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sábado, julio 12, 2025

Caracola

Llegaba a la sala de reuniones donde estaba citado en la fábrica de Tánger y un directivo marroquí se levantó a darme la bienvenida.

—¡Hola, caracola!

Yo le respondí con una sonrisa mientras su jefa, española, se excusaba.

—Eso te lo digo yo a ti de forma cariñosa —le explicaba, en francés—, pero no es para utilizarlo con desconocidos.

—Ya no somos desconocidos —medié, para quitar hierro al asunto.

Así ocurre en nuestros días, que la gente repite expresiones como cacatúas sin saber cómo ni por qué.

martes, julio 30, 2024

Achicharradinho

Hemos encontrado nuestro paraíso en una playa de difícil acceso de Ferragudo, frente a la marina de Portimão.

Con espacio más que sobrado para poder leer sin tener que estar pendientes de un balonazo ni estar obligados a escuchar las conversaciones de los de la toalla de al lado, vuelves a reconciliarte con el olvidado placer de leer, bañarte, adormilarte, charlar y tomar el sol.

Muy adecuado a su nombre, allí hemos encontrado un chiringuito rudimentario, de los de antes, con mesas de patas en la arena, que hace honor a su nombre, 'El escondidinho'.

La señora que nos atiende, seca y simpática por igual, nos riñe cada vez que pedimos de comer. 

—¿Eso vais a pedir otra vez?

La primera vez que fuimos, hace unos meses, nos puso un calamar chamuscado y decidimos no volver. Decidimos darle otra oportunidad, hasta que hoy nos puso unas sardinas negras como el carbón.

Lo perdonamos. Queda por encima el placer de sentirnos en el paraíso.

Basta con cambiarle el nombre al chiringuito, 'El achicharradinho'.


jueves, junio 20, 2024

Pasos

Mi hermana Mónica es la voz de la conciencia de nuestra salud.

Nos reímos cada vez que nos da una pauta nueva para comer o una sugerencia para llevar una vida sana, pero acabamos, casi siempre, haciéndole caso.

Hace tiempo me metió en la cabeza el compromiso personal de hacer seis mil pasos al día.

—Pasas muchas horas sentado —me explica.

Así que tengo integrado que, antes o después, tengo que pegarme esa caminata, que suelo disfrutar como un bálsamo contra el estrés.

Ocurre, sin embargo, que hay días en los que llego agotado a casa, miro el móvil y, como ayer, solo he hecho 5.800 pasos.

—Borete, voy a sacar la basura —me dice Fran.

Yo, tumbado en el sofá, miro la hora, a punto de la medianoche, y le digo, medio en broma, medio en serio.

—Llévate mi móvil, porfa, y regálame doscientos pasos.

domingo, marzo 31, 2024

Tiendas

'Camisas que no necesitan plancharse', vimos en un escaparate de Bolonia.

—Me vendrían bien para el trabajo —comenté a Fran.

—¡Pues entra!

Negué con la cabeza y continuamos el delicioso paseo mañanero.

Soy tan tonto que, por mínima simpatía que tenga el dependiente, cuando atravieso la puerta de un negocio es como si firmara con sangre la futura compra de uno de sus productos.

Ya por la tarde, me acordé de las camisas. 

—¡Vamos! —insistió Fran.

Hoy ya estoy en el trabajo con una de las dos que me compré, algo arrugada ya.

viernes, febrero 09, 2024

Católico

Llegado bien de mañana a Barcelona un domingo reluciente, me lancé a atravesar las Ramblas tras leer la prensa con un tazón de Cola-cao en el café Zurich.

Mis pasos me dirigieron, tras saludar a Colón, hacia la basílica de Santa María del Mar, pura poesía en piedra, un espacio austero de techos altísimos donde me senté a descansar mientras mis ojos iban por libre atisbando cada detalle.

Un intento fallido en el Museo Picasso, ¡cortaron la cola justo delante de mí!, me llevó a la plaza de la Catedral. 

Dos chicas impedían el paso a todo el que no entrase a misa, lo que no me desanimó. Con mis mejores palabras, les comenté que hacía años que no pisaba Barcelona, que me quedaría apenas un minuto al fondo del templo, sin hacer fotos. Ellas se miraron, sonriendo, con cara de decirse ¡vaya petardo de tío, la chapa que nos está dando!

Entonces, conocedor de la importancia que le doy al respeto, me hice, por un momento y por partida doble, mentiroso.

—Perdonad, pero voy a entrar, soy católico y he venido a rezar.

Y allí las dejé, tan ancho, mientras subía las escaleras camino de la Catedral.

martes, noviembre 28, 2023

Breaking bad

Buscando el pollo al sultán, mi primera noche en Bursa, di con un restaurante de techos bajos, mesas antiguas, comensales occidentales y camareras con cofia, un local con un 'charme' indiscutible. 

—Queda una sola mesa.

Allí que me senté, reventado de subir cuestas y empapado por la lluvia.

—Conocerá usted 'Breaking bad' —me comentó el camarero, en un inglés atropellado de acento turco—, ¿verdad?

—Claro —respondí, movido por la curiosidad, sin querer explicarle que no había visto ni medio capítulo de esa serie.

—Es usted uno de los protagonistas, ¿verdad?

—No —me quedé de piedra—. No soy yo.

No quise investigar con quién me había confundido por no llevarme un disgusto.

Cuando me sirvió el vino, insistió. 

—Al menos, no venderá usted metanfetaminas, ¿verdad?

—Jejeje. ¡No! —me estaba desquiciando. 

Aproveché un instante en que no me veía para tomar el móvil. "Actor, Breaking Bad, Metanfetaminas" y Google empezó a sacarme fotos del actor. Algunas me horrorizaban, otras no estaban mal. Me sorprendió que alguien me confundiese con ese hombre.

Tras pagar, fui a despedirme de él a la barra. Estaba solo, con muchos clientes, y no dudó en dejarlos a todos para acompañarme a la puerta, que, solícito, me abrió.

—Ha sido un placer, señor.

Yo le lancé una sonrisa ambigua, no todos los días uno puede darse el gustazo de venir de Hollywood.

miércoles, noviembre 15, 2023

Pollo

Cuando me preguntan cuál es mi comida preferida, respondo sin dudar.

—¡Pollo al sultán!

Estábamos en la azotea de un hotel de la ciudad turca de Bursa, en una cena de trabajo, y fui el único que se pidió ese plato. Soy tan apasionado en mis reacciones que, al terminar, todos mis compañeros estaban arrepentidos de no haber pedido lo mismo.

La semana que viene, años después de ese episodio, vuelvo a trabajar en la vieja ciudad de Bursa. En cuanto lo supe, busqué por Internet el hotel y la carta de su restaurante. 

—¡Ha desaparecido el pollo al sultán!

La leyenda se agranda.

martes, octubre 10, 2023

Yo tenía un jefe, al que apreciaba un montón, que siempre empezaba las respuestas por un 'no'. Fuese lo que fuese:

—No, Salva.

Bastaba luego con cruzar dos frases para llegar a un acuerdo.

Era divertido, porque una vez que le descubrías ese vicio, podías jugar con él (sin que se diera cuenta). Así, yo construía las preguntas en un sentido y en el inverso para explotar sus contradicciones.

Un día, en una comida de empresa, con dos cervezas de más, se lo dije.

—Siempre comienzas las respuestas con un 'no'.

Estuvo a punto de decirme que no, pero se contuvo, para no caer en su propia trampa. Me dejó que le expusiera mis argumentos, con varios ejemplos, y acabó por medio admitir que podía ser verdad.

Hay veces en las que deberíamos analizarnos a nosotros mismos, incluso, por qué no, con ayuda de los amigos, para encontrar esos tics que nos hacen peores, sin ser malas personas.

Porque sí, empezar cada frase con un 'no' es una mala manera de conversar.

domingo, octubre 08, 2023

Derecha

—¡Era a la derecha! —me gritan, más de una vez, cuando giro hacia el lugar equivocado.

—¿No era hacia esta derecha? —pregunto, con sorna, tras haber dado el volantazo a la izquierda.

Sí, a mi edad, aún me cuesta diferenciar de forma intuitiva las direcciones. 

Cuando escucho al hombre del tiempo decir que va a llover por el oeste, tengo que llevar a mi mente a las películas de vaqueros y recordar hacia dónde iban atacando a los indios. Si hablan de la zona oriental de la región de Murcia, tengo que pensar en Japón para saber por dónde queda el oriente.

Es otro de mis defectos de fábrica, no tener el instinto de saber hacia dónde salir corriendo cuando lo griten desde un altavoz.

Moriré sin saber dónde tengo mi mano derecha.

miércoles, septiembre 27, 2023

Anécdota

Todo el mundo quiere venir a casa para ver los vasos de Venecia.

Un familiar nos había conseguido, este verano, una entrada VIP para visitar una fábrica de vidrio soplado en la isla de Murano. Nos recibieron como a marqueses, con el único coche de la isla en la puerta. 

—Por venir de parte de quien venís, tendréis un descuento del 50% en todo lo que compréis —nos dijeron, como bienvenida.

Yo, ufano del arte decorativo, pregunté por el precio de una lámpara.

—Son 350.000 euros —me respondieron, y yo tragué saliva.

Tras invitarnos a soplar nuestro propio objeto, nos pasaron a una sala de exposiciones. Fran preguntó por un globo de vidrio azul.

—4.000 euros.

¡La madre! 

Yo, que soy un bienqueda, no quería irme de allí sin comprar algo, obligado por el trato que nos estaban dispensando. Me fui al vaso más simple que vi.

—Vale 130 euros.

—Me llevo dos —respondí, valiente, ante lo que Fran mostró su desacuerdo con la mirada—. Nos rebajan el 50% —le aclaré.

Al ir a pagar nos dijeron que, precisamente a ese vaso, no se le podía aplicar el descuento.

Así que nos vimos en el vaporetto de vuelta a Venecia con un regalito envenenado de 260 euros. 

Cada vez que lo contamos, la gente se muere de risa. Porque nos conocen, mi rol de persona más cumplida que un luto, el de Fran, desconfiado de ese tipo de movidas.

Anoche estuvieron en casa Joaquín y Antonio. Nada más llegar, preguntaron.

—¿Dónde están esos vasos?

Fran me miró.

—Al menos, hemos pagado la anécdota.

viernes, junio 09, 2023

La Caoba

Estábamos en una barbacoa dominguera, a rebosar de gente, y yo lo tuve clarísimo al tenerla de frente.

—Ayer te vi en el cine.

Ella me puso cara rara.

—Imposible, ayer no fui al cine.

Me hizo gracia su salida, así que le dije la película que vi.

—Tú estabas al otro lado de la pantalla. Me encantó tu interpretación.

—¿Cómo dices que se llamaba el personaje?

En ese preciso momento me di cuenta de que ella no era actriz. Traté de salir del paso con unas risas, pero no había salida posible.

—Esta semana iré a verla —me dijo.

Yo no sabía donde meterme, porque supe desde ese momento que me maldeciría cuando comprobase con quién la confundí.