Los dos pensamos al mismo tiempo: ¡David!
Paseábamos este pasado sábado por el mercado de antigüedades de Villarreal de Santo Antonio y nos topamos con un vendedor de clics de Famóbil de todas las vestimentas posibles. Raquel y yo lo vimos y al unísono lanzamos el nombre de mi hermano.
No vi nunca un niño más fácil, y barato, para jugar en solitario.
Tenía un bombo grande de los antiguos del detergente Colón lleno hasta arriba de esos muñequitos. A él le daba igual que estuvieran vestidos de supermán, de romano o de marinero. A todos los distribuía en la alfombra para ponerlos a jugar al fútbol.
A su bola, en su mundo, sin molestar a nadie. Como siempre.