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domingo, diciembre 14, 2025

Frankfurt

A Sardasthi la conocí en Teherán en una visita de trabajo.

Ingeniera brillante, madre de familia, deliciosa conversadora, me hizo las cosas muy fáciles en un viaje estresante, por el tema a tratar, en un país desconocido que sufría uno de sus mayores temporales de nieve.

El ingenierito sevillano estará siempre agradecido de haberla tenido a ella en esas circunstancias.

En una de las últimas comidas de trabajo, ella nos situó en una mesa apartada del resto.

—Salva, no puedo más.

Hablaba de un país teocrático en que la mujer era menos que nada y donde todo lo dominaba la religión.

De eso hace diez años. Esta semana recibo un WhatsApp de ella para decirme que está trabajando con su familia en Frankfurt.

martes, agosto 07, 2018

Sollozo

Estaba terminando mi reunión de departamento, tenía a los míos rodeándome para aclarar varios temas puntuales y vi parpadear el icono del Skype con el nombre de Sardasthi.

Como desde que regresé de Irán las cuestiones técnicas con ella las trataba alguien de mi equipo, supe en ese momento que ese pestañeo del Skype era un grito de socorro.

Con su inglés exquisito me preguntó si podía hablar de un tema personal conmigo, le pedí cinco minutos para estar a solas con ella.

-La situación es terrible en Teherán, Salvador.

Las amenazas de Trump se concretan en embargos y la gente se desespera una vez más. En febrero encontré un país motivado por resurgir, una juventud que abarrotaba las calles y un pueblo amable. Estaban los que hablaban con sumo respeto del líder supremo y quienes, protegidos por el inglés y una mesa apartada de restaurante, confesaban estar hasta el gorro del régimen religioso.

Hoy mi empresa está a punto de salir de allí por las coacciones de Trump.

-No te pido ayuda por mí, Salvador, sino por la gente de mi equipo. Haz lo posible por sacar a alguien de aquí. Perdemos el empleo, nuestro futuro, el de nuestros hijos.

Hoy escuchaba en la radio que la Unión Europea quiere hacer frente a las decisiones del Estados Unidos más retrógrado, que se recrea en el machaque de todas las oportunidades de concordia.

Él dirá una barbaridad, el ayatollah de turno otra más grande, a Europa le temblará el pulso y, entre tanto espectáculo canalla, Sardasthi volverá a su casa, con toda su capacidad resolutiva y liderazgo debajo del brazo, a la espera de una nueva luz.

viernes, febrero 02, 2018

Sardasthi

No entendieron mi pronunciación del nombre de esa mujer al llegar a las oficinas de Renault en Teherán, pero a base de pistas que pude darles consiguieron localizarla.

Ya desde días antes había ido orientando la organización de mi viaje, tanto como el objeto de la visita, en mensajes cercanos y detallistas.

Tras muchas horas de ruta junto a Sardasthi por carreteras iranies acudiendo a concesionarios, visitas guiadas a las instalaciones de las fábricas que Renault gestiona en el país y tras varios almuerzos y cenas compartidos, no pude sino expresar a su jefe, en presencia de ella, que estaba maravillado por las cualidades técnicas y capacidad organizativa de esa mujer cercana.

No sé si es machista decir que un hombre difícilmente puede acaparar tantas virtudes como las de Sardasthi, porque el hombre, torpe, oculta la parte emocional y afectiva, o simplemente carece de la actitud o valor de explotarla sin complejos.

Ahora que temina mi semana de trabajo en Teherán, siento la pérdida de un ángel custodio en forma de mujer de cuarenta años, con acne mal cuidado y velo negro.

Sus compañeros, torpones y lentos, me hablan de ella como una madre que les organiza el trabajo; su jefe me dice que tiene plena confianza en ella desde que le encarga cualquier proyecto; los concesionarios se entregan a sus decisiones a pesar de los incidentes a los que a ella se hace responsable de resolver; en las reuniones lleva la voz cantante.

Uno piensa en Iran como un país complicado, falto de libertades y radical en sus posicionamientos religiosos. Todo es verdad. Como también lo es que existen Sardasthis y que yo tuve el placer de ponerle cara a una de ellas, una mujer trabajadora y brillante que recela del sistema politico de su país, que habla de su familia con pasión, tal vez evitando escalar posiciones por no abandonar su ciudad de siempre, y que resuelve los problemas técnicos de una gran empresa sin perder en ningún momento la sonrisa.