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lunes, noviembre 06, 2023

Mazazo

Hasta que a uno no le llega la primera gran enfermedad no se da cuenta de que no es inmortal.

No vale experimentar con los males de los otros, por muy cercanos que sean. Debe ser tu cuerpo, el que recibe el mazazo, el que asuma su debilidad.

Una sensación animal de terror que te agarra un buen tiempo hasta que aceptas que sí, que estamos al albur de la naturaleza, maravillosa y traicionera, muñecos en manos del destino.

Pasada esa caída al precipicio de los que se saben frágiles, ya la vida es otra. Quizás no tan hermosa, tal vez más carnal. Todo se vuelve terriblemente básico, los sentidos se agudizan y sale de ti alguien bravo que no sabías que escondías en tus adentros. 

Alguien que se ríe de todo sin dejar de querer.

lunes, enero 23, 2023

Llorar

Ver a la persona amada llorar es de una belleza que aturde, de no ser porque no quieres que ocurra nunca.

Ese desmoronarse en lágrimas, con toda la fragilidad al descubierto, es la apoteosis de la comunicación. Observar cómo se quita las corazas y queda desnudo de toda defensa frente a ti. Tomarlo por las axilas, aguantar su derrumbe, ayudar a orientarlo de nuevo, a que tome pie y se enderece es de las experiencias más impactantes por las que puede pasar un ser humano.

Tengo la fortuna de que han sido pocas veces.

Mostrar tu fortaleza para decir aquí me tienes, llora lo necesario, olvídate del mundo, deja por un rato de pelearte con la vida, echa el dolor fuera, súdalo, no tengas vergüenza de ser terriblemente humano.

Quiero que seas, también, débil. Quiero que seas débil como yo.

jueves, octubre 20, 2022

Autoridad

Era un niño muy pequeño de estatura, con un parche en uno de los cristales de mis gafas, que vivía feliz, porque tuve la suerte de nacer con una fuerza interior que actuaba como repelente de los malos de la clase.

Tenía todas las papeletas para ser el hazmerreír, bizco, con patitas de gorrión, introvertido. Por entonces no sé si supe analizar la situación, solo soy consciente de que me acoplé una armadura invisible que me hacía evitar cualquier chanza sobre mí. A pesar del ojo tapado, debía de tener una mirada aterradora con tan pocos años.

Es más, mi debilidad la convertí en fortaleza y los grandes me protegían. Echo la vista atrás de esos años de entonces y me siento un chaval terriblemente cuidado por sus compañeros de clase.

Es una consigna de vida que he mantenido hasta el día de hoy, que nadie me falte al respeto. En muy contadas ocasiones se ha roto la magia.

Cuando leo noticias en el periódico de niños que sufren bullying, me gustaría acercarme a su cole y decirles que no se arredren, que no muestren sus miedos ni debilidad, que no den un paso atrás, aunque, en el fondo, sé que no todos nacieron con mi armadura invisible ni esa mirada de un solo ojo que quitaba la fuerza a los de siempre.