ciudades flamencas.

Vaya rollo me dijo Fran, con las ganas que tenías de volver a Francia.

Pero cené una 'bavette' de pollo con salsa de champiñones y 'harricots verts'.

Y eso le da sentido a todo.

miércoles, enero 21, 2026

Burbuja

Tú vives en una burbuja, Salva. La vida no es así.

Pareciera que para opinar de África uno tuviera que vivir en Nairobi.

Sí, yo habito en la burbuja que me he creado, con la gente que me aporta, en los espacios donde me siento seguro, y querido, lo que no me impide tener los ojos bien abiertos a lo que ocurre en el mundo. 

Empatizar no implica vestir la misma ropa.

martes, enero 20, 2026

Muertos

Lo fácil en esta vida es echar balones fuera.

Es que me dijeron...

Con lo atractiva que resulta una persona asertiva que reconoce sus torpezas.

Sí, metí la pata.

Es una ley que me impongo: no poner excusas en los demás para justificar una decisión mal tomada, aunque haya quien me llevase por el camino equivocado. 

Huelva

Qué terrible puede presentarse la vida a veces.

Al mismo tiempo que entrábamos a Huelva desde el Algarve, con amigos onubenses, un tren que se dirigía a esa ciudad colisionaba con unos vagones que descarrilaban.

Toda tragedia duele, pero lo hace un poco más cuando toca a la tierra, a la gente cercana, a estaciones de trenes, paisajes y recorridos que uno está acostumbrado a hacer.

Qué pequeñito se vuelve el hombre cuando las certezas con las que vivimos se destrozan.

viernes, enero 16, 2026

Horror

Tengo demasiado cercano mi viaje de este verano a Berlín como para olvidar todo lo que ocurrió allí no hace tanto tiempo.

Nos preguntábamos cómo un país civilizado y culto admitió que su líder autorizara redadas para llevarse a judíos a campos de trabajo y que la gente mirase para otro lado, que la sociedad permitiera que estas pobres gentes abandonaran sus negocios y se encerraran en sus casas para no ser señalados. Nos parecía alucinante que ese Hitler se anexionara Austria por considerarlo esencial para el alma alemana y que el resto de países hiciese como que no pasaba nada, que se hiciera con Checoslovaquia argumentando protección a sus nacionales y el mundo lo asumiera. Cuando ya invadió Polonia era demasiado tarde, el desastre iba a ser inenarrable.

Hoy no son judíos, sino latinos, no son campos de trabajo, sino cárceles salvadoreñas, no hablamos de Austria o Checoslovaquia, sino de Groenlandia o Venezuela. En esta ocasión no es Alemania, sino Estados Unidos.

Esta vez no es Hitler, se llama Trump.

Las generaciones venideras se preguntarán, ¿cómo pudieron mirar para otro lado?

jueves, enero 15, 2026

Marroquíes

—Qué encanto el chaval marroquí que me ha arreglado el pinchazo —me decía Fran el otro día

—Como los dos que trabajan en el Carrefour Exprés de abajo de casa —le apoyé.

—Igual que el dueño del restaurante La Alcoba de abajo de casa.

—¿Y qué me dices de la camarera que se hinchó de llorar escuchando el desamor de Raúl?

En tiempos de destrucción del otro, Fran y yo somos muy fans del buen hacer de tantos marroquíes que vinieron a compartir la ciudad con nosotros.

Son de casa.

Mary Poppins

Cuando cuento que fuimos a ver Mary Poppins con mi tía Elo de muy pequeños, mis hermanas no se acuerdan.

Pero yo nos recuerdo cantando el supercalifragilístico cogidos de la mano por la calle Sierpes.

Seguro que a ellas, que cantaban conmigo, no les ocurrió.

A mí, sí.

Pequeñez

Cuanto más consciente es uno de su pequeñez, más grande se hace.

La lucha de egos en la que a veces se convierte este mundo acelerado es un espectáculo grotesco de gente mediocre que se cree inmortal, cuando la cualidad que hace más admirable a una persona es la humildad.

La calma de saber que no hay nada más hermoso que un corazón limpio.

Romántica

Sicilia es verde y montañosa.

Y grande. Como un país si tuvieras que elegir el tamaño de un país. Grande pero no tanto.

Hacerse una ruta en coche es viajar a tiempos en los que el tiempo no pasa y hacerlo escuchando música romántica italiana es suspenderse en un espacio que puede durar para siempre.

—Fran, graba esa canción.

Ahora viajo desde Madrid, tras una jornada de trabajo. Repasando la jornada, con la música alta, dejo que suene Sal da Vinci.

'L'amore e tu'.

Y me recorro Sicilia de nuevo entre Madrid y Sevilla.


martes, enero 13, 2026

Mierda

No es justo decir que el mundo es una mierda si no te has esforzado un poco en poner de tu parte para cambiarlo.

Con el tiempo y las circunstancias, no hay más que ver el panorama actual, puede llegar el desasosiego, claro que sí.

En cambio hay personas que ya nacen cabreadas, que critican a todos por igual, que consideran que no hay quien se salve. Son esos amargados los que votan a partidos cuyo principal objetivo no es otro que cargarse todo, que nos vayamos a freír espárragos, que si a mí me va mal, tú te vas a fastidiar también.

Claro que tenemos poder.

Thank you

En Italia es una derrota que te despidan con un thank you si te tomas una copa o un plato de pasta, porque significa que no has hecho lo suficiente por integrarte.

Lo práctico es responder en inglés a los saludos y pedir en ese idioma lo que te interesa tomar.

Pero Italia no es Eslovenia o Finlandia, donde no queda otra. Es un país tan cercano, en lo social y en lo lingüístico, que con lo mínimo que te esfuerces consigues empatía de quien te atiende.

domingo, enero 11, 2026

Memoria

Cuando un estímulo activa un recuerdo escondido en los pliegues de mi cerebro, me mando un WhatsApp a mí mismo. 

Porque sé que mi memoria es frágil.

Es así cómo he construido gran parte de mis relatos que leéis cada tarde, en los que puedo compartir una anécdota de cuando era pequeño porque hubo un instante preciso en que ese clic se produjo y supe buscarle el cajón donde archivarlo.

La memoria es un fenómeno extraño, que se moldea con el tiempo. Podré contar lo que yo creo que viví, que no será sino lo que mi cerebro ha organizado, filtrado y moldeado con los años. 

Escribir los textos diarios se convierte en una cuestión de gimnasia mental, que no tiene solo que ver con el narrar sino también con el retener esas chispas del ayer que me hagan tener el cerebro, y el alma, en forma.

Vivir sin memoria es vivir sin pasado. Es volver a caer.

sábado, enero 10, 2026

Moralidad

A preguntas de un periodista del New York Times acerca de cuáles eran sus límites para ejercer el poder, Donald Trump respondía:

Mi propia moralidad. No necesito el Derecho Internacional.

Ya sabemos cuál es su moralidad: ninguna. La propia de un narcisista con cero empatía hacia los demás, incluidos sus propios conciudadanos. No hay más que ver el vídeo de la mujer tiroteada en Minneapolis y cómo él lo justifica.

Pues bien, si la persona con mayor poder en la tierra dice que no necesita las leyes, que no está dispuesto a obedecerlas, ¿qué mensaje transmite al mundo?

Este mes se cumple un año de gobierno de Trump. 

Quedan tres.

viernes, enero 09, 2026

Lepe

Ayer tarde, paseando por una gélida avenida de Torneo, un chaval que venía de frente me preguntó:

¿Hablas árabe?

Le dije que no.

Necesito ayuda.

Hubo tal educación en su manera de pedírmelo y tal dolor en su mirada, que le pregunté qué podía hacer por él.

Tengo hambre.

Llamé a Fran y lo llevamos a un supermercado.

Coge todo lo que necesites.

El joven, de diecinueve años, tan solo tomó un sándwich de atún y una botella de agua. Lo convencí de que cogiera un paquete de patatas. Nada más salir, engulló el bocadillo como si le fuera la vida en ello.

Nos explicó que era de Tetuán, que había llegado en los bajos de un camión y que llevaba dos días por Sevilla. Sin nada. Alguien le había robado la mochila en un albergue. Le ofrecí mi móvil para llamar a su madre, pero no recordaba el número. Me dijo que no sabía cómo ir a Lepe, donde conocía gente que le ayudaría a encontrar trabajo en el campo.

Yo soy cocinero, pero tengo buena cabeza para aprender todo.

Fuimos paseando hasta la estación de autobuses, le sacamos el billete para Lepe, le dimos algo de efectivo y le escribí nuestros teléfonos. Se abrazó a nosotros dándonos besos en el cuello y repitiendo sin parar 'muchas gracias'.

Él no podía imaginar que los agradecidos éramos nosotros.