Hace muchos años me dijo: eres de los pocos que escriben bien mi nombre.
Se llama Ileana.
Una vez estuvimos cerca. Nos quedamos en una casa rural asturiana al lado de Villaviciosa y ella me dijo: yo vivo aquí.
Recuerdo que cené en un bar con la tele poniendo un partido de fútbol a todo volumen, pero a Ileana no la vi.
Por los comentarios que deja la he ido conociendo. Arrastra dolor y es pura vida. Imagino lo que pudo hacerle dejar su tierra dominicana. Es una inmigrante de cuando a los inmigrantes no se les odiaba, aunque hay un poso de tristeza cuando saco el tema a relucir. No hace mucho descubrí que sufrió una grave enfermedad de la que quiero pensar que ya se recuperó.
Sus frases son las de quien no se deja asustar, retazos que componen un puzle que sí me apetece completar.
A Ileana siempre le tengo reservado un corazón azul.