Es un método que no falla.
Espero a que esté dormido y me agarro por detrás, tan pegado que incluso siento sus latidos y su respiración a través de su espalda. Entonces, en el silencio de la noche, me concentro en el movimiento de sus pulmones, en el ritmo relajado de sus inspiraciones y espiraciones, hasta, poco a poco, acoplarme a su respirar.
Al concentrarme solo en eso, en coordinar mi cuerpo con el suyo en el movimiento más animal, mi mente se va adentrando en sueños, que no pueden ser feos, hasta dormir.