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miércoles, septiembre 23, 2026

Helio

Uno de mis mejores amigos es ceutí. 

Suele venir a cenar a casa porque es su casa. 

Esta semana, nada más sentarse, quise que se desahogara. Que nos contara lo que nos quisiera contar de su ciudad, de su familia allí, de los paisajes de su adolescencia, en los años previos a su venida para estudiar en la universidad de Sevilla, de donde ya no se movería.

—Pienso en mis padres, Salva, y lo que habrían sufrido de estar vivos.

Se emocionaba hasta las trancas hablando del agua cristalina de la playa del Trampolín.

—Esas vistas del Peñón... Era el paraíso.

Habló con ansiedad y le dejamos soltar toda la rabia. Sin juzgar.

—¿No entendéis que también somos España?

—Claro que sí, Helio —le dije—. Claro que sí.

Cómo no vamos a entenderlo.

martes, octubre 17, 2023

Rabia

Me gusta consultar las opiniones de los lectores cuando leo un libro, o de los turistas cuando visito un museo, o del público cuando acudo a un concierto.

Son numerosos los comentarios que dejan traslucir rabia. Estos que son hirientes, despreciativos, ridiculizadores. Escritos con saña desde el anonimato.

A mí me apetece responderles para preguntarles qué han aportado ellos a la humanidad, qué ha nacido de su creatividad para permitirse infravalorar las propuestas de alguien que ha sabido ofrecer un trabajo más o menos acertado para el disfrute del gran público.

Hay quienes confunden la libertad de expresión con un derecho mal entendido de lanzar dardos al corazón de aquellos que no supieron emocionarle.

sábado, agosto 27, 2022

Rabia

Son muchas veces las que he escrito para hacer ver lo mal que me sentó tal o cual cosa de alguien. Termino el texto, lo repaso e incluso le busco la pintura adecuada para ese tema. Sólo queda publicarlo a las cinco de la tarde.

Luego pienso en ese alguien, por lo general una persona querida, y lo borro. No quiero ofender a quien quiero, aunque esa reflexión hable de un anónimo cara a los demás.

Lo cierto es que me hace mucho bien poner palabras a las actitudes que me molestan, a los daños que me hicieron, a la rabia que un día sentí. Una vez que lo escupo con unas líneas, trabajadas, reflexionadas y releídas, me siento mejor, liberado de una carga que arrastraba sin saber, justo hasta que apareció ese fogonazo que me hizo recordar que hubo un día en el que me sentí herido.

Las malos rollos hay que aclararlos en su momento, cara a cara. De otra manera, el daño lo hago yo.