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jueves, julio 18, 2024

Toros

Enamorados de Ronda, la última de las muchas veces que estuvimos allí decidimos apuntarnos a una visita en grupo.

En la puerta de la iglesia de la Merced nos esperaba la guía turística, una mujer de trato impecable que supo captar nuestra atención durante las casi dos horas de recorrido por la bellísima ciudad malagueña.

Justo al comenzar, tras interesarse por la procedencia de los que la íbamos a acompañarla, de diversos puntos de España e Hispanoamérica, nos explicó los orígenes de la plaza de toros.

—¿Cuántos sois amantes de la fiesta?

Para mi sorpresa, y alegría, todo hay que decirlo, nadie levantó la mano. Para cerciorarse, ella insistió en preguntar a cada grupo. Sevillanos, valencianos, madrileños, asturianos, catalanes, manchegos... Ninguno, de entre los treinta que participábamos, nos mostramos interesados en los toros. 

No hubo salidas de tono ni exabruptos, solo indiferencia.

lunes, julio 11, 2016

Risa

Hubo en tiempo en que me atraía el dolor.

La universidad se ofrecía como un tiempo infinito, la gente entraba y salía de mi mundo sin descanso, los miedos peleaban con el proyecto de no saber muy bien qué querer ser, de tan grandes que se abrían las puertas de la vida para mí; el sexo aparecía como enemigo, a la muerte la sentía perseguirme y los complejos desafiaban a mi espíritu racional; las llamadas de los viernes que no llegaban para tomar copas, los amigos que dejaban de jugar a ser niños y una familia que parecía deshacerse.

Entonces aparecían personajes aún más desgraciados que yo, y me enamoraban. Cuantos más dramas familiares, más puntos ganaban; sus temores, impotencias y desconsuelos me hacían más fuerte. Era menos desgraciado teniendo a ellos, los marginados de la alegría, a mi lado.

Hubo, sin embargo, rendijas que fueron dejando entrar el sol: mis mañanas remando por el Guadalquivir, los viajes por Europa descubriendo un mundo impresionante, las novelas deslumbrantes del fin de siglo americano, las noches locas de alcohol junto a mis hermanas...

Sin darme cuenta, los años fueron desescamándome de nubes negras que me buscaban para hacerse resonar sus penas. Me aburría la tragedia de sus vergüenzas. Fui, como por ensalmo, acercándome como una lapa a gente que sonreía, que lo hacía todo el rato y sin venir a cuento. Descubrí lo hermoso que es vivir al lado de quien se apunta a todo y no pregunta a cambio de qué.

Ayer regresábamos a Sevilla, desde Marbella, por el camino de Ronda. Empezaba a anochecer y propuse una parada para tapear. Fran y Nuria aceptaron la propuesta por aclamación.