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lunes, junio 02, 2025

Amarillo

"Abandona a su marido por su entrenador personal".

Claro, quieres saber más. ¿De quién se trata? 

Ya no solo las redes sociales, incluso los periódicos serios están llenos de reclamos de ese tipo que te hacen picar. Y al pinchar, más basura. Más adictiva. Más vacía. Más viral.

"Si ves ahora su cara, te entrarán ganas de llorar".

Y vuelves a pinchar.

Atacan a tus tripas para sacar tu espíritu más perverso, más cotilla, más feo de ti.

¿Cuándo se planteará una legislación sobre la ética de las publicaciones en la red?

El día que nos demos cuenta que hemos creado una sociedad de idiotas, ¿quién será el valiente que admita que no hicimos nada?

jueves, septiembre 26, 2024

Organización

La entrada prematura al mundo de los adultos a través de las pantallas del móvil, o de las tablets que les dan para que les permitan tener una sobremesa tranquila, es una inquietud creciente que los padres, salvo que sean muy estrictos con el comportamiento de sus hijos, tienen que soportar.

Si antes uno se iba enterando de las claves de la existencia a partir de escenas familiares o experiencias con los compañeros del colegio, hoy en día el shock puede venir dado, mucho antes, por un video, o un desconocido, que aparece en la ventana digital de los niños, siempre curiosos. ¿Con quiénes se hablan?, se preguntan muchos progenitores.

El otro día caminaba por el centro de Sevilla un amigo con su cría, cuando ésta saludó a un joven que podría triplicarle en edad.

¿Quién es ese joven? le preguntó a su hija, temiendo lo peor.

Es uno de la organización, papá.

Saltaron entonces todas las alarmas, tanto que incluso le daba pánico preguntar más.

¿De qué organización, Carmen?

De la nuestra.

No te entiendo, hija.

Papá, de la organización donde vivimos.

Eso es urbanización, Carmen. —Suspiró, aliviado—.¡Urbanización!

jueves, mayo 16, 2024

Occitane

Cuando vivía en París, me gustaba traerle a mis hermanas, cada vez que bajaba a Sevilla, unos botes de perfume de una cadena francesa que les encantaba.

Ahora esas tiendas están en todos los centros comerciales sevillanos.

Todo se puede encontrar en todos lados, la eficiencia ganó la batalla al romanticismo.

Un compañero de trabajo, en mi último viaje a Japón, me pidió un muñeco muy específico para su hijo. Me recorrí los comercios manga de medio Tokio hasta dar con el monstruito, horroroso, que me ocupó media maleta en el viaje de vuelta.

Al llegar a España me dio por investigar que, efectivamente, el juguetito lo traían en dos días a tu casa de Sevilla si lo pedías por internet.

lunes, julio 17, 2023

Estrellitas

A día de hoy todo lo evaluamos, es el gran poder que las nuevas tecnologías le han dado al cliente.

Que te tratan bien en una ferretería, le pones cinco estrellas, que no te saludan al entrar en una confitería, le pones una, que la novela que te regalaron te gustó, cinco estrellas, que la carne estaba fría en el restaurante, una estrella. Que ni fu, ni fa, ¡tres!

Así, nos vamos acostumbrando a comprobar las puntuaciones del teléfono que vamos a comprarnos o del hotel donde vamos a alojarnos. 

Conociendo al ser humano, llegará el día en el que alguien invente las estrellas para personas. Que tú me digas 'que te zurzan' y yo te ponga una estrella, que yo le monte un pollo, y me ponga otra, que ella me desmonte con una sonrisa, cinco del tirón.

Nos cruzaremos por las calles con un luminoso que diga cómo estamos de bien o de mal puntuados, de modo que el mundo se dividirá entre estrellados y estrellones, momento el que comenzará el mercadeo de puntuaciones.

—Te invito a cenar, siempre que me quites la mala nota del otro día, que no me como una rosca.

martes, mayo 09, 2023

Sabiduría

El otro día preparé unos canelones riquísimos gracias a una anciana argentina que me lo explicó desde Youtube.

Era mi plato preferido de entre todos los que nos hacía mi madre. De esos placeres que idealizas en el recuerdo y no te atreves a estropear. Las veces que lo intenté me salían grumos en la bechamel y la pasta quedaba dura. Sí, no es lo mío la cocina.

Esta señora, en apenas tres minutos, me enseñó, con un vídeo sencillo y sus manos ajadas, a recuperar un sabor de mi infancia.

Hemos arreglado la puerta de la nevera, solucionado una inundación en el fregaplatos y evitado comprar una lavadora gracias a explicaciones sencillas de gente anónima que dedica parte de su tiempo a compartir su sabiduría.

¡Es tan grande la fuerza de Internet! ¡Sería tan bonito trabajar así, disfrutar así, en comunidad!

Lo preocupante es que Internet lo creó el ser humano y en él se proyectan también todas las miserias del hombre. La envidia, la codicia, la ira, la maldad, los complejos, las frustraciones. Todo eso también se descarga ahí.

Maldita maldad.


miércoles, diciembre 14, 2022

Pudin

Si hay un recuerdo que tengo idealizado de mi infancia, ése es el pudin de pan que hacía mi madre.

Tras décadas sin tomarlo, aún puedo recrear en mi cerebro el sabor, la textura, el placer que me producía, la fiesta que yo le hacía cada vez que llegaba a casa y lo olía.

Llevo media vida preguntando a la gente si sabe hacer pudin de pan y, no es que nadie sepa hacerlo, sino que nadie conoce ese pastel de mis sueños.

Con un pensamiento romántico, evité buscarlo en internet o en un libro de recetas, quería que esa delicia me encontrase a mí.

La otra noche, mi hermana Raquel me envío una foto.

Te he hecho un pudin de pan, y sabe igual que el de mamá.

Muero de amor.

miércoles, diciembre 07, 2022

Wifi

Hace unos días, volando a Sevilla desde París, tuve la suerte de sentarme junto a una señora francesa y su hijo, un joven pianista de 30 años.

Estuvimos las dos horas charlando de nuestras vidas, de lo que podían visitar en Sevilla, de cómo los franceses ven a los españoles.

Tan delicioso fue que nos pasamos los teléfonos.

Para los que tenemos la suerte de viajar mucho, el progreso, sin embargo, no es siempre sinónimo de bienestar.

Viajar en tren se ha llegado a convertir en un suplicio por la mala educación de los viajeros que consideran que la tranquilidad de los otros no es una variable a tener en cuenta y se llevan trayectos enteros dando gritos a través de su teléfono móvil. 'A mí qué me importa el resto del vagón'.

Ahora anuncian que se va a integrar el wifi gratuito en los aviones y me pongo enfermo. Ni siquiera ese rato regalado de subir por encima de las nubes va a ser un refugio para escapar de charlas a grito pelado de gente que no ve más allá de sus narices.

Con lo bonito que es adormecerse con la cabeza apoyada en una ventana que te muestra la grandeza de la naturaleza, gracias al poder conquistado por el ser humano de asomarse a nuestro mundo desde arriba.

Con lo gratificante que es conocer a tu vecino de asiento, así, sin más.

Sabemos ya volar, que era lo más complicado, nos falta aprender a pensar en quien está a nuestro lado, que debería de ser lo más sencillo.

Acabaremos todos con auriculares, aislados, para no escuchar los gritos de los demás.

martes, diciembre 21, 2021

Carrete

No pienso que ningún tiempo pasado fuese mejor.

Hay situaciones, sin embargo, que me llevan a añorar otras formas de vivir menos aceleradas.

Las nuevas tecnologías nos llevan a una esclavitud silenciosa, en la que estamos mucho más controlados, menos relajados. Recibes un wasap y ya tienes la presión de contestar, de encontrar un hueco, de devolver la llamada.

Miras, por pura adicción, diecisiete veces los correos, las redes sociales, las noticias que acabas de leer cinco minutos antes.

Antes ibas con un carrete y hacías fotos de los viajes un poco a ciegas. Luego venía la ceremonia de llevarlas a revelar y compartir con los tuyos los lugares recorridos como si lo hicieses por segunda vez. Ahora se fotografía todo para no volverlo a ver jamás.

En otros tiempos yo traía regalos a la familia desde cualquier lugar del mundo, pero hoy en día es difícil encontrar algo en ningún rincón del planeta que no te traigan al día siguiente por internet.

El progreso sigue, imparable, para crearnos bienestares inimaginables que tendremos que disfrutar a toda prisa.

miércoles, noviembre 03, 2021

Conocimiento

A pesar de todas las críticas, justificadas, que se puedan hacer a Internet, hay una realidad clara. Nos ha facilitado el acceso a la información.

La información es conocimiento y el conocimiento, sabiduría.

Por muy sesgados que puedan ser los buscadores, por muy interesados que sean los algoritmos, la realidad es que cualquier persona, ante una duda, pregunta a la red y obtiene una respuesta.

Acerca de lo que se quiera. No hay tabúes. Ni fronteras. 

Que no nos cuenten milongas, que sabemos cómo contrastar.

Es una realidad que nos empodera, sobre todo a aquéllos que desde siempre han estado postergados, por vivir en un lugar recóndito, por carecer de estudios, por no tener forma de acceder a la cultura.

Basta un móvil y ganas de conocer. Desde la pregunta más peregrina a la más profunda. Siempre a alguien se le había ocurrido antes que a ti saber si hay nutrias en el Nilo, o qué consecuencias tiene la ablación para la mujer, o por qué es tan famoso el Hamlet de Shakespeare, o cuál es la ciudad donde se consume más queso gruyere, o cuánta gente sin hogar hay en tu ciudad, o cómo puedo hacer para ganar en concentración.

Conocer. Saber. Aprender.

Verbos que suenan a crecer como persona. 

lunes, julio 05, 2021

Fast

Llegábamos a Sevilla tras pasar bastantes días fuera, teníamos ganas de cenar en casa pero la nevera amenazaba con estar vacía. Y apetecía un vino.

Así que, subiendo por la autopista desde Cádiz, Fran encontró una aplicación con estética vanguardista para conseguir alguna botellita a horas raras de domingo.

-He encontrado una aplicación: 'Fastwine'

Sonaba muy bien. Fastwine. Vino rápido. Hay aplicaciones para todo. Podías llamar y te llevaban el vino que quisieras a la hora exacta que tú marcases. Una gozada para completar un fin de semana espléndido. 

Fran llamó con el manos libres y al otro lado del teléfono respondió una mujer a gritos.

-¡Papá! ¡¡¡Papá!!! ¡¡¡Papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! 

Los dos nos miramos alucinados y Fran bajó el volumen al móvil.

-¡Un chaval! Que quiere vino el colega. ¡Vente pa'bajo! Que estoy 'atacá'. Que no sé cómo funciona esto. ¡¡¡Papaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

El padre no le iba a la zaga.

-A ver -nos dijo con malas pulgas-. ¿Qué quieren ustedes a estas horas?

Yo no sé si me alegré de que todo fuera tan desastre, pero a veces viene bien que todo salga al revés para reírte de este mundo moderno que queremos construir. 

Tuvimos que acercarnos al almacén a recoger la botella que encontramos por 'Fastwine'.

-A estas horas no hay reparto que valga.

No estaba malo.


miércoles, junio 09, 2021

Google

Hace una eternidad, cuando las redes aún estaban en pañales, reté a mi padre.

Papá, dime lo que quieras encontrar en Internet, que lo coloco en el buscador y aparecerá.

Él, incesante estudioso de la historia universal, aceptó el reto:

—Busca la llegada del emperador Maximiliano de México al Puerto de Veracruz.

Yo escribí la frase y me dio '0 resultados'.

—No ves, donde haya un buen libro...

Con el tiempo conseguí meterle el gusanillo en el cuerpo y de vez en cuando se pasaba por mi habitación para buscar información, hasta que le propuse darle unas pequeñas clases.

La primera vez que cogió el ratón, empezó a moverlo en el aire haciendo 'eses'.

—Papá, tienes que apoyarlo en la mesa para que funcione.

Cuando reuní dinero para comprarme un ordenador nuevo, le regalé a él el que abandonaba. Mi padre le hizo mucha fiesta y, ni corto ni perezoso, se plantó en El Corte Inglés.

—Señorita, yo busco un libro que me explique desde cero cómo usar un ordenador. Desde el primer botón que haya que pulsar.

—Caballero, ¿qué sistema operativo tiene usted? ¿Es de Microsoft o de Apple?

—Si usted sigue hablándome así, cojo la puerta y me voy.

sábado, junio 05, 2021

Malmeter

Malmeter es un verbo atropellado, que suena tan mal como lo que representa.

Aunque siempre ha existido, vivimos en tiempos en que el anonimato de Internet facilita que muchos se pongan la máscara para, envalentonados por su cobardía, azucen a los demás a partir de relatos inventados. 

¿Qué demonio habitará en la gente que se parapeta tras su ordenador para incendiar las redes?

Escupen sacos y culebras, falsifican vídeos, deforman informaciones, inventan realidades paralelas para acusar al inmigrante, a la mujer, al negro, al científico, al periodista. Todo vale. 

Son pirómanos que se recrean en su maldad viendo arder el bosque y se ufanan para sus adentros de guardar el mechero en su cajón.

Desde siempre el hombre ha debido convivir con la maldad, a la que ha tenido que acorralar legislando límites asumibles entre el bien y el mal. Las hienas, sin embargo, van buscando recovecos por dónde meterse, con el corazón acelerado, para ver dónde es posible hacer daño, quién está desprotegido, de quién se van a reír esta vez.

Destrozan la palabra libertad.

martes, mayo 11, 2021

Prensa

Soy lector habitual de El País desde que tengo uso de razón.

Me gusta leerlo en papel y, a ser posible, con un buen desayuno.

Internet trajo la posibilidad de que saliésemos de nuestra madriguera informativa, de que nos asomáramos a otras editoriales, otros puntos de vista, otros idiomas sin salir de casa. Yo disfruto como un niño leyendo la prensa francesa, El Mundo, el New York Times, La Vanguardia o cualquier periódico local cuando una noticia afecta a un determinado territorio.

En estos tiempos, sin embargo, volvemos atrás. Cada diario quiere financiarse a partir de sus incondicionales. Ya parece que la publicidad no da el ingreso suficiente para mantener su actividad y la venta en papel ha caído a cifras desconocidas por la fuerza de Internet.

Otra vez al rebaño. Otra vez a leer lo que queremos escuchar, a sentirnos cómodos con unos artículos que transitan por los terrenos que nos gusta pasear.

Yo no quiero volver a ese juego, ni gastarme un dineral en tener acceso a la prensa mundial de cualquier ideología. Quizás acabe siendo una persona menos informada, menos culta, menos tolerante. Otro tonto feliz.

Internet te abre ventanas, te muestra mundos de posibilidades, que luego te cierra en tus narices.

Todo es dinero.

lunes, febrero 22, 2021

Bloqueo

Una amiga me preguntaba el otro día qué hago con la gente que mete cizaña en mis redes.

—Los bloqueo —le respondí.

Me pone la controversia, la discusión, el debate, pero no admito en el territorio de mis publicaciones faltas de respeto a nadie.

A mí me da la vida, como escritor y como persona, escribir un texto diario. Me hace estar en tensión, atento al mundo, a mis recuerdos; vigilo mis emociones para ver qué salta por ahí dentro, observo a la gente actuar, leo el periódico, con los cinco sentidos, presto a estímulos. Todo lo meto en la batidora para construir relatos breves que, al compartir, me ofrecen un retorno inmediato de personas de todo color y sensibilidad que me dan mucho más de lo que yo les aporto.

Ahí no entran los odiadores profesionales que circulan por las redes apoyados en el anonimato o la cobardía que supone lanzar la piedra sin importar el daño.

Yo bloqueo. No permito broncas en mi casa. Las malas artes se consienten allí donde no hay principios.

Insultan una vez, a la siguiente ya están fuera de mi mundo con cara de tontos.

domingo, octubre 25, 2020

Móvil

Tenemos que conseguir, hablo en primera persona, dejar de ser esclavos del móvil.

Salvo cuestiones urgentes que requieran estar localizados en todo momento, debemos hacer por que el teléfono no domine nuestras vidas, sino que seamos nosotros quienes tomemos el poder.

Dicho así parece excesivo, pero estoy convencido de que tenemos que romper. Hay que aplicar rutinas simples antes de que tengan que ser psicólogos quien nos alerten de cómo tenemos que hacer.

Actualizamos con ansiedad el correo, miramos continuamente de reojo el Whatsapp, buscamos un mensaje en Facebook, abrimos la prensa digital como si en la última media hora hubiese podido cambiar el mundo.

Es mejor quedar mal. Que cuando te llamen no respondas porque tienes el móvil reposando en tu habitación. Que no respondas de manera inmediata a un guiño de un amigo. 

Impongámonos hábitos sanos de desintoxicación. El mundo se nos ofrece a través del móvil, nos aporta información, diversión y compañía. A mucha gente le ha quitado una porción de soledad.

Pero no perdamos el pie. La vida no está detrás de la pantalla, sino allí donde tú estás, en este momento y con tu gente.

domingo, marzo 06, 2016

Chalá

Es uno de nuestros últimos descubrimientos: La Chalá. Calle Alfonso XII arriba, en la pequeña plaza de la Puerta Real, un restaurante informal regentado por gente joven con ganas de hacerse un hueco, serviciales y en el mundo, donde te ponen un ajoblanco espectacular que te obliga a repetir cada cierto tiempo, con una carta llena de propuestas mestizas de cocina de aquí y del otro lado del charco y una carta de vinos reducida, bien trabajada y a buenos precios.

El ir entre semana nos hace estar mal acostumbrados. Nos conocen ya por nuestros nombres y nos prestan una atención que fue imposible de mantener este pasado viernes noche, con el local y la terraza repletos de una clientela abundante en turistas y gente interesante.

Eso provocó que nos sirvieran con cierto desorden y a impulsos, pero todo se perdona en los comienzos de un fin de semana, sobre todo cuando hay cosas que celebrar.

El ajoblanco se hizo esperar, pero llegó. Fran se esmeró en hacerle una foto al tarro de cerámica donde lo sirven; la comida no sólo se disfruta con el paladar y las presentaciones también forman parte del hermoso ritual que supone una buena cena.

La sorpresa llegó cuando, un par de horas después, oíamos nuestro habitual recital de jazz en el hotel Colón, con la impresionante Rosie Dee al micrófono: Google enviaba un mensaje a Fran diciéndole si autorizaba a asociar la foto de su galería, el ajoblanco, a la página del restaurante La Chalá.

Nos quedamos a cuadros.

Fran dijo que sí e inmediatamente apareció la foto en la primera posición de búsqueda del restaurante.

Yo miré al techo del salón del hotel Colón, pensando si alguien estaría fotografiando mi gintónic para asociarlo a la promoción de los futuros conciertos de la cadena Meliá.

lunes, agosto 11, 2014

Gran Hermano

De no haber sido porque en un instante me dio por buscar una oferta de fin de semana en Marbella para finales de agosto no me habría dado cuenta.

Estamos preparando con ganas casi infantiles, en este verano en que me tocó trabajar, por vez primera, en Sevilla, nuestro próximo viaje a Nueva York para el mes de octubre, tras varios intentos anulados en años pasados.

Tenemos tantos recuerdos de anteriores viajes que bucear por internet buscando sitios donde alojarnos o proyectando cenas o excursiones futuras supone un juego placentero en que echar horas muertas en estas tardes de agosto en que apenas queda gente conocida en la ciudad.

Había un hotel del que no recordaba el nombre, pero sí que podía acceder a él a través de una página que te conduce a sitios de diseño y alojamientos con cierto glamour llamada Splendia.

El caso es que, tras un rato de apuntar ideas, cerré el ordenador para tirarme en el sofá a pierna suelta.

Fue justo al levantarme, al conectarme de nuevo a Internet para echar un vistazo a la prensa electrónica, cuando encontré que toda la publicidad que me ofrecía la portada de El País, perfectamente entrelazada entre sus titularesvenía resumida por dos grandes ofertas: hoteles de Nueva York a través de la página de Splendia y justo, qué casualidad, el rincón de Marbella que tuve la curiosidad de consultar.

Sí, no me he caído de un guindo, pero no podía imaginar que el Gran Hermano andaba tan cerca ni pude evitar el desconcierto de pensar que ya no existe marcha atrás.

Ya muestra su ojo enorme sin tapujos, indecente, descarado y desafiante.

domingo, junio 15, 2014

Instrucciones

El uso que hacemos de las nuevas tecnologías viene a definirnos como humanos y los límites que nos antepongamos ante tamaña avalancha de posibilidades que nos rodea nos colocará en la sociedad en una determinada posición.

Los smartphones y las redes sociales han sido, a fin de cuentas, creados por el ser humano, y a éste corresponde el ir encauzando su utilización, orientando al fabricante, al diseñador, al político y al legislador en función de cómo se gestionen los excesos.

No vienen a ser más que potenciadores de las cualidades de cada individuo. El narcisista no para de autopublicitarse con fotos en poses forzadas, el asocial comenta todo con ánimo destructivo, el voyeur se pasa las horas en silencio pantalla arriba, pantalla abajo, el gamberro no se cansa de publicar chistes subidos de tono o vídeos de batacazos siderales, el romántico no deja de cantar su amor a los cuatro vientos, el inseguro pasará los días contando cuántos 'me gusta' tienen cada una de sus publicaciones y en medio de todos ellos estamos los demás, cada uno con sus paranoias y sus intereses.

Yo soy partidario de la propia imposición personal de límites: no sacar el móvil durante una cena, no abusar del envío de whatsapps, no revisar los emails cada dos minutos, tratar de salir de vez en cuando a la calle sin móvil, hacer por leer con cierta frecuencia en papel, no compartir información susceptible de molestar a gente cercana, evitar la crítica personal...

Las nuevas tecnologías de la comunicación conforman una herramienta potentísima que está apenas naciendo, pero sin manual de instrucciones. Será el ser humano quien decida, con su uso, hacia dónde nos pueden llevar, aunque presiento que no muy lejos de las miserias y grandezas ya conocidas de las sociedades de siempre.

domingo, abril 01, 2012

A los ojos

Me contaba Mariángeles cómo una niña de su instituto le decía que había cortado con su novio por el 'tuenti'.

'¡Pero si es lo normal, maestra!'

No hay que ser muy avispados para darse cuenta que las nueves redes sociales ocupan un espacio que antes, necesariamente, se cubría de otra forma. Dicen que el número de amigos en facebook es inversamente proporcional a la estabilidad emocional de una persona, algo que suena exagerado, como cualquier frase que intente resumir una teoría, pero no va descaminado de la realidad.

Internet, facebook y las múltiples formas actuales de comunicación han hecho mucho bien por integrar a personas que no tenían forma de comunicarse de igual a igual debido a complejos, taras físicas, timideces o miedos, pero también parece confirmarse que se está creando una sociedad tendente a comunicarse menos a través de la palabra y más mediante la pantalla de un móvil.

No sabemos el riesgo que corren las nuevas generaciones, pero parece preocupante el que los chavales actuales no sepan mirarse a los ojos para decirse que se quieren, que se odian o que les apetece compartir un helado.

Cuánto no hay de narcisismo en estos espacios, en contar a los cuatro vientos nimiedades de nuestro día a día, en hacer ver al mundo que estamos vivos.

Dejar nuestro rastro para que nos sigan o nos pregunten y entrar a ver cuántas personas han dado al 'me gusta' puede pasar del juego a la obsesión.

Hemos de ser menos borregos, pienso, y más humanos. No está mal comunicarse a través de las grandiosas herramientas que nos proporciona la red, pero no por ello obviar las necesarias charlas, caricias, risas, confidencias y abrazos.

Corremos el riesgo de que nuestro subconsciente nos justifique, en cuanto al cuidado de nuestros amigos, con esos escuetos mensajes de texto, como si de pasar lista se tratase.

Hacerte ver o preguntar en la distancia no es estar ahí, es estar en otro lado.

domingo, marzo 21, 2010

Triste anonimato

La gran fuerza mediática de internet ha abierto la posibilidad, hasta ahora inédita en la prensa mundial, de dar la palabra en directo a los lectores para comentar las noticias tal como ellas se van produciendo, y narrando.

Lo que en principio se presenta como una ventana atractiva, fresca, sana socialmente, a veces, en un altísimo porcentaje de ocasiones, se convierte en un estercolero donde, gracias al anonimato que da el poder expresarse sin más que dar un nombre inventado, impera el 'todo vale'.

Salen entonces las peores expresiones, si obviamos las garrafales meteduras de pata ortográficas o gramaticales, las de corazones podridos y amargados que se chulean del mundo desde su miserable posición de cobardes topos cibernéticos.

Me duele la no existencia de una mínima moderación por parte, al menos, de la prensa profesional, para evitar tantos insultos, mal habla, despropósitos, fascismo, racismo, homofobia, sexismo, machismo, falta de respeto, imbecilidad, xenofobia.

¡Triste práctica la de expulsar la bilis en forma de comentarios anónimos de seres que no tendrían agallas para insultar mostrando el rostro!

Sé que no sólo es en España, pero eso no me consuela para comprobar el escaso nivel y falta de educación que estas ventanas muestran de nuestra sociedad.

Donde esté la educación y el respeto...