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sábado, enero 07, 2012

Obama

Siendo un gran orador y una persona con principios, humano, educado e inteligente, Obama me cautivó por su llamada a combatir el desánimo, las burocracias y poner en el centro del referente político al ciudadano, al ser humano.

Llegaba como un soplo de aire fresco tras ocho años de penosa era Bush, un tipo con el nivel intelectual de un abejorro que fue Presidente del país más poderoso del mundo por ser hijo de su padre, por la fuerza de los lobbies económicos y, todo hay que decirlo, por unas fraudulentas elecciones en Florida.

Como losa, Obama aterrizaba en la Casa Blanca con Wall Street derrumbándose y medio mundo asistiendo impávido a la caída de un modelo de economía que, aún hoy, sigue sin saberse hacia dónde se encamina.

Ahora que se elige el candidato republicano entre un grupo de extremistas con discursos trasnochados donde la exaltación de la religión, el odio al inmigrante o las políticas ultraliberales se hacen presentes en sus discursos, yo siento una gran desazón ante lo que pudo haber hecho Obama y no hizo.

Es el sino de todo ser humano o proyecto. Llegar al momento de ponerlo en pie, cuando ya las palabras no bastan.

Entiendo que la política americana es compleja, con un equilibrio de poderes tan rebuscado que se hace difícil avanzar con acciones de ruptura.

Quedó en prácticamente nada su gran promesa de una sanidad universal en un país con 50 millones de personas sin seguro social.

Y a partir de ahí, prácticamente nada. No ha conseguido instaurar controles a las operaciones financieras, no ha avanzado en cuestiones sociales de no ser por el simple hecho de ser el primer negro en presidir su país, no retenemos una sola medida importante de avance hacia una democracia más real que la ya existente.

Sigo deseando que Obama continúe al frente de esa gran nación, pero el escepticismo en mí creció conforme se alejaban sus grandes proclamas en el tiempo del olvido.

¿Dónde se quedaron sus buenas intenciones?, ¿dónde se quedan las promesas que el ser humano se hace para mejorar y dejar atrás tiempos oscuros?

domingo, mayo 16, 2010

Otros argumentos

En una brillante conferencia de Obama en la universidad pública de Michigan, éste ha lanzado un mensaje fuerte a los recién licenciados animándoles a diversificar sus fuentes de información para hacerse más íntegros, tolerantes con el otro y, por qué no, para defender con mejores argumentos las posiciones propias.

Como lector fiel de El País, con cuya línea editorial me identifico en muchas ocasiones, creo en ese ejercicio de leer otros desarrollos intelectuales que me puedan llevar a entender el porqué gente muy cercana piensa de forma tan diferente.

Pasó, afortunadamente, el tiempo de la distinción casi omnipresente entre fachas y marxistas.

Todo se puede discutir, aunque las tripas a veces se te revuelvan con argumentos basados en, al entender de uno, verdades parciales o axiomas que sabemos inexistentes.

Descalificar sin escuchar es mucho menos inteligente que rebatir habiéndote interesado por los razonamientos de tu interlocutor.

Leo El País del mismo modo que salgo de cervezas con los amigos que elegí, porque me siento mejor en mi piel. Eso no impide que entre mis favoritos de internet también estén otros diarios, no sólo españoles.

Me gusta, lo reconozco, polemizar con quien piensa distinto, con la pasión de creer en la fortaleza de mis reflexiones, pero siempre dispuesto a integrar otras formas de ver el mundo.

viernes, enero 15, 2010

Conflictos eternos

Hay una serie de situaciones en la vida que exigen posicionamiento. Te puede tocar cerca o lejos, pero se suele tener opinión.

¿Quién no ha discutido sobre el enfrentamiento israelo-palestino?, ¿cómo poder quedar indiferentes?

Cuando hay argumentos sólidos por ambos lados, cada cual abraza una causa en función de su ética, sus compromisos morales o religiosos, su desgana, su pasión, su pesimismo o sus ganas de vivir.

Precisamente uno de estos puntos mayores de la complejidad humana es el tema del aborto. Y parece que los que defendemos sin ruborizarnos el derecho de la mujer a abortar no tengamos ganas de vivir, o queramos hacer la puñeta a una criatura, tengamos instinto asesino, seamos muerte, oscura y sangrienta muerte.

Yo tengo razones sobradas para defender el derecho a la mujer a abortar.

Hay quien opina que lo que hay que fomentar es la educación sexual. Estoy al cien por cien de acuerdo. Pero es ingenuo pensar que por mucho que uno eduque no llegarán embarazos indeseados.

Habría que enseñar a beber, pero siempre habrá alcohólicos. Habría que enseñar a comer, pero siempre existirá la obesidad incontrolada. Habría que enseñar a utilizar preservativos, pero puede fallar, olvidarse, dejarse uno llevar, equivocarse. Y una equivocación no puede costar tan cara.

Ante estos embarazos sobrevenidos hay quien implora piedad por el futuro niño, enviarlo a una casa de acogida o darlo a la familia. Es un argumento fuerte, pero tiene sus connotaciones morales. Basan su razonamiento en dos principios: la vida es sagrada y el feto es una persona.

Efectivamente, el feto es vida. Pero no es ni de lejos una persona.

Y el feto de una mujer que no quiere tener a su hijo es un proyecto de vida desgraciada.

Claro que sí, que si se le da la oportunidad de nacer puede ser una persona maravillosa. Ese feto puede llegar a ser un futuro Obama, un Vicente Ferrer, un gran investigador... o una persona sin más.

Pero si se aborta no se mata a nadie. Se mata un sueño, tal vez. La ilusión de una nueva criatura, seguro. Pero no se asesina a nadie.

Porque si llevamos el razonamiento al extremo estaríamos matando niños cada vez que nos ponemos un preservativo, cada vez que decidimos no hacer el amor una noche.

Abortar tiene que ser un plato difícil de tragar para la mujer que se ve obligada a abrir sus piernas para quitar un trozo de futura vida. Un drama para ella, sin duda.

Para mi modesto entender, apoyar la penalización del aborto es jugar con populismo. Es cantar a la vida con argumentos equívocos y, más veces de las deseadas, mezquinos.

Atacar el derecho a abortar me parece cobarde, taparse los ojos a la realidad de la existencia humana.

Con cada aborto se mata un proyecto de persona que nunca existirá, se termina una ilusión, seguro. Pero no se asesina a nadie. Nadie existe.

Fomentemos una educación sexual sana, y ante los errores o la ignorancia, demos los medios como sociedad civilizada que somos. Primero la pastilla del día después, y si es tarde, una ley de plazos bien estructurada y respetuosa con el alma humana.

Sí, creo profundamente en una ley de plazos, que despenalice el aborto, respetuosa con el alma humana.

El aborto no es historia de asesinatos, el aborto es un drama personal.

miércoles, noviembre 05, 2008

Híbridos

Anoche tomaba unas tapas con unos amigos muy cercanos y salió el tema de Barak Obama. Comenté, ellos me conocen y saben que es cierto, que yo iba a tratar de pasar la noche despierto (lo que mi cuerpo aguantase) para ver el desenlace de la prácticamente segura, a esas horas, victoria de Obama.

Entonces vino el ‘cachondeíto’ de ‘tú estás colgado’, ‘a quién se le ocurre’…

Había y hay confianza entre nosotros.

Vine a decirles que yo tengo mis convicciones políticas muy claras, que para mí era un sueño lo que se estaba produciendo en Estados Unidos, después de unos terroríficos ocho años de gobierno de Bush. Años de desprecio por los derechos civiles (¿a quién no le suena Guantánamo?, ¿la guerra ilegal de Irak?), de ley de la selva a favor del más fuerte (hipotecas sub-prime, sacrosanta ley del mercado libre, que todo lo rige), de chuleo en la escena internacional, de incultura elevada a grado sumo en el máximo representante del gobierno (una persona que llegó al poder por nacer en una familia petrolera texana multimillonaria, sin más aval que el de un padre ex-Presidente). Período vergonzoso en suma.

El comentario entonces es que no había que ser tan radical. Mi amigo decía que él era híbrido. Ni de izquierdas, ni de derechas, ni conservador, ni progresista. Híbrido.

Me parece genial en democracia la existencia de todo tipo de tendencias. Incluso la híbridotendencia, que se resumiría en una frase (tal vez): Ni me mojo ni me dejo de mojar.

Desde mi profundo respeto por las visiones (o no visiones) de la sociedad, de nuestros gobiernos, de la economía, de las relaciones internacionales, que puedan tener los ciudadanos, yo reivindico la definición. Yo reivindico que hay que mojarse.

Mi cabeza, y hasta mi cuerpo, se conmueven con los ideales de Obama. Creo que hay que cambiar el mundo. Podemos. Al menos, debemos. Siento que estamos obligados a intentarlo. Dejar a un lado las ataduras que nos hacen pensar que todo será igual, que el hombre es un lobo para el hombre, que tenemos el mundo que merecemos. Ése es el caldo de cultivo de los ‘Bush’. Mantener privilegios, aplastar al que no tiene el poder (llámese dinero).

Tal vez en unos meses, en años, el sueño de Obama se haya desvanecido. Mi corazón quiere pensar que no. Que cambiarán cosas fundamentales. ¡Tenemos un negro en la Casa Blanca! Simplemente por el hecho de ver las lágrimas de tantos herederos de la prepotencia racista, de la época más vil de la nación americana, cayendo a moco tendido escuchando las palabras del futuro presidente, ya es suficiente.

Siento que los híbridos duermen más tranquilos que yo, que miran con ojos distintos a su alrededor, que se sienten más calentitos que yo en sus casas.

Yo prefiero perder el sueño por ver al hombre avanzar, mojarme y decir que sí, que el mundo puede cambiar.

¡Ánimo, Barak!