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lunes, noviembre 06, 2023

Cerebro

No era un camino muy largo, una reciente mañana de sábado, entre dos preciosos pueblos de Cádiz, Conil y Arcos de la Frontera. Yo iba de copiloto y coloqué el teléfono en la guantera.

Me tentó mirar en el móvil dónde estaba el pueblo de Naveros, donde se cultivaban los garbanzos que comimos el día anterior en Venta Melchor, al ver su señal en la carretera. Me contuve. Quise saber quién era la mujer que cantaba una balada en portugués. Hice por abrir la guantera, pero me resistí. Me acordé de un artículo sobre Palestina que había leído al desayunar y quise leérselo a Fran, lo que obligaba a buscarlo en el teléfono. No lo hice. Atravesamos Paterna de Rivera y quise saber cuántos habitantes tendría. Evité la tentación de mirarlo. Vi nubes negras a lo lejos y me prohibí mirar el tiempo. Fran me preguntó si había un parking cerca del centro y le dije que no lo iba a mirar.

-Estoy intentando llegar a Arcos sin tocar el teléfono.

Él me miró con cara de conocer mis experimentos sociales.

Ya subiendo las cuestas de esa maravillosa población me confirmé una teoría, el móvil se ha convertido en una prolongación de nuestro cerebro que provoca síndromes de abstinencia. Controlables. De momento.

domingo, octubre 22, 2023

Animal

Desde pequeño he sido un animal devorador de prensa. Ya le quitaba a mi padre el ABC para leérmelo de arriba abajo sin escatimar un solo artículo. Conforme fui teniendo uso de razón, entendí que no me gustaba como veía el mundo ese diario y me convertí a periódicos más progresistas.

Siempre he pensado que mi nivel cultural, más o menos sólido, me lo ha dado más la prensa escrita que la literatura.

Son granitos que se van sumando a diario, año tras año, durante varias décadas. Un aprendizaje sobre la naturaleza humana, la política, la sociedad, la cultura, los avances científicos, la salud que no se obtiene de ninguna forma más eficiente que a través de la gota malaya, constante, de la lectura diaria de un periódico.

Ocurre, a mi pesar, que hay épocas, recientes, en que he empezado a rehuirlos. Cuando la maldad se hace tan espantosamente presente, como en estos días, dejo a un lado las noticias, las leo de perfil, para no contaminarme de la falta de esperanza en el ser humano.

Volverán los días de sol.

martes, octubre 10, 2023

Conflicto

Desde que mi memoria alcanza, y recuerdo episodios muy atrás en mi niñez, me ha angustiado el conflicto entre Israel y Palestina.

Es el pecado original de nuestra generación, el eterno combate con el que nacimos y con el que, muy probablemente, moriremos, sin que una posibilidad de esperanza atisbe en el horizonte.

Cuanto más leo sobre el tema, que me apasiona y me atormenta, menos clara tengo mi posición.

Reflejo del alma humana, en el que las dos partes tienen sus razones y sus culpas, desenredar esa madeja se convierte en una misión imposible. Cuanto más nudos deshacemos, más se vuelve a enmarañar el resto.

¿Dónde está la sensatez?, nos preguntamos. Si dos pueblos quieren vivir en paz, ¿por qué no se sientan a dialogar?

Hay tanto odio, tantos muertos, tantos agravios acumulados que no hay quien sepa encontrar la vía de la concordia. 

La creación del estado de Israel es tan justa como injusta y ahí radica el problema. Intentamos resolver un dilema que no tiene una solución digna, porque parte de una ecuación mal planteada de base.

martes, julio 29, 2014

Terror

Cuando el telediario informa de que casi el 90% de la población israelí apoya la ofensiva sobre Gaza y vemos imágenes, día tras día, de niños agonizando llevados en camilla hacia hospitales bombardeados, la reacción inmediata y visceral es la de maldecir a una sociedad insensible al dolor del otro.

Intentando profundizar, entender cómo ha podido llegar a ese posicionamiento un pueblo culto, civilizado y maltratado, durante siglos, por el desprecio y la desconfianza de otras sociedades, resulta difícil empatizar con esa coraza colocada que no les hace luchar contra su propia violencia.

Se entiende el miedo al vecino iracundo, pobre y resentido, incluso se comprende la fortaleza de un ejército creado para defender día a día la existencia misma de su añorado país recién creado, anclado en las tierras de las que fueron expulsados sus antepasados, como de tantos otros lugares. Expulsión, vejación y ensañamiento, sí. Se puede visualizar esa ansiedad por querer retener ese espacio siempre negado por la historia.

Aun empatizando con sus miedos y su rabia ancestral, resulta difícil asumir la vergüenza que debería suponer a una sociedad sana el saber que cada día son cien más los muertos a pocos kilómetros, con decenas de niños destrozados que obligatoriamente no pueden ser terroristas, sino niños.

El odio que lleva al odio y la ansiedad de saber que no hay antídoto posible en esa tierra desangrada por la incomprensión mutua es un motivo de vergüenza universal.

No se puede perdonar al asesino de tu hijo muerto. Ésa es la tragedia.

Mi solidaridad es plena con los inocentes niños palestinos en plena vorágine de terror.

jueves, marzo 31, 2011

Dientes blancos

Hace siglos que vi un programa en televisión en que un americano de camisa de leñador y dientes blancos, casi fluorescentes, decía lo obvio, que en esta vida no se es feliz sin un proyecto.

Una ilusión.

La gente, cercana o lejana, que se deja ir es porque, sin que haga falta que te lo diga un yanqui de sonrisa colgate, ha roto los hilos básicos con la ilusión de construir un sueño.

En mi caso es básico: Suena el despertador, desagradable, y busco en mi cabeza un proyecto, una motivación.

Afortunadamente siempre hay cosas.

La primera es mi amor. Todo lo que sea pensar en mi pareja y su futuro es sinónimo de felicidad.

La segunda es Iván. Y con Iván mi familia entera.

La próxima novela, la próxima película, nuestro verano cercano en Nueva York, la semana santa en el Algarve, la novela por terminar de Paul Auster, liquidar la próxima Visa de Bankinter, evitar que el alcalde de Sevilla sea el carca de Zoido, pensar en asistir a un concierto de Zazie en París, creer que es posible una Libia libre, que Palestina encuentre su sitio digno en el mundo, soñar con una España con pleno empleo, asistir a una conferencia de Rosa Montero, que Isaac triunfe con su empresa de maniquíes, que mis hermanas logren consolidar su espíritu emprendedor tras tantos años de lucha...

Me sigo despertando con ganas de vivir...

viernes, enero 15, 2010

Conflictos eternos

Hay una serie de situaciones en la vida que exigen posicionamiento. Te puede tocar cerca o lejos, pero se suele tener opinión.

¿Quién no ha discutido sobre el enfrentamiento israelo-palestino?, ¿cómo poder quedar indiferentes?

Cuando hay argumentos sólidos por ambos lados, cada cual abraza una causa en función de su ética, sus compromisos morales o religiosos, su desgana, su pasión, su pesimismo o sus ganas de vivir.

Precisamente uno de estos puntos mayores de la complejidad humana es el tema del aborto. Y parece que los que defendemos sin ruborizarnos el derecho de la mujer a abortar no tengamos ganas de vivir, o queramos hacer la puñeta a una criatura, tengamos instinto asesino, seamos muerte, oscura y sangrienta muerte.

Yo tengo razones sobradas para defender el derecho a la mujer a abortar.

Hay quien opina que lo que hay que fomentar es la educación sexual. Estoy al cien por cien de acuerdo. Pero es ingenuo pensar que por mucho que uno eduque no llegarán embarazos indeseados.

Habría que enseñar a beber, pero siempre habrá alcohólicos. Habría que enseñar a comer, pero siempre existirá la obesidad incontrolada. Habría que enseñar a utilizar preservativos, pero puede fallar, olvidarse, dejarse uno llevar, equivocarse. Y una equivocación no puede costar tan cara.

Ante estos embarazos sobrevenidos hay quien implora piedad por el futuro niño, enviarlo a una casa de acogida o darlo a la familia. Es un argumento fuerte, pero tiene sus connotaciones morales. Basan su razonamiento en dos principios: la vida es sagrada y el feto es una persona.

Efectivamente, el feto es vida. Pero no es ni de lejos una persona.

Y el feto de una mujer que no quiere tener a su hijo es un proyecto de vida desgraciada.

Claro que sí, que si se le da la oportunidad de nacer puede ser una persona maravillosa. Ese feto puede llegar a ser un futuro Obama, un Vicente Ferrer, un gran investigador... o una persona sin más.

Pero si se aborta no se mata a nadie. Se mata un sueño, tal vez. La ilusión de una nueva criatura, seguro. Pero no se asesina a nadie.

Porque si llevamos el razonamiento al extremo estaríamos matando niños cada vez que nos ponemos un preservativo, cada vez que decidimos no hacer el amor una noche.

Abortar tiene que ser un plato difícil de tragar para la mujer que se ve obligada a abrir sus piernas para quitar un trozo de futura vida. Un drama para ella, sin duda.

Para mi modesto entender, apoyar la penalización del aborto es jugar con populismo. Es cantar a la vida con argumentos equívocos y, más veces de las deseadas, mezquinos.

Atacar el derecho a abortar me parece cobarde, taparse los ojos a la realidad de la existencia humana.

Con cada aborto se mata un proyecto de persona que nunca existirá, se termina una ilusión, seguro. Pero no se asesina a nadie. Nadie existe.

Fomentemos una educación sexual sana, y ante los errores o la ignorancia, demos los medios como sociedad civilizada que somos. Primero la pastilla del día después, y si es tarde, una ley de plazos bien estructurada y respetuosa con el alma humana.

Sí, creo profundamente en una ley de plazos, que despenalice el aborto, respetuosa con el alma humana.

El aborto no es historia de asesinatos, el aborto es un drama personal.

sábado, diciembre 27, 2008

De nuevo el Terror

No hay mayor vergüenza en la historia reciente del hombre que el holocausto judío lanzado por Hitler y consentido por buena parte del pueblo alemán y no pocos dirigentes fascistas de la época.

Hoy almorzamos viendo imágenes espeluznantes en Gaza. Bombardeo indiscriminado ordenado por el gobierno israelí. ¡Más de doscientos muertos!

Sin ser comparables, ya van demasiadas andanadas mortíferas, brutales y sin sentido por parte del Estado sionista.

Entiendo la razón de la existencia de este Estado, más aún después de los actos criminales que condenaron al escarnio, las cámaras de gas y las torturas a millones de judíos por el hecho de serlo.

No entiendo y condeno desde mi posición humilde esta nueva acción militar en la que hemos podido ver civiles reventados en su propia sangre.

No se puede argumentar con el terror, no en nombre de Dios ni de ninguna religión. No podemos permitir más la pervivencia en este siglo XXI de un conflicto que nos llena de vergüenza desde hace tanto tiempo.

Ahora vendrá una salvajada palestina, igualmente condenable antes incluso que se produzca, y de nuevo el círculo que se cierra.

¿Cuál es la razón para no llegar a un acuerdo, para dar a los palestinos el trozo de tierra y la dignidad que les corresponde, cómo se puede medir con tan doble rasero a unos y otros?, ¿cómo pueden tener tanto apoyo en el pueblo israelí carnicerías como éstas, un pueblo culto, maltratado por la historia, denunciador de torturas pasadas?

No podemos quedar ajenos a las caras de pánico de los niños siendo llevados a los hospitales de Gaza. Los gobiernos del mundo tienen que estar a la altura, condenar sin paliativos esta acción y poner todas las bases, la paciencia y los argumentos diplomáticos para que el Estado de Israel sea lo que casi todos queremos: un país cordial, con un lugar en el mundo propio y merecido, respetuoso con los derechos del hombre, conciliador con sus vecinos, enseñándonos que su camino en la historia de la humanidad tiene sentido, heredero orgulloso de Moisés y Abraham; no mortífero y carnicero.

lunes, julio 30, 2007

La historia en los periódicos

Todos los que disfrutamos como niños tomando un desayuno delante de un periódico imagino que vamos atravesando a lo largo de nuestra vida, como respecto a cualquier circunstancia, una evolución significativa en nuestra aproximación a la prensa diaria e inapreciable de un día para otro.

No quiero reflexionar acerca de las tendencias políticas, ideológicas o sociales de la prensa que podamos preferir (aunque tal vez en mi razonamiento las evoluciones sean distintas según a qué tipo de periódicos nos sintamos más unidos).

Con el tiempo he percibido una tendencia en mí a filtrar.

Leer prensa te cultiva. Es difícil que un lector asiduo de prensa (de los disfrutadores de lectura pausada) no sepa situar Sri Lanka en el mapa, no conozca el nombre de los últimos primeros ministros franceses, no sepa distinguir las grandes líneas que distinguen Hammas de Al-fatah o le suene a chino el desarrollo urbanístico de Shangai. A un aficionado a leer periódicos le suenan las cosas sin haberlas estudiado, razona en lo social sabiendo encontrar fácilmente ejemplos, sabe de los avances médicos y de los principales conflictos étnicos o religiosos. Es difícil no tener una opinión formada sobre el chiísmo, el budismo o la iglesia Evangélica americana. A quienes leemos la prensa nos provocan en un sentido u otro las leyes que tengan que ver con la Educación, lo Social, lo Económico, lo Autonómico.

La evolución del lector asiduo de prensa viene con los años. ¿Hacia dónde dirigimos nuestras miradas?, ¿qué nos llama más la atención?, ¿a qué apartado dedicamos más tiempo?

Es consustancial con cada persona dedicar más interés a la prensa rosa, a los deportes, a las necrológicas, a lo local, a la política nacional o a las grandes desgracias mundiales. Pero con el tiempo, al lector medio que dirige sus miradas de forma equilibrada a todos los focos, va tomando más fuerza lo duradero, lo perdurable, aquello de lo que podemos aprender.

En mi caso es así y, como no me considero un bicho raro, pienso que esa tendencia debe ser humana, equilibrada y lógica. Con el tiempo van tomando mayor relevancia las páginas de opinión que la última bravuconada de Bush, con los años prestamos más atención a lo universal que a lo local, a lo social que a lo político (entendido como política de diseño, de la que tanto sabemos en nuestra España, política de hacer política –no de preocuparse por el ciudadano-).

Mi reflexión hace referencia al verdadero sentido de la vida y de las cosas.

¿Qué nos llevamos con nosotros?, ¿de qué hemos aprendido los de mi generación? Cuatro cosas en el fondo. Los grandes titulares en lo internacional pasarían por el fin de la Guerra Fría, la obstinación de Fidel por mantener un régimen aislado, el fracaso americano en Oriente Medio, el crecimiento poco pasional de Europa, la izquierdización democrática de Latinoamérica… lo más destacado en lo nacional pasa por la bonanza económica, el éxito a medias de la integración de las nacionalidades históricas en un Estado que, pese a quien pese, funciona, el papel ridículo de una Iglesia que se encuentra perdida, el gran avance en lo social (divorcio, aborto, matrimonio homosexual, ley de dependencia, ¿futura ley de eutanasia?)

La evolución es saber escoger, leer entre líneas, sentirnos partícipes de este mundo que corre deprisa.

Desayunarnos cada día con una foto de la que vamos aprendiendo a sacar punta, matices, enseñanzas… para que este rato que pasamos por la vida podamos sentirnos vivos, que hemos comprendido algo, que hemos aportado algo