sábado, abril 25, 2026
Flamenca
Vela
Llevé a mi querido Ahmet a mostrarle la Semana Santa sevillana y elegí una cofradía 'dura', de las de vestimenta negra, silencio estricto y pasos sin banda de música.
Era la primera vez que mi compañero turco veía algo igual y nos apostamos en la iglesia de Veracruz.
Con mis carencias para narrarle una tradición religiosa, trataba de explicarle cada detalle de lo que allí ocurría, con la emoción de verlo aturdido.
Todo en inglés.
Cuando, en un momento dado, quise explicarle por qué unos llevaban cruces y otros llevaban velas, me bloqueé al no encontrar esta última palabra.
—Candle —me dijo él.
Sé traducir cada pieza de un motor y, para mi espanto, se me olvidan palabras mucho más bellas.
Pilates
Mis hermanas tienen una preciosa academia de Pilates y, la duda ofende, Fran y yo somos parte de su clientela.
Los martes que no viajo, allí estamos como un reloj para dejarnos llevar por Raquel, de la que no imaginaba yo su gran capacidad didáctica hasta que nos dio la primera clase, hace años.
Cada sesión, en determinados ejercicios, se nos cruzan las manos a Fran y a mí, y si no se nos cruzan nos buscamos. Nos reímos de los despistes del otro, de mi incapacidad para alcanzar determinadas posturas, de sus atajos para hacer menos esfuerzo.
El otro día un amigo nos contaba que había hablado con Raquel de nuestras clases y de cómo ella le decía:
—Son dos tortolitos.
martes, abril 21, 2026
Gruesas
Cuanto menos palabras gruesas más fácil es tener razón.
Es algo que no se aprende sino a base de desencantos con uno mismo.
¿Cómo pude hablarle así?
Los papeles se pierden con facilidad cuando no tienes claro lo venenoso que es para ti.
Mi mayores arrepentimientos no han venido por haberme explicado mal, sino por haberme comportado como un energúmeno.
Rubios
En París es difícil encontrar tipos blancos de diez apellidos franceses recogiendo la basura.
Digo París porque ya veinte años atrás, cuando yo vivía allí, todos los servicios básicos eran desempeñados por magrebíes o negros con cuyas familias te cruzabas en el metro.
Conforme ha ido aumentando el nivel de vida aquí en España, esa ola también ha llegado. No hay españoles de cuna que quieran romperse el lomo recogiendo fresa. Hace unos años se fue a Lepe un primo-hermano y no duró una semana.
─Es inhumano, Borete.
Si no hay más remedio, que trabajen. ¡Qué remedio! Pero que no me los cruce por la calle.
Novelero
Me encanta escuchar y, como buen novelero, meto cuñas en cuanto veo silencios.
—Entonces apareció Natalia y...
—Montó el pollo —interrumpo.
—¿Qué pollo ni pollo, Salva?
Recuerdo, de pequeño, en casa, que en cuanto mis padres comenzaban a hablarnos de alguien yo saltaba como un resorte:
—¿Se ha muerto?
domingo, abril 19, 2026
Cetara
—¿Allí se puede comer?
La taquillera del puerto de Amalfi, con desgana, me respondió que sí.
A esas horas Cetara era el único destino programado para disfrutar de un paseo en barco por la costa, así que allí nos montamos.
Desde ese día sueño con los tagiatelle alla Nerano que devoré en ese diminuto paraíso frente a Sorrento.
Soy de pillar los barcos.
Confitera
La mujer tenía un negocio en mi calle del que no quiero dar más pistas.
Trabajaba como una jabata cuando ya había sobrepasado edades en las que el cuerpo merece descansar.
Sus dos hijos vendieron la tienda en cuanto ella falleció.
Hicieron las cuentas, les daba para ver la vida pasar.
Caramelo
Me ofreció un caramelo de camino a Atocha.
—Es sin azúcar y está riquísimo.
Se lo acepté por no hacerle el feo.
Me preguntó si le gustaba la emisora de radio que estaba escuchando o si prefería otra, o apagarla.
—Está bien así.
Reventado tras una jornada maratoniana de reuniones, solo quería tomar el AVE para llegar a Sevilla a la hora de cenar.
—¿Se encuentra usted cómodo? —insistió el taxista.
—Mucho.
Se interesó por mi trabajo, por mi destino. Por la Feria de abril cuando le dije que iba a Sevilla.
Me deseó un buen viaje en cuanto llegamos a la estación.
—No cambie —le dije—, da gusto encontrar a personas como usted.
miércoles, abril 15, 2026
Papá
La muerte de mi padre fue una escena bellísima en medio del dolor.
Rodeado de nosotros, sabiendo que ya no sufría, esas últimas horas fueron de una ternura infinita donde no podía caber más amor.
Cuando su hija mayor se tumbó a su lado se agarró a ella en posición fetal, mientras Mónica quedaba entre sus brazos, con el llanto sereno de quien sabía que el fin se precipitaba.
Incluso esperó a Raquel para lanzar el último suspiro.
Un hombre más. Coherente, desastre, currante, leal. Una persona buena más que se iba, como cada día miles que se van.
Pero era nuestra persona buena.
La religión del amor
En la religión entra en juego un concepto que discrimina: la Fe.
O crees o no te lo crees.
A mí me hubiera gustado una religión más de consenso, en la que pudiéramos entrar todos, más terrenal, más unánime, por qué no: la religión del Amor.
Así de cursi.
Sin dioses.
Que hubiera templos laicos donde el único motivo de reunión fuese el trabajar cómo ser personas decentes. Donde hablaran sabios buenos.
Que los que no creemos no tuviéramos que comulgar con ruedas de molino para vivir nuestro sueño: ser mejores. Que no se nos perdone la vida ni se nos considere de piedra por no ver lo que otros dicen ver.
Seguro que aparecerían santos a los que venerar.
Siendo buenos, no hay infiernos que temer.
Solís
Conozco a un maravilloso escritor que sabe atravesar todos mis muros.
Es mi tocayo Salvador Gutiérrez Solís.
Diagnosticado de un cáncer gracias a un cribado de la sanidad pública, decidió compartir con todos sus lectores el paso a paso de su lucha contra la enfermedad, sin edulcorar pero con viveza, con pinceladas de humor donde todo se presupone plomizo.
Para el que sufre, no hay nada como sentir que no está solo.
Nos comparte su batalla con la delicadeza de quien saca melodía de las palabras, sin buscar el aplauso fácil ni la compasión: con las armas de la ternura y de un profundo apego a la vida.
Cada operación, cada tratamiento, va trenzado con sus cursos de escritura o con la presentación de su última historia, Premio Jaén de Novela, 'La estrategia del impostor'.
Es toda una bendición tener faros de luz como el que representa este escritor: Salvador Gutiérrez Solís.
Dejaos seducir por él: es carne viva.
lunes, abril 13, 2026
Orban
Anoche fue un día de esperanza.
Un manipulador, nacionalista, racista, machista, homófobo, admirador de Putin, de Trump, de Netanyahu, ha firmado su última página gracias a la reacción, tardía pero contundente, del pueblo.
Espero que esta sea una vía de luz que rompa ese muro negro de fascismo que parecía irremisible.
Ya sí me permito viajar a Budapest.
domingo, abril 12, 2026
Sello de la Reina de Inglaterra
—Borete —mi padre se asomó a mi habitación—, un sobre con el sello de la Reina de Inglaterra.
Yo ya sabía quién me escribía.
En mi adolescencia, cuanto más me iba metiendo en mí mismo, más creaba un mundo paralelo de protección. En ese universo estaba mi música. Y dentro de ella, 'Everything but the girl', un grupo londinense que ponía letras al amor, a la nostalgia, a la soledad.
"Nos ha encantado tu carta", me decían. "Un día iremos a tocar para ti en tu maravillosa ciudad".
—¿Quiénes son? —preguntó mi padre.
—Una banda de música, papá.
jueves, abril 09, 2026
Tragedia
Envidia
Tribu
—¿Tendrían sitio para dos?
—Solo nos queda esa mesa ahí fuera.
Fran me miró y yo negué con la cabeza.
—Hace frío —me disculpé—. Mejor otro día.
Nos giramos.
—¡Esperen! Tengo una mesa de ocho reservada para hace media hora.
Acabamos cenando en el interior de la sala con una mesa enorme vacía en un restaurante diminuto.
Ese sábado por la noche, a ninguno de los ocho se les ocurrió disculparse.
Trajes
—En el salón de esa casa le cortábamos un traje a todo el mundo.
Yo no entendí la frase, pero me imaginé a sus amigos colocando prendas una encima de otra para arreglar dobladillos, reducir mangas, ajustar cuellos.
—Y ahora me arrepiento de haber participado en esa cacería —se lamentaba.
—¿Cortabais trajes? —pregunté, perdido con su tono compungido.
Me miró extrañado.
—Salva, es una forma de decir que no dejábamos títere con cabeza.
—Ah.
sábado, abril 04, 2026
Prisas
Cuando era joven tenía prisa por contar de mí, porque tenía necesidad de ser querido.
A cada individuo que se me cruzaba en el camino rápidamente le quería demostrar que yo era una persona interesante, sin darme cuenta de que cuanto más lo hacía menos se fijaban en mí.
En el hermoso mundo de mi presente, aun encuentro quienes actúan con ese ingenuo espíritu adolescente de querer hablar de cuánto bueno encierran dentro de ellos.
No hay que tener prisa, sino escuchar. Es la mejor forma de demostrar que, de verdad, eres una persona que vale.
1000 palabras
El error de la creación artística es pensar que viene sola.
Eso solo le ocurre a cuatro genios.
Alumbrar una novela, por ejemplo, exige de método y disciplina. La sensibilidad, la imaginación y el oficio de escribir se dan por obligatorios.
Cuando me lanzo a construir una historia me marco como meta diaria las mil palabras. Mil. Puede tronar o ser un día plano, que las escribiré. Las musas vendrán, porque ya todos los personajes están trazados en mi cabeza. Hay meses previos de introspección y meses futuros de corrección, pero cuando se escribe, se escribe.
Es un proceso precioso, porque te embarcas en el mundo de gente que no existe y con la que muchos lectores se van a sentir interpelados.
Gente inventada a la que insuflas vida.
viernes, abril 03, 2026
Brasileña
Hay un restaurante en el Algarve, de pescado, luces y cristaleras, donde te sirven unas ensaladas deliciosas.
Una chica brasileña nos atiende desde hace años con un trato exquisito, lo que hace que poco a poco hayamos ido sabiendo más los unos de los otros.
Hasta que un día nos preguntó por dónde teníamos nuestro piso en la zona.
—Menos mal, allí no tenéis muchos indios cerca.
Una emigrante criticando a otros emigrantes.
Tan ridículo.
A mí se me viene abajo una persona, del todo, cuando se muestra racista.
Moral
Tengo en mi equipo a compañeros brillantes que no paran de protestar.
Solucionan, saben de dónde tirar, proponen y, sin embargo, ven todo negro.
—Lo estás haciendo bien —les repito.
—Pero no sirve para nada, Salva.
Personas curtidas a las que debo recordarles cada día la parte luminosa que hay en ellas. Esa que sí hace cambiar las cosas.
Tuve una jefa que un día me dijo:
—Salva, lo que más aprecio de ti es que siempre dices que lo vamos a conseguir.
Intruso
Cuando quedamos a celebrar cenas de postín con amigos aún se asoma a la mesa el niño que hay en mí.
Esas charlas largas, los brindis con copas grandes, los cruces de mirada los veo desde mi planeta de espectador.
No es que renuncie a ser mayor, es que sé verme con los ojos de quien observaba escenas similares en tiempos de ingenuidad.
A veces, muchas, mis amigos no saben que están cenando con un intruso.
jueves, abril 02, 2026
Irrepetible
Pertenecemos a la época de la humanidad más explosiva de las que jamás hayan existido.
Siempre ha habido progresos, retrocesos, cambios, pero nunca tanto y tan deprisa: estamos viviendo la ciencia-ficción de los años 70.
Todo lo imaginable parece hacerse realidad, cada invento supera al siguiente: los teléfonos fijos son dinosaurios olvidados, los discos de vinilo reliquias de las que presumir y la inteligencia artificial ya empieza a hacernos dudar de por cuánto tiempo gobernaremos el mundo.
Cuanto más avanzamos da la sensación de que menos somos el centro de nuestras vidas.
Es hermoso. Es aterrador.
Marabunta
Hay situaciones reales que se convierten en sueños y quedan allí instaladas para reaparecer cuando menos las esperas.
Estábamos rodeando Central Station, en Manhattan. Hubo un momento en el que había tal cantidad de gente caminando hacia todos lados que perdí pie: descubrí una grieta por la que se asomaba un dios juguetón. ¡Nadie sabía dónde iba! Sus criaturas se le habían ido de las manos. Íbamos como ositos de Duralex en todas las direcciones.
En décimas de segundo me recompuse y seguí mi camino para escapar.
Sé que estuve allí. ¿Lo estuve?
Sena
El tiempo que estuve trabajando en Francia, con treinta y pocos años, fue uno de los períodos en que más dudas tuve sobre mi capacidad como ingeniero. Me encomendaban proyectos diversos que implicaban tratar con gentes desconocidas para conseguir unos objetivos complicados.
Viviendo solo en el centro de París, había tardes en las que me escapaba al gimnasio desfondado por la presión.
Ocurrió que llegó el día, tras cuatro años, de volver a Sevilla.
─Salvador, no hagas planes para mañana al mediodía ─me comunicaron la última semana de trabajo.
Jefazos que controlaban Renault a nivel mundial me invitaron a comer, ¡a mí!, en un barco-restaurante sobre el Sena. Conociendo mi espíritu literario, me regalaron libros sobre literatura francesa y me entregaron una placa de reconocimiento por mi labor.
Esa comida podría no haber ocurrido, pero los libros están ahí, en casa, bien colocados, para recordarme que sí sucedió.
martes, marzo 31, 2026
Memoria
Fontanero
viernes, marzo 27, 2026
Soria
Para ver Soria hay que ir a Soria.
No pilla camino de ningún lado.
Esta semana he ido por trabajo y confirmé que me embelesa, con el encanto propio de lo sencillo.
A mí, sevillano, me enamoran los enclaves machadianos. Me identifico con esa tristeza andaluza que el genio proyectó en ellas. Ciudades de piedra lejanas a las paredes de cal blanca de su infancia. Tanto que me cuesta distinguir, cuando ya no son más que recuerdo, si aquel portón era de Baeza, si ese instituto era de Segovia, si los paseos bajos árboles sin hojas eran de Soria.
Cada cierto tiempo vuelvo para reencontrarme con la verdad de cada una de ellas.
Este miércoles bajé hasta el Duero por donde imaginé que bajaba él, paseé sus orillas con su caminar pausado, agarrado a su abrigo en noches invernales, aguantando el viento que yo aguanté.
Asomado a su río, al caer la noche, sin que nadie nos viera, le dejé mis ojos por un buen rato.
jueves, marzo 26, 2026
Anónimo
Cuando uno pasea con espíritu anónimo, sin mirar para adentro, se da cuenta de cuántos mundos hay en este.
Personas que cavilan sus entripados con caras serias, parejas que hablan entre sí, niños que se parten de risa delante de un balón, ancianos que te ven pasar con la melancolía de sus mejores años.
Hacer ese ejercicio es una forma de derretirse: ¡miles de millones de personas con sus cuitas!
Nos comunicamos poco: desconocidos que se cruzan con desconocidos.
Por eso me gusta defender esta ventana, donde nos hablamos pese a no habernos mirado a los ojos.
Saber del extraño es sentirse menos solo.
Berlín
domingo, marzo 22, 2026
Gracias
sábado, marzo 21, 2026
Papel
Alhóndiga
Casera
Izquierda
¡Hala!
Siempre que puedo, que es siempre, me acerco a las visitas guiadas de las siete de la tarde del museo de arte contemporáneo de Valladolid.
Yo me planto allí a que me cuenten lo que me quieran contar sobre la exposición temporal que haya en esos días.
Esta semana tocó descubrir, con mucha emoción, la obra del sensibilísimo Xisco Mensua.
El guía, no dejéis de acudir a esos recorridos gratuitos, nos hablaba de los encuentros con escolares de Primaria.
─Sean de colegios públicos o privados, del centro de Valladolid o de Cabezón, los niños más pequeños siempre sueltan la misma expresión al entrar en una de estas salas.
Los cinco visitantes preguntamos cuál.
─Todos se quedan paralizados y dicen: ¡Hala!
Cuenta cómo entonces se acercan con extrema curiosidad a analizar colores, figuras, a girar las cabezas, a imaginar historias.
─En cambio, cuando vienen los mayores, en muchos casos sus expresiones son muy distintas: 'vaya mamarrachada de cuadro' o 'eso lo hago yo con los pies'.
Yo soy bastante de Primaria.