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martes, septiembre 21, 2021

Loco

Este paisaje me vuelve loco.

Es apasionante compartir tu vida con alguien al que le vuelve loco desde un paisaje a un plato de fabada. Que lo dice con tal energía que no puede sino contagiarte.

Cuando hay terceras personas me gusta comprobar cuántas veces habla con entusiasmo del mundo. Suelta su risa generosa, se le cambia incluso la respiración y explica sus planes, o cuenta lo vivido el día anterior con la sensación certera de que no hay situación mediocre vista desde sus ojos.

Al pasear para cenar un par de tapas te suelta un 'pero qué maravillosa noche hace', al ir en moto por el centro de la ciudad exclama 'qué alegría vivir aquí', al ir al encuentro de algún amigo 'pero qué ganas de verlo'...

Yo, que de normal soy positivo, me regodeo en su capacidad de apreciar la belleza de las cosas.

Será por eso que su teléfono suena tanto, que tanta gente quiere verlo, que la vida se hace en él de colores.

Muchas noches, cuando estamos ya medio dormidos, se da la vuelta, me abraza y me susurra:

—Me tienes loco.


Saturación

Soy ferviente partidario de vivir en una saturación responsable.

Los días, como pequeñas vidas de horas que tienen principio y fin, son extremadamente limitados. O casi eternos, si los miras del revés.

Hay quienes se dejan llevar por ellos, al albur de cómo se vaya presentando la jornada, hay quienes organizan agendas manejables y hay quienes, como yo, los saturamos de contenidos.

Siempre tengo en mente más cosas de las que soy capaz de hacer, incluyendo aquéllas que me proporcionan placer. Especialmente éstas. Las que me provocan, me motivan, me divierten, me hacen crecer. Lleno mis días de actividades así.

Yo quiero lamentar no haber ido hoy al gimnasio, no haber estudiado inglés, no haber corregido los dos capítulos previstos de mi nueva novela, no haber investigado sobre la revolución tecnológica de los arranques de los coches, no haber tenido tiempo de comprar ciruelas para hacer de cenar esta noche mi plato favorito, no haber podido pasearme por la Alameda, no haber terminado el logo del negocio de mis hermanas, no haber podido adaptar la estantería a mi nueva impresora, no haber ido a recoger la nueva novela de Mikel Santiago, no haber comprado yogur de chocolate.

Quiero ser así. Tener muchas cosas que hacer, para luego picar de aquí y de allá hasta que llegue un nuevo día.

No es que me aterre el vacío, ni el silencio, que también forman parte de mí. Me asusta pensar que llegue el día en que no tenga mil sueños, pequeñillos, por cumplir. Tener la agenda llena para poder tirarla a un lado y decirte a ti que sí, que claro que me tomo ahora mismo una cerveza.

No hay nada más importante que esa cerveza junto a ti.


lunes, septiembre 20, 2021

Disgusto

Hay personas a las que quiero incondicionalmente que se han convertido en gente que no me gusta.

¿Cómo se digiere eso?

Cierto que la vida es sabia, que en pequeños detalles uno se va percatando de que los caminos se separan, que nuestras mentes se van adaptando a la distancia que supone entender el mundo con miradas contrapuestas. Sin darte cuenta pasan días sin que nos llamemos, semanas, incluso meses y cuando te descuidas compruebas que se te ha pasado su cumpleaños una vez más. Te da apuro incluso no saber si sigue trabajando allí, si tuvo más hijos, si la familia está bien, si continúa su historia de amor.

Un día, tomando una cerveza, te viene a la cabeza el recuerdo de aquellas risas y te da por enviarle un mensaje, que normalmente es respondido rápido y con muchos corazones.

Tranquilizas entonces tu conciencia y te dices que sí, que si le pasa algo tú estarás ahí, que si te pide ayuda tú se la darás, que quizás de más mayores llegará un día en que llame a tu puerta y a ti te apetezca invitarle a cenar.


viernes, septiembre 17, 2021

Justicia

La vida es demasiado corta para ser justa.

Estoy convencido de que el tiempo terminaría por poner las cosas en su sitio, pero duramos poco en este mundo para ver siempre los resultados.

Todo se precipita rápido y, cuando te das cuenta, hay gente maravillosa que ha pasado por nuestro mundo a la que ya no podemos felicitar.

En el trabajo se encuentran grandes ejemplos de personas solidarias y de otras trepas que terminan sus carreras sin que el orden natural de sus comportamientos haya puesto las cosas en su sitio. Cuando la organización se da cuenta de lo mucho que contribuía el primero a que todo funcionase bien y de lo venenoso que era el segundo, ya les están haciendo la cuenta para la jubilación. Desgraciadamente, suele acabar mejor posicionado el que se ha dedicado a medrar para ascender a costa de quien hiciese falta.

Miro a mi alrededor y veo gente muy válida que no ha conseguido destacar. Personas que nunca pondrán una zancadilla, que siempre estarán ahí para cuando haya que echar un cable, que pondrán al equipo por delante de su persona.

Si existiese esa justicia universal, y si fuese más rápida, estoy convencido de que seríamos mejores personas, porque veríamos en múltiples ejemplos ajenos cómo hay que actuar en la vida para ser un verdadero triunfador.

jueves, septiembre 16, 2021

Allí

Yo estuve allí.

Me enfrenté a mil demonios, pero fui.

Sin saber si sí o si no, con la duda en carne viva y los miedos desbordados, me planté en donde siempre supe que tenía que estar.

Mientras el mundo giraba en su ciclo previsible y mi familia veía la tele en el salón, yo cerré la puerta por fuera con poca mochila y mucho corazón. 

Me lancé a descubrir qué se sentía, sin red de protección ni cómplice de emergencia, hasta romper la esfera invisible de lo que debía ser de mí.

Sin pedir permiso ni opinión, a solas con mis pasiones, curioso por descubrir, intruso de mundos que no hubieran sido para mí.

Salté esa valla, llamé a esa puerta, cogí ese tren, pegué ese grito.

Supe desde siempre que había que estar, para no echar hoy en falta la imagen del recuerdo que nunca hubiera existido.

-Salva, qué de cosas te pasan.

-Me pasan porque estuve allí.

Donde se cuece la vida, desordenada y a fuego lento, en el caótico chup-chup de lo imprevisto.

martes, septiembre 14, 2021

Sierra Bermeja

Las tragedias duelen proporcionalmente a lo cerca que ocurran de ti.

Yo, que soy urbanita, pasé un fin de semana inolvidable recorriendo los pequeños pueblos blancos de Málaga que se ocultan tras la Sierra Bermeja. En uno de ellos, Genalguacil, se reúnen artistas para exponer sus obras por sus calles, intrincadas, en un escenario verde que asusta por su belleza.

Subir esa sierra desde Estepona es un desafío al vértigo, tanto que da apuro echar a un lado el coche para contemplar el azul del Mediterráneo desde ese lugar privilegiado, un macizo montañoso de color rojizo que garantiza el clima casi tropical de la Costa del Sol.

Me impactó tanto ese viaje que no puedo pasar por Estepona sin quedarme embobado con los colores 'bermejos' de esa sierra que se ha achicharrado estos días.

¿Qué estamos haciendo mal?

lunes, septiembre 13, 2021

Pereza

Qué mala es la pereza cuando te coge por la espalda.

En esos períodos en que todo rula bien, con proyectos en la cabeza y ganas de mover el cuerpo. Los días tontos imprevistos en los que eres capaz de no desayunar por no levantarte a poner el pan en el tostador, en los que se te hace un mundo llenar la lavadora o bajar la basura de vidrio al contenedor que está a doscientos metros.

Si eso te ocurre en Navidad, o tras unas vacaciones, o en un período de bajón emocional, casi que le abres la puerta para que entre a acompañarte y que te acaricie el lomo, a la sana pereza.

La otra, la rastrera, te inocula bajadas de tensión, te mete pensamientos en bucle en la cabeza y te funde los plomillos.

Yo, guerrero de causas cotidianas, hago lo posible por negarme a sucumbir. Le busco las vueltas y, en cuanto se descuida, ya estoy fuera de casa, ya camino en calles concurridas en busca de una novela, de una cerveza con un amigo, de una visita a una galería. 

Eso le sienta a mi enemiga como el ajo al conde Drácula.

jueves, septiembre 09, 2021

Impacientes

Somos impacientes intuyendo la vida de los demás.

No nos coge el teléfono y ya pensamos que no quiere hablar con nosotros, está días sin llamarnos e imaginas que se ha olvidado de ti, lo ves tomando una caña a solas y deduces que le ha dejado la pareja, lo notas un poco más gordo y piensas que se están dejando ir.

Son muchas las veces en que la realidad de las cosas supera a la ficción, por lo que no conviene juzgar. Menos aún con la rapidez de un cowboy tirando a matar.

Es normal que anticipemos nuestras reacciones cuando alguien nos importa, tan sólo me digo que es bueno darse el tiempo para respirar la vida del otro, con unas prioridades que no son las mías, un corazón que bate a otro ritmo, una libertad para actuar a su modo sin que yo tenga derecho a recriminarla cada vez.

Que levante la mano quien no haya metido bien la pata por suponer, de más, acerca de la vida del otro.

Si nos agobia la gente que nos juzga en nuestras rutinas, no debemos permitirnos hacer igual con ellos.

No vale sólo con perdonarnos nuestras imperfecciones, los demás también tienen derecho.

domingo, septiembre 05, 2021

Confianza

He vendido cientos de mis novelas a ciegas.

Mis lectores se interesaban en ella, yo les decía que se la podía enviar dedicada y ellos respondían que sí.

Me acercaba a la librería, la compraba, les escribía unas palabras de agradecimiento por haber confiado en mí y 'El Gusanito lector' se encargaba de enviarlas.

-¿Y si no te la pagan? -me preguntan al explicarlo.

-Si no me la pagan, ¿qué? -respondo.

No me voy a volver pobre si alguien me sale rana. La confianza se establece desde el momento en que una persona demuestra interés en mí.

Van cientos de novelas dedicadas y nunca, nadie, en ningún momento, ha dejado de ingresar el dinero al recibirlas.

sábado, septiembre 04, 2021

Primera

¡Me gustaría tantas veces visitar Sevilla por primera vez!

Girar por la calle Placentines y dar un grito de emoción al ver la inmensidad de la Giralda caer sobre mí; no saber que al final de la calle Guadalquivir se encuentra el majestuoso cauce del río; oler a azahar en primavera y enloquecer la sangre de pura vida; dar de comer a las palomas del Parque de María Luisa sin saber qué me iban a picar las palmas de las manos, entre risas histéricas de mis hermanas; descubrir los azulejos de la Plaza de España y sentarme a ver las barcas chocarse entre sí.

La vez primera tiene la poca vergüenza de quedarse con ese flash que te desvela. Te desvirga. Te inocula el veneno que amortigua la pasión que te provoca cosquilleos en la barriga.

La vida pasa entre primeras veces que van ocultando el tablero hasta dejarlo sin casillas libres. Todo lo conoces, todo te suena, todo lo has vivido, has pasado por vez primera por el enamoramiento, por el luto, por el sexo, por la traición, por la victoria y la derrota.

Yo no desespero. Sé que hay armas para combatir ese creer saberse tan vivido, porque ese flash de la vez primera, el que te deslumbró, no te dejó ver los detalles, el ladrillo, la flor, el azulejo, y quizás es ahí donde se encuentra la verdadera felicidad, en la delicadeza de los detalles por descubrir.

jueves, septiembre 02, 2021

Carne viva

Hay momentos en los que me gustaría sentir menos.

Tener la sangre aguada, estar programado con circuitos electrónicos y saber darle al 'off'. Aprender a enfriar el corazón y no mirar a mi alrededor como si todo se manejase en carne viva.

Querría saber disfrutar de lo rutinario, a ratos, sin plantearme a cada momento el porqué de las cosas.

Son instantes que pasan por mi cabeza en que suplico por robotizarme un poco. Vestirme de metal, componer mi mundo de dinámicas ingenuas por las que dejarme llevar, como un tobogán interminable en el que sólo estuvieran permitidas risas infantiles.

Punzadas tontas de desconcierto en las que quiero renunciar a ser tan yo.

Tirar por la borda la intensidad de vivir a pleno pulmón y tomar un respirador prestado, enchufado a un lugar que no ofrezca sorpresas, para que todo funcione sin pensar en cómo lo hace.

Querer con calma, odiar por diversión, tumbarme en diagonal en la cama, mirar al techo y no ver sino techo, con toda mi cabeza del mismo blanco de la pintura, sin resquicios para colores que allí no existen ni figuras que yo me invento.

Creer que es posible girar en redondo, romper las normas de lo temporal y volver, de vez en cuando, a aquel lugar que pensé perdido para siempre.

miércoles, septiembre 01, 2021

Ideal

Una gran parte de la población, entre la que me incluyo, tiene sus ídolos.

Si los ídolos están vivos, y se saben admirados, deben saber gestionar esa carga envenenada.

Hay gente ideal, que es guapa, simpática, canta, baila y transmite emoción. Yo los observo desde mi plácido lugar en el mundo porque me atraen, como el curioso que soy y como el novelista que ejerce. Incluso le dedico tiempo a pensar sobre ellos, porque en esta vida tenemos tiempo para ponernos en la piel de mucha gente, una gimnasia más que recomendada para empatizar.

Al confirmar sus atractivos no puedo dejar de ver los precipicios que les rodean. Son personas ideales acostumbradas a que haya una cámara dispuesta a robarle cada sonrisa para enseñarla al mundo.

¿Serán ideales para gestionar que no todo el mundo es ideal? ¿Sabrán encontrar la pasarela que les lleve a la calma de saberse prescindibles?

Hay un problema gordo en ser maravilloso, y es que el resto del mundo no lo suele ser, y eso implica que uno tiene que ser también maravilloso en el tratamiento de su propio ego, de sus miedos, de su relación con el mundo.

Porque un mal paso te lleva al precipicio.

martes, agosto 31, 2021

Mejorar

Uno de los placeres que te proporciona el vivir es cuando aciertas a progresar.

A mejorar como persona.

Mi mayor pesadilla sería confirmar que no crezco en mi interior.

De nuestro exterior ya se sabe, hay cuestas que una vez que comienzan a bajar, como mucho, las puedes ralentizar. Pero hay que saber emanciparse del cuerpo para llegar a tu mejor yo, conviviendo con él, cuidándolo, porque te da la vida, pero agrandando cada vez más aquello que nos hace grandes, especiales, auténticos, eso que no se pesa ni se mide, que no se refleja en un espejo ni se guarda en fotos, lo que transmites al mundo cuando el mundo cierra los ojos.

Crecer en sabiduría, en templanza, en amor a través de la consciencia de lo que realmente importa, que no se paga en euros ni se viste de colores.

Ser cada día más de fiar.

viernes, agosto 27, 2021

Sargento

Por no verme condicionado por las prórrogas, no me hice objetor cuando me tocó hacer la mili. Quería quitarme el 'muerto' de encima cuanto antes para empezar a trabajar.

Así que la empecé cuando terminé la carrera, desfasado respecto al resto de reclutas, a los que sacaba cinco o seis años.

El día de mi cumpleaños, en plena instrucción, esperaba como un tortolito más en la fila para entrar al comedor del cuartel. A voz en grito señalaron que empezaba nuestro turno y el sargento que había a mi lado me soltó un palmetazo en la coronilla, sin venir a cuento, para que me diese prisa.

Ha sido el momento en que más cerca he estado de perder los papeles y devolver el guantazo.

Si yo recuerdo como el momento de mayor vejación personal en mi vida ese tortazo de una persona que se servía de su jerarquía para hacer de las suyas, no quiero imaginar lo que podrá sentir una mujer a la que, contra su voluntad, un hombre la somete, la reduce y la viola.

No hay posible perdón con quien abusa de su fuerza para someter a otra persona.

Díselo

Si algo te gusta de alguien, díselo.

No esperes a que llegue el momento adecuado. Díselo ya.

Nunca sabremos de todos los monstruos que pululan por la cabeza de quienes queremos, ni cuántos de ellos tienen que ver con inseguridades descontroladas.

A mí me dijeron desde muy pequeño que era muy gracioso contando historias y me hice escritor.

¿Me habría lanzado a escribir relatos en papel de no haber tenido a mi lado a quien me hiciera ver que les gustaba?

Todo el mundo tiene su punto fuerte, luminoso; toda persona está muy por encima de la media en algo. Pero no todos saben verlo. Somos los que estamos fuera y lo vemos quienes tenemos que decírselo.

Me encanta cómo cuidas de tus padres, cómo sonríes, cómo cocinas, cómo cantas, tu disciplina, tu amor propio, tu forma de vestir, tu capacidad de tirar de la familia, tu manera de llevar una conversación, lo bien que llevas tu empresa, lo eficiente que eres en el trabajo, tu dominio de los idiomas, tu ironía, tus ojos, tu metabolismo, las ganas que le pones a todo, cómo amas a los tuyos, tu memoria, el modo en que explicas cosas complejas, tu fuerza para cambiar de trabajo, que estés pendiente de mí, tus fotografías, tus ganas de vivir, tu risa contagiosa, tu facilidad para emocionarte, tu contención, tu generosidad, lo fácil que haces todo, lo fiable que eres, lo puntual, tu capacidad de perdonar, tu altruismo, lo bonita que tienes tu casa, tu manera de ver la vida, tu fortaleza mental, lo bien que siempre me trataste, lo que presumes de los tuyos, tu olor, tus manos, tu mirada, tu empatía, tus ganas de cambiar el mundo, tu tono bajo al hablar, tu vozarrón, tu voz.

Son empujoncitos invisibles hacia una persona mejor.


RW2

El otro día comíamos en un restaurante de playa al que teníamos ganas de ir. Nos atendieron a la perfección, el sitio estaba decorado con buen gusto y la carta era original.

Cuando el maitre vino a tomar nota le pedimos primero el vino.

-Un Carmelo Rodero, por favor.

-¿Un Carmelo qué?

Hay determinados momentos, en el ámbito profesional, en los que no se debe fallar, porque haciéndolo pierdes la confianza del otro. Tú no tienes por qué conocer el Carmelo Rodero, el maitre de un restaurante de postín, sí.

A mí me ocurre en mi trabajo. En la industria del automóvil hay mil y una siglas: GMF, UCM, DSTR, RO, TPM, DSTAR, SSAR... Yo no me puedo permitir no saber qué significan, porque tiro por tierra mi credibilidad en mi puesto. Siempre hay quien tiene los colmillos afilados esperando cogerte en un renuncio.

Así que cuando alguien lanza un:

Salva, averigua el RW2 que tienen las fábricas de Sudamérica.

Yo, que no tengo ni idea de lo que es el RW2, respondo:

En cuanto lo tenga te lo paso.

Es entonces cuando tiro de la gente que me quiere o de mis dotes de investigador para conseguir el RW2 de Sudamérica.

En el ámbito profesional hay que andarse con pies de plomo, porque no estás rodeado de amigos sino de compañeros. Muchos te aprecian, pero otros aprecian tu puesto. 

Sí, la vida es dura, pero si quieres que en el trabajo te vaya bien hay que saber que no se pueden mostrar, a menudo, debilidades.

Porque te comen con patatas.

jueves, agosto 26, 2021

Almohada

Hay noches en que me despierto, de golpe, con la almohada agarrada, estrujada, con el puño de la mano.

Como si me la fueran a robar.

Especialista en controlar mis sueños, ese gesto de fuerza, de tensión, me confunde. Como si la placidez con la que suelo pasar las noches fuese de mentira y mi cuerpo librase batallas contra monstruos que andan dentro de mí.

Hay días en que me levanto con la espalda cogida, tal como si me hubiesen retorcido la columna.

¿Qué vidas paralelas llevan nuestros cuerpos? ¿se dedican a desfogar tensiones mientras andamos despistados en sueños engañosos?

Yo le pregunto a Fran:

—¿Me ves dormir bien?

—Como un angelito.

Sé que es así, que duermo con un abandono infantil, hasta que llega la noche en que un ruido me despierta, tal vez provocado por mi otro yo, y me encuentro agarrado a la almohada, clavando los dedos, como si mi vida dependiese de ello. Siento, en ese instante, una punzada de terror.

Por eso, quizás, voy desde hace años al osteópata una vez al mes. Me encuentre bien o mal, para poner así en sintonía el cuerpo con el alma.

¿Cuánto conozco del hombre que hay en mí?

Hámster

Recuerdo que tenía 45 años, porque me lo preguntó.

Quizás demasiada edad me dijo.

Desde los Recursos Humanos de mi empresa, se me habían propuesto una serie de entrevistas con altos cargos para comprobar mi potencial con la vista puesta en alguna promoción profesional.

Ésta era el último de los encuentros. El ejecutivo, de trato amable, incluso campechano, dio un repaso a su vida en voz alta, quiso narrarme su proceso personal hasta llegar al alto puesto que ocupaba, con miles de personas a su cargo; la importancia de los síes y de los noes, los errores al no aclarar condiciones antes de aceptar determinados puestos, la satisfacción de los proyectos bien acabados y, lo que me dejó realmente marcado, el apabullamiento de la presión.

Llegó un momento me decía en que empecé a sentirme como un hámster en una rueda, corriendo en un circuito sin fin, creyendo llegar al queso. Llevo diez años en esa rueda, que cada vez gira más rápido y de la que no sé cómo escapar.

Agradecí enormemente su sinceridad.

¿Eres feliz con lo conseguido? —le pregunté, con la esperanza de obtener, al menos, una reflexión sobre la satisfacción de haber llegado tan lejos, un atisbo de autocomplacencia.

Su expresión irónica como toda respuesta, seguro que algo teatral, fue la propia de un hámster atrapado en su carrusel.

Me acercó en su coche a la Plaza Mayor de Valladolid, cerca de mi hotel. Yo quedé allí, en medio de la plaza, planchado, perdido, desubicado.

¿Ése era el precio a pagar?

Siempre he querido ser impecable en mi trabajo, tanto como claro he tenido que no iba a convertirme nunca en un mercenario que pusiera a la empresa por encima de la familia y el bienestar personal, ni por ganar estatus ni por hacer más dinero, porque el día en que te jubilas, si llegas, el precipicio es insoportable. 

Y el queso, desapareció. Ya hay otro hámster detrás de él.




miércoles, agosto 25, 2021

Carrefour

Salíamos hacia Portugal y le propuse a Fran que hiciéramos escala en un hipermercado a la salida de Sevilla.

Quiero hacer una fabada.

Se la había visto hacer a un amigo en su canal de Instagram y, viendo lo sencillo que parecía, me lancé a buscar los ingredientes.

Yo voy a comprar un solomillo ibérico para cenar esta noche, que tenemos un tinto riquísimo en casa se lanzó Fran, con esa habilidad que tiene para entusiasmar con sus propuestas.

Allí estábamos lo dos, en la carnicería del Carrefour, observando cómo una mujer nos preparaba el solomillo. Con un cuidado casi oriental fue quitando cada pitraco, loncheándolo bien para hacerlo a la plancha, aplastándolo, limpiándolo. 

Fran y yo nos miramos.

Dile algo le propuse.

No lo dudó.

Señora, da gusto ver con el cariño que hace su trabajo. ¡Vaya solomillo bien preparado!

La carnicera enrojeció hasta casi perder el pie.

Me habéis alegrado la mañana —nos confesó.

Luego, camino de Portugal, escribimos un email al director del centro comercial para alabar la profesionalidad de esa mujer, que tenía impecable su territorio. 

Antes de cenar recibimos su respuesta. un 'muchas gracias' en mayúsculas y el compromiso de felicitar a la carnicera.

¡No he comido un solomillo más rico en mi vida!

A veces, muchísimas, es muy fácil hacer feliz. Y cuando lo consigues, sales ganando tú.

Banca

¿Cómo ha ido el verano? le preguntaba por teléfono un amigo mío a su compañero, el día de vuelta al trabajo.

La llamada se cortó.

"Están grabando las conversaciones" le escribió, como respuesta, a su móvil personal.

En cierto sector de la banca, a personas más que preparadas y con amplia trayectoria en la empresa les controlan hasta el tiempo para ir al baño, registran sus conversaciones y les marcan objetivos imposibles cada día.

"Hoy tenéis que firmar dos seguros de vida y cuatro tarjetas de crédito".

Y les llaman a las diez, y a las doce, y a las dos.

Si no han conseguido los resultados, les ponen mala cara, si los han conseguido, se los doblan.

Salva, yo antes estaba feliz en mi trabajo me decía esta semana.

Ahora tiene pesadillas y se le hace un mundo ponerse la corbata para ir a currar. De no ser porque tiene una vida personal feliz, sería candidato para entrar en depresión.

Multinacionales del Ibex 35 que presumen de modernidad y ofrecen su cara amable en reportajes a todo color en la prensa dominical.

La modernidad está en motivar al personal, hacerles sentirse orgullosos de su empresa, darles su espacio para conseguir los resultados, permitirles interrelacionarse entre ellos.