Vivimos tiempos en los que todo el mundo sabe de todo, lo que acrecienta esa sensación de polarización y de trincheras. Todo tiene una vertiente política que nos condiciona.
Tendríamos que reivindicar la duda, el no saber, el estar dispuesto a decirlo: No tengo una opinión formada.
El hábito de leer, de ver documentales, de viajar, de hablar con gente diversa es la mejor forma de componer en nuestra cabeza la realidad de las cosas, perder el miedo a decir que no tengo claro si es mejor A o B.
Cuanto más aprende uno, más cómodo se siente diciendo: "No lo sé".
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