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martes, febrero 17, 2026

Agridulce

A mí la comida asiática me entusiasma tanto como me cansa.

Si voy a un japonés o a un chino, que disfruto como un enano, ya estoy vacunado para varios meses. Como si ese arroz frito o los rollitos de primavera se quedaran en mi estómago como defensores de un castillo.

No es el caso de Fran, que me trata de camelar siempre que bajo la guardia, sobre todo usando el argumento de la modernidad:

—El chino de la calle Trajano es espectacular, el japonés que han abierto en Miguel de Mañara, todo el mundo habla de él.

Acaba por convencerme. Lo que ocurre es que leo la carta y acabo pidiendo lo mismo:

—Quiero cerdo agridulce —le digo.

—¡Esto es un japonés!

—Ah, entonces pollo teriyaki.

—¡Cateto!

Prefiero que arriesgue él antes que jugármela.

Aliñado

Tengo una compañera brasileña con la que trabajo a menudo.

Ella desde su fábrica de Curitiba, yo desde el lugar en el que ese día me toque estar. El caso es que nos llevamos muy bien, tenemos una visión similar de cómo orientar a los equipos y, sobre todo, de lo que no hay nunca que hacer.

Su español es perfecto, aunque de vez en cuando mete alguna palabra en portuñol.

Entre ellas está mi preferida, una que utiliza a menudo precisamente para constatar que estamos bien alineados.

Estamos aliñados, Salva.

Claro que sí. Siempre aliñados.

lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

domingo, febrero 15, 2026

Empatía

El más peligroso de los humanos es aquel que desconoce la empatía.

El que cree que su país es el único mapa posible, que su calle es el centro del universo, que su rellano es la frontera definitiva.

No sé cómo se mide la empatía de un pueblo. No hay termómetros en las plazas ni análisis de sangre colectivos, pero es seguro que la hemos dejado caer sin darnos cuenta.

Qué bueno que surgiera un científico prodigioso que supiera encontrar la vacuna contra la desgana hacia el otro. Vacuna obligatoria, de esas que nada más pinchártela te hiciera decirle al enfermero:

Gracias por cuidar tan bien de mí.

viernes, febrero 13, 2026

Beticucho

Hay quien dice las cosas con gracia y le admites casi todo. Hay otros que, aunque te elogien, te incomodan.

El otro día, alguien que me quiere bien me llamaba, con mucha guasa:

Beticucho, ateo y rojillo.

Oye, pues sí. Qué bien sienta que a uno lo definan en tres palabras.

Visión

En nuestras oficinas de Madrid hay menos salas de trabajo de las que necesitaríamos. Nos llevamos las horas creyendo que solucionamos el mundo con nuestras reuniones.

La teníamos reservada y, llegada la hora, seguían dentro. Así que tuvimos que abrir la puerta para recordarles que había gente esperando.

Cuando pasaron las dos horas de nuestra reserva, enredados en nuestros planes de acción para acabar con esto y rematar lo otro, vi a un hombre desde fuera del cristal haciendo gestos.

Mira, Manuel, ese hombre te está saludando.

No, Salva, está haciendo aspavientos para que desalojemos la sala.

Voyeurs

Es gracioso el juego del voyeurismo en redes sociales.

Gente que dice estar al margen y se delata, por querer presumir de una pureza que los demás ya perdimos.

Me ocurre con personas que frecuento, con las que charlo y a las que nunca he visto poner un comentario, un 'me gusta' o una sola publicación. Hasta que hacen mención a algo que solo pueden saber de mí por mis escritos diarios.

—Ya eres el único con el culito de vino para el postre —me dicen, cuando terminamos la cena.

No hay marcha atrás. Ya no tiene arreglo. Al soltarlo saben que acabo de averiguar que me leen, cuando insisten en no saber de mis textos.

—¿Qué es eso del culito de vino? —les pregunto.

Les delata, entonces, su sonrisa.

lunes, febrero 09, 2026

Carca

Casi todos los medios de comunicación tienen una empresa detrás que busca beneficios. Como es normal en una empresa.

Hay excepciones, agradabilísimas, en que son los lectores quienes pagan una suscripción para mantener una línea editorial independiente de los grandes conglomerados informativos.

Lo cierto es que una parte inmensa de la información nos llega sesgada por intereses empresariales que, habitualmente, no están con la clase trabajadora, sino con la que decide. Con la que quiere más beneficios, menos impuestos, más liberalización. Algo respetable, faltaría más, pero muy de derechas.

A un consejo editorial le sienta mal que aumenten los derechos de los trabajadores, los permisos por maternidad, las horas semanales de trabajo.

Todo es muy sutil, pero a nosotros nos llega una información sesgada. No leemos lo que nos conviene, sino lo que les conviene.


Ella

La gente que es ella, ella y ella... acaba sola.

Lo hablábamos hace poco y, los que lo hacíamos, coincidíamos: hay personas que no saben no hablar más que de sí mismas.

Que desconocen lo que es abstraerse del yo para pensar en el otro.

Todo lo llevan a su terreno, cortan siempre para introducir sus vidas, buscan al hueco para colarse dentro, entran en la pista para desalojarla.

¿Qué ocurre? Que dejas de llamarlas, de contar con ellas, de proponerles citas, de invitarlas a cenar.

Aunque las quieras.

El problema, grave, es que no son conscientes.

Pero ¿quién se moja tanto para ponerles el espejo?

¿Qué derecho tenemos a decirles a los demás cómo pensamos que tienen que ser?

Vida

Tu vida depende de cómo te la cuentes: todo está en tu relato.

Puedes ser un triunfador a ojos de los demás que, a veces sin tú quererlo, tu propia mente puede devolverte una imagen cuarteada de ti, alimentada por complejos que te hacen engrandecer la parte gris que todos tenemos.

Tampoco es cuestión de endulzar tu día a día para hacerte creer el rey del mambo, los desequilibrios no se sostienen.

Yo lucho por valorar en su justa medida aquello que soy, los méritos que tengo, mis fortalezas para fomentarlas, mis flaquezas para currármelas, pero siempre desde una óptica benevolente conmigo mismo.

Somos nuestros mejores cómplices, no nos destrocemos por no haber llegado hasta allí.

(Allí no llega nadie).

Pijos

Hay adjetivos que son difíciles de definir, porque tienen que ver mucho con la experiencia de aquel al que le preguntes, con el lugar donde nació, en qué colegio estudió o dónde le gusta tapear.

Uno de esos calificativos es pijo. ¿Qué es ser pijo?

No tiene que ver con el carácter, seguro que no, porque los hay divertidísimos, me consta, y grises como ceniza.

Sí podría tener mucho que ver con venir de una familia de dinero, pero yo he conocido pijos cuyos padres no llegaban a fin de mes. También suele relacionarse con tener ideología de derechas y algo de eso puede que haya, aunque me cuesta pensar que tenga que ser así. Tal vez con amar las tradiciones, aunque conozco mucho revolucionario que sale con su hermandad de procesión.

A mí, cuando me dicen de una persona que es pija, pienso que no perdona la hora de merendar.

domingo, febrero 08, 2026

Ridículo

Si Trump tuviera un mínimo de inteligencia emocional comprendería que el ser humano lo recordará como uno de los personajes más ridículos de la historia.

De los más incapaces y, sobre todo, de los más abyectos.

Tiempo al tiempo.

Y eso, para un narcisista de libro, es la peor pesadilla imaginable. Lo que ocurre es que tiene una camarilla a su alrededor, riéndole las barbaridades que salen por su boca, que bloquean cualquier conexión con la realidad de la imbecilidad que él representa.

Estar en ese altar de lo abominable junto a gobernantes infames, por los siglos de los siglos, sería un factor que podría ayudar a convencerlo, pero de un tipo tan rastrero no se puede esperar la mínima sensibilidad.

Ya caerá.

sábado, febrero 07, 2026

Irlandés

Dábamos un paseo por el centro de Sevilla cuando un extranjero rubio de unos cincuenta años se nos acercó con el móvil y nos mostró el nombre de un bar irlandés, hablándonos con sonidos onomatopéyicos, como si fuéramos monos.

Le indiqué, en inglés, que se encontraba cerca de allí, así que le acompañamos deshaciendo nuestro camino para mostrarle dónde.

Es ese edificio rojo de allí le señaló Fran.

El tipo se fue hacia allá sin dirigirnos la mirada.

You're welcome le dije.

Pero ni se coscó.

Así que grité todo lo fuerte que pude.

You are welcome!!!

Entonces sí, se giró, avergonzado, y subió el pulgar hacia arriba.

¿En qué hogar se han educado determinadas criaturas?

viernes, febrero 06, 2026

Cena con Iván Filipina

Cenábamos esta semana los tres en El Contenedor, Iván, Fran y yo.

¿Entre tus amigos hay quienes simpaticen con la extrema derecha? le pregunté a Iván, ávido de hablar de todo.

¿Cómo va a haberlos, Bore? Me encanta que me llame Bore. Si en mi pandilla hay una filipina, un chino y un boliviano.

—Cierto —reflexioné.

Con 23 esplendorosos años, me inquieta que mi sobrino se deje llevar por esos cantos de sirena de quienes no tienen idea de lo que fue el fascismo.

No sabes cuánto me alegro, Iván.

jueves, febrero 05, 2026

Cappuccino

Bajando en coche desde Valladolid, tras una semana intensa de trabajo, paré en Salamanca para tomar un café y así evitar quedarme dormido al volante.

Y ya que paro en Salamanca, paro en Salamanca.

Así que aparqué junto a la Plaza Mayor, para extasiarme, y busqué una buena cafetería desde donde disfrutar del ambiente de la ciudad, aunque fuera 15 minutos hasta continuar la ruta a Sevilla.

La chica que me sirvió no podía ser más linda.

Un capuchino, por favor.

Cuando no conozco el sitio, el capuchino suele ser la mejor opción para evitar tomarme un café sin gracia.

La niña le puso tanta simpatía, tanto esmero, ¡tanto chocolate!, que no había quien se lo bebiera. Apenas estábamos ella y yo en el local. Así que aproveché que entraba en el almacén para correr con el café hasta el baño y tirar ese mejunje al lavabo. 

Volví a tiempo de que no se diera cuenta.

lunes, febrero 02, 2026

Andamios

A lo largo de mi vida me he encontrado con gente que me imponía, en todos los ámbitos. Personas con las que me ponía un peldaño por debajo solo de estar a su lado, con quienes me costaba establecer una comunicación de igual a igual. Se me vienen a la cabeza rostros muy concretos.

Superar eso me ha costado media vida. Saber que nadie vale más que nadie.

Por eso cuando alguien se acerca a mí con un excesivo respeto, hago rápido por desmontar andamios artificiales.

Motivación

Cuando uno lleva más de treinta años en una empresa, resulta complicado que le motiven los resultados de ventas, de calidad o de producción. Uno quiere, por supuesto, que la compañía vaya bien, pero también necesita otro tipo de estímulos que se centren en lo humano, en el equipo, en la alegría de compartir café con la gente que aprecias.

La vida laboral no se puede extender indefinidamente, porque el cuerpo va diseñando anticuerpos que se rebelan contra toda forma de alienación y, salvo que tu trabajo te apasione, algo que muy pocos afortunados tienen el placer de decir, llega un punto que estás hasta el gorro de aguantar presiones para conseguir objetivos.

Ya no es ésa la ficha de la que tienen que tirar para motivarte, ésa ya está amortizada por mucho que la cambien de forma y de color.

La clave está en la sonrisa de los compañeros a los que quieres.

Noticias

Siendo muy de periódicos y de telediarios, atravieso rachas en que solo me interesa, al margen de mi vida, la ficción.

Poner las noticias en la tele es tener la sensación de que no hay esperanza y no quiero vivir así.

Pasará lo peor, estoy seguro, volverán los días de luz, no lo dudo, pero, mientras tanto, prefiero tomar la última novela de Juan Manuel Gil o recorrerme el listado de películas de Filmin para olvidarme por un rato de la época que me tocó vivir.

domingo, febrero 01, 2026

Tortilla

Cuando trabajo en Madrid, me gusta cenar en un gallego donde se come riquísimo.

Siempre voy con compañeros y repetimos menú: una ensalada de lechugas vivas y tortilla de Betanzos.

Esta pasada semana me vi obligado a ir solo, pero no quería renunciar al menú. La camarera, al retirarme la ensalada y acercarme la tortilla, me preguntó, con la bandeja en la mano:

¿Quieres que te sirva media?

Vi el cielo abierto y se lo agradecí.

Me vendrá bien, la ensalada era enorme y no me gusta cenar tanto.

Entonces ella la partió, dejando salir la yema cruda, antes de servírmela en el plato. Babeaba de solo verla.

Aquí le dejo la otra media la colocó sobre mi mesa. Esa ya se la sirve usted.

Novela

Hace apenas unos minutos que he terminado mi última novela y ya siento el vacío de no volver a ella por un tiempo.

Me resulta aun sorprendente mi capacidad para conmoverme con historias que yo mismo he inventado, ese pellizco en el corazón al sentirse descubierta Marita por su hijo, mis lágrimas al acompañar a Iker para ayudar en la mudanza de su padre, la belleza de la devoción del protagonista por su primo Gorka, el dolor aterrador de perder a una segunda madre...

Entiendo que me emociono hasta los huesos porque las historias que escribo no hablan de mí, pero se construyen desde lo más íntimo de mis inquietudes: la pérdida de la infancia, la maternidad rota, el trabajo no deseado, las amistades que no fallan, lo azaroso del destino, la salud mental de nuestros mayores, el amor como solución a todo.

Y, para ayudarme en el viaje, tiro de personajes que se hicieron ya reales en novelas anteriores. Aquí volveremos a la cocina de Patri o al gabinete de rayos uva de Reyes. Son amigas leales en este mi mundo de ficción, tan real dentro de mí, como actrices de un director de cine que las necesita en el plató.

Si en 'Lo que hicieron de mí' hablaba de Álvaro, un hombre que cargaba con una culpa infantil que no le correspondía, en esta nueva novela os hablaré de Iker, un joven de salud frágil que se maneja como puede tras haber sido sobreprotegido desde muy pequeño.

¡La infancia!

Feliz de haber pasado tanto tiempo en Donosti con las Urzaiz, ahora toca corregirla, maquetarla, ponerla bonita para que en unos meses seas tú, quizás, quien te remuevas con esta historia arriesgada de herencias familiares donde la torpeza, a veces, desluce al amor.

viernes, enero 30, 2026

Cuchara

A Fran le gusta saborear los yogures con cuchara grande.

Entregárselo con una pequeña es una cierta forma de traición, porque es en esos detalles donde se concreta una relación de más de veinte años, en saber que la persona a la que quieres le gusta tomar así los yogures.

Dicen que una relación se rompe cuando empezamos a no ver al otro.

El día que me ponga una ensalada con tomates cherry, empezaré a temblar.

miércoles, enero 28, 2026

Soñar

Para mí es una victoria soñar bonito.

Porque tengo la suerte, mala o buena, de recordar con precisión los sueños. 

Así, los días en los que me levanto tras un vuelo nocturno sobre Venecia ya comienzo con buen pie.

No sé cuánto hay de ciencia en la positividad de las historias que transcurren al otro lado de la almohada, lo que sí sé es que en mis peores períodos de  estrés las pesadillas eran una noche sí y la otra también.

Así que cuando abro los ojos y recuerdo paseos infinitos en bicicleta por la luna, sé que no lo estaré haciendo del todo mal.

Alterado

Llevo dos encuentros con amigos —muy amigos en los que he saltado como una fiera.

Por situaciones en las que puedo tener razón, pero con formas que me quitan toda la razón.

No sé qué virus nos han inoculado en estos tiempos que nos hacen estar tan viscerales: yo me niego a ser así.

Porque yo quiero transmitir calma, saber escuchar, tener paciencia, ser como siempre he presumido ser. Pero, de pronto, pierdo los papeles, levanto la voz más de la cuenta y me digo:

Ese no soy yo.

Tengo que currármelo.

lunes, enero 26, 2026

Eternidad

El ser humano está obsesionado con la eternidad, sin ponerse a pensar que, tal vez, sería una pesadilla.

Existir para siempre. Qué horror. Un futuro eterno de felicidad celestial. ¿Cómo se come eso?

¿No sería más sensato pensar que la realidad está aquí y ahora? ¿Que no hay necesidad de ocupar el tiempo en pensar en otras vidas que, quizás, no vengan?

Que hay que comportarse bien porque sí, no buscando un premio.

Vivir intuyendo que esto se acaba afina la mirada.

Porque si ocurre que cuando desaparezcamos, lo hacemos para siempre, bien está. No sufriremos, porque no existiremos.

El sentido de la vida, si lo hay, está en el presente, en querernos y querer. En apreciar lo bello, en aprender de los otros, en ser cada día mejor.

No olvidemos que estamos libres de toda culpa, porque nadie nos preguntó si queríamos plantarnos aquí. Nos han educado en lo contrario, en la puñetera culpabilidad. Eso sí, ya que estamos, saquemos nuestra mejor versión.

¿Ser eternos? Qué pereza...

Uber

Lo que más me gusta de este trabajo es no tener jefe.

El conductor de Uber estaba suelto para hablar y yo aproveché.

¿Vuestro salario va asociado al número de carreras que hacéis?

No, cobramos una cantidad fija. Para que nos den un plus tenemos que echar muchísimas horas y no compensa.

Entonces comenzó a explicar el modo de funcionamiento.

—No podemos estar con el coche parado, siempre debemos estar moviéndonos —explicaba—. Si nos quedamos parados cinco minutos, porque haya un coche de la basura en la calle, nos llaman.

—¿Y si paras para ir al baño?

—Nos llaman para pedirnos explicaciones.

—Ahá...

A cualquier cosa le llama uno no tener jefe.







domingo, enero 25, 2026

Políptico

Llevaba años sin ver el Políptico y pude entrar por cuestión de minutos en la catedral de San Bavón.

Si usted no tiene prisa me dijo quien me vendió la entrada, quédese hasta el final. Es el momento más bonito del día.

Apenas éramos cinco personas, una pareja de tortolitos japoneses, un matrimonio belga de avanzada edad y yo.

Cada tarde cerraban el retablo de Van Eyck como ceremonia final, cuando ya apenas entraba luz por las vidrieras en el viejo templo gantés.

Con toda la paciencia sanísima de una espera de media hora contemplando cada detalle, el ritual comenzó.

Con un mecanismo sencillo, empezó a cerrarse de forma automática el tablero mientras un viejo canónigo nos explicaba las pinturas, tan llenas de colores en el frontal, a las que iban tapando los tablones grises que imitaban a esculturas.

La historia de este políptico es la historia de los últimos siglos en Europa, de su espiritualidad, de los movimientos políticos que lo llevaron de un país a otro.

Tuve la suerte de llegar unos minutos antes de que cerrasen las puertas para sentir la emoción de una de las escenas más bellas.

Siempre hay tiempo para el recogimiento.