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lunes, junio 02, 2025

Amarillo

"Abandona a su marido por su entrenador personal".

Claro, quieres saber más. ¿De quién se trata? 

Ya no solo las redes sociales, incluso los periódicos serios están llenos de reclamos de ese tipo que te hacen picar. Y al pinchar, más basura. Más adictiva. Más vacía. Más viral.

"Si ves ahora su cara, te entrarán ganas de llorar".

Y vuelves a pinchar.

Atacan a tus tripas para sacar tu espíritu más perverso, más cotilla, más feo de ti.

¿Cuándo se planteará una legislación sobre la ética de las publicaciones en la red?

El día que nos demos cuenta que hemos creado una sociedad de idiotas, ¿quién será el valiente que admita que no hicimos nada?

martes, mayo 16, 2023

Georgina

Imagino que todas las épocas han tenido sus figuras de papel maché.

En estos tiempos, en todo caso, se fomenta hasta convertirse en un modelo a seguir al personaje vacío, cuyo único mérito es haber sabido sacar rédito a una situación personal de privilegio.

Se hacen incluso series de televisión con estas personas, se les invita a programas de máxima audiencia, se les ríe las gracias, que no suelen tener.

Hijo de duquesa, mujer de futbolista o pretendiente de la hija de la exmujer de un cantante. Poco importa.

Se publicita tanto, que ya una parte de la juventud solo aspira a ser 'influencer', lo que implica llevar al gimnasio el cuerpo, y obviar todo lo que sea crecer por dentro.

Sí, es más cómodo escuchar las barbaridades clasistas que suelta por la boca Georgina que no dejar a un lado el móvil, tirarse en el sofá y leer 'Sinuhé el Egipcio'.

Lo que tengo claro es que la chica que hoy lee 'Sinuhé el Egipcio' será quien tenga las riendas del mundo mañana. 

miércoles, diciembre 09, 2020

Conexión

Me encanta la gente que no es como yo.

Porque soy pudoroso se me cae la baba con quien no tiene vergüenza, porque soy profundo me divierto como un niño chico con la gente frívola, porque no sé contar chistes pierdo pie con quien tiene gracia.

Enumero mis carencias y busco en los otros cómo suplantarlas cuando socializo.

Llegado a una edad uno sabe lo que le hubiera gustado ser y no será. Yo lo sé sin frustraciones. Tanto como aprecio mis virtudes.

Así que me derrito con quien es valiente, con quien es gracioso, con quien no guarda rencores, con el que no se toma la vida a la tremenda, con quien se ríe de su sombra. Me maravillan los que se emocionan con un perro, quien vive con dos duros, quien pasea cada tarde, quien se disfraza, quien dibuja retratos eternos con tizas de colores; muero con los que cuidan a enfermos, con quienes pasan tardes de verano frente al sol, quienes saben de música, quienes enseñan con paciencia, quienes cocinan lento. Me enamoran las risas amplias, las caricias largas, la lágrima fácil; me vuelve loco el que presume de michelines, quien no es disciplinado, el que se deja convencer, el que lee poesía. Me chiflan aquéllos a quienes les da igual lo que yo piense de ellos.

Me enamora quien se levanta y dice ¿quieres bailar conmigo?

viernes, noviembre 13, 2020

Morbo

Nadie está a salvo del morbo.

Quiero pasar de una cadena a otra y me encuentro con un chaval de gimnasio gritando a su novia escultural que es una guarra. Vagabundeo entre las noticias de internet y aparece una ventanita de publicidad que me pregunta si sé cómo está Leticia Sabater. Paseo por Instagram y alguien a quien sigo publica un vídeo de un famoso cantante llorando.

Buscan nuestras tripas.

Yo gano la batalla casi siempre. Me resisto a despatarrarme en el sofá a seguir las peripecias de gente famosilla encerrada en una isla. No trato de fabricar excusas para justificarme, prefiero la disciplina de no caer.

Son horas perdidas que me empobrecerían y yo quiero crecer.

Sí. Sé que llevamos vidas aceleradas. Que las cosas van mal. Que necesitamos evadirnos. Echar unas risas. Acepto que la frivolidad no es mala de por sí. Que mejor ver tragedias en casas ajenas, situaciones ridículas en otros cuerpos, gritos que no se vienen contra uno.

De vez en cuando hay que poner pie en pared y decir que no. Que no debemos alimentar famosos con pies de barro, ni barriobajismo barato, ni aclamar a quien no tiene sino serrín en la cabeza y ganas de provocar.

Confieso que hay días en que sueño con otra sociedad, pero tengo ésta.

lunes, mayo 09, 2016

Banal

Me atrae escuchar conversaciones de las que no soy partícipe, como espía ajeno de otros mundos que no son míos. Si hay algo que envidie de no usar transporte público es la posibilidad de filtrar charlas cotidianas de gente anónima. Mi vida sevillana, con coche de ida y vuelta al trabajo, es de tertulias radiofónicas y música de spotify, donde no se cuelan voces de gente con mi acento ni nadie que no sea elegido por mí.

Envidio, racionalmente, esos parloteos en que se habla durante largos ratos de nada. Añoro, con humildad, lo banal. La capacidad para mantener la atención en un diálogo sobre alineaciones de fútbol, compras de supermercado o de previsiones meteorológicas.

Nací intenso, dramático, novelero, incómodo con frivolidades, arisco con lo soez, beligerante a mi pesar con la risa tonta, la más feliz y sana de las risas.

Hablar sin decirse nada esencial es una medicina perfecta para disfrutar del otro que yo no sé recetarme. Charlar sobre un muro blanco en días primaverales comiendo pipas junto a un amigo balanceando los pies, sin prisas ni nada que solucionar.

Debería echar de menos conversaciones así, pero mi yo más mío no las echa en falta. Es mi mente racional quien las pide. Es mi espíritu reflexivo el que me dice que debería aprender a banalizar. Pero mi cuerpo, el de carne y hueso, el que observa la vida pasar, el que adora sus espacios y es selectivo, el de los silencios buscados y las cenas largas, en cambio, me pide marcha.


miércoles, noviembre 06, 2013

Tiempos

El equilibrio en una vida personal puede encontrarse en una buena gestión de los tiempos, sujetos a diferentes escalas marcadas para organizar nuestro día a día.

Si uno sólo trabaja a una escala, donde las unidades sean únicamente los días, o por contra lo sean los años, acaba frivolizando en demasía la existencia o dramatizándolo todo en una carrera a ninguna parte.

No es fácil ser capaz de disfrutar del momento como si la vida se acabara mañana y en paralelo tener una visión clara de futuro. Pensar a menudo en el qué será de nosotros es agotador e insano, no pensarlo te convierte en una persona sin criterios ni estrategia vital, impersonal, al capricho de los vientos.

Todos, afortunadamente, abrazamos diferentes escalas, aunque es gracioso pensar en personas concretas, con nombres y apellidos, que viven en el desequilibrio de no saber ponderar las vivencias en su justo término, a quienes el mundo se les cae encima por cada pequeña decisión a tomar o aquéllos que se ríen del mundo, incapaces de comprometerse en nada de valor.

El drama de la vida vista desde bien lejos, reducida a una línea pequeña con tres acontecimientos realmente definitorios, u observarla desde bien cerca, donde el detalle tan cercano del placer inmediato te hace olvidar el espacio en el que todo se desenvuelve. Lo íntimo y lo superfluo, lo pesado contra lo liviano, la ambición frente a la rutina, ver tu existencia en un guiño de ojos o guiñar el ojo para sacarte una sonrisa.

La consecución del equilibrio es saber, tarea difícil, pasar de un lado a otro, trascender e ironizar, con la sencillez de quien es consciente de que no hay verdades absolutas.

viernes, febrero 26, 2010

Sara Montiel

Hay cualidades de las que carezco, que ambiciono a sabiendas de no tener capacidad de obtenerlas y que admiro en los demás.

Una de ellas es la frivolidad.

No me considero un tío en ningún caso aburrido ni plomazo, pero mi incapacidad de reírme de mí y del mundo me mosquea.

Quizás sea una de las razones, ni mucho menos la principal, para compartir mi vida con una persona que me ofrece ese sentido irreverente de la vida que tanto valoro.

Recuerdo el último momento crítico vivido en ese sinvivir mío con el mundo de lo irreverente. Tras un año de mucho 'cachondeo' y buena vida con mis amigos más cercanos, pasado el verano se decidieron a organizar una 'fiesta del terror'.

A mí, por regla general, me dan mal rollo los disfraces. Acepté el reto porque soy fácil, pero no me preocupé por buscar de qué vestirme hasta el mismo día de la fiesta. Isaac y Fran se acercaron a Pichardo y me compraron el traje definitivo: 'La muerte eterna'.

Seguíamos el guión, era una noche de terror.

Antes de llegar a la finca donde se celebraba la fiesta, hicimos parada en casa de unos amigos. Abrieron el plástico del disfraz (no más de veinte euros) y me plantaron la túnica de la muerte eterna. El disfraz traía asociado un lápiz de cera blanca con el que había que pintarse la cara.

Yo me dejé pintar porque llevaba tres cervezas encima.

El tiempo pasó y yo confirmé que no sé ser frívolo ni reírme de mí mismo.

Cuando enseñan las fotos y preguntan quién es el que va vestido de Sara Montiel yo escondo la cabeza y hay quien explica...

Es la Muerte Eterna.

viernes, enero 02, 2009

País...

Los días de más de vacaciones, en estas largas fiestas de navidad que desgraciadamente me está dando la crisis del automóvil, me están permitiendo cambiar los hábitos, en cosas sin importancia más allá de la anécdota.
Durante años siempre he salido de trabajar a las tres de la tarde, por lo que si quiero ver el telediario en casa, siempre lo cojo empezado.
No podía imaginar, en estos días que tengo tiempo para preparar la comida con la tele encendida, hasta qué punto podía llegar el mal gusto, la falta de cultura, de ética profesional y de miras de futuro de nuestra televisión pública española.
Al parecer, los españolitos que estamos a la espera de que empiece el telediario de las tres de la tarde tenemos que tomarnos el aperitivo tras una cámara en las inmediaciones de una casa familiar de Ubrique, que además tenemos que saber que se llama Ambiciones, que allí vive una familia que se llama Janeiro, cuyo mérito para salir a esas horas de máxima audiencia es… perdón, esa parte me la perdí; tenemos que almorzar entrándonos por los oídos las declaraciones groseras de una mujer que se casó con un torero del citado pueblo cuyo único mérito es ése, haberse casado con un torero, para oírla hasta en la sopa diciendo memeces. Hay que soportar que el niño de una folclórica, que seguramente no sabe hacer la O con un canuto, preceda las noticias de España y el mundo para que nos cuenten con qué rubia se ha enrollado la noche anterior o qué discoteca le ha pagado para que se ponga ciego de whiski y así salir en el programa de máxima audiencia del día siguiente.
Una mujer con mucho glamour nos cuenta todo esto sin que nadie se escandalice.
País…