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lunes, octubre 13, 2025

Prensa

Habituado a leer el ABC de Sevilla desde pequeño, porque no había otro periódico en casa, cuando llegó a las cabeceras el Diario de Sevilla pensé que aumentaría el espectro ideológico en la prensa de mi ciudad. Nada que ver con la realidad.

La prensa local de nuestras ciudades está en manos de empresas que, en su inmensa mayoría, defienden una línea editorial propia de la patronal, e inundada de localismos que adormecen el espíritu crítico de sus lectores.

En la de mi ciudad te atiborran de imágenes de cofradías todo el año y dan más importancia al nombramiento del hermano mayor de una hermandad que a un sevillano que haya registrado una patente en la universidad de Harvard.

¡Y hay tantos paisanos brillantísimos en el terreno de la ciencia, de la investigación, del emprendimiento, de las artes!

No. Prefieren hablar de Jose Manuel Soto.

Religión, toros y fútbol, con unas columnas de opinión en las que transmiten que las ideas progresistas van contra la esencia de una ciudad que no necesita vigilantes de lo que es o no auténtico.

Somos legión los sevillanos que aborrecemos tanto falso purismo. Nuestra ciudad es más grande que todo eso y se hace más válida cuanto más diversa. La machadiana, la de Cernuda, la de Aleixandre, la de Velázquez, la de Chaves Nogales, la de Mañara, la de Blanco White, la de Fernán Caballero, la de Alberto Lista, la de Bécquer. 

Nuestra época más brillante coincide con el período en que fuimos el puerto de conexión entre Europa y América, felizmente invadidos por gentes de otros mundos. ¡Que se abran las puertas!

Nos salva cierta prensa nacional que sí se atreve a tratarnos como adultos, donde la religión, el fútbol o los toros tienen el espacio limitado que le corresponde a una sociedad culta como la española.

lunes, abril 21, 2014

Aragón

Comíamos en casa, la familia al completo, un día soleado tras el colegio, en esos mediodías imborrables de olor a guiso, música de telediario y siestas de sofá con la telenovela de fondo que, más veces de lo imaginado, vienen a la memoria.

Era un anuncio publicitario alentando a visitar Aragón, por sus montañas, sus riquezas artísticas, los deportes acuáticos, el turismo rural. Justo tras terminar, mi hermana Raquel suelta:

-¿Dónde estará Aragón?

Y se quedó tan pancha. Yo, que era un renacuajo, pensé que no podría vivir sin saber dónde estaba Aragón. 'El repelente niño Vicente', que dirían mis hermanas.

No sé qué tiene la Geografía, pero reconozco que me pone, como a ese Luis Cernuda también pequeño que desplegaba los grandes atlas en su patio sevillano de luz insultante de la calle Acetres.

Estudié ingeniería, pero entre las tardes universitarias de café que más recuerdo no hay motores ni ecuaciones diferenciales, sino aquéllas, por ejemplo, en que me retaba, con Elisa y Mariángeles como víctimas, a escribir en una servilleta cincuenta ciudades francesas, o italianas, o inglesas, y narrarles algún episodio o peculiaridad de cada una de ellas.

Tal vez de ahí mis ansias de viajar, de poner colores y caras a esas ciudades perdidas por el mundo que se abrían a mí en cada novela, periódico o película de sobremesa televisiva, sin saber por qué me motiva tanto escuchar a cualquier persona hablar de su pueblo, su país, sus costumbres; algo que, por otro lado, enamora: saber que alguien desconocido atiende con tanta atención las explicaciones acerca del nido propio.

Sí, reconozco que mis sueños están plagados de territorios remotos que no sé cuánto tienen de imaginarios ni cuánto de mí se encuentra en el hecho de soñarlos.

sábado, mayo 23, 2009

Tiempos eternos

Leí a Benedetti por primera vez... no sé cuándo.

Tengo tantas citas tomadas de sus libros, que pueden llegar a atosigar.

Me siento cercano a él y pienso en su tiempo, en su experiencia vital. Lo siento cercano. Trato de parar el tiempo, eliminar escalas, referencias, ejes de abcisas y ordenadas.

Con Benedetti no hay tiempo. Él sintió, digirió, observó, masticó, acarició, razonó, expresó lo que el mundo, el suyo y el de los suyos, le ofrecía, y nos lo envió en forma de poemas sencillos, de novelas ágiles.

Yo quiero ser como él. Quiero ser bueno.

Me gustaría creer que hay posibilidades remotas de detener el tiempo, de darle marcha atrás y adelante, de pararlo y ver a Benedetti, oírle decir que sí, que otra vida es posible.

Sería hermoso no diferenciar edades, volar entre épocas, no ver en Cernuda el pasado, no verlo en Rimbaud ni en Maupassant, sentirlos cerca, humanos.

Benedetti nos habla desde el hoy y el ahora, para decirnos que otra vida es posible, mejor, más luminosa.