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domingo, mayo 03, 2026

Correos

─Mira ─dije a Fran─, el famoso director de Correos.

Afortunado por ir cada semana a enviar novelas dedicadas a mis lectores, conozco al personal de la oficina cercana a mi casa desde hace años. El ambiente es apacible, hasta que aparece el director dando gritos.

Todos los que paramos por allí sabemos que es el director, porque él se encarga de aclararlo cada vez que tiene ocasión.

Que es siempre.

Lo que él no ve son las miradas que se cruzan entre los empleados cada vez que él se va.

domingo, octubre 26, 2025

Linkedin

Las redes sociales suelen servir para alimentar el ego, pero hay algunas, como LinkedIn, donde este puede alcanzar cotas de narcisismo.

Entiendo su utilidad para la búsqueda de empleo o para tratar de generar contactos en tu mismo nicho profesional, lo que ocurre es que el ser humano es víctima de su propia petulancia y la aplicación se convierte en una auténtica hoguera de las vanidades.

Llena de frases grandilocuentes para presumir de cada proyecto, de verbos excesivos para declarar tu amor por la empresa, de descripciones más que trabajadas de puestos directivos para hacer ver al mundo tu valía.

Los 'I'm excited to share this with you' lo inundan todo y yo, honestamente, no me 'excito' tanto con el día a día de mi empresa, por mucho que sea el primer interesado en que nos vayan las cosas bien.

sábado, octubre 12, 2024

Pirámide

Mi larga experiencia profesional me permite concluir que, cuanto más alto se está en el escalafón, más puñaladas, sibilinas, se observan por metro cuadrado.

Así de triste.

Si vemos las empresas como pirámides, conforme se estrecha el espacio, al subir de altura, hace que los que han llegado hasta allí no se fíen del de al lado y pisoteen antes de verse pisoteados, siempre ansiando subir un escalón más.

Tengo compañeros formidables, que bien he cuidado de mantenerlos siempre a mi lado, lo que no evita, para mi desgracia, la crueldad de mi reflexión.

El ser humano se hace menos de fiar cuanto más poder tiene.

lunes, noviembre 21, 2022

Vanidad

Pienso que no es malo que exista un mecanismo subconsciente vanidoso que busque el premio cuando se realiza una buena acción.

El caso es actuar con bondad, aunque en lo más profundo de nuestros gestos haya un deseo involuntario de ser reconocido, amado o premiado con una sonrisa.

Qué más da si alimentamos nuestro ego al ofrecer la mano, ya sabemos que somos imperfectos y los santos no existen en la tierra.

Los humanos deberíamos ser más compresivos con nosotros mismos, aceptar nuestra necesidad de cariño, de ser queridos, valorados, recompensados. ¡Pues claro que sí!

A todos nos gusta que se nos devuelva un guiño cuando actuamos con coherencia.

Siempre será mejor canalizar nuestros defectos hacia lo bueno, que no nuestras virtudes en no solucionar nada.

jueves, noviembre 10, 2022

Contrario

Quien diga lo contrario, miente.

Qué frase más fea.

Encuentro pocas situaciones en las que se pueda usar. Es tajante, capadora y vanidosa.

El ser humano es muy de sentenciar, de marcar barreras, de clasificar entre buenos y malos, de señalar con el dedo, de aceptarte con condiciones.

Con lo bonita que es una batalla de argumentos donde el único arma sea la palabra. Escucharse sin interrumpirse, empatizar con el de enfrente.

Quienes utilizar frases tan rotundas suelen tener los pies de barro y se agarran a expresiones tan zafias para protegerse de su propia inseguridad.

domingo, marzo 20, 2022

Estar

No hay razones para sentirse inseguro en una conversación entre desconocidos.

Tal vez me lo diga a mí mismo.

Hay muchas ocasiones en las que rompemos el silencio con frases simplonas, que no reflejan la valía que hay en nosotros, y que salen por pura incomodidad cuando nos encontramos en un ambiente extraño, entre personas que no conocemos lo suficiente, donde aparece ese 'yo' nuestro que no sabe cómo hacer para salir airoso, no parecer tímido ni arrogante.

Yo trato de practicar la naturalidad, que comienza por no destacar, sino observar y escuchar. Entender de quién te rodeas, con todos tus sentidos puestos en ello, para pasar más tarde a la estrategia perfecta de la repregunta.

¿Y cómo se vive en Albacete? ¿Estudiaste ingeniería en Vigo? ¿Desde cuándo trabajas en Repsol? ¿Hace mucho que te jubilaste? ¿De dónde viene tu afición a la música? ¿Tanto te gusta la novela negra?

De pronto, esa persona a la que acabas de conocer se ve halagada por tu interés, te responde y rompe de esa manera esa esfera de cristal que se establece entre desconocidos.

Querer destacar por ti a las primeras de cambio es de muy torpes, destaca por tu interés en los demás y cogerás rápido tu sitio.

Es una técnica que no falla.

jueves, febrero 24, 2022

Vanidades

Al haber organizado el viaje sin apenas tiempo, la agencia de viajes sólo pudo conseguirme ayer un billete en el vagón 'Confort' del AVE.

Toda una experiencia.

Viajar en ese primer coche del tren de alta velocidad es introducirte en la hoguera de las vanidades, con riesgo alto de salir escaldado, cuanto menos horrorizado.

No puede haber más tontería por metro cuadrado. Ejecutivos maqueados que se hablan entre sí con ínfulas de salvadores del mundo y que ejercen un constante postureo en el que se llevan horas hablando sin decirse nada. Todos descuelgan varias veces el teléfono para hablar de acciones, de agendas apretadas, de congresos, seminarios, comités de dirección y compromisos de altos vuelos.

Lo importante no es quien está al otro lado de la línea, si es que alguien, lo importante es que se entere el del asiento de al lado.

Tras de mí había una pareja, compañeros de empresa, que se llevaron todo el trayecto hablando de trabajo, en voz bien alta, sin darse cuenta de lo ridículo que llegaban a sonar. Al menos a mí, porque quizás el resto del vagón tiene ese mismo lenguaje ampuloso de gritar frases sin contenido.

-A nivel 'people', ¿qué podemos hacer? -planteaba ella.

-Yo sí sé de que manera me gustaría hacer el 'approach' -aclaraba él.

-Pues tienes que darme esos 'inputs' -reclamaba ella.

La pena es que este país que tanto queremos está dirigido, en gran parte, por élites económicas que están a años-luz de la realidad de las cosas, introducidos en sus burbujas ideales en las que lo más importante es aparentar que la vida es 'amazing', narcotizados por su propio cuento de hadas.

Qué bonito sería que lo admirable fuera el saber y no el poseer.

miércoles, junio 23, 2021

Estupidez

Hay personas con abundantes valores personales que, sin embargo, basan su fuerza en la estupidez.

Van de estúpidos por la vida.

Con esa aureola, que ellos pretenden atractiva, de mostrarse inaccesibles a aquéllos con quienes se relacionan, abusando de sus cualidades para intentar crear el mito.

Suelen ser personas inteligentes, muy preparadas, repletas de capacidades. De no ser así, no se podrían permitir esa chulería. Si los ves en las redes sociales siempre tienen cara de mosqueo, con miradas perdonavidas y frases inapelables. Son los que no responden a los mensajes, los que no ponen me gusta en las redes, los que hacen que no te ven por la calle, los despegados. Los incapaces de piropear.

Son individuos que entendieron mal lo de 'hay que quererse a uno mismo' y lo transformaron en un ego descontrolado. 

No están tan lejos, a mí se me vienen a la cabeza personas muy concretas, algunas que me leen a diario, con las que trato de vez en cuando. Ésas que parece que te van a cobrar por escucharte, que no regalan una sonrisa, que no preguntan cuando le cuentas algo; porque todo eso implicaría demostrar un interés que ellos no tienen por ti. Por nadie.

Incapaces de decirte lo que les gusta de ti, observan el mundo desde su muralla.

A ellos todo les aburre, salvo que seas alguien más estúpido que ellos o tu apellido se escriba en ruso. Entonces pierden el culo.

Y, de pronto, un día, te dicen que le caes muy bien, que eres un encanto, te guiñan un ojo para demostrarte que, como un regalo inesperado, mereces un hueco, pequeño, eso sí, en su corazón. Te hacen ver, por una vez, que existes.

Lo jodido es que, muchas veces, nos camelan y te tomas su sonrisa como un premio.


jueves, marzo 25, 2021

Triunfadores

Me asustan los triunfadores que creen que los demás no lo son porque no quieren.

Me dan miedo los fuertes que desconfían de la naturaleza del débil, que no admiten que se pueda no poder.

Es peligroso no agradecer las cualidades con que se nace, porque no todos tienen la suerte de venir al mundo con un alto coeficiente intelectual, una salud de hierro o un carácter sólido.

No todo se puede trabajar, ni todo se puede conseguir. 

Ese sueño americano ha hecho mucho daño, porque elimina de raíz la posibilidad de integrar al débil, al que no es brillante por mucho que se lo proponga. 

Al que no llega se le pinta con un barniz gris transparente. Deja de contar.

Me incomodan, igualmente, aquéllos que quitan mérito a quien llega lejos, los envidiosos profesionales que no saben mirar su propia vida con ojos críticos y creen que los males del mundo se han aliado contra él.

Admitir que nacemos con capacidades diferentes, tanto unos como otros, es un principio básico para entender el alma humana y así construir una sociedad más justa. No hablo de política, sino de humanidad.

El que triunfa debería ser humilde, el que no llega debería querer aprender.


domingo, marzo 21, 2021

Veneno

Cuando alguien nos ríe una gracia se nos pone, inconscientemente, cara de tonto.

Estamos desprotegidos ante la vanidad, que es un veneno adictivo que viene muy mal cuando no lo encontramos en nuestro botiquín.

Es peligroso el halago cuando no se tienen las bases sólidas, porque cuando nos dicen qué buenos somos en algo tenemos tendencia a quererlo escuchar a menudo.

Quien no trabaja su conexión con la realidad de las cosas puede acabar endiosado, y volverse un pelma sacando pecho a propósito de lo suyo. De contar chistes, de darle bien a la pelota, de tener siempre una frase ocurrente, de vestir divino o de tener un cuerpo de infarto.

Yo, contradictorio como soy, tengo tendencia a cantar las virtudes de aquéllos a quienes admiro. En el campo que sea. Pero con una condición no hablada, que lo agradezcan. Porque si llego al punto en que le comento alguien lo bien que lo hace y no valora mi comentario, entonces no se lo vuelvo a decir.

Esa persona ya está envenenada.

lunes, julio 07, 2014

Vanidad

Estoy construyéndome una teoría simplona, como suelen ser las mías, que aún no tengo finiquitada.

Vendría a confirmar la naturaleza perversa del hombre a partir de los impulsos irracionales ante los halagos. Nada que no se sepa ya de la vanidad humana.

Pero sí, es cierto, a mi entender, que cuando recibimos un piropo, una crítica positiva o un reconocimiento inesperado, nuestra primera reacción, ésa que no se piensa y se elabora en décimas de segundo, es la de crecernos.

Luego, más tarde, la mayoría de las veces, viene el ataque, casi siempre falso, de humildad; y el agradecimiento.

El tic primero, sin embargo, el que nos delata, es el de la egolatría y aumento de la caja torácica.

Como aún no tengo del todo elaborada mi teoría, no sé si es pesimista o no. ¿Es bueno que nuestra naturaleza más física tenga reflejos soberbios? ¿Es la rectificación posterior –humildad y agradecimiento- buena muestra de nuestra capacidad de corregir los impulsos egoístas?

Alabar lo bueno en el otro es una muy buena medicina para practicar, cuando se dice de corazón y está bien argumentada. Recibir el halago, en cambio, es medicina a tomar con calma, admitiendo que el cosquilleo de felicidad que nos produce tiene que hacernos evolucionar hacia una mayor limpieza de espíritu.

Si alguien te admira lo más importante, quizás, sea esa persona que se fijó en ti.

domingo, junio 01, 2014

Bengalas

Habíamos decidido tomar una copa como extranjeros en nuestro propio país. Puerto Banús no ofrece opciones propias de turismo nacional, por lo que acercarse allí de fiesta es hacerlo a un lugar pensado para ingleses pijos, rusos de bolsillos rebosantes o buscadores de prostitución de lujo (o no tan lujo).

Nos acercamos al News Café, donde la camarera, una joven española, rápidamente nos aclaró, antes de pedir, que la oferta de alcohol era básica ('esto está montado para guiris') y con menos presteza nos explicó, una vez servidos, que el precio era astronómico.

El bar, donde muchos años atrás pasamos una noche de aúpa, tiene una terraza estrechísima que permite asomarse a los fumadores y a los que, como nosotros, queríamos observar desde alto la pasarela de vanidades que tantos ingresos supone para nuestra economía; lo que nos permitió disfrutar del tortazo que le dio la rubia encargada de la puerta a un viejo que le cogió el culo creyéndolo incluido en la oferta de glamour vacuo del puerto deportivo.

Justo al otro lado del cristal tres inglesas (las caras no dejaban lugar a dudas sobre su nacionalidad) no ocultaban su tedio embutidas en sus trajes de fiesta apretados, con sus piernas blancas y fondonas cruzadas en busca de alguien que les hiciera caso, sin hablarse entre ellas, con el móvil como única compañía al que acudían de vez en cuando.

Un rato después apareció a lo lejos un camarero transportando una bandeja con tres copas gigantescas coronadas por bengalas encendidas que hacían temer por la seguridad contra-incendios del local.

Las inglesas se atusaron y aplaudieron mientras pedían al camarero que las fotografiara con toda esa parafernalia antes de que se acabara la pólvora.

Un minuto después, mientras volvían a sus caras de cuerno jugando cada una con su móvil, Fran me comentó acertadamente:

'Ya están en Londres las imágenes de su divertidísimo fin de semana en Marbella'.

Un retrato impecable, pensé, de la sociedad de nuestros días.


domingo, febrero 02, 2014

Lomo

Los principios de año en las grandes empresas suelen ser el momento de recapitular lo trabajado el ejercicio anterior, analizar los resultados y comprometer los objetivos del año próximo; algo que se suele hacer, cada vez más, de forma profesionalizada, sujeta a unos estándares e individualmente, aprovechando ese rato compartido para conversar con tu jefe o los miembros de tu equipo, en un cara a cara, acerca de las dudas, reproches o ilusiones que cada uno pueda tener dentro de su carrera profesional, espacio temporal que ocupa, para los afortunados que tienen trabajo, un porcentaje significativo de su vida personal.

Resulta curioso, independientemente de las peculiaridades de cada uno, lo mucho que se quiere cada uno en esos momentos a puerta cerrada en que cada empleado se enfrenta a su jefe. Son mayoría los que ven su labor como imprescindible y, de forma general, sienten que la empresa no los valora como se merecen.

'Y aquí sigo yo partiéndome el lomo'.

A pesar de la vanidad encerrada en esa expresión y de cierto desprecio que supone hacia el esfuerzo de los compañeros, quizás sea bueno que, tanto a nivel profesional como personal, uno se sienta el centro del universo. Ese creerse indispensable los motiva más que cualquier remuneración extra o palmada de agradecimiento en la espalda. Sentir con total honestidad, aunque no sea cierto, que el mundo gira alrededor de uno.

El problema es cuando esa sensación se envenena con frustraciones personales y envidias que no tienen nada que ver con el entorno del lugar de trabajo. De ahí surge ese cinco o diez por ciento de personas que se dedican a poner palos en las ruedas de colectivos que luchan por sacar negocios sanos adelante.

En los negocios insanos o empresas explotadoras, que siendo muchas son minoría, ese razonamiento es totalmente inválido; porque es en éstas donde se necesitan empleados valientes que sepan poner límite a los abusos.

lunes, noviembre 11, 2013

La rabia

Cada vez estoy más convencido de que la felicidad la dan, en su justa medida y sin que lleguemos a levitar, los años.

Yo, que valoro a la gente apasionada y que me gusta que me definan como tal, entiendo que no es buena consejera la rabia para afrontar situaciones complejas.

No han sido pocas las veces en que me he lanzado a la yugular de personas impresentables, que me han hecho daño, en que he salido escaldado.

Los cambios, las mejoras, los proyectos, los retos hay que construirlos con cabeza, aunque lo que nos mueva a evolucionar sea la pasión.

La gente torticera y gris se mueve bien entre turbulencias, es su campo natural de juego, del mismo modo que los desafios importantes requieren concentración para no acabar a la deriva llevado por las decisiones tomadas por un impulso descontrolado.

Las cosas bien hechas no se suelen conseguir desde la improvisación ni se ganan batallas sin estrategia.

Los años me dicen que las mejores partidas las he jugado con calma, la mente fresca y un corazón de hierro. A las personas o situaciones provocadoras les cae muy mal encontrarse con personas de bases firmes.

Son tantos días los que pienso que mis proyectos futuros se podrían haber ido al traste de haberme dejado arrastrar por la rabia... que me asusto, resoplo y me contengo.

domingo, mayo 19, 2013

Rocío

Resulta sencillo criticar al otro, pero la crítica propia casi siempre se toma como agresión.

Echo en falta en los medios andaluces una visión crítica con determinados fenómenos asociados a nuestra cultura.

La romería del Rocío, por ejemplo.

Desde el respeto, todo se puede analizar y todo es opinable, de ahí que me resulte extraño que no haya una mirada crítica hacia esta tradición centenaria de la Andalucía más occidental.

Quizás porque haya miedo a que a uno se le tache de menos andaluz, de amargado, cascarrabias o bicho raro, el caso es que en la prensa andaluza, incluso diría que a nivel nacional, no se trata este fenómeno desde un punto de vista analítico.

Lo escribe quien tiene amigos, pocos, a quienes el Rocío les parece una de las experiencias personales cumbres cada año.

Mezclar fiesta y religión no es algo nuevo ni el Rocío deja de ser una romería entre miles que existen en nuestra geografía, sin embargo resulta poco edificante ese espectáculo de vivas a la Blanca Paloma estando hasta las trancas de alcohol.

Los lunes de Pentecostés prefiero ni encender el telediario, porque no me enorgullezco del espectáculo que todas las televisiones ofrecen del salto de la reja. Empujones, fanatismo, gritos exaltados y música por sevillanas.

Es suficiente, para algunos como yo, tomar un poco de distancia para comprobar el espectáculo dantesco que supone esta tradición.

¿Es cultura? Seguramente sí. ¿Es reprobable? Seguro que no. ¿Tiene derecho la gente a divertirse y olvidarse del drama diario que para algunos supone mantener una vida digna? Y tanto que sí.

No digo lo contrario, cada cual es libre de ejercer sus tradiciones, cantarlas a las cuatro vientos y apoyarlas con todas sus fuerzas.

Pero también tengo yo derecho a compartir mis impresiones, nada positivas, acerca de lo que representa esta tradición, a mi entender caduca, altiva, desfasada, excesiva, poco ejemplar, vanidosa y vacía.

No dudo de que haya quien la viva con intensidad espiritual, ni de la capacidad de muchos para soslayar la parte religiosa y entregarse al cachondeo; y de sobra está pensar que cada uno hace con su cuerpo lo que quiere.

Simplemente manifiesto mi extrañeza porque no haya una parte de la opinión pública crítica, mi sentimiento de turbación al contemplar las imágenes, la convicción de que es una publicidad pésima para mi tierra y mi ilusión de que con el tiempo, dentro de algunos siglos, seamos un poco menos folclóricos y algo más civilizados sin perder nuestro espíritu alegre, vividor y luminoso.

domingo, marzo 03, 2013

Kilos

En la edad adulta pasamos, salvo excepciones, mucho tiempo dedicado a pensar, y luchar con más o menos fortuna, contra los kilos, las arrugas o todo síntoma de deterioro que nos haga sentir peor en nuestro propio cuerpo, en una guerra imposible de ganar a pesar de las múltiples batallas victoriosas.

Cada año se hace más difícil el equilibrar el placer con la imagen, los sacrificios se vuelven menos efectivos y el espejo deja de ser un cómplice para convertirse en martirio, pero aún así el ser humano mantiene su lucha por volver a ser como antes en ese tobogán del descenso al que nos agarramos con fuerzas para tratar de no caer todo lo rápido que la pendiente impone.

Sí, hay quien tiene aliados en la genética para librar esa batalla con otras armas, pero cada cuál tiene su escala de ansiedad ante el declive y lo que para unos es una pequeña arruga para otros es el cañón del Colorado.

Los humanos nos esforzamos de continuo por mantener nuestra imagen como los perros van tras una pelota que le tires en la playa. Caemos en ese juego una y otra vez.

Sin embargo eso nos hace estar vivos, tal vez formando parte de nuestro instinto de supervivencia. Luchar por ser siempre tan jóvenes como lo fuimos hace poco es la forma instintiva de rebelarnos ante el precipicio de la muerte, y así debe ser.

La gente que se cuida, sin excesos ni obsesiones, es gente que transmite energía. Prefiero a personas presumidas que desastres, aún a sabiendas de que la principal razón de la hermosura siempre esté dentro del corazón, porque cuando uno se preocupa por estar físicamente bien implica que le importa el mundo.

Dejarnos ir es el principio del fin.

viernes, febrero 08, 2013

Universos

Es curioso pensar cómo todos los seres humanos nos sentimos centros del Universo.

Roza lo ridículo pero, al mismo tiempo, es sano.

Solemos hablar de nuestras vidas con cierta complacencia, explicamos nuestro día a día con un lenguaje  grandilocuente y nos reímos poco de nosotros mismos.

Incluso las personas más anodinas construyen su propia realidad en base a sentirse importantes, lo que tal vez tenga que ver con nuestro espíritu de supervivencia. Si nuestras rutinas diarias no estuvieran adornadas con ese barniz de autosatisfacción seguramente nos costaría muchísimo levantarnos cada mañana para volver a repetirlas.

Puede resultar, incluso, que el más lúcido sea quien menos bases energéticas encuentre para enfrentarse a diario a las exigencias menos transcendentes.

Somos millones de universos pequeñillos que viajamos por este espacio terrenal deslumbrándonos con nuestras luces propias, sin ver otras estrellas más brillantes que no hacen más que entorpecernos en el constante ir y venir hacia, muchas veces, ninguna parte.

Afortunadamente somos así.

miércoles, marzo 14, 2012

Palabras raras

No es sólo característico de los políticos o economistas, sino esencialmente de aquél que no sabe de lo que habla, el utilizar palabras incomprensibles.

Produce varios efectos: distrae tu atención del tema principal, que no domina, provoca inseguridad en ti evitando que le rebatas, produce un efecto sonoro llamativo, aunque artificial, y refuerza su propia imagen a ojos de quien no quiera ver más allá.

Ser culto es apreciar, entre otras cosas, quién es tu interlocutor y qué grado de conocimiento tiene de las cosas. Es saber adaptar tu lenguaje a esa persona.

Tuve esa conversación con el dire de la peli que estamos montando, Manuel, cuando hablábamos de determinados técnicos. Él me lo decía con meridiana claridad: cuando te empiezan a explicar en qué consiste su trabajo con palabras ininteligibles o sumamente especializadas, es que no tienen ni idea de lo que hacen o son malos en lo suyo.

Es cierto.

Un buen médico te sabrá explicar con un lenguaje sencillo el porqué de tus dolencias; siempre que conozca el porqué, claro.

Es un ejercicio que deberíamos practicar cuando charlamos de nuestras cosas con gente que no está en nuestro mundo profesional, o de aficiones o querencias.

A mí me gusta que la gente cercana o la que acabo de conocer me hable de su trabajo, sus estudios, sus inquietudes. Si ante esa pregunta empieza a expresarse con acrónimos o da por supuestos en mí determinados conceptos, me mosqueo.

Saber explicar con palabras simples no es ser simple, es ser interesante.

viernes, marzo 25, 2011

Química

A las personas se las puede clasificar según infinitos criterios, pero uno de los más sencillos sería el que las divide en interesantes y las que no lo son.

Se trata de un criterio subjetivo, pero nadie mejor que uno mismo para saber quién te llama la atención o no. Por sensibilidad, belleza, inteligencia, bondad, cultura, estilo o simpatía.

Para el segundo grupo, el de la gente insulsa, no dedico mucho tiempo.

Para el primero, podría hacer una segunda distinción: con los que hay química y con los que no.

Evidentemente, si no hay química y a mí me parece interesante esa persona, hay un cierto toque de frustración en mí. Y cuando no hay química, poco se puede hacer. Casi todas las estrategias te llevan a reforzar la falta de feeling.

Pienso, por ejemplo, en una periodista con la que suelo coincidir, porque compartimos muchos amigos comunes, con la que me siento transparente. Me dice hola por respeto, pero al mismo tiempo me hace sentir insustancial. Por mucho que participe, dé mi opinión u ofrezca mi mejor sonrisa, no dejo de ser para ella un perteneciente a su segundo grupo, el de los no interesantes.

Como ella, me he cruzado con personas de gran valía a las que no he provocado ninguna sensación, algo dañino para mi vanidad. O tal vez sano.

Cuando tú, como ser humano, provocas nada en otro ser humano, lo mejor es seguir siendo tú. Las relaciones humanas son así. No hay que buscar estrategias. Hay que admitir que, de vez en cuando, somos transparentes.

jueves, febrero 04, 2010

Perdonavidas

Si hay algo que no soporto en los demás es la mirada por encima del hombro. No digo sobre mí, sino sobre el mundo.

Clasificar por con quién te mueves y sacar conclusiones gratuitas por un gesto.

Sin derecho al error.

La vida es más sencilla que todo eso.

Recuerdo la época en que comencé a salir con los amigos de copas, tiempos de bachillerato.

Ya por entonces me sublevaban las chavalitas que te despreciaban por ir con un par de copas encima un viernes por la noche.

'Yo no necesito beber para divertirme', sentenciaban.

Con frases rotundas pretendían clasificar a una persona que, simplemente, les había hecho algún comentario inocente en una noche adolescente.

O esos compañeros de trabajo que te sueltan '¿ya te vas?', cuando la noche ha caído hace rato y lo único que hacen ellos es rellenar sudokus en espera de que el jefe salga y los vean 'trabajando'.

No soporto las sonrisas falsas de desprecio, ni la gente estirada que se declara tolerante por simular su intransigencia.

Me desagradan los que hablan sin escucharte, aquellos que consideran que no hay vida fuera de un matrimonio por la iglesia y cuatro niños, los que presumen de nómina y modelo de coche, la gente que critica los excesos que ellos quisieran cometer, los que ven en el sexo pecado, aquellos piadosos que se cagan en los negros o las ecuatorianas. Los que quieren verte por cómo vistes, por dónde naciste y no por cómo piensas, que te definen por tu trabajo y no por cómo te llevas con tus amigos.

A mí me gusta el alcohol para desinhibirme de vez en cuando, el sexo porque sí, reconocer que, en algunos momentos y por instantes, me da miedo vivir; y estoy por la ruptura de las reglas convencionales que no llevan a otro lugar que al encorsetamiento.

Pero, por encima de todo, no soporto a los perdonavidas.