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Mostrando entradas con la etiqueta Simpatía. Mostrar todas las entradas
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sábado, junio 06, 2026

Canarias

Qué alegría de Canarias.

De amabilidad, de buen trato, de simpatía.

Sí, es una región turística; lo sé, hemos tratado sobre todo con personal de hostelería; claro, que han sido apenas cuatro noches.

Pero siempre es así. 

Ni un solo mal gesto.

Estamos muy viajados para saber que esta calidez personal no es fácil de encontrar.


viernes, febrero 13, 2026

Beticucho

Hay quien dice las cosas con gracia y le admites casi todo. Hay otros que, aunque te elogien, te incomodan.

El otro día, alguien que me quiere bien me llamaba, con mucha guasa:

—Beticucho, ateo y rojillo.

Oye, pues sí. Qué bien sienta que a uno lo definan en tres palabras.

jueves, febrero 05, 2026

Cappuccino

Bajando en coche desde Valladolid, tras una semana intensa de trabajo, paré en Salamanca para tomar un café y así evitar quedarme dormido al volante.

Y ya que paro en Salamanca, paro en Salamanca.

Así que aparqué junto a la Plaza Mayor, para extasiarme, y busqué una buena cafetería desde donde disfrutar del ambiente de la ciudad, aunque fuera 15 minutos hasta continuar la ruta a Sevilla.

La chica que me sirvió no podía ser más linda.

—Un capuchino, por favor.

Cuando no conozco el sitio, el capuchino suele ser la mejor opción para evitar tomarme un café sin gracia.

La niña le puso tanta simpatía, tanto esmero, ¡tanto chocolate!, que no había quien se lo bebiera. Apenas estábamos ella y yo en el local. Así que aproveché que entraba en el almacén para correr con el café hasta el baño y tirar ese mejunje al lavabo. 

Volví a tiempo de que no se diera cuenta.

sábado, octubre 04, 2025

Fidelizar

Salvo excepciones, no hay personal más antipático que el del bar de un aeropuerto.

No hace falta razonar mucho para entender por qué: allí no hay que fidelizar al cliente.

Es así de triste, a veces, el ser humano. Cómo no tengo nada que ganar contigo, porque no voy a volver a verte, me da igual servirte el café frío y con cara de cuerno.

Me gustaría pensar que no tengo razón, que no nos movemos siempre por el interés, que somos capaces de sonreír sin esperar nada a cambio, que es posible ayudar por el simple placer de hacerlo.

Pero llego al aeropuerto, me pido un café y me reafirmo en que somos egoístas.

sábado, julio 20, 2024

Crepes

A menudo, las tardes de paseo nos piden un chute de azúcar.

Íbamos paseando por Tánger y a Fran, a la vista de la atmósfera afrancesada de sus grandes bulevares, se le antojó un crepe de chocolate. Así que bajamos al paseo marítimo, remozado, amplísimo, bordeando una playa de arena fina, y buscamos un sitio donde encontrar su antojo.

—¿Qué desean? —nos preguntó, raudo, un camarero al detenernos frente a su local.

—¿Tienen crepes?

—¡Claro que sí!

Rápidamente nos preparó una mesa, nos dio agua, colocó cubiertos, se interesó por saber de dónde éramos.

—¿Sevilla? ¡Maravillosa!

Cuando ya nos tenía instalados, y camelados, nos trajo la carta.

—No hace falta —aclaró Fran—, queremos unos crepes de chocolate.

Nos respondió con una sonrisa, entró y salió varias veces de la barra. Nos dijo que hacían un café riquísimo. 

—No tienen crepes, ¿verdad?

—Verás, amigo... tenemos comida muy buena.

Cualquiera se iba de allí...

domingo, marzo 31, 2024

Turismo

Tras unos días en Florencia, uno vuelve a casa feliz, por encima de todo, empapado de belleza, de conocimiento, con nada que seas curioso, cargado de energía para volver a los días iguales, más sabio, más sensible.

También inquieto por lo que el turismo de masas destroza, entre otras cosas el buen carácter del ciudadano que habita esos lugares. Nos ha sido difícil encontrar un florentino simpático. En el hotel, en los restaurantes, en las taquillas de los museos. ¡Están hasta el gorro de turistas, a pesar de que muchos vivan de nosotros!

Haber combinado el viaje con Bolonia sirve para comparar dos realidades. Una ciudad fagocitada por extranejros, frente a otra que aún mantiene su personalidad. Una donde es imposible hacerse una foto sin que suene un claxon o una protesta, frente a otra donde incluso puedes pedir que te retraten.

Viajar no puede volver a ser una actividad elitista, no iría por ahí mi razonamiento, pero me cuesta encontrar una solución a la habitabilidad de ciudades-museo que pueden acabar por ser caricaturas de lo que fueron.

jueves, marzo 23, 2023

Simpatizar

Se suele decir que no estamos vivos para satisfacer a los demás, pero a mí me produce mucho placer caer bien a la gente.

No es que mis actos los encamine a obtener el aprobado de los que me rodean, sería de tontos, lo que sí es cierto es que hago un esfuerzo para provocar buen rollo hacia los demás.

Pese a que se pueda pensar lo contrario, es una estrategia de triunfadores. Cuando te ganas la simpatía de los demás, estás labrando un futuro mucho más sano que de no hacerlo, y es que suele ocurrir que la gente responde bien a quienes un día les hicieron pasar un buen rato.

Despreciar el qué dirán queda bien sobre el papel, decir que me importa un pimiento lo que piensen de mí parece un atributo de alguien con carácter, afirmar que uno no está condicionado por la imagen que se hagan de él podría ser el colmo de la personalidad.

Yo opino lo contrario. A mí no se me caen prendas por decir que me gusta gustar, que me vean como alguien cercano, que me relacionen con emociones positivas.

El gran secreto de todo esto es que en el fondo no lo hago solo por los demás. Lo hago, fundamentalmente, por mí.

Me siento bien en mi piel cuando ofrezco lo mejor que tengo.

miércoles, octubre 26, 2022

Petra

Hay días en los que mi ciudad se me hace tremendamente divertida.

Paseábamos por Triana y Fran propuso un bar nuevo, Típico se llama; así que nos fuimos hacia allá. Aun recién inaugurado, buscaba recuperar la esencia de las tabernas antiguas, apuntando con tiza en la pizarra a los clientes en espera y llamando a voz en grito conforme van saliendo los platos.

No había sitio para nosotros, así que nos quedamos en la barra. ¡Qué me gusta la barra de un bar animado!

Hubo un momento en el que había tanta gente que empezamos a echarles un cable.

—Perdona —les interrumpía—. No habéis apuntado a Joana.

—Gracias, hombre.

Luego gritaban:

—¡Victoria!

Y todo el mundo la buscaba entre las mesas.

Sacaban un plato de espinacas con garbanzos y yo les señalaba que no era para esa pareja, sino para aquel señor mayor.

Simpáticos e ingeniosos, agradecían de buen grado los capotes que los clientes les echaban desde la barra.

—¡¡¡Petra!!! —Gritó uno de ellos, para llamar a la siguiente clienta de la pizarra.

Entonces ocurrió lo inesperado. Dos mujeres, cada una en una punta del bar, gritaron:

—¡Yo!

—Pero ¡cómo va a haber dos Petras en un mismo bar en Sevilla!

Se hizo un silencio y yo me metí en mi plato de solomillo al whisky.

lunes, abril 25, 2022

Agradable

No sé si será una característica que venga ligada al ego, pero ¡es tan fácil ser agradable! ¡Es tan reconfortante! ¡Es tan fácil ser amable!

Que no me explico qué le pasa a los que van con cara de cuerno por la vida.

Porque aunque las cosas te vayan mal, no hay que pagarlo con el otro. Más bien harás que las cosas te vayan peor.

Yo tengo determinadas reuniones semanales en el trabajo con gente concreta, que trabajan en diferentes países del mundo, en las que tengo que explicarles una serie de modos de trabajo, en las que preparo informaciones que les son útiles, en las que incluso tengo que solicitarles que realicen determinados trabajos, que son una fuente de satisfacción para mí. Pero no porque yo me muera de placer sabiendo cuántos motores produjeron en el mes de marzo, sino por haber podido facilitarles su trabajo y haberlo hecho con calma, con una sonrisa y con plena disposición a aclarar sus dudas.

No imagino hacer las cosas de otra manera. Hacerlo con mal gesto y desgana sería ¡tan torpe!

Yo seré intenso, pero torpe no.

viernes, octubre 15, 2021

Recepción

—Verás cómo nos pregunta si queremos que nos llame a la habitación para despertarnos.

Volvíamos tarde al hotel tras nuestro primer día en París. Fran había extraviado la llave de la habitación y teníamos que pedir un duplicado en recepción. 

Llevo 25 años yendo al mismo hotel Meliá de los Grandes Boulevares y en todo este tiempo siempre me he encontrado en el turno de noche al mismo señor amable, altísimo, de rasgos árabes, al que cada vez que viajo temo no volver a encontrar porque tiene esa edad indefinida que parece siempre a punto de la jubilación. 

Veníamos de cenar en un pequeñillo bar de vinos, donde pregunté por el chaval que me atendió con exquisita profesionalidad, de sonrisa sincera, las últimas veces que fui.

—Ya no vive en París.

Uno muere un poquito cada vez que no encuentra a las personas de siempre en los lugares que ama.

El recepcionista de noche del Meliá, sin embargo, sigue ahí. Todos estos días, al levantarme a horas intempestivas para ir a trabajar, me ha organizado el desayuno fuera de las horas oficiales. Un tipo encantador. Se preocupa por saber qué zumo tomo, cuántos croissants quiero, si está bien hecho el café.

—¿Podría hacernos un duplicado de la llave? —le pedimos, esa primera noche, al llegar.

El hotel ha sufrido varias reformas, por allí han pasado no sé cuántos directores, pero ahí sigue él, interesándose por el día a día de clientes que, como yo, tememos el día en el que, al llegar de noche, nos encontremos a un desconocido en su lugar. 

Ya estaba llegando el ascensor cuando nos gritó.

—¡Señores!

Se acercó a la carrera.

—¿Quieren que les despierte mañana?

viernes, julio 16, 2021

Viejas

Echo de menos los veranos de mujeres mayores en las terrazas contando sus cuitas, con vestidos fresquitos de flores en las noches de calor.

Siempre me gustó observarlas, meterme entre las faldas de mi abuela y escuchar cómo describían el mundo con la gracia, la sabiduría y el aplomo de quienes ya no tienen nada que perder.

Vivimos en mundos menos entrelazados con los demás, la tecnología sustituye tertulias de antaño y se pierden ciertos olores, charlas en voz alta y risas flojas de tiempos que no fueron mejores, pero que a veces se añoran.

No reniego de nada de mi presente, faltaría más. 

Tan sólo ocurre que hay días en que me gustaría que el ocio estuviese menos programado, que no pasáramos tanto tiempo en nuestras burbujas de confort y abriésemos más las orejas, el tacto y el olfato a disfrutar de los que tenemos al otro lado del tabique, en el banco de la plaza tomando pipas, para soltar el estrés de estos mundos perfectos que necesitan carcajadas de viejas tomando el fresco para ponerlos en su justo lugar.

sábado, enero 30, 2021

Marroquí

Ayer nos atendió un camarero marroquí.

Tras una semana complicada, teníamos ganas de pegarnos un homenaje en un sitio al aire libre.

Sin lugar a dudas, de entre quienes nos recibieron, nos tomaron nota y nos atendieron, el más amable y profesional fue él. Atento, resuelto y divertido.

A mí me alegró más la comida su simpatía que el maravilloso chateaubriand que nos sirvieron. 

Tras su actitud, yo adivinaba el doble de esfuerzo en él y una gran capacidad personal.

Sin duda alguna, tras mi reacción hay un cierto deje de racismo, porque no debería hacer distingos entre orígenes geográficos para apreciar la profesionalidad de nadie. Sin embargo, valoro enormemente que nuestra sociedad sepa integrar a quien no es de la tierra. No hay mayor índice de salud moral.

Dejaré de ser racista cuando no aprecie como especial la simpatía y las cualidades de una persona por tener otro color de piel, porque quien trabaja tiene derecho a ser tan mediocre como el que más y a que yo critique su profesionalidad sin otros argumentos que su buen o mal hacer.

Ayer, en todo caso, tuve un mediodía feliz.