Uno de mis mejores amigos es ceutí.
Suele venir a cenar a casa porque es su casa.
Esta semana, nada más sentarse, quise que se desahogara. Que nos contara lo que nos quisiera contar de su ciudad, de su familia allí, de los paisajes de su adolescencia, en los años previos a su venida para estudiar en la universidad de Sevilla, de donde ya no se movería.
—Pienso en mis padres, Salva, y lo que habrían sufrido de estar vivos.
Se emocionaba hasta las trancas hablando del agua cristalina de la playa del Trampolín.
—Esas vistas del Peñón... Era el paraíso.
Habló con ansiedad y le dejamos soltar toda la rabia. Sin juzgar.
—¿No entendéis que también somos España?
—Claro que sí, Helio —le dije—. Claro que sí.
Cómo no vamos a entenderlo.