lunes, octubre 12, 2026
Tablet
Teletrabajo
Sigo sintiéndome un intruso los días en que teletrabajo, porque no son míos esos olores mañaneros de cocidos a fuego lento que suben por el patio, ni el quejido repetitivo de las viejas lavadoras, ni el olor a lejía de la escalera.
Esa luz que lo ilumina todo y de la que necesito refugiarme para no volar de allí donde ando maniatado.
Esa casa, incómoda, que me mira raro.
Una gustosa pérdida de libertad en territorio amigo.
Palomas
Cuando observo con atención a las palomas, entristezco.
No tengo más que abrir la ventana del salón para asomarme, de forma anónima, a su mundo: se han apropiado del tejado del convento sin vida que domino desde lo alto.
Me fijo en una, la de los dos puntos negros, y la sigo mientras me tomo el café, como un Rodríguez de la Fuente urbano. Compruebo entonces cómo llega la más barrigona y la expulsa de su rincón, para volar hasta la espadaña de la iglesia de Santa Clara. Allí donde el sol no la deja en paz. Baja entonces al borde del muro donde se asoma un naranjo, hasta que otras, grises, se le colocan al lado a bailarle danzas que ella no quiere soportar. Vuela hacia donde yo. Por momentos me mira.
Yo la invitaría a café.
Hoteles
He debido dormir en centenares de hoteles diferentes.
Porque soy viajero y porque el trabajo me ha regalado durante treinta años ese placer extraño de desaparecer de donde siempre.
Desde hace décadas me repito, cada vez que en la recepción me comunican el número de mi habitación: tengo que apuntarlo. Decir: '229 Oporto', '713 Tánger', '451 Nueva York' y anotarlos en un Excel.
Construirme el castillo con banderitas de los países, como una casa de la rue del Percebe a la que acudir cuando piense en Tokio o en Berlín.
Dejar una traza para el Salva viejecito que un día disfrutará de pasearse por los pasillos de las habitaciones donde voló.
Frontera
La salida del armario, como decisión clave en la vida de un homosexual, no es solo reposicionarse como persona sino que provoca un movimiento de placas tectónicas a tu alrededor.
Yo tengo clara la frontera, porque mi mundo afectivo cambió radicalmente a partir de ese momento.
Supe quién me quería de verdad.
En cambio, para determinados amigos, hubo un fraternal antes y un casi nada después.
Seguramente de forma no consciente, pero dejé de ser para ellos el amigo útil que siempre estaba ahí. Les costó admitir que yo acababa de crecer como persona, que ya tenía un universo de emociones al descubierto, que, de pronto, yo también era importante por mí mismo.
Que buscaba el amor.
Solo tengo que echar la vista atrás y ver quiénes están hoy en mí.
domingo, octubre 11, 2026
La vespa de Bárbara
Se montaba en mi vespa y dábamos vueltas alrededor del bloque del niño que le gustaba, cuando ella calculaba que podría salir de su casa, para provocar un cruce 'encontradizo'.
Cuánto se sufría por amor en esos años de juventud.
Eran tiempos en los que uno pensaba que haría de cómplice un millón de veces si hiciese falta, sin atisbar que la vida va calmándolo todo, enfriando relaciones, dando importancia a otras cosas.
Hace años que no veo a la niña de la vespa, pero no dudaría en llevarla de nuevo allí donde me pidiera.
sábado, octubre 10, 2026
Uve
Cuando Fran y yo nos vemos desde lejos lanzamos los brazos al aire en forma de uve, aunque hayamos estado juntos una hora antes.
A veces, si hay alguien en nuestro campo visual, la persona se queda patidifusa al ver ese gesto de brazos levantados. '¿Será a mí?'
Yo le llevo ocho años a Fran, así que cuando yo hacía la Primera Comunión él debía estar en el carrito con el chupete. El otro día, viendo unas fotos mías de ese día, en las que salgo delgadísimo y con gafas de culo de vaso, él me decía:
—Yo te hubiera levantado los brazos desde el carrito.
jueves, octubre 08, 2026
Miedo
El hombre es, a menudo, su mejor enemigo.
El que es capaz de caer de nuevo en trampas que no le escaldaron, el olvidadizo con pasados que dan vergüenza, el renegador del sufrimiento de los otros.
Es una especie que alimenta numerosas criaturas que se regocijan en la desventura de todos como solución a sus mediocridades.
Seres especialistas en desear lo peor para aquel a quien la vida le sonríe como método para alimentar su amargura.
Estamos rodeados de quienes nos quieren muertos antes que felices.
No podrán con nosotros. Somos más.
miércoles, octubre 07, 2026
Meses
Hay cenas entre amigos que acaban derivando en la ficción.
Que si has leído lo último de Uclés, que si viste la de Sorogoyen, que no os perdáis ese estreno del Lope de Vega, que si os encantará esa serie de Movistar plus.
—¿Tenemos Movistar plus, Fran?
—Sí —me miró, acostumbrado a que yo nunca sepa en qué mundo vivo—. ¿Cuántos episodios tiene esa serie? —preguntó.
—Solo cinco —respondió Santi—. Es muy cortita.
—Eso son cinco meses para nosotros —afirmó Fran, experto en caer rendido cada noche en el sofá.
Gustar
Nunca fui guapo, pero gustaba.
Era un adolescente curioso que lo leía todo, se apuntaba a un bombardeo y decía siempre que sí.
Pronto descubrí que eso era atractivo, que las chicas se me acercaban en los bares y que acabábamos besándonos cuando el alcohol me daba fuerzas para disimular.
Quería que me quisieran. Quería querer.
Ese jovencito fue ralentizando las salidas cuando sabía que aparecerían Lena, o Socorro, o Maribel. Para evitar que me pidieran un beso, hablaba menos, escuchaba más. Empezó a darme pánico que se fijaran en mí. Terror.
Aprendí a borrarme.
No había llegado a los veinte años y ya me recluía los fines de semana en la casa familiar.
—¿Hoy tampoco sales, Borete? —me preguntaba mi padre, sin imaginar los destrozos que me arrasaban por dentro.
—Tengo que estudiar, papá.
Ávido de un beso no clandestino de alguien como yo, un día inesperado, diez años después, con toda la amargura de una juventud dedicada a construir al ingeniero perfecto, encontré la fuerza para dar una patada enfurecida al armario.
Lo destrocé. Sí.
Pero uno no sale indemne, porque a esas alturas ya me había destruido demasiadas veces para evitar mostrarme.
Media vida después aún tengo terrores nocturnos acerca de ese niño que se obligó a no gustar.
lunes, octubre 05, 2026
Ascensión
En esas mañanas vaporosas de domingo en las que me sumerjo en artículos periodísticos a los que me resulta difícil entregarme el resto de la semana, aterricé en la isla de Ascensión.
Un islote británico en mitad de la nada, casi tan lejos de África como de América.
Hace doscientos años era un gran pedrusco desértico a vista de pájaro. Hoy un vergel.
Y de eso trataba la historia, de que la mano del hombre también puede hacer mucho bien, de que podemos revertir lo árido en fértil. De que hay esperanza.
Yo me veía allí. En Ascensión. Escribiendo historias que ocurrirían muy lejos de allí.
Ya tiene su estantería en la biblioteca de mis sueños.
Bola
domingo, octubre 04, 2026
Tuerto
viernes, octubre 02, 2026
Dinero
Yo estaba en la cola del súper y la gente se impacientaba.
─¿Tan caro es este batido? ─preguntó la chica.
Empezó a hacer malabares y a quitar cosas de la bolsa, pero seguían sin salirle las cuentas. Pidió que le retuvieran un momento la compra mientras buscaba en el móvil una tarjeta que a lo mejor no tenía. Salió un momento del local. Ya no volvió.
Entonces el cajero me miró a mí y me soltó:
─Si no tiene dinero, ¿para qué viene?
Buscó mi complicidad y encontró mi mirada más severa.
jueves, octubre 01, 2026
Impostor
Perro
miércoles, septiembre 30, 2026
Ruin
lunes, septiembre 28, 2026
Maricarmen
Mi hermana Mónica solo repetía este sábado:
—No quiero imaginar que a papá lo hubieran tenido que desalojar así, con una camilla y casi sin ropa, a los ochenta y tantos años.
Sí, la forma más empática de entender lo que ha ocurrido con Maricarmen es ponernos en su piel.
Afortunadamente mi padre no tuvo problemas porque consiguió comprar su piso de renta antigua, tenía una buena pensión y a cuatro hijos pendientes de él. Pero nadie está a salvo.
Hay quien se cree con el derecho de dictar sentencias. De olvidar la compasión y la fragilidad.
Si la ley es así, la ley se cambia.
No podemos seguir siendo carroña de aquellos a quienes las personas les molestan en sus ansias de hacer más dinero.
sábado, septiembre 26, 2026
Elise
Al escribir escuchando música de la que me gusta, descubrí a Elise de Lune.
Y con ella su canción 'Toxique'.
No hay viaje en coche de este final de verano en el que no suene esa canción, y a todo el mundo enamora.
Conduciendo hace unos días hacia la costa granadina le pedí a Fran que buscara más canciones de ella.
Descubrió entonces que desde 2025 ha sacado 19 álbumes. ¡Qué productividad!
—Mira su biografía —le pedí, mientras conducía—. ¿Qué edad tiene?
Entonces me lo leyó:
—Cantante virtual francesa...
Virtual es un eufemismo para decir que es otro producto más de la inteligencia artificial. No le podría venir mejor el nombre a la canción: 'toxique'.
Al menos ya hemos ganado una frase para nuestro mundo particular: 'eres más falso que Elise de Lune'.
Frustración
Yo estuve una semana trabajando en un Irán mucho más calmado del que sobrevive estos días a las bombas de Trump y al terror de su propio gobierno.
Ya por entonces tuve charlas clandestinas en las que ellos me contaban, desesperados, lo que era vivir en una teocracia dictatorial donde todos, especialmente ellas, sufrían la arbitrariedad de un sistema corrompido que desprecia los derechos humanos.
Con la inventada excusa de liberarlos, el psicópata americano se embarcó en una guerra con la única obsesión del petróleo en su cabeza.
No solo no los liberó, sino que hizo que el régimen se hiciera más fuerte para masacrar a su propio pueblo.
Así funciona la testosterona de los que se creen elegidos.
La historia no los perdonará.
Lapismo
viernes, septiembre 25, 2026
Haiku
miércoles, septiembre 23, 2026
Helio
Uno de mis mejores amigos es ceutí.
Suele venir a cenar a casa porque es su casa.
Esta semana, nada más sentarse, quise que se desahogara. Que nos contara lo que nos quisiera contar de su ciudad, de su familia allí, de los paisajes de su adolescencia, en los años previos a su venida para estudiar en la universidad de Sevilla, de donde ya no se movería.
—Pienso en mis padres, Salva, y lo que habrían sufrido de estar vivos.
Se emocionaba hasta las trancas hablando del agua cristalina de la playa del Trampolín.
—Esas vistas del Peñón... Era el paraíso.
Habló con ansiedad y le dejamos soltar toda la rabia. Sin juzgar.
—¿No entendéis que también somos España?
—Claro que sí, Helio —le dije—. Claro que sí.
Cómo no vamos a entenderlo.
martes, septiembre 22, 2026
Salvia
No imaginé que supiera tan fuerte, tan amarga. Entre romero y tomillo. Nos la ofrecieron en tempura y a mí me dio un vuelco el corazón.
—¿Sabe qué? —pregunté a la camarera cuando nos dijo de qué se trataba esa cortesía de la casa.
Ella, sonriente, quedó a la espera de mi explicación.
—Estoy leyendo una novela que transcurre en Moscú, tras la Revolución rusa, y el chef del hotel donde está recluido el protagonista hace milagros con lo que tiene en la despensa.
—Y utiliza la salvia —comprendió ella.
—Era algo que no había probado en mi vida —le confesé—. Anoche leí ese pasaje y me quedé con la curiosidad de probar a qué sabría.
—¿No es bonita la vida?
Cuchillo
—Lleva un cuchillo en la maleta —me dijo.
—Es cierto —me excusé—. Olvidé sacarlo.
Tomé la maleta de la cinta y tiré de la mochila en el control de seguridad de Atocha.
—¡Deje la mochila ahí! —me gritó, ya con malos modos.
Se acercó otro miembro de seguridad y me indicó dónde abrir el equipaje, pidiéndome los datos y el billete de tren. Sin amabilidad.
Explicarles que unos días antes pedí cubiertos en la recepción del hotel para tomarme cada tarde una manzana al volver de trabajar, y que lo guardaba en la maleta para que no se lo llevaran al hacer la habitación, era una quimera.
Pero yo, en ese momento y en Atocha, era un peligro.
Le di el cuchillo para la fruta como me enseñó mi madre a darlo.