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domingo, julio 05, 2026

Castilleja

Sevilla tiene, camino de Huelva, una pequeña meseta de nombre árabe.

De apenas 100 metros de altura, te permite contemplar la ciudad apenas llegas desde Portugal. 

Ya en el Aljarafe vive casi tanta gente como en Sevilla entera. 

Cuando yo era pequeño y apenas existían urbanizaciones, mi abuela tenía allí una casa, grande, con un pilón, donde nos bañábamos todos los primos mientras mi madre y mi tía Elo preparaban gazpachos y tortillas de patatas en los interminables días de verano.

Es esta la puerta le dije a Fran, mientras buscaba mostrarle ese sitio mágico de mi infancia en Castilleja de la Cuesta. No, ¡no!, frena el coche. Es esta de las persianas color crema.

Entonces veía un árbol, un azulejo, una farola que me llevaba medio siglo atrás.

Qué va, es esta, la de la puerta verde allí donde mi abuela recogía las 'regañás' y los bollos calentitos. Seguro que era esa.

Miraba entonces a las ventanas de arriba y me despistaba.

No, no tenían esas rejas. Debe ser esa otra de allí...

¡Cómo se desvanecen los tiempos que no volverán!

jueves, enero 15, 2026

Mary Poppins

Cuando cuento que fuimos a ver Mary Poppins con mi tía Elo de muy pequeños, mis hermanas no se acuerdan.

Pero yo nos recuerdo cantando el supercalifragilístico cogidos de la mano por la calle Sierpes.

Seguro que a ellas, que cantaban conmigo, no les ocurrió.

A mí, sí.

jueves, abril 28, 2022

Lopus

Durante muy pequeño, pensé que se trataba de una ciudad muy verde, de casas grandes y muchos parques infantiles para jugar.

Yo me agarraba a las faldas de mi madre cuando se sentaba a hablar con su hermana, mi tía Elo, en la habitación de la casa de mi abuela. Me encantaba escuchar a los mayores.

No sé si por los estudios de Elo o por la gente con la que salía, pero con cierta frecuencia bajaban el tono de voz y susurraban.

Esa mujer es de Lopus.

Sonaba como una isla griega, pero debía de ser un lugar cercano a Sevilla, porque había mucha gente conocida que era de allí, aunque el novio de mi tía era madrileño y también allí había gente de Lopus.

Los que de allí venían solían tener muchos niños, era gente muy educada y de buena posición social. No entendía yo por qué el misterio. Si hablaban de alguien de Utrera o Carmona no bajaban la voz, pero sí cuando se trataba de alguien que venía de ese sitio misterioso.

Su marido también es de Lopus se decían, entre cuchicheos.

No encontraba yo la ciudad en los mapas, por lo que imaginé que era un pueblo diminuto. No me atrevía a preguntar, porque parecía un tema prohibido. Incluso pensé que sería una urbanización cerrada, con vallas muy altas, porque había gente que incluso se empadronaba allí.

Se ha hecho de Lopus.

Me fastidió cuando, con el tiempo, descubrí que ese pueblo lleno de niños y juguetes nunca existió.

jueves, enero 28, 2021

Nocilla

A mi abuela materna le perdimos la pista cuando murió mi madre.

Solían rezar las dos el rosario, junto a mi tía Elo, con el salón de su casa tan en penumbra que a mí el  miedo se me colaba por la camisa.

Ora pronobis.

Repetían una y otra vez oraciones sentadas alrededor de la mesa camilla. Tengo ese soniquete metido en la cabeza como si fuera ayer. Con un tono plano, en ratos eternos. Yo, pequeñillo y curioso, me acercaba. Me sentaba en silencio junto a mi madre, me agarraba a ella. Las recuerdo a las tres con los ojos cerrados, la tele apagada, las cortinas echadas. 

Ora pronobis.

La escena produce frío en mi memoria.

A la vuelta de uno de sus viajes de negocio, el que era novio de Elo trajo un regalo a su suegra. Mi abuela lo recibió con regocijo. Era un rosario tallado artesanalmente en Guatemala. No podía haber elegido mejor mi tío Jose.

Recuerdo como si fuera ayer el día que llegué a su casa y mi abuela me lo quiso enseñar.

Mira lo que me ha traído tu tío, Borete.

Sacó con parsimonia el rosario de su caja y me explicó que estaba hecho con no sé que tipo de madera.

¿A qué te huele?  —se interesó.

Yo sentí que todo el mundo me miraba. Cerré los ojos, puse la nariz.

A Nocilla, abuela.

No le hizo ninguna gracia mi sinceridad.

Este niño se está volviendo tonto con tantos dulces para merendar.