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jueves, octubre 20, 2022

Autoridad

Era un niño muy pequeño de estatura, con un parche en uno de los cristales de mis gafas, que vivía feliz, porque tuve la suerte de nacer con una fuerza interior que actuaba como repelente de los malos de la clase.

Tenía todas las papeletas para ser el hazmerreír, bizco, con patitas de gorrión, introvertido. Por entonces no sé si supe analizar la situación, solo soy consciente de que me acoplé una armadura invisible que me hacía evitar cualquier chanza sobre mí. A pesar del ojo tapado, debía de tener una mirada aterradora con tan pocos años.

Es más, mi debilidad la convertí en fortaleza y los grandes me protegían. Echo la vista atrás de esos años de entonces y me siento un chaval terriblemente cuidado por sus compañeros de clase.

Es una consigna de vida que he mantenido hasta el día de hoy, que nadie me falte al respeto. En muy contadas ocasiones se ha roto la magia.

Cuando leo noticias en el periódico de niños que sufren bullying, me gustaría acercarme a su cole y decirles que no se arredren, que no muestren sus miedos ni debilidad, que no den un paso atrás, aunque, en el fondo, sé que no todos nacieron con mi armadura invisible ni esa mirada de un solo ojo que quitaba la fuerza a los de siempre.

miércoles, julio 28, 2021

Pastillas

Hubo un día en que, sin venir a cuento, noté que me faltaba el aire.

Era en el trabajo, hablaba con alguien de mi equipo de temas habituales entre nosotros, pero el pecho se me quedó cogido. Salí como pude del tema, me fui al baño y me encerré un rato. Hice los ejercicios que pude imaginar para volver a recuperar el aliento. Me asusté.

De eso hará diez años. Había mil razones y ninguna para ese ataque de ansiedad. Así lo definió mi médico de familia, al que tuve que volver una segunda vez tras un mes con el cuerpo descontrolado. 

Ya anteriormente había tratado con gente de mi equipo que padecía ese tipo de episodios, personas que se daban de baja y con las que yo quedaba fuera del trabajo para establecer un vínculo de confianza, mientras había quienes en la máquina de café criticaban a quien sufría esos descontroles.

-Ése se hincha a pastillas, está mal de la cabeza.

Sí, el fuerte siempre critica al débil.

Yo acabé mi recorrido en un centro de salud mental. Le expliqué a la médico lo que me ocurría, lo descontrolado que andaba mi cuerpo y ella me tranquilizó.

-Es la enfermedad de nuestro tiempo -me dijo.

Seis meses estuve medicado, poco a poco todo volvió a su cauce, el pulmón volvía a abrirse a tope. La mayor victoria fue saber que tenía solución, así que cuando, de higos a brevas, el pecho se me queda cogido, sé que hay un camino de salida y ése es el mejor tratamiento. Saber que se sale.

Quien critica a quien tiene un problema de salud mental debe hacérselo mirar.