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lunes, abril 21, 2025

Agostini

Soy de los bichos raros que aprendió francés con los fascículos de Planeta Agostini. 

Cada semana bajaba a por mi entrega semanal, cuando era un jovenzuelo, impaciente por meter el casete en la radio y dedicarme a 'écoutez-répétez' cada uno de los diálogos.

Sí. Era evidente que la mayoría de chavales de mi edad no se dedicaban a eso. El caso es que cuando terminé mi carrera de Ingenieros mi primera entrevista de trabajo fue con Renault y supe contestar a las preguntas que me hicieron en francés.

Soy un militante de la gimnasia del aprender.

Es de las actividades más baratas y más gratificantes: te hace siempre crecer.

viernes, diciembre 06, 2024

España

El primer vuelo que cogí en mi vida fue para ir a la República Dominicana. No me gusta andar con tonterías.

Si, a mi edad, soy todavía impresionable, no podéis imaginar cómo lo era por entonces. Cruzar el Atlántico y aterrizar entre palmeras y un mar turquesa puso a prueba mi corazón.

Era el viaje fin de carrera y un buen puñado de ingenieritos nos lanzábamos a la aventura del ron, la bachata y las pieles achicharradas.

Yo me apuntaba a un bombardeo.

Al ser mi escuela, por entonces, casi en exclusiva de chicos, el grupo iba de discoteca en discoteca a la búsqueda del sexo femenino. No me quedaba otra que estar ahí.

Cuando nos diluíamos entre la muchedumbre, las chicas locales se nos acercaban, experimentadas, imagino, en tratar con universitarios venidos de Europa. 

Yo, con dos Brugal en la cabeza, era presa fácil y las niñas se me acercaban, llamándome por el nombre de donde venía.

—Hola España, ¿me invitas a un roncito?

Qué responsabilidad, pensaba yo, representar a mi país.

Fácil como siempre he sido, invitaba a todos los roncitos del mundo, hasta que empezaban a meterme mano. Ya tenía experiencia para escabullirme a tiempo.

Algunas me enviaban mensajitos en servilletas de papel.

'España, estás muy rico'.

Yo levantaba la cabeza y veía a una chica guiñándome el ojo, que se me acercaba.

—¿Cómo está mi España?

—Tu España está como una cuba.

lunes, julio 29, 2024

Fluidos

Era una asignatura tan difícil que cursé mis primeros cursos de ingeniería con el convencimiento de que nunca podría acabar la carrera.

Me asomaba, en los tiempos muertos, al tablón de los alumnos de Tercero, por ver si habían salido las notas de Mecánica de Fluidos. El día que aparecían contabilizaba el número, ínfimo, de aprobados. Era una montaña que no podría atravesar, antes siquiera de saber de qué iba esa materia.

Las clases de Fluidos resultaron ser entretenidísimas, el profesor todo un comunicador, las fórmulas en la pizarra, sin embargo, se hacían infinitas y los exámenes, con libertad para llevar todos los apuntes que quisieras contigo, un desafío imponente como la montaña que yo imaginaba.

Tras varios intentos fallidos, llegó el día en el que me tocó aparecer en el tablón. ¡Aprobado!

Salí pitando para contarlo en casa. Mientras quitaba el candado a la moto apareció un compañero corriendo.

—¿Han salido las notas de Fluidos? —Asentí con la cabeza—. ¿Y qué?

—He sacado un cinco —le dije.

Y al oírme, me mareé.

jueves, mayo 16, 2024

Celos

Aunque nadie está a salvo de haber sentido un ataque de celos, menos yo, han sido pocas veces las que me ha ocurrido. 

Desde hace veinte años, no siento la menor duda del amor que Fran siente por mí.

En cambio, en mis sueños, soy tremendamente celoso. Veo monstruos por todos lados. De la misma forma que, en ese mundo onírico, nunca aprobé la carrera de Ingenieros y no hago más que tener exámenes una noche sí y otra también.

Hay veces, como en la película Origen, en que descubro, soñando, que soy celoso por estar soñando; que sigo estudiando porque estoy dormido. 

Pero qué bien me viene que los fantasmas aparezcan al otro lado de la almohada.

sábado, marzo 16, 2024

Histéresis

No puedo negar que la carrera de Ingenieros fue un episodio duro.

Huérfano de madre a pocos días de comenzarla, atormentado por mi sexualidad, estudiar esa carrera era una condena más en la que sentía que hacía lo que los demás esperaban de mí, no lo que yo deseaba.

Fue un período tormentoso al que trataba de buscarle rendijas por donde asomarme al mundo futuro que sí quería vivir, de ahí que jugara a darle un enfoque a unos estudios tan fríos con una visión humanista, y así aprender de la vida, de modo que me empezaron a emocionarme algunas asignaturas, como las ecuaciones diferenciales o la física electrónica.

Hay dos términos que retuve para siempre, la entropía y la histéresis, tan fácil de explicar el primero como complicado el segundo, si no es a base de fórmulas.

La entropía viene a ser aquella ley física que viene a confirmar que tendemos siempre, sin excepción, al desorden. Nunca, jamás, se vuelven a dar las mismas circunstancias en la vida. La repetición total no existe. ¡Y cuántas veces no me habré lamentado de ello!

La histéresis, por su lado, la siento día a día, pero nunca he sabido explicarla, hasta que el otro día la visualicé.

Aunque sean los mismos metros de distancia, no hay la misma emoción antes y después de un abrazo, cuando estás a diez metros de esa persona a la que quieres abrazar, que a diez metros de ella cuando ya te ha achuchado.

Eres otra persona en el mismo lugar.

viernes, junio 30, 2023

Sabio

Una persona es sabia cuando puede explicar lo más complejo a un niño.

Si no sabe traducir al lenguaje de los profanos sus conocimientos, será alguien brillante en lo suyo, pero le faltará el halo mágico que da la sabiduría.

Yo muero cuando alguien me aclara con cuatro frases la más compleja de las teorías.

La sabiduría, entendida en su acepción más autentica, tiene un componente ético que se alimenta de la bondad, del querer compartir, del enseñar.

Recuerdo a dos profesores, uno de Filosofía en COU, otro de Regulación Automática en Ingenieros, que me provocaban un orgasmo cerebral al desbrozar sus lecciones, me llevaban a momentos de un profundo placer al comprender, aunque fuera por décimas de segundo, la grandeza del pensamiento humano.


sábado, marzo 11, 2023

Radical

—Hay que huir de los radicalismos.

Esa era la conclusión de nuestras reuniones en la cafetería de la universidad. Cada uno pensábamos diferente, pero sabíamos escucharnos. Nos sentábamos durante horas a arreglar el mundo con veinte años. Éramos tres amigos inseparables que compartíamos aula en la escuela de Ingenieros de Sevilla.

Yo, por entonces, estaba en plena ebullición. Tras estudiar en un colegio de curas hasta los dieciocho, entrar en la universidad me abrió las puertas a un mundo inmenso donde todo era posible. Una vez pasada la peor parte del duelo por la muerte de mi madre, yo solo quería vivir, encontrar mi sitio, descubrirlo todo.

Ellos dos estaban ennoviados, lo que no evitaba que saliésemos los tres de cervezas cuando acababa la semana. Con poco más de veinte años, trabajaba en mi interior la manera de hacerles partícipe de algo que necesitaba compartir. Decirles que era homosexual.

Sin embargo, una noche, cuando paseábamos cerca de un bar de ambiente gay en Sevilla, uno de ellos dijo, señalando el local:

—Contra eso sí que hay que ser radical.

A mí se me heló la sangre. 

Retrocedí en un segundo varios años hacia atrás en la aceptación de mi homosexualidad. Me metí para dentro, integré que nadie nunca sabría nada, rechacé mi naturaleza como algo sucio. Tardaría casi una década en confesar a alguien de mi entorno mi condición.

Esa amistad se desvaneció al terminar la universidad, pero veinte años después el destino volvió a unirnos. Asistió a la presentación de una de mis novelas en su ciudad. Tras el acto, se acercó a mí, emocionado. Yo ya no escondía mi amor por Fran.

—Salva, siento mucho haber dicho barbaridades en el pasado.

Yo acepté las disculpas. No quise decirle cómo de inmenso fue el dolor que me provocó en su momento y los años de juventud que perdí por personas como él, como las que en su día fue él.

A día de hoy ese hombre tiene una hija lesbiana, nacida en esos nuestros años de universidad, de la que no se puede sentir más orgulloso. Como no puede ser de otra manera.

viernes, febrero 24, 2023

Todos

La palabra todos es delicada de manejar y abusamos de ella.

Nos gusta englobar las cosas para tranquilizar nuestra manera de pensar. Todo es así o 'asao'. 

A determinados políticos, además, les construye el discurso. 'Todos los españoles reivindicamos...'. Mire, todos los españoles es imposible que reivindiquemos algo. Usted representa a quien representa, pero nunca podrá representarme a mí y, al mismo tiempo, a aquellos que ven la sociedad de forma opuesta a como yo la veo. Porque yo no puedo reivindicar lo mismo que gente a la que detesto. Y me duele admitirlo, pero yo detesto a más personas de lo que quisiera.

Es más fácil elaborar un argumentario a partir del blanco y el negro, del todos de un lado o todos del contrario. Buscan montar a la gente en un barco o en el otro, cuando muchos de nosotros no queremos navegar hacia donde dicen ellos.

Sin darte cuenta, cuando te han metido en el barco, ya te han encalomado al enemigo. Los del barco de enfrente.

La sociedad es más compleja, los posicionamientos menos gruesos, ni mis más íntimos amigos piensan igual que yo en todas las grandes causas; cada uno venimos condicionados por nuestra infancia, los particulares reveses de la vida, los éxitos conseguidos, la sensibilidad de sangre y la trabajada. A mí que nadie me meta en el globo viajero de todos los homosexuales, ni todos los ingenieros, ni todos los escritores, ni todos los sevillanos, ni todos los de la generación baby boom.

Basta con empezar el discurso diciendo 'una parte importante de la población de Bilbao...', en vez de explicarnos cómo son todos los bilbaínos. 

Yo desconfío del que globaliza a los colectivos. La vida es más sutil.

martes, enero 10, 2023

Carrera

Es recurrente en mis sueños negros el no haber acabado la carrera. Tener más años que un bosque y seguir dale que te pego con las ecuaciones diferenciales y la mecánica de fluidos. Ver que mis compañeros de universidad han construido su camino y yo sigo ahí, en esas aulas inmensas tomando apuntes. 

Solo.

No suele ser la temática principal del sueño, sino el encuadre. La trama principal puede ser que haya caído un meteorito en medio del campus o que en los árboles del patio hayan empezado a germinar cucarachas, pero ahí estoy yo como un bendito con los libros en la mochila.

Es curioso, porque casi siempre encuentro la salida al laberinto. Algún personaje de esa mi doble vida nocturna me hace ver que yo ya tengo el título, que ya soy ingeniero, que la vida me trata bien y que estoy ahí tan solo porque quiero aprender más.

Entonces me relajo y dejo de dar tumbos en la cama.

lunes, diciembre 12, 2022

Ingenieros

El mayor aprendizaje que me proporcionó mi carrera de Ingenieros no está relacionado con las materias que aprendí, sino con la forma de hacerlo.

Yo, que venía de ser número uno en clase hasta el bachillerato, empollón como el que más y alumno ejemplar, me enfrenté a un reto inaudito, empecé a suspender asignaturas, a tomarle miedo a los exámenes, a no entender determinadas formulaciones científicas.

Todo eso me vino muy bien, porque me obligó a concentrar mis esfuerzos en superar esa prueba y dejé de lado muchos come-comes propios de la juventud. Me hice un hombre fuerte, gané en confianza, me adapté al reto de no dar ningún problema por insuperable.

Tanto es así que, cuando vi me vi en la lista de aprobados de Mecánica de Fluidos, la más difícil de entre todas las materias, me mareé y casi caigo al suelo.

Honestamente, no recuerdo nada de aquellas ecuaciones complejísimas, solo sé que atravesar ese desafío con éxito me hizo comprobar que nada iba a frenarme.