x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Fernando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 15, 2024

Préveza

Aprovechando una cena relajada la última noche de la semana de trabajo en Bucarest, Fernando ironizó con nuestro compañero Ahmet, turco, acerca de la batalla de Lepanto.

—¿Te suena de algo ese nombre? —le preguntó, con la alegría que dan dos copas de vino—. Os dejamos sin barcos.

Ahmet puso cara rara y se metió en internet para leer un resumen de lo que ocurrió en ese gigantesco conflicto naval junto a la ciudad griega.

Entonces, sin levantar el tono, nos preguntó si no conocíamos el combate de Préveza.

Fernando y yo nos miramos, perdidos, antes de lanzarnos a descubrir en nuestros móviles que los turcos nos dieron una buena tunda en esa batalla, unas décadas antes de nuestra más llamativa victoria.

A cada pueblo nos educan para que memoricemos todas nuestras hazañas y nos esconcen bajo la alfombra aquello que no hicimos tan bien.

Lo hermoso es que podamos hablarlo, hoy, entre risas, entre turcos y españoles.

miércoles, mayo 10, 2023

Crown Tavern

Había ido varias veces a Newcastle, en el norte de Inglaterra, por trabajo. 

Siempre solo.

La ciudad, fría y húmeda, es coqueta. De un tamaño accesible para ir a pie a cualquier lado, me gustaba pasearla las tardes al salir de la fábrica que Nissan tiene allí cerca.

Mi amigo Kiko me insistía:

—Tienes que ir a la Crown Tavern, Salva.

Me enfadaba saber que había perdido la oportunidad de conocer esa taberna en los tiempos en los que visitaba frecuentemente la ciudad. Había cambiado de puesto y los viajes se habían reducido.

Pero la ocasión llegó y, además, me acompañaría Fernando, más amigo que compañero de trabajo.

Por cuestiones logísticas tuvimos que tomar dos vuelos diferentes. Yo llegué por la mañana y ya me paseé por la acera de la Crown Tavern. Fernando llegó por la tarde y, en cuanto se duchó, nos fuimos para allá.

¡Nervios!

Fue abrir la puerta de la taberna, nosotros que íbamos maqueados para la fiesta, y nos encontramos con el hogar del pensionista. Allí dentro el más joven tendría 70 años. Todos se giraron para vernos.

Nos miramos Fernando y yo y decidimos quedarnos.

—¿Dos pintas de cerveza?

—¡Venga!

Qué buen rato pasamos.

Ahora que lo escribo, pienso... vaya guasa que tiene Kiko.

miércoles, marzo 30, 2022

Ucrania

Me enteré por una foto de su mujer en Instagram. 

—¿Hablas de Fernando?

La gente buena no suele airear sus virtudes.

—Sí.

Para cuando me contestó ya estaba a cientos de kilómetros de Sevilla. Me hizo una videollamada desde la frontera con Ucrania y noté su emoción. 

—Estoy orgulloso de ti.

Él me dijo que el mérito era de los refugiados que habían dejado todo atrás. Junto con otros amigos llegó hace un par de días a Sevilla con 29 ucranianos.

—Ya están todos colocados en sus respectivos alojamientos —me comentó a la mañana siguiente de su regreso—. No veo el momento de volver. 

Unos nos dedicamos a soñar un mundo mejor, mi amigo Fernando lo construye.

lunes, abril 17, 2017

Vivir

Mi trabajo, del que tan orgulloso me siento, como no podía ser de otra forma, me ha dado muchas oportunidades de crecer como persona; entre ellas, una que no tiene precio, la de conocer mundo. Visitar una fábrica de Renault en Brasil, Eslovenia o Turquía, o una de Nissan en Japón, México o Inglaterra no es sólo practicar tus conocimientos de inglés, francés o escuchar otra forma de recitar el español, ni comprobar diferentes maneras de afrontar la misma política de empresa. Viajar por cuestiones de trabajo es una forma diferente de conocer mundo, uno se quita el traje de turista y se siente integrado como uno más, aunque sea por unos días, en otra sociedad distinta; tomas cafés en máquinas donde se habla de temas comunes; ves cómo otros te integran en su forma de afrontar tareas encomendadas similares a las tuyas.

Son oportunidades, también, para compartir horas de charla, cenas, aeropuertos y paseos con compañeros de trabajo. Tengo en mi cabeza momentos memorables, como cuando fui con mi amigo Rivo a París y me tiré las copas de bourbon por encima con un resbalón, o el accidentado viaje con Elisa a Eslovenia en que entramos en Venecia sin saber que era carnaval, o el divertidísimo con mi tocayo Salva, recién casado, a Japón, cuando nos llevaron a un bar de alterne y él no hacía más que tocarse su anillo recién estrenado, o el mes circulando por todo Asia con Pablo, comiendo serpientes en China y untándonos de pintura en la India.

Hay una persona con la que, especialmente, resulta divertido viajar. Se llama Fernando. De hecho, es una bendición trabajar con gente que siempre tiene una sonrisa en la boca y predisposición a solucionar los problemas que se presentan sin plantear excusas.

En el último viaje con él, hace pocos días, me vino a decir que había cosas que no le gustaban de mí como jefe, que no me quiso contar, aunque yo las intuya. Sin embargo, sí insistió en decirme qué admiraba de mí. Yo, azorado, le pregunté qué era.

-Tus ganas de vivir, Salva.

lunes, agosto 22, 2016

Muero

En una de las paradas de nuestro viaje por Europa de estas vacaciones recién terminadas, mi sobrino Iván me imitaba, con risas, y repetía con voz impostada una frase mía:

-Muero por llegar a Gante y ver el Políptico de Van Eyck.

Yo simulé una cara de cabreo y él insistió:

-¡Es que tú te mueres por todo!

Sí. Desde que él me lo dijo, caí en la cuenta de las veces que uso esa expresión. 'Muero por volver a Nueva York, por pasear de nuevo por Lisboa, por volver a atravesar en camioneta la Cordillera de los Andes, o a patearme los templos de Kioto entre geishas, o a comer pollo al sultán en una azotea de Bursa, o pescado y licor de ciruelas en el mercado de Pusán, o recrearme otra vez con el retrato del matrimonio Arnolfini de Van Eyck en la National Gallery, o por bañarme al anochecer en la playa granadina de La Herradura, o por vivir de nuevo la noche ténebre del Jueves Santo en la iglesia de San Miguel y San Gaetano de Florencia, o por tomar un antojito en la Venta Esteban de Jerez, o por leer un nuevo libro de Murakami, o de Auster, o por pasear una vez más Barcelona con Rivo y Ángels, o Hamburgo con Gabi, o Ámsterdam con Fernando, o por recorrerme una mañana más cada rincón de la catedral de Sevilla...'

Muero por seguir vivo y teniendo intacta la capacidad de emocionarme.