x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Salamanca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salamanca. Mostrar todas las entradas

jueves, febrero 05, 2026

Cappuccino

Bajando en coche desde Valladolid, tras una semana intensa de trabajo, paré en Salamanca para tomar un café y así evitar quedarme dormido al volante.

Y ya que paro en Salamanca, paro en Salamanca.

Así que aparqué junto a la Plaza Mayor, para extasiarme, y busqué una buena cafetería desde donde disfrutar del ambiente de la ciudad, aunque fuera 15 minutos hasta continuar la ruta a Sevilla.

La chica que me sirvió no podía ser más linda.

Un capuchino, por favor.

Cuando no conozco el sitio, el capuchino suele ser la mejor opción para evitar tomarme un café sin gracia.

La niña le puso tanta simpatía, tanto esmero, ¡tanto chocolate!, que no había quien se lo bebiera. Apenas estábamos ella y yo en el local. Así que aproveché que entraba en el almacén para correr con el café hasta el baño y tirar ese mejunje al lavabo. 

Volví a tiempo de que no se diera cuenta.

lunes, julio 03, 2023

Mejillones

Cuando vivía en París, me gustaba ir algunos viernes a comer paella a un restaurante español cerca del trabajo.

Lo regentaba un matrimonio salmantino que me hacía mucha fiesta cada vez que aparecía por allí. 

El problema es que esas paellas me sentaban mal. Los sábados se convertían en una odisea para mi estómago, con la sensación extraña de que alguien me hubiese envenenado.

Tardé en relacionarlo con ese restaurante, hasta que un día vi la luz y dejé de ir. Se me quedó un mal sabor de boca respecto a ellos y la sospecha de que había algo en ese plato que no estaba en condiciones.

Con el tiempo fui descubriendo, a partir de otras paellas, de otras tapas, de otros viajes, que lo que me sentaba mal eran los mejillones, que tanto me gustan. Hago por volver a ellos de vez en cuando, pero siempre acaba por hacérseme una bola en el estómago.

Muchos años después, cuando ya no vivía en París, pasé por el restaurante y ya no existía. 

Son muchas las veces que hacemos la cruz a los otros por desajustes que son exclusivamente nuestros.