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martes, septiembre 16, 2025

Infanta

Entiendo que se puedan utilizar argumentos como la seguridad de la Infanta para justificar el pago de 18000 euros anuales a una universidad privada para que estudie Ciencias Políticas en el extranjero los próximos tres años, pero de nuevo pierde una oportunidad la Corona para acercarse al pueblo a quien dice representar. 

¿No sería precioso que esa adolescente estudiara en la universidad de Alicante o en la de Las Palmas? ¿No se lanzaría un mensaje de apuesta fuerte por la educación pública? ¿Qué círculo de amistades va a cultivar esa mujer si se le obliga a codearse con jóvenes de familias más que pudientes? ¿Qué contacto con la realidad de la juventud actual va a tener quien es educada en una torre de marfil?

Luego nos salen Froilanes y Victorias Federicas que nos dan vergüenza ajena.

Cada oportunidad que se les presenta optan por el camino equivocado. 

¡Sería tan fácil hacer las cosas con sentido común!

No. No me representan. 

martes, octubre 08, 2024

Cuento

La ejemplaridad es una palabra tremenda que es difícil de llenar con contenido.

Dejando a un lado al abuelo, no hay más que mirar a los hijos de la infanta Elena para darse cuenta de lo torpes que han sido históricamente los Borbones.

De habernos regido por una ley no machista, sería a Froilán a quien le correspondería heredar el trono de España, al rey de las discotecas y de los mojitos. Pero, de no haber sido él, le hubiera tocado en suerte a Victoria Federica, cuyo único oficio conocido, como bien relata Elvira Lindo, es vivir del cuento.

Un nuevo Fernando VII u otra Isabel II. 

Escuchando algunos audios uno entiende que no se criaron en un ambiente propicio para construir personalidades sanas, ya no digo ejemplares.

La única persona sin sangre azul de la familia es la última esperanza de nuestra monarquía.

martes, enero 02, 2024

Banderitas

Es de sentido común que si un colectivo se apropia de un símbolo y se lo tira a la cabeza a los que no piensan como ellos, ese símbolo, como mínimo, sale perjudicado.

Así ocurre desde hace decenios con la bandera de España y, desde algunos años atrás, con la Monarquía.

De tal exhuberancia de rojo y amarillo en las manifestaciones contra todo lo que huela a izquierda, aquellos que nos sentimos progresistas comenzamos a sentir una cierta animadversión hacia nuestro propio símbolo.

Los que más presumen de patria son los que más la dividen, así que cuando me junto con alguien con pulseras, pendientes o cinturones de esos colores pongo pie en pared.

Ya solo me gusta mi bandera en los partidos de la selección.

sábado, mayo 06, 2023

Coronación

¡Qué hermoso y qué anacrónico!

Qué desconectado de la realidad de las cosas, de las gentes.

Liturgia de coronación para conectar al rey con Dios, en los tiempos que corren. Suena ridículo y majestuoso. Roza lo cómico y lo dramático. Esperpéntico. Colosal.

Esa hilera de obispos enfundados en túnicas de colores con caras de sabueso, a la espera del momentazo en el que tienen que bendecir con su palabra la sabiduría del representante en la tierra de la iglesia anglicana.

Ese Carlos III con cara de póquer, con su pensamiento oscilando, seguro, entre la mamarrachada de su indumentaria y la grandeza de sentirse heredero de una tradición milenaria.

No sé si a la monarquía le viene bien que se retransmita a los cuatro vientos lo alejada que está del pueblo, a sabiendas de que hay una parte del pueblo que idolatra ese juego de tronos.

Hace siglos, eso no lo veía la plebe. Hoy lo ven por televisión mientras se preparan una cerveza en la cocina. No creo que tarde el día en el que no se soporte tanta contradicción.

Ese hombre con esa corona de diamantes en la cabeza.

Esa ridícula majestuosidad.

jueves, septiembre 08, 2022

Isabel

Qué duros son los finales.

Ayer nos enfrentamos a la muerte de Isabel II, una reina que permanecía ahí desde siempre, porque nuestra vida es todo lo que tenemos y no hubo momento en ella en que esa mujer no estuviera presente.

Da igual lo monárquicos que seamos o la afinidad que podamos tener con el pueblo británico, escuchar acerca de la desaparición de esa señora es morir un poco. Son estos eventos los que nos hacen comprender la grandeza del vivir, con toda la tristeza asociada a la certidumbre de saber que no es para siempre. Nada lo es.

No importa cómo de simpática fuese ni la vida que llevase, estaba ahí, como una abuela distante de la que nunca dejamos de oír. Bregó con un país, una familia desastre, una humanidad cambiante en tiempos convulsos.

La imagino en su lecho de muerte, rodeada de los suyos, y se me agarra la emoción a la garganta.

viernes, octubre 31, 2008

Fronteras de no retorno

Tal como se han desarrollado los acontecimientos, el comportamiento ético de la periodista Pilar Urbano queda, a mi entender, bastante en entredicho. No vale todo por vender libros o conseguir una portada. Comprar un ejemplar de la publicación sobre la Reina que viene de lanzar al mercado no está entre mis planes, pero habría que comprobar si realmente las frases que ayer se pusieron en boca de la Reina son realmente literales, ya que supuestamente la Casa Real dio el visto bueno a todo lo incluido en dicha publicación.

Independientemente de todo esto y aún teniendo en cuenta la rectificación de la institución monárquica, parece que los comentarios de la monarca no andan lejos de los reflejados ayer en gran parte de los medios de comunicación.

Error fatal a mi juicio.

Desde mi posición ideológica, firme, argumentada y abierta a razonamientos de quien no piense como yo, no puedo estar más en desacuerdo con las opiniones de la Reina. Apoyar la teoría de que venimos de la costilla de Adán y que sea ésa la información que tienen que recibir los chavales para entender de dónde viene el hombre, estar absolutamente en contra del aborto o la eutanasia, negar el matrimonio homosexual aprobado por el Parlamento con frases desafortunadas de carrozas y manifestaciones, es absolutamente aceptable viniendo de cualquier persona que no sea miembro de la Familia Real. Porque a ellos se les paga por no opinar, por no tomar partido, por representarnos a todos.

Desde ayer no me siento representado por la Reina. Un personaje al que siempre he admirado, con el que simpatizaba por su dulzura, discreción y generosidad.

No hay que entrar a discutir sus posiciones exageradamente conservadoras (quiere para la Educación lo que Sarah Palin), hay que criticar con contundencia el hecho de que tome partido.

En este sentido, se han visto declaraciones desafortunadas de políticos socialistas (irresponsables las declaraciones de Javier Rojo, Presidente del Senado, justificando lo injustificable) frente a otras afortunadas del Partido Popular (Esteban González Pons ha dicho con claridad que no se puede tomar partido desde la Casa Real, independientemente de lo que se diga).

La grandeza está en saber discernir cuál es la discusión. No estamos analizando las declaraciones de una mujer católica de 70 años, con esa escueta descripción nunca saldrían sus pensamientos reflejados en las portadas de los periódicos. Estamos hablando de los comentarios realizados por la Reina de España.

La jornada de ayer sirvió para perder el respeto, por muchos hasta ahora incondicionales, a una institución que es de las más queridas del país.

La vida es así de dura. Cuarenta y cinco años de exquisita profesionalidad se pueden venir al traste por unas declaraciones desafortunadas. Cuando se está en niveles tan altos entiendo que se pueda sentir vértigo, pero precisamente a personas en esa máxima responsabilidad se les debe exigir lo máximo.

La Reina no debe olvidar que adquirir una posición de Jefe de Estado por cuestiones hereditarias no puede ser más anacrónico. Si lo hemos aceptado así es precisamente porque nos sentimos representados en ellos, porque nos transmiten actitudes ejemplares.