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lunes, septiembre 07, 2026

Vértigo

Hay alarmas que saltan en las redes para recordarme cumpleaños de gente que ya no trato: personas que en un período de mi vida veía a diario, con las que viajé a solucionar problemas para la empresa, con quienes preparé decenas de exámenes en la universidad, amigos a quienes les confesé mi homosexualidad.

Entonces rastreo sus fotos y no reconozco al tipo que fue, ni la niña que conocí, ni el confidente de entonces.

No me atrevo a preguntarles por reparo a lo que me puedan contar o, qué sé yo, por miedo a que pasen de mí.

Hubo tiempos en los que algunos fueron imprescindibles.

Da vértigo la vida.

miércoles, diciembre 24, 2025

Serio

Tomarse muy en serio es de torpes.

Es no entender el juego. 

Creerse algo, sentirse imprescindible, presumir de lo propio no lleva a nada bueno, porque la clave que hay que entender es que todo pasa y el tiempo se ríe de los egos rígidos que insisten en construirse su propio pedestal.

Buscar la bondad sí es de listos. Porque hace milagros para la salud mental de propios y ajenos. Buscar el humor, el amor, lo inútil, lo tonto, lo gratis. Ahí está el premio, cuando llegas a abrir el sobre y te das cuenta de que no hay oro que pague un haberlo pasado bien, el haber querido mucho, el haber sabido hacer las cosas fáciles a los demás.

Es eso.

domingo, octubre 26, 2025

Guapo

Cuando una persona ha sido rabiosamente guapa en su juventud, ya tiene anticipada la condena de 'en lo que se ha convertido' en cuanto la vida empiece a trazar los primeros signos de decadencia.

Por eso es tan complejo nacer guapo: quienes lo hacen reciben recompensas y castigos injustos solo por serlo.

Porque sí, la belleza abre puertas a quien la posee, pero si se abusa de ello puede que llegue el punto en que se cierren en las narices por no haber comprendido que lo que realmente da fuerza con el paso del tiempo no se maquilla en ningún espejo.

viernes, julio 25, 2025

Arrugas

Habituados a mirarnos cada mañana al espejo, envejecemos con las arrugas de la gente a la que queremos, la que vemos de tanto en tanto.

Hablar con ellos no es solo escucharlos, sino observarlos. Integrar esa cana de más, aquel pliegue que antes no estaba, esa barriguilla que nunca existió.

Ver eso en ellos es asumir eso en ti.

Da vértigo sentir cómo el tiempo nos lleva por un viaje inesperado que nos transforma en alguien que nunca habíamos sido.

sábado, febrero 08, 2025

Impotencia

Hay una realidad que me cuesta asumir, y me frustra, no puedo cuidar de mis amistades tanto como quisiera.

Enviar mensajes de móvil con corazones está bien y lo practico, pero alimentar las relaciones implica hablar, mirarse, tocar.

Hacer la cuenta de las horas libres no sirve más que para confirmar que no es posible, porque quedar para cenar con uno es renunciar a quedar con otra y las semanas pasan, de pronto te ves en primavera, y te quedan mil citas por concretar.

Yo quiero saber de ellos, tomar cafés, dar paseos, escucharles de sus vidas, ponerme al día de cómo les trata el mundo.

Que la vida se nos va y yo los quiero.

jueves, junio 27, 2024

Juventud

Cuando se es muy joven uno tiende a pensar que el mundo lo ha inventado la generación de los padres, ya que son ellos los que llevan el peso de las decisiones y nada se mueve sin que pase por sus manos.

De ahí que parte de la rebeldía contra las injusticias del ser humano se vuelvan, en su subconsciente, como rechazo a esos seres maduros que admiten tanto dolor.

El tiempo pasa, siempre acaba pasando, y el niño acaba siendo uno de esos seres que acaban cargando con la mochila de las decisiones por tomar.

Es entonces cuando entra compasión por el viejo, que lo hizo lo mejor que pudo en el tremendo escenario en que le hicieron vivir.

domingo, diciembre 11, 2022

Aburridísimo

Ser inmortal sería aburridísimo.

Uno se acabaría cansando de todo, las manías de multiplicarían por cien, te daría tiempo a pelearte a muerte hasta con el mejor de los amigos, aborrecerías el helado de turrón.

Imaginar un espacio donde el tiempo no acabara sería agotador, un universo del que no pudieras escapar porque no hay salida posible.

Un mundo donde nunca te jubilarías, donde no te cuidarías porque nada te puede pasar, en el que daría pereza hacer, por los siglos de los siglos, rutinas parecidas.

El hecho de ser mortales marca bien los tiempos y nos obliga a estar despiertos, a valorar cada etapa de nuestra vida, a disfrutarla a sabiendas de que mañana ya no habrá vuelta atrás.

Mi pena de ser mortal la tiene mi espíritu curioso. ¿Qué será de este mundo cuando ya no pueda vivirlo?

jueves, noviembre 03, 2022

Duración

Durando igual, cada vez las cosas duran menos con los años, porque el tiempo, por mucho que se pueda medir, es subjetivo.

Escuché de un experimento con personas puntuales y tardonas. Las metían en una habitación cerrada y les proponían hacer sonar una campana cuando considerasen que había pasado un minuto. Los puntuales la activaban antes de que se cumpliera el tiempo, los que siempre llegan tarde la hacían sonar cuando las agujas ya se acercaban a los dos minutos.

Aunque ya es imposible, me gustaría que me hubieran metido de pequeño en ese cuarto de paredes blancas, para hacerme contar cómo era un minuto mío de los de entonces. Imagino lo impresionable que eso sería, la de cosas que pasarían por mi cabeza, el terror que me produciría estar ahí, las ganas que tendría de contarlo a mis amigos, las dudas de saber si lo haría bien. Estoy seguro de que habría un siglo de emociones en ese minuto.

Si me metiesen ahora en ese espacio sin referencias, tal vez recordaría el niño que fui y tocaría el claxon antes del primer suspiro, cuando el tiempo, malaje y volátil, apenas habría empezado a correr.

martes, abril 12, 2022

Perdidos

Rehúyo la palabra estrés.

Hay quien se maneja muy bien en esa selva que supone no tener tiempo para nada y de la que yo sólo quiero escapar, desde hace tiempo, quizás desde que mi cuerpo me avisó de que no estaba por la labor de aguantarme tonterías.

Decidí, en el último momento, pedirme tres días de permiso en esta Semana Santa, para así poder juntar días suficientes para escapar del torbellino de la insaciable rutina.

Los dos primeros días tuve pesadillas con el trabajo, al tercero conseguí tumbarme en el sofá sin remordimientos. Al cuarto cogimos el coche tras la siesta, en este nuestro refugio de Portugal.

Hubo un momento en el que Fran y yo nos miramos. Estábamos en un ceda al paso y no sabíamos dónde ir. Eran las siete de la tarde y, de golpe, no sabíamos qué hacer.

¿No hay mayor placer?

jueves, marzo 31, 2022

Panaderos

La reconocí en un balcón, un Miércoles Santo de cuando yo era muy joven.

La vi emocionada y me emocioné, con esa capacidad tonta que tenemos algunos de contagiarnos del brillo de los ojos en los otros.

Por entonces yo era muy capillita, me recorría las calles de Sevilla como un poseso para no perderme el paso de ninguna hermandad. Conocía cada rincón, dónde mecían mejor a la Virgen, cuál era la salida más difícil, en qué lugares cantaban siempre saetas.

Allí estaba yo, en la diminuta acera de la Cuesta del Bacalao, esperando la llegada de los Panaderos y su imponente escena de entrega de Cristo a los judíos, con un montaje rebosante de personajes, donde incluso cabía un olivo.

Así que yo vi a esa actriz, María Fernanda D'Ocón, con las lágrimas saltadas, en el balcón que estaba justo frente a mí, que andaba entremezclado a solas entre la muchedumbre. Tanto me impactó la escena, y tan peliculero soy, que volví al año siguiente justo al mismo sitio. Allí estaba la señora. Y al año siguiente. Y el de después. Ella no sabía que yo me citaba cada Semana Santa para verla llorar.

La madurez me fue apartando de esas tradiciones, el intenso ritmo de trabajo me hacía escapar de la ciudad en cuanto podía, pero siempre me acordaba de sus ojos esa noche, cuando imaginaba el majestuoso paso de los Panaderos bajando una de las pocas cuestas que tiene mi ciudad.

Ayer leí que la actriz ha muerto esta semana. Esa gran dama del teatro de ojillos vivarachos y nariz chata que se emocionaba, sin saberlo, para mí. Murió en paz, dice la noticia, rodeada de sus sobrinos.

El mundo seguirá girando, impertérrito, sin saber que deja atrás episodios de una dulzura infinita que se pierden para siempre.

jueves, febrero 24, 2022

Jóvenes

Los jóvenes se adentran en el mundo como si lo hubiésemos inventado los mayores.

En su mirada hacia nosotros, antes de asimilar la enorme inercia del universo, pesa un cierto reproche subconsciente en el que nos hacen responsables de que las cosas no fluyan como debiesen.

Yo también he sido así y los que tenemos ya una edad poseemos una enorme ventaja respecto a los que entran en la edad adulta, y no es otra que saber que tienen razón aun estando equivocados, que en esas edades hay que quejarse de que el mundo sea como es, porque ya vendrán los tiempos en los que descubran su impotencia, los dolores de la traición, el desengaño que provoca la rapidez con la que pasa el tiempo.

El que llega nos mira de soslayo y nos dice 'ya os vale', sin saber que la rueda seguirá girando y cuando nos vean viejecitos dirán, 'pobrecillos, hicieron lo que pudieron'.

miércoles, enero 19, 2022

Tres

Llevo años escribiendo cada día a las cinco de la tarde sobre apenas tres cosas básicas: el ser humano, el paso del tiempo y el amor.

Combinando la abundancia o escasez de cada una de ellas en volúmenes precisos, con el cuidado de un alquimista, llego a hablar de todo. 

Las grandezas y miserias del hombre, el pasado, el presente y el futuro y la proporción determinada de emoción. Así de simple.

Hay días en los que mi mente se queda ausente, relajada, perezosa y entonces pongo a girar la ruleta de los tres elementos. Me voy al pasado, me acuerdo de alguien y activo mis sentimientos hacia esa persona, lo que me permite regalarme un relato acerca de la traición que sufrí, el beso que me dieron o la belleza de la infancia asomado a la cocina de mi abuela. Otras veces giro las manecillas del reloj hacia el futuro, reúno a una sociedad imaginada y la pongo en la tesitura de elegir ante un conflicto esencial, ¿qué harían si se les apareciera...? Empiezo entonces a divagar, con el gustillo que da construir teorías sobre lo que seremos.

Hay momentos tontos, en cambio, en los que paro el reloj en el presente, me miro a mí mismo y me pregunto qué hago yo escribiéndote a ti.

¿Será que busco mi dosis diaria de tu amor?

jueves, octubre 07, 2021

Envejecer

Uno envejece en la cara de los amigos que no ve con frecuencia, en sus ritmos, en sus formas de apalancarse, en sus discursos apagados, en sus barrigas, sus canas, sus lamentos, en la manera de contar cómo éramos, en sus ganas de jubilarse, en sus penas por los hijos independizados.

Y es que uno no se ve envejecer con facilidad, porque se mira todos los días en un espejo que te dice cada mañana 'eres el mismo de siempre'. Como la lava del volcán, que parece que siempre está en el mismo sitio, que no avanza, pero que en cuanto te descuidas ha llegado al mar.

Yo me encuentro con gente a la que quiero, a las que veo de higos a brevas, y suspiro por que no perciban en mí lo que yo observo en ellos.

Es bueno sentir, aunque sea mentira, que los otros se estropean más, se vuelven más gruñones que tú y más desengañados de la vida. Convencerse de que uno va a mejor, que vive en plenitud, que gana con los años.

Creerse que uno está tocado por la varita mágica de la eterna juventud es una estrategia inmejorable para alinearse con el sol.

jueves, septiembre 02, 2021

Carne viva

Hay momentos en los que me gustaría sentir menos.

Tener la sangre aguada, estar programado con circuitos electrónicos y saber darle al 'off'. Aprender a enfriar el corazón y no mirar a mi alrededor como si todo se manejase en carne viva.

Querría saber disfrutar de lo rutinario, a ratos, sin plantearme a cada momento el porqué de las cosas.

Son instantes que pasan por mi cabeza en que suplico por robotizarme un poco. Vestirme de metal, componer mi mundo de dinámicas ingenuas por las que dejarme llevar, como un tobogán interminable en el que sólo estuvieran permitidas risas infantiles.

Punzadas tontas de desconcierto en las que quiero renunciar a ser tan yo.

Tirar por la borda la intensidad de vivir a pleno pulmón y tomar un respirador prestado, enchufado a un lugar que no ofrezca sorpresas, para que todo funcione sin pensar en cómo lo hace.

Querer con calma, odiar por diversión, tumbarme en diagonal en la cama, mirar al techo y no ver sino techo, con toda mi cabeza del mismo blanco de la pintura, sin resquicios para colores que allí no existen ni figuras que yo me invento.

Creer que es posible girar en redondo, romper las normas de lo temporal y volver, de vez en cuando, a aquel lugar que pensé perdido para siempre.

lunes, julio 12, 2021

Repetición

Soy malo para hacer cosas que no me gustan.

Porque si no me gustan quiero que el tiempo pase rápido mientras las hago, y soy tan friki que encuentro maneras de hacer que así suceda, al motivarme con ilusiones que me hacen olvidar el presente, como si de un agujero negro se tratase, como si durante ese tiempo apretara la cabeza muy fuerte y dejara de ser yo.

Si estoy incómodo con una tarea que me ocupa los lunes por la tarde, doy por perdidos los lunes por la tarde en mi mente. Y, si hago las cuentas, perder todos los lunes por la tarde durante mucho tiempo es perder capítulos preciosos de mi vida.

Por eso busco mil juegos para hacer de lo insufrible algo divertido, porque no quiero dejar volar sin más momentos que son míos.

Eso me ocurre con las tareas repetitivas en el trabajo. Me mosquean. De ahí que busque mil métodos para hacerlas entretenidas, más rápidas y darles un sentido. Lo pinto todo de colores, cronometro cada paso, invento fórmulas matemáticas, pongo música de Pet Shop Boys y me aseguro de que la próxima vez será todo más liviano y diferente. Casi siempre lo consigo.

Estoy convencido de que si hiciera todos los días exactamente lo mismo, en un año de mi vida cumpliría veinte años del tirón.

No estoy dispuesto.

lunes, julio 05, 2021

TséTsé

Al aparcamiento que mis suegros tienen en el Algarve le llamamos la casa Tsé-Tsé, tal como si la famosa mosca revoloteara eternamente en su interior. 

Pasamos fines de semana allí narcotizados por una dulce sensación de placidez que relacionábamos con la cercanía al mar.

-Será que eso nos baja la tensión -ha teorizado siempre Fran.

El caso es que esta semana he encontrado la explicación, que no tiene que ver con el hecho de que al llegar aquí dejemos atrás días estresantes de trabajo o una vida social sevillana riquísima. 

No. Son los relojes.

La casa tiene relojes por todos lados. En las mesillas de noche, en el baño, en la cocina, en el salón, en los electrodomésticos, en los aparatos de la tele... Y ninguno en hora. Es más, con horas dislocadas entre sí.

Cuando me despierto en la noche, o doy una cabezada en el sofá, miro el primer reloj con el que me cruzo y no sé situarme en el espacio temporal. Tanto es así que, a veces, busco el móvil y coloco en Google "¿qué hora es?"

Fran quiere ponerlos en hora, yo le digo que ni se le ocurra.

Es terapéutico viajar a un sitio atemporal. 

domingo, abril 11, 2021

Pandemia

Dentro de nada las llegadas corriendo a casa tras la cena para evitar un control policial serán un mal recuerdo. 

El tiempo lo borra todo sin piedad. Lo malo y lo bueno. Como un rodillo.

El otro día paseábamos la calle Sierpes con un guía turístico y nos hablaba de la Sevilla de hace cuatro siglos, esa época en que llegaban los galeones cargados de oro americano y la ciudad estaba repleta de mercaderes, maleantes, aristócratas, mendigos, marineros que pululaban por esa calle estrecha de una ciudad que era uno de los centros del mundo.

Yo veía el cielo azul e imaginaba con nitidez la escena. El mismo sol, la misma ciudad, pero no ponía caras, ni historias reales de personas ni aventuras que han sido borradas por el tiempo.

¿Qué queda de esos ciudadanos? ¿Qué quedará de nosotros?

Me escribo esto para el yo anciano que seré dentro de unos años, si tengo la suerte de estar aquí y ganas de leerlo.

Entonces comprobaré si es verdad que esta pandemia quedó en poco más que una pesadilla olvidada.

lunes, octubre 05, 2020

Tiranía

La tiranía del tiempo se acelera con la rutina.

Como las aguas envalentonadas de un río en una gran pendiente, como si dejásemos el dedo pulsado sobre un temporizador, el correr del tiempo se dispara cuando repetimos cada día los mismos pasos. La rutina es aceite para que se deslice, es cómplice de su indiferencia, es veneno que adormece. El tiempo se precipita ante la inacción, se ríe de tu cara de pasmo, se regodea. 

Cuando en una película de aventuras vemos a los protagonistas salvar todo tipo de peligros, siempre imaginamos como premio a su victoria un tiempo de calma, una vida en la que sea la quietud la que domine su día a día, de dormir mucho y grandes desayunos.

Pero el tiempo, ya de por sí cruel, se te escapa como arenilla de las manos cuando te dedicas a ver la vida pasar. Hay que ponerle obstáculos, que no son sino rupturas en lo previsto. Diques de contención en forma de escapadas. De ti, de tu casa, de tu comodidad, de tu no hacer nada distinto.

No es cierto que el tiempo pase para todo el mundo igual, porque el tiempo es inventado. No pasa igual si sales, si investigas, si conversas. No corre igual si vas a un sitio desconocido, si llamas a ese amigo abandonado, si decides comer distinto, si dices sí a esa propuesta, si no duermes la misma siesta, si aprendes algo nuevo, si decides no ser otra vez el mismo.

Un día lleno tiene mil rocas donde agarrarte, un día plano es un día más, del que no recordarás ni el viento. 

El horror es mirar atrás y ver vacío, porque sentirás la avalancha de un futuro lleno de nada precipitarse sobre ti.

sábado, abril 11, 2020

Vértigo

Escribir regularmente me permite contemplarme con el paso del tiempo. En lo fundamental me encuentro coherente, pero hay una línea punteada que atraviesa mis escritos que me despista, una suerte de cambio de piel, menos sensible al exterior, más protectora de lo íntimo; no en cuanto a que no quiera mostrar cómo soy. No es cuestión de pudores, sino de intereses. La felicidad, creo que a mi pesar, va viniendo más de dentro que de fuera. No hablo de mi círculo íntimo, ni siquiera de la gente que me rodea. De todo el que está a mi lado presumo, todos me reconfortan. Hablo, tal vez, de las grandes palabras que definen al mundo, al hombre, a la sociedad, las banderas, los discursos, el futuro común. Puede ser que los años vayan confirmando sigilosamente en mí, sin mi permiso, una cierta frustración a que sea posible cambiar realmente nuestro destino.Sea cierto o erróneo, la idea me duele. He leído tanto, he reflexionado tanto, he puesto tantas expectativas en todo... Que ahora la felicidad la encuentro en mi mundo, el pequeño, el que se llena de nombres y apellidos, de caras conocidas y cercanas, de sonidos que conozco, de paisajes que paseo. En mi música, mis libros, el ordenador con el que me enfrento a diario para expulsar mis miedos y mis ilusiones, ésas que no quiero perder muy a pesar de esa serpiente de piel dura en que me estoy transformando sin yo quererlo.

miércoles, abril 18, 2018

Tiempo

La verdadera dimensión del tiempo se adquiere mirando hacia atrás.

En nuestra infancia el futuro es infinito, en la adolescencia todos los proyectos caben. La madurez consiste en elegir caminos para abandonar otros, constriñendo ese horizonte inabarcable cada vez un poquito más, hasta tal punto que llega un día en que confirmas que no podrás ser casi ninguna otra cosa de lo que eres ya.

Con mi edad miro hacia atrás y toco con la punta de los dedos a ese niño que pasaba veranos eternos riendo en la playa, veo con nitidez mis años de universidad e incluso recuerdo los olores de mis primeros días en el trabajo; las declaraciones de amor, que varias hubo, el primer sexo, con el cuerpo temblando de turbación, el primer viaje a Francia, el abrazo de mi padre al firmar mi contrato, las guardias en el cuartel de Caballería. El día que Fran apareció con su camiseta roja en el Barón. Todo está accesible sin necesidad de prismáticos.

Esa comprensión certera me niego a tomarla con la angustia de quien asume la liviandad de los años; saber cuánto estos pesan es la mejor terapia para no desperdiciar tardes en no hacer nada, la mejor medicina para asegurar bien el tiro de las decisiones, todavía muchas, por tomar.

Ver tan de cerca al niño que fui me permite visualizar el viejo que quiero ser y lo mucho que quiero crecer hasta ese día.