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domingo, septiembre 06, 2026

Ceuta

De Ceuta solo tengo claro que quiero lo mejor para ella.

De todo lo demás tengo dudas y muchos miedos: todos los que aparecen cuando se agita un avispero. 

Se dan todos los ingredientes: un régimen autocrático a nuestras puertas, miles de desheredados en busca de un futuro mejor, unas relaciones diplomáticas más que críticas, un gobierno lento en reaccionar, una xenofobia en aumento, mafias que operan con mercado humano, una radicalización del enfrentamiento político nacional, manifestaciones politizadas con consignas que nos expulsan a muchos. Nada ayuda, todo estropea.

Creo que la única solución pasa por mantener la cabeza fría, acelerar el traslado de los inmigrantes a un sitio digno y comenzar a tratar los casos uno por uno. Con transparencia. Con celeridad. Con humanidad. Que cada día tengamos el parte de cuántos quedan en las calles, cuántos han sido devueltos a sus países y cuántos se acogen al derecho de asilo.

Por Ceuta y por nuestra dignidad: hagamos las cosas bien y rápido.

Necesitamos saber qué pasó.

martes, marzo 10, 2026

Dientes

Viajar a menudo y compartir horas con gente de otras culturas me hace construir teorías que no sé si se sostendrían científicamente.

Desde hace tiempo tengo una acerca de la salud buco-dental y de un indicador fiable, creo, para medir el nivel económico de un país: el uso del palillo de dientes.

Sé que en España ir al dentista es casi una actividad de lujo, pero también me consta que está en nuestras prioridades cuando la boca empieza a dar problemas.

Lo que es cierto es que, cuando termino una cena de trabajo, es más habitual ver a un portugués buscar, con educación, cómo hurgar entre sus dientes; mucho más cuando se trata de un turco; casi cotidiano si hablamos de un marroquí.

Siento que cuanto peor es la economía de un país, menos sanos son sus dientes.

jueves, enero 15, 2026

Marroquíes

—Qué encanto el chaval marroquí que me ha arreglado el pinchazo —me decía Fran el otro día. 

—Como los dos que trabajan en el Carrefour Exprés de abajo de casa —le apoyé.

—Igual que el dueño del restaurante La Alcoba de abajo de casa.

—¿Y qué me dices de la camarera que se hinchó de llorar escuchando el desamor de Raúl?

En tiempos de destrucción del otro, Fran y yo somos muy fans del buen hacer de tantos marroquíes que vinieron a compartir la ciudad con nosotros.

Son de casa.

viernes, enero 09, 2026

Lepe

Ayer tarde, paseando por una gélida avenida de Torneo, un chaval que venía de frente me preguntó:

—¿Hablas árabe?

Le dije que no.

—Necesito ayuda.

Hubo tal educación en su manera de pedírmelo y tal dolor en su mirada, que le pregunté qué podía hacer por él.

—Tengo hambre.

Llamé a Fran y lo llevamos a un supermercado.

—Coge todo lo que necesites.

El joven, de diecinueve años, tan solo tomó un sándwich de atún y una botella de agua. Lo convencí de que cogiera un paquete de patatas. Nada más salir, engulló el bocadillo como si le fuera la vida en ello.

Nos explicó que era de Tetuán, que había llegado en los bajos de un camión y que llevaba dos días por Sevilla. Sin nada. Alguien le había robado la mochila en un albergue. Le ofrecí mi móvil para llamar a su madre, pero no recordaba el número. Me dijo que no sabía cómo ir a Lepe, donde conocía gente que le ayudaría a encontrar trabajo en el campo.

—Yo soy cocinero, pero tengo buena cabeza para aprender todo.

Fuimos paseando hasta la estación de autobuses, le sacamos el billete para Lepe, le dimos algo de efectivo y le escribí nuestros teléfonos. Se abrazó a nosotros dándonos besos en el cuello y repitiendo sin parar 'muchas gracias'.

Él no podía imaginar que los agradecidos éramos nosotros.

sábado, octubre 04, 2025

Marruecos

Esta semana he trabajado en un Marruecos que hierve por la movilización juvenil contra un estado que sienten lejano.

Sé de primera mano lo que gana un joven en la industria, en torno a los 300 euros al mes. Sé, porque acabo de llegar de allí, que los precios no tienen piedad con esos sueldos.

Sin embargo, es un país que crece y puedo decir, porque también me consta, que los cuadros directivos marroquíes de empresas como la mía cobran 4000 euros mensuales.

¿Cómo es posible tanta desigualdad?

Soy un enamorado de esa tierra, un lugar que tiene todo lo necesario para progresar: recursos naturales, mucha gente joven, infraestructuras en crecimiento, un clima maravilloso y una ciudadanía acogedora.

Lo dicen en las manifestaciones juveniles: '¡No queremos estudiar para emigrar!'.

Ojalá la comunidad internacional los ayude a liberarse de ese régimen feudal que les obliga a mirar el horizonte desde la orilla.

domingo, julio 27, 2025

Marrakech

Marrakech siempre será una habitación luminosa en la que pasé horas leyendo sobre Estambul. 

Será también el bullicio de calles destartaladas de muros ocres y motos que te atropellan, y gente amable que te saluda con la mirada al pasar, y tajines de pollo, y de pescado, y de cordero. Sin embargo, recordaré esas tardes marroquíes con mi cabeza apoyada en la barriga de Fran, leyendo sobre Estambul. 

El calor implacable del verano nos obligó a disfrutar una ciudad intermitente, a la que nos asomábamos y de la que escapábamos a nuestro refugio, como se vuelve a una sombra fresca al mediodía, para seguir leyendo sobre Estambul. 

Sé que pasarán los años y vendrán imágenes de ese espacio mágico donde nos refugiamos, felices, mientras sonaban las llamadas del almuecín. Y me costará saber si ese lugar estaba en Marrakech o en Estambul.

Taxista

Nuestra entrada en Marrakech fue propia de una película de acción, con nuestra taxista tratando de llevarnos a las puertas mismas del riad entre calles estrechísimas llenas de comerciantes que apartaban sus mercancías para hacernos camino.

Todos señalaban con una sonrisa, incluso a cien metros de distancia, por dónde podía tirar, cuánto cuidado debía tener.

Escenas imposibles de imaginar en cualquier ciudad europea.

Así ha sido nuestro viaje a Marrakech, un paseo inolvidable por la hospitalidad humana.


domingo, julio 13, 2025

Aduana

—Parecen marineros —comenté.

Tras llegar de Marruecos, el olor a sal y gasóleo envolvía la aduana en Tarifa, donde nos sorprendía el uniforme de los policías que controlaban el pasaporte en la garita de cristal.

Ya en mi turno, al entregar mi documentación, comprobé que eran oficiales rumanos los que estaban al mando del control de fronteras. El escudo del país y su nombre en el uniforme lo confirmaban. 

Me devolvió los papeles con un 'gracias' mecánico y salí del puerto con la alegría de pensar que un futuro de concordia aún es posible.

sábado, julio 20, 2024

Crepes

A menudo, las tardes de paseo nos piden un chute de azúcar.

Íbamos paseando por Tánger y a Fran, a la vista de la atmósfera afrancesada de sus grandes bulevares, se le antojó un crepe de chocolate. Así que bajamos al paseo marítimo, remozado, amplísimo, bordeando una playa de arena fina, y buscamos un sitio donde encontrar su antojo.

—¿Qué desean? —nos preguntó, raudo, un camarero al detenernos frente a su local.

—¿Tienen crepes?

—¡Claro que sí!

Rápidamente nos preparó una mesa, nos dio agua, colocó cubiertos, se interesó por saber de dónde éramos.

—¿Sevilla? ¡Maravillosa!

Cuando ya nos tenía instalados, y camelados, nos trajo la carta.

—No hace falta —aclaró Fran—, queremos unos crepes de chocolate.

Nos respondió con una sonrisa, entró y salió varias veces de la barra. Nos dijo que hacían un café riquísimo. 

—No tienen crepes, ¿verdad?

—Verás, amigo... tenemos comida muy buena.

Cualquiera se iba de allí...

martes, octubre 31, 2023

Marruecos

Me presentaron resultados de varias fábricas y, cuando tocó la de Casablanca, hice un comentario fuera de lugar.

—Tienen unos consumos de energía muy dispersos —explicaban.

—Es un país más anárquico —comenté.

Tal como hice el comentario, me disculpé. Lo que me salió como una gracia, no era sino una observación racista, supremacista, estúpida. Calificar la gestión de una fábrica por la supuesta desorganización de un país no es imprudente, es lamentable.

La vida también es luchar contra los prejuicios con los que se nos educan y vencerlos.

lunes, octubre 16, 2023

Cous cous

—¡Vaya cómo está el cous cous!

Te lo sirve de pollo o de cordero, siempre acompañado de la frase mágica. 

—Lo hace mi madre —la ilusión está en sus ojos.

¿Quién se resiste a una comida hecha por una mamá?

Lo conocimos en una cervecería de la Alameda e íbamos a menudo. Atento, sonriente, resuelto, ese chaval marroquí era un chute de simpatía y profesionalidad. Hasta que un día desapareció. 

Este verano Fran lo descubrió de nuevo en un local de nuestra calle. Trabajando de sol a sol para convertir un negocio cutre en un pequeño restaurante marroquí con alma.

Ahora lo tenemos a cien metros de casa.

—¿Tienes hoy cous cous de pollo? —le pregunto.

—Justo me queda uno para ti.

miércoles, marzo 29, 2023

Alfombra

Fue la primera vez que visitaba Marruecos.

Se nos ocurrió sobre la marcha y, al no tener los pasaportes con nosotros, la única forma de entrar era mediante un tour organizado de un día completo, que incluía paseo en camello y comida en la medina de Tánger.

¡Qué bien nos lo pasamos!

Veíamos Tarifa desde la Alcazaba de la ciudad, donde jóvenes con chilaba se colocaban serpientes alrededor del cuello, y nos planteábamos cómo podía haber tal salto cultural a tan pocos kilómetros de distancia.

La ruta, en autobús, incluía paradas en el zoco, en tiendas compinchadas con la compañía turística que organizaba la visita. Entramos en una farmacia bereber, en un mercado de especias y en una tienda de alfombras. A pesar de la explosión de colores, y olores, de estos lugares, yo quería que nos sacaran de allí. ¡Había tantas cosas por ver!

—Nos tratan como a rebaño —protesté—, y todo para sacarle los cuartos al turista tonto que se acabará comprando una alfombra —insistí.

Entonces me saludó el de la tienda.

El único que iba con una alfombra a los hombros, en el ferry de vuelta a España, era yo.

lunes, noviembre 01, 2021

Jefa

Llegamos a la fábrica de Renault en Casablanca bien temprano.

Nos recibieron los jefes a la entrada y nos explicaron cuál era la situación de la producción, al tiempo que nos invitaron a entrar en los talleres. Tras haberla visitado varias veces, recorrimos acompañados de nuestros anfitriones las líneas de fabricación. Es allí que nos presentaron a la mujer que se ocupaba del análisis de los problemas técnicos en los motores.

—Bonjour, messieurs —nos saludó, con el velo cubriendo su cabello.

Nos llevó a su zona de trabajo y nos explicó con todo lujo de detalles la razón de nuestra visita. Con palabras claras e impecables argumentos técnicos. Sus compañeros danzaban alrededor pero era ella, la de menor rango en el escalafón, quien llevaba la voz cantante. 'Tú, trae esto', 'tú, busca el plano', 'tú, enséñales la pieza', 'tú, acompáñales a la máquina donde tenemos el problema'.

La resolución hecha mujer.

Nos despidieron, a la salida de la fábrica, todos los jefes. Todos hombres.

sábado, enero 30, 2021

Marroquí

Ayer nos atendió un camarero marroquí.

Tras una semana complicada, teníamos ganas de pegarnos un homenaje en un sitio al aire libre.

Sin lugar a dudas, de entre quienes nos recibieron, nos tomaron nota y nos atendieron, el más amable y profesional fue él. Atento, resuelto y divertido.

A mí me alegró más la comida su simpatía que el maravilloso chateaubriand que nos sirvieron. 

Tras su actitud, yo adivinaba el doble de esfuerzo en él y una gran capacidad personal.

Sin duda alguna, tras mi reacción hay un cierto deje de racismo, porque no debería hacer distingos entre orígenes geográficos para apreciar la profesionalidad de nadie. Sin embargo, valoro enormemente que nuestra sociedad sepa integrar a quien no es de la tierra. No hay mayor índice de salud moral.

Dejaré de ser racista cuando no aprecie como especial la simpatía y las cualidades de una persona por tener otro color de piel, porque quien trabaja tiene derecho a ser tan mediocre como el que más y a que yo critique su profesionalidad sin otros argumentos que su buen o mal hacer.

Ayer, en todo caso, tuve un mediodía feliz.

miércoles, diciembre 05, 2018

Tánger

Llegamos en ferry a Tánger desde Tarifa tras acordar dos días de trabajo en las plantas que Renault tiene en esta ciudad y Casablanca. Una serie de retrasos provocó que llegásemos sin almorzar y bien entrada la tarde a las oficinas de Europcar en la ciudad. Se mezclaban dos ansiedades: visitar la medina antes de que cayera el sol y comer algo sólido.

Con indumentaria impuesta, decoración infame y simpatía desbordante nos acogió el chico del 'rent a car' con un español bien currado.

-Ustedes no tienen prisa, ¿verdad?

Le puse una cara de pocos amigos que no supo interpretar. Me preguntó mil cosas innecesarias para firmar el contrato mientras Fernando fumaba su cigarrillo electrónico en la calle. Media hora después, tras imprimir y tachar no sé cuántos papeles, me entregó la documentación.

-¿Es tarde para comer algo por esta zona? -me atreví a preguntarle.

-'No hay algo que se llama tarde aquí' -me respondió con un español hecho a pedazos. Yo apunté la frase en el móvil, por rotunda.

Dos días después, por circunstancias que no vienen al caso, tuvimos que adelantar el retorno a España desde Casablanca. Las oficinas del alquiler de coches abrían a las dos y media, lo que nos hacía temer no poder coger el ferry de las tres tras entregar el vehículo. Llamamos a Europcar y nos atendió el mismo tipo con idéntica buena disposición.

-No se preocupen, abriré media hora antes y os acercaré personalmente al puerto.

Así fue. Nos dejó a los pies del barco con una sonrisa y tiempo de sobra para tomar un café, en una muestra impecable de profesionalidad impensable en otras latitudes más 'civilizadas'.

'Allí no hay algo que se llame tarde', pienso hoy desde mi atalaya; de eso tenemos de sobra a este lado del Estrecho.

viernes, noviembre 30, 2018

Vergüenza

A una foto mía de esta semana con la gran mezquita de Casablanca a mis espaldas publicada en Facebook, una mujer respondía con un comentario vergonzoso: 'si tan bonito es ese país, ¿qué hace tanto marroquí aquí?'. A esta señora yo le invitaría a leer acerca de la historia de España para que así pueda entender cómo a muchos de nuestros antepasados directos los recibieron en Alemania para escapar de la miseria.


El odio al inmigrante no es sólo una cuestión de incultura, sino de maldad, porque seguramente mucha de la gente que piense como esta mujer será católica, apostólica y romana y, sin embargo, no tiene la mínima calidad humana para evitar soltar improperios hirientes sobre la memoria frágil de miles de seres humanos que han muerto ahogados en el traicionero estrecho de Gibraltar al que desafiaban por tratar de encontrar una vida más digna.


Me aterroriza pensar que el próximo domingo las portadas de los periódicos informen de que en mi querida tierra han salido elegidos diputados del ultraderechista partido VOX (vergüenza + oprobio + xenofobia) y me tendré que tragar mis argumentos de que España está a salvo de partidos fascistas como el Frente Nacional o la Liga de Salvini.


No me vale el argumento de que en democracia cabe todo. No. Hay propuestas que no caben en una constitución democrática.


Hay mucha gente amargada que no desea otra cosa que odiar.

domingo, julio 05, 2015

Tánger

El hombre, cercano a los sesenta, almorzaba en medio del gigantesco comedor de la fábrica escondido en su plato.

Era ésta mi cuarta vez en Tánger, pero la primera en la que pasaba unos días en la ciudad por cuestiones laborales. También la primera en Ramadán.

Fuera del zoco, la medina, la alcazaba y su enorme playa de arena fina, es una ciudad desordenada y fea de la que, a pesar de todo, puedo entender sus leyendas bohemias de patria de artistas. Pasearla es enfrentarte a ojos que miran a los tuyos en cada esquina, coches que pitan y niños con camisetas del Barcelona, son cafés llenos de todo lo que no sea una mujer, olores a canela y peluquerías de caballeros.

En Ramadán, además, son bares cerrados de día y multitudes que se echan a la calle minutos después de caer la noche, cuando ya han saciado el hambre mala de un día de sol machacón sin nada que llevarse a la boca.

Un compañero argentino que lleva tiempo viviendo tiempo allí me explicaba que todos respetan, occidentalizados en la indumentaria o no, las leyes del islam.

Nos llevaron a los occidentales al gran restaurante vacío de la fábrica para ofrecernos de comer al mediodía siguiente. Fui de los primeros en entrar y crucé la mirada con ese hombre mayor con uniforme de trabajo, agazapado comiendo, rompiendo valiente con lo correcto, protegido por una empresa europea que vela por su derecho a no ser como se debe ser, y mi corazón estuvo con él.

domingo, noviembre 27, 2011

Ritual

No sé cuándo fui consciente de haber encontrado, a lo largo de mi crecimiento como persona, la equivalencia entre el acto de aprender y el de ser feliz.

Quizás porque el aprendizaje no lo hago equivalente al hecho de estudiar, o no al esfuerzo, o no a la obligación.

Aprender por el gusto de conocer.

Hoy, como tantos otros domingos, he salido a la calle, me he comprado el periódico y me he ido a desayunar durante casi dos horas.

Tiempo para sumergirme en la realidad de un Marruecos que acaba de votar a un gobierno islamista en que aprendí que la propia monarquía ha sido impulsora de partidos políticos para ahuyentar la posibilidad de un país gobernado bajo las leyes de la sharia, desayuno en el que descubrí el lado luterano de Ángela Merkel, amante de las matemáticas y de la lengua rusa, que llegó a pertenecer a las Juventudes Comunistas de la RDA. Desde Chile me explicaban, poco después, por qué esas movilizaciones estudiantiles en un país en pleno progreso, y encontré la clave en la baja calidad de la enseñanza, al haber confundido los políticos cantidad con calidad. Me explicaron el drama que supondría para España volver a la peseta, fundamentalmente por la descapitalización de la banca y me adentré en una clase de 4º de ESO del País Vasco durante la exposición de su drama de una víctima del terrorismo. Analicé durante quince minutos gracias a un estudio estadístico, hacia dónde se fueron los votos del PSOE del 20N, en esa zona centrista poco ideologizada que se reparten de elección en elección los dos grandes partidos. Me sorprendí por las altísimas compras de automóviles en estos tiempos de crisis de los 'rent a car' o el desembarco en Norteamérica de unas 'muñecas de Famosa' que yo creía desaparecidas. Me alegré de saber que cada vez se tiene más en cuenta el compromiso ético de las grandes empresas con el empleado o con el medio ambiente por parte del cliente y de los inversores. Buceé en la historia de Atenas y Roma para entender algo de la crisis que hoy afecta a griegos e italianos, en un artículo en que se defendía una salida política, casi espiritual, a esta crisis. Me aproximé a Medina Azahara para conocer cómo un grupo de intelectuales cordobeses defendió el inicio de excavaciones para protegerla del desconocimiento social de esa ciudad fundada en el siglo X.

Pasando páginas de un periódico que cuesta menos que un desayuno, tuve dos horas nuevas de placer. Un viaje de Chile a Alemania, de Marruecos a Grecia, de la política a la empresa pasando por lo espiritual.

Difícil encontrar formas más baratas de alegrarse una mañana de domingo, siempre que se entienda que el conocimiento es crecimiento, que te ayuda a hacerte como persona y como observador del mundo, de las realidades de otros tiempos y de éstos, de otros sitios lejanos, que lo son menos cuando tienes la curiosidad de detenerte un rato y leer.

domingo, enero 03, 2010

Zapatero

Reconozco especial simpatía por este hombre, vilipendiado en tantos medios de comunicación, tachado de incompetente, indeciso, integrista, ingenuo, voluntarista sin más, chaquetero, improvisador... 

Desde mi propio campo, muy cercano al suyo, son muchos los errores que identifico en su trayectoria, los cuáles los resumiría en haber sido poco claro en sus estrategias políticas (a nivel de aliados, especialmente hablando de los grupos nacionalistas, cuyo único ideal es el terruño), en haber dado imagen de improvisación en cuestiones económicas (no me parece muy socialista ese beneficio de 400 euros en el IRPF o la ayuda universal de 2500 euros por nacimiento, debería de haberse hecho en función del nivel económico del interesado). Creo que ha errado en cuestiones internacionales, al menos no veo una línea clara, en que se moje en asuntos trascendentes (Cuba, Marruecos, Venezuela, la Unión Europea, Afganistán). 

No se puede estar a bien con todo el mundo, sobre todo cuando el mundo es tan terriblemente injusto. 

Creo que a Zapatero le ha faltado más contacto con la realidad de la calle, un impulso realmente fuerte en los terrenos de la investigación y la innovación científica, más valor a la hora de redactar la Ley Antitabaco. Creo que fue un error por su parte nombrar a Bermejo como ministro de Justicia, o a César Molina como Ministro de Cultura. Me hubiera gustado que durante esta terrible crisis que le ha tocado padecer se hubiese rodeado de un equipo técnico-economista de primer nivel. Se pueden mantener principios de izquierda pero coger el timón con las dos manos, el país se juega mucho. Y el timón no se puede coger si no se tienen todos los conocimientos necesarios. 

Dicho esto, considero que Zapatero es una gran persona y un político con aún muchas cosas que aportar. En su haber está la valiente reforma de la ley del aborto, la ley de Dependencia, pensando en los que más sufren, la ley del matrimonio homosexual, dando dignidad a los que siempre estuvieron marginados. Siempre ha luchado por mantener los derechos de los trabajadores, en una época en que hubiera sido fácil apoyar políticas más agresivas contra éstos, porque en época de grandes crisis vale todo. Es una persona con principios, por mucho que se le quiera tratar de apocado. Es un hombre bueno que sueña con una sociedad que funcione bajo principios más humanos. Poco a poco se acerca su final político en esta su etapa como Presidente del Gobierno de mi país. Dijo en su primer discurso, que yo escuché emocionado desde Francia días después del atentado del 11-M, que no nos fallaría. Ha fallado como fallan todos los humanos, pero yo no tengo ningún reproche que hacerle a su persona. Me parece un hombre digno, que enaltece la política, que se mueve exclusivamente por sus ideales y que siempre lo hará así. Sería una gran alegría para mí que consiguiese frenar, reflexionar, tomar las medidas oportunas para los que tanta esperanza pusimos en él volvamos a creer que es posible construir un mundo más justo a base de buenas políticas. Estos días celebramos menos muertos que nunca en carretera, menos mujeres muertas a manos de sus maridos que nunca. La muerte de ETA está más próxima que jamás lo ha estado. Algo han tenido que ver sus ministerios en todo esto y leyes aprobadas durante su mandato. Deseo que estos años que queden hasta las próximas elecciones haga lo que esté en su mano para que, los que creemos en él, sigamos criticándolo con energía pero orgullosos de su quehacer como Presidente. Mucho ánimo

domingo, noviembre 29, 2009

Casablanca

Hace unas semanas tuve que organizarme para ir con unos compañeros de trabajo a Casablanca. Había surgido un problema en la fábrica que Renault tiene en las afueras de esa ciudad y consideramos que la mejor forma de solucionarlo era presentarse allí.

Lo preparamos sin mayor dificultad. Un coche de empresa y la reserva de dos hoteles, uno en Casablanca la primera noche y otro en Tánger para hacer escala de vuelta.

Tánger es una ciudad que me apasiona. O que me apasionaba...

Justo cuando entrábamos en el puerto de Tánger les pedí a mis colegas paciencia. 'Esto es Marruecos y aquí los ritmos son otros'.

No había que alterarse si un empleado de las aduanas te pedía una propina por entregarte los papeles al firmar, o que en el espacio cerrado de tránsito del puerto ya hubiera quien te estuviera ofreciendo relojes o pulseras. Les das propinas porque estás vendido y se te quejan.

Mis anteriores veces en Tánger habían sido visitas de unas cuantas horas, organizadas y en grupo. No imaginé lo que suponía que se abriesen las puertas del puerto y nos lanzáramos, como un toro en Sanfermines, a la caótica ciudad de Tánger. Había que encontrar el camino para llegar a la carretera de Rabat y teníamos que hacerlo por instinto. No se respetaban los semáforos, los cedas al paso, no había letreros, la gente se abalanzaba sobre el coche.

Una inversión realizada por mis hermanas en Assilah nos endulzó el viaje. Me habían pedido el favor de acercarme por allí para ver si un dinero que habían entregado para la compra de un apartamento tenían que darlo por perdido o no. Afortunadamente pudimos ver que la promoción sigue construyéndose.

Assilah es un oásis en este país de contrastes. Dimos un paseo agradable, sin presiones ni vendedores siguiéndonos los pasos, nos fotografíamos en la Medina y comimos muy bien en el humilde 'Casa García'.

Pero quedaba Casablanca.

Todas las anotaciones que yo había hecho para visitar, ir de cena, pasear... se me vinieron abajo nada más llegar con la noche ya cerrada. Afortunadamente que existía la Gran Mezquita de Hassan II para guiarnos como faro porque no existe una sola indicación en toda la ciudad. Ya en la autopista entre Rabat y Casablanca comprobamos el poco respeto por las normas de circulación, sobre todo de los peatones, pero la ciudad de Casablanca es el caos absoluto. No hay normas.

Tardamos hora y media en llegar al hotel, donde tuvimos que cenar a deshora porque ya no había tiempo ni nervios para coger de nuevo el coche.

Desorganizada, ruidosa, construida a trozos, la ciudad me decepcionó tanto que me tengo que dar una nueva oportunidad para visitarla. No me gusta no dar segundas oportunidades.

A principios del siglo XX no tenía más de 10.000 habitantes, ahora parece que supera los cinco millones.

Eso lo explica todo.

Me hablan del encanto de Marrakech, de las playas de Agadir, de la sensualidad de Fez, del cosmopolitismo de Tánger.

En Casablanca hay mucha miseria, pero mucha vida también. Parece imposible vivir tan cerca de esa civilización tan distinta a la nuestra.

Al día siguiente solucionamos en la fábrica y pudimos visitar la Gran Mezquita, impresionante.

Impresionante ese derroche en un terreno ganado al mar a menos de doscientos metros de un barrio que se cae a trozos.

Volveré a Casablanca, seguro que me perdí algo.

Siempre hay que dar segundas oportunidades.