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Mostrando entradas con la etiqueta Madre. Mostrar todas las entradas
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domingo, noviembre 16, 2025

Amalfi

En cuanto entramos en el restaurante de Amalfi nos saludaron en castellano. 

—Soy cubano —nos comentó con una energía arrolladora mientras nos preparaba una mesa grande.

Especialmente atento con Elisa, le agradecí como la trataba.

—¡Cómo iba a hacerlo de otra forma, si me he criado entre cinco mujeres!

Escucharle hablar de su madre era un canto a la vida.

miércoles, junio 18, 2025

Madre

Ya soy diez años mayor de lo que mi madre nunca pudo ser.

Hablábamos el otro día de la aceptación biológica de la muerte de nuestros progenitores, pese al inmenso dolor. Llega un momento en que la vida se impone y al imponerse la vida lo hace la muerte de quienes atraviesan determinadas fronteras biológicas.

Sin embargo, los que hemos perdido a una madre tan joven hemos quedado en un limbo del que no terminamos nunca de escapar, como si alguien nos dijese ese día "toma aire profundo" y en ese instante nos hubieran puesto un corsé que impide abrir ya nunca los pulmones del todo.

sábado, febrero 22, 2025

Madre

Estamos hechos de contradicciones.

Mi mente racional lo tiene claro: todos los cielos y los infiernos están en este mundo, y al morir, simplemente morimos. No hay más vida que el recuerdo que podamos dejar.

Y, sin embargo, desde los dieciocho años—la edad en que la perdí—mi madre está presente en cada paso que doy. En cada logro, en cada revés, la imagino celebrándolo conmigo o consolándome.

Sí, lucho mi vida por mí y por los míos, pero no puedo evitar ese cosquilleo incontrolable que me empuja a hacer que se sienta orgullosa de mí.

viernes, enero 19, 2024

Reproche

Es mejor trabajar la falta de entusiasmo que el exceso de reproche.

Si un jefe, o un padre, o una pareja, se instala en un continuo recriminar, por mucha razón que tenga, lo que consigue con el tiempo es la desmotivación, la desconfianza, el desamor.

Si, en cambio, practicamos la virtud de cantar lo bonito en el otro, lo bien hecho, si agradecemos como costumbre, entonces la otra persona interpretará bien los silencios como nuestra herramienta para mostrar, con la sutileza de los inteligentes, nuestro desencanto.

Yo me hincho de halagar los trabajos bien hechos de mi equipo, de ahí que sobrevuele un fantasma cada vez que me limito a sonreír.

sábado, diciembre 23, 2023

Abrazo

Ver ese abrazo fue un chute de emoción. 

La semana pasada, el mejor amigo de Fran perdió a su madre. Un hombre noble como nadie, el dolor de Isaac era nuestro dolor.

Tomamos el coche para ir al tanatorio de Chiclana, donde una procesión de amigos iba llegando desde todos los rincones para estar con la familia.

Son muchas las veces en las que he pensado en lo hermosa, por fresca y franca, es la amistad entre Fran e Isaac. 

Yo caminaba detrás y vi el interminable abrazo entre los dos amigos por una madre muerta. Se confundían los hombres con los niños que fueron, en ese terrible despertar al horror que es perder a quien te puso en este mundo.

En ese abrazo está toda la verdad de la vida.

sábado, agosto 05, 2023

Ocho

A eso de las ocho de la tarde, a Fran le hace una videollamada su madre. Cada día.

Se hacen un par de morisquetas y él se aparta para estar un rato con ella. Yo, siempre en mis cosas, escucho el resumen que le hace de lo que llevamos de día y me resulta una escena enternecedora. Dónde hemos ido, qué hemos comido, los planes para el día siguiente. 

De vez en cuando se acerca donde yo estoy con el teléfono, yo me asomo a la pantalla y nos mandamos un beso.

Yo le insisto a Fran, ¡cuídala!

Él le insiste en que se dé un paseo diario y la escucha, sobre todo la escucha, en un diálogo lento acerca de las rutinas del vivir.

Qué no daría yo...


miércoles, noviembre 09, 2022

María Emilia

María Emilia se fue ayer de Sevilla.

Tras pasar sus días propios de duelo, compartir con nosotros unas tapas y muchas risas, María Emilia se volvió a Estocolmo.

Exiliada en Suecia de la desaparecida y terrible dictadura uruguaya, tras un período de cárcel en su país, consiguió formar una familia en tierras escandinavas, donde ha pasado más de media vida.

A su hija pequeña le dio en su juventud por estudiar danza, empezó por bailes tribales hasta que se topó con el flamenco. Se vino a vivir a Sevilla para formarse y arrastró, en su periplo, a su hermano. Los dos únicos hijos de María Emilia.

Sofía, la niña, volvió a Suecia y ahora es una afamada bailarina de flamenco y danza contemporánea. Felipe, el mayor, se quedó en Sevilla. Apasionado de la música, participaba en programas de radio y montó un pequeño estudio en su apartamento. Se hizo querer.

Lo doloroso es que Felipe nació con un problema cardíaco. Ya en Sevilla, la cosa se fue complicando. Su madre lo acompañaba a los hospitales, cuidaba de él. Hace unos años, con treinta y tantos, el corazón de Felipe no pudo más.

María Emilia pasó una temporada dolorosa, sola, en el apartamento vacío de su hijo. Fue por esa época en que la conocí. Vital, ilustrada, divertida, trabajadora, ella nos abdujo, a mí y a muchos, con su tremenda sensibilidad.

Ahora, a sus 71 años, vive entre Montevideo y Estocolmo. De vez en cuando, aparece por sorpresa en Sevilla. Se la pasea recordando los lugares en los que su hijo Felipe fue feliz.

Qué potencia de mujer, cuánta bondad, qué fortaleza. Si el mundo estuviera lleno de personas como María Emilia otro gallo nos cantaría.

Ayer se nos volvió a ir.

Luego me preguntan de dónde saco personajes tan interesantes para mis novelas.

Me los regala la vida.

miércoles, octubre 05, 2022

Machistas

Las mujeres, a veces, son las peores machistas. 

Tal vez sin quererlo, pero ya desde pequeños nos atribuyen roles en los que vamos cayendo, que hace que la niña acabe viendo el polvo de los muebles y los niños el enchufe estropeado.

En estos tiempos en los que no hay respiro, con cada vez más mujeres trabajando fuera de casa, la esperanza es que se reparta, de una vez, la educación de los hijos, que hasta la pasada generación estuvo pegada a las faldas de la madre. La madre protectora, trabajadora, servicial que acaba introduciendo en la mente de las niñas que una mujer está para eso, para cuidar de la familia.

Que ella se haya incorporado al mercado de trabajo es el mayor bien que se le puede aportar a la sociedad, porque quita testosterona a las empresas e instituciones, que falta hace, y promueve un reparto equilibrado de las tareas del hogar.

Que un niño vea a su padre con la plancha es la mejor forma de promover la igualdad.

viernes, enero 07, 2022

Maru

Quiero escribir sobre Maru.

A día de hoy esa mujer no existe. No le veo aún la cara. La tengo que inventar hasta hacerla de carne y hueso.

A Maru se le están yendo los niños de casa, se le acaba de prejubilar el marido y busca un nuevo territorio en el que moverse. Necesita respirar.

Mira a su alrededor, ve lo que ha construido y se pregunta, ¿cuánto de eso ha ido para mí?

No es especialmente buena ni mala, al menos aún no lo he descubierto. Sólo sé que quiere vivir.

Para descubrir cuál es su verdadera naturaleza la voy a someter a una prueba complicada. Voy a hacer que se le cruce una persona muy luminosa por sus narices y observaré cómo reacciona. Hasta qué punto es valiente, cómo de bien entiende la vida.

Es excitante, mucho, comenzar una nueva novela.

domingo, junio 20, 2021

Reencuentro

Comíamos solos en un restaurante de comida casera que nos encanta, cuando llegó una familia amplia, en dos tandas, para revolucionarlo todo.

Pude intuir que se trataba un reencuentro tras mucho tiempo, había nervios. Algunos de ellos acababan de llegar desde Barcelona. En un extremo de la mesa una mujer de mediana edad, muy delgada, tomaba la mano a su hijo adolescente, grandote, el más excitado de todos.

Pronto comprendí que ese chaval tenía alguna minusvalía mental. Su madre le explicaba quién era cada cuál en la mesa, él se levantó, muy alterado. Quería irse.

La madre se levantó, lo abrazó, apoyó su mejilla contra la de su hijo y le acarició la nuca. No sé qué le diría para calmarlo, pero lo hizo. 

Su niño no vio que yo vi las lágrimas emocionadas de su madre. Por fin se sentaron. Ella sonrió al resto y dio un sorbo a su cerveza, al tiempo que yo se la daba, emocionado, a la mía.

miércoles, diciembre 12, 2018

María Emilia

Mi querido José Ibáñez alabó hace años que este blog encabezase cada reflexión con una sola palabra. Me agarré a ese piropo hasta que ayer conocí a María Emilia.

Ya la crucé antes del verano con una cerveza. Recién terminaba la presentación de un libro, salió del bar de enfrente cabreada.

-¡La mujer del bar me ha destratado!

Entonces supe que era uruguaya, de vida nómada y que hablaba como los ángeles.

Anoche, en una cita a cuatro organizada por mi amiga Marisa, caí definitivamente rendido. Nos hizo viajar varias veces de su Uruguay natal a la Suecia de la que acababa de aterrizar para contarnos cómo en su juventud fue apresada por la policía política argentina, maltratada, vejada y encapuchada para conseguir tiempo después, allá por los 70, asilo en el país nórdico, donde reharía su vida y tendría a sus hijos, Felipe y Sofía.

-Mi hija nació dando bocados al aire -nos contaba con emoción a Marisa, a Machuca y a mí.

Yo jugaba con la información privilegiada de saber que encandilaba, pero pregunté todo al no conocer nada. Empecé por interesarme por su relación con Sevilla.

-Aquí murió mi hijo Felipe, Salvador -a mí se me heló la sangre.

Él tendría treinta y tantos años, y fue hace no mucho. Siguió a su hermana pequeña, Sofía, bailarina enamorada del flamenco, y acabó aquí cuando ella, once años después, decidió volver a Estocolmo. Un Felipe de corazón frágil desde pequeño rendido definitivamente al Sur. Ella, Sofía, estrenó durante la bienal un espectáculo homenaje a él. 'Pulso'. El pulso del corazón de su hermano.

-Él llegó a asistir al estreno de su hermana, ya muy malito -nos contaba su madre.

De arrugas bien marcadas, pelo rojo y figura esbelta, anoche María Emilia flirteaba con el buen trato del camarero que nos atendió.

-No sabes el bien que me hace que me traten con cariño.

Negoció con el casero quedarse un tiempo con el apartamento de su hijo en el barrio de las Golondrinas. Necesitaba estar a solas acá donde vivió él. Patearse Sevilla y adentrarse por los recovecos del Virgen del Rocío, por la UCI, las salas de espera, los pasillos donde no hace mucho se le iba la vida esperando un trasplante que no llegaba, una operación que no terminaba nunca.

-Cuando me dijeron que no podían cerrarle el pecho supe lo peor.

Entre copas de tinto y con gafas empañadas nos confirmó que ella no pensaba que Felipe siguiera presente.

-Felipe no está ya en ningún lado, pero yo sí, y necesito saber que estoy viva.

Aguantó varios días tras la operación, inconsciente, rodeado de hermana y madre. María Emilia le hablaba, esa vieja tupamara valiente que no se conformó nunca con el mundo que le tocó vivir. 

-Deja de luchar, mi hijo -le agarraba el puño-. Deja de luchar y vete tranquilo.

Anoche conocí un ángel de pelo rojo y tomé una píldora de vitalidad de efecto inmediato.