Hablaba de mi predilección por comprar productos de la tierra cuando alguien saltó:
'A mí me da igual si los tomates que compro vienen de Los Palacios o de Tombuctú'
Fundamentaba su idea en la falta de información acerca de dónde iba a ir ese dinero, 'quizás esté mejor empleado el de Tombuctú', o falta de apego a la tierra, 'no me une nada más a una persona anónima de Los Palacios de lo que me une a una de Tombuctú'.
Conversar con alguien que pone en tela de juicio tus principios es muy enriquecedor. A mí, al menos, me motiva que traten de echar por tierra, con respeto y en positivo, mis formas de conducta porque es una manera de meditar hasta qué punto mis razonamientos son acertados o no.
En el fondo, al decir que tengo preferencia por comprar tomates de Los Palacios o Conil, lo que ese hombre estaba criticándome era, no sin argumentos, mi compra a ciegas basada en criterios nacionalistas o provincianos.
Hay dos posibilidades inteligentes ante estas réplicas: o unirte al bando del que argumenta en tu contra o refutar con elementos más sólidos.
¿Por qué prefiero comprar productos de mi tierra?
Porque es mi humilde aportación a construir una sociedad más equilibrada, que sí, no deja de ser la mía, con lo que de comportamiento de tribu eso conlleva. Ante esa crítica me gusta defenderme llevando el razonamiento al extremo: si un familiar mío abre un negocio, hago por gastar en él. Pero éste también puede ser un argumento perverso. ¿Es que puedes comparar a tu ciudad, tu región o tu país con tu familia? Resulta poco convincente, entonces, mi razonamiento.
¿No se resume todo a un puro instinto de supervivencia tribal?
Consumo productos cercanos para favorecer a mi tribu y, de paso, no enriquecer a la otra.
El argumento 'sano' por tanto tiene que admitir un cierto punto de 'sentimentalismo' al abordar este principio, del que no me bajo, de querer consumir de lo cercano, de gastar el dinero en mi tierra.
Pero, ¿no es ése un razonamiento utilizado por el populismo más casposo? ¿No grita eso en sus mítines el Frente Nacional de Marine Le-Pen?
Quiero gastarme el dinero aquí porque en esta parte del mundo donde me tocó vivir hay mucha gente a la que quiero. No hay otra. Debo bajarme del burro y reconocer que en mi razonamiento aparentemente moderno y solidario hay un punto importante de nacionalismo-provincianismo-tribu que no me gusta reconocer.
Es todo un reto para mí encontrar bases más sólidas sobre las que construir esa convicción, tal vez equivocada, de que es positivo gastar tu dinero, en la medida de lo posible, en productos y negocios de tu tierra.
Me jode dudar de mis principios.
'A mí me da igual si los tomates que compro vienen de Los Palacios o de Tombuctú'
Fundamentaba su idea en la falta de información acerca de dónde iba a ir ese dinero, 'quizás esté mejor empleado el de Tombuctú', o falta de apego a la tierra, 'no me une nada más a una persona anónima de Los Palacios de lo que me une a una de Tombuctú'.
Conversar con alguien que pone en tela de juicio tus principios es muy enriquecedor. A mí, al menos, me motiva que traten de echar por tierra, con respeto y en positivo, mis formas de conducta porque es una manera de meditar hasta qué punto mis razonamientos son acertados o no.
En el fondo, al decir que tengo preferencia por comprar tomates de Los Palacios o Conil, lo que ese hombre estaba criticándome era, no sin argumentos, mi compra a ciegas basada en criterios nacionalistas o provincianos.
Hay dos posibilidades inteligentes ante estas réplicas: o unirte al bando del que argumenta en tu contra o refutar con elementos más sólidos.
¿Por qué prefiero comprar productos de mi tierra?
Porque es mi humilde aportación a construir una sociedad más equilibrada, que sí, no deja de ser la mía, con lo que de comportamiento de tribu eso conlleva. Ante esa crítica me gusta defenderme llevando el razonamiento al extremo: si un familiar mío abre un negocio, hago por gastar en él. Pero éste también puede ser un argumento perverso. ¿Es que puedes comparar a tu ciudad, tu región o tu país con tu familia? Resulta poco convincente, entonces, mi razonamiento.
¿No se resume todo a un puro instinto de supervivencia tribal?
Consumo productos cercanos para favorecer a mi tribu y, de paso, no enriquecer a la otra.
El argumento 'sano' por tanto tiene que admitir un cierto punto de 'sentimentalismo' al abordar este principio, del que no me bajo, de querer consumir de lo cercano, de gastar el dinero en mi tierra.
Pero, ¿no es ése un razonamiento utilizado por el populismo más casposo? ¿No grita eso en sus mítines el Frente Nacional de Marine Le-Pen?
Quiero gastarme el dinero aquí porque en esta parte del mundo donde me tocó vivir hay mucha gente a la que quiero. No hay otra. Debo bajarme del burro y reconocer que en mi razonamiento aparentemente moderno y solidario hay un punto importante de nacionalismo-provincianismo-tribu que no me gusta reconocer.
Es todo un reto para mí encontrar bases más sólidas sobre las que construir esa convicción, tal vez equivocada, de que es positivo gastar tu dinero, en la medida de lo posible, en productos y negocios de tu tierra.
Me jode dudar de mis principios.