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lunes, mayo 18, 2026

Reloj

Dejar de llevar reloj se convirtió en una decisión hace media vida, no sé si por llevar los brazos desnudos o por querer liberar mi tiempo.

Con el tiempo el móvil tomó el mando: el control pasó de la muñeca al bolsillo.

Es lo que más valoro de los días festivos, el no saber qué hora es. Una suerte de retomar el dominio de uno mismo. Despertarse con la luz del sol y no con un bip-bip que nos rompe el sueño en dos.

Hay esclavitudes necesarias que tocan la moral.

domingo, marzo 15, 2026

Dormir

Se habla del placer del sexo y la comida, pero poco del disfrute del dormir bien.

Desde pequeño siempre ha sido una cualidad que me define. Sí, una cualidad, como puede serlo tener una dentadura perfecta o habilidad para hacer buenas paellas. 

Yo sé dormir bien.

Puedo caer rendido donde sea a cualquier hora con solo proponérmelo. Y al despertar, empiezo, otra vez, un nuevo día.

Hay veces en las que Fran llega muerto del trabajo y tenemos alguna movida social comprometida. Entonces le insisto:

Échate un rato.

Pero si tenemos que salir en media hora.

Inténtalo.

¡Yo no soy tú!

miércoles, julio 09, 2025

Beso

Tenemos más tendencia a la protesta que a la celebración y hay veces, muchas, en que la queja viene de no haber sabido festejar en su momento lo que nos hacía disfrutar.

Yo recibo cada mañana un beso sonoro y muchos achuchones.

¡Cada mañana!

Fran se levanta siempre antes, sea día de trabajar o descansar. Aprovecha que yo estoy sin defensas para ponerme su cabeza en la barriga y acariciarme de la cabeza hasta los pies.

Yo hago como el que se molesta, pero moriría si dejara de ser así.

sábado, marzo 15, 2025

Soñada

No llevo la vida soñada, pero soy, en esencia, feliz.

Gestionar esa contradicción no es de valientes, se acerca más a una estrategia vital. Si racionalizo mi día a día, las horas a las que suena el despertador, los malos humos que tengo que soportar en el trabajo, la escasa vocación hacia mi profesión o los largos viajes laborales en soledad podría llegar a concluir que he equivocado el tiro. 

Entendí, hace tiempo, que no hay que recrearse en lo que te disgusta sino valorar aquello que te hace grande. De forma que potencio la parte humana de trabajar con grandes equipos, me encariño de las ciudades de visita obligada y me formo sin cesar en la parte más bonita de un oficio que al que le supe encontrar su punto.

Y luego está la desconexión, el amor al llegar a casa, las risas con los amigos, la liberación de contar historias, los paseos junto al mar, el bajar a la calle y perderme en mi ciudad.

domingo, diciembre 15, 2024

Hormonas

Fran duerme menos que yo, así que los días de fiesta él hace de mi despertador natural. 

Se despereza, consulta el móvil, se levanta, viene, va... 

Las veces que veo la oportunidad, lo abrazo, porque los años han demostrado que poseo el poder de adormecerlo de nuevo. No es necesario más que rodearlo con mis brazos para que, en cuestión de segundos, le baje el ritmo cardíaco, los músculos se le destensen y acabe expulsando ese ligero resoplido que indica que está dormido.

Lo que ocurre, algunas veces, es que el que se despierta soy yo y acabo con el brazo dormido de sostenerlo, sin quererlo despertar.

jueves, octubre 17, 2024

Vidrio

Cada vez que tiro las botellas en el contenedor de vidrio, miro a la ventana que está justo encima y pienso en las maldiciones que estarán habituados a mascullar sus inquilinos cada vez que oyen la descarga de cristales rompiéndose entre sí.

Nadie está a salvo de que un día le coloquen uno igual bajo su ventana.

Entonces añorarás, con impotencia, los tiempos de las siestas infinitas, los despertares suaves provocados por la luz del amanecer, el ciclo armonioso de las cosas.


jueves, mayo 12, 2022

Sonda

Como un detector de movimientos de tierra, cuando Fran ve que comienzo a moverme en la cama, coloca uno de sus dedos en mi barriga y sigue durmiendo.

De hecho no sé si es su cuerpo el que decide por cuenta propia colocar ahí el dedo, sin consultarlo con él.

Entonces yo me calmo, poco a poco paso a despertarme, a abrir los ojos en la habitación en penumbra, con la mente en los planes para el día. 

Mi barriga sabe que está ahí el dedo. Vigilante. Quizás Fran esté dormido y yo en mis cosas, pero el dedo lo controla todo.

Cuando por fin decido poner los pies en tierra, el detector informa al caballero que su marido se ha levantado. Es entonces cuando me giro y Fran, desde la almohada, me guiña un ojo de puro amor.