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martes, diciembre 24, 2024

Estrella

Allí me había llevado una estrella que había creído en mí, a ese inmenso salón de tapices donde celebró sus bodas Carlos V, en los Reales Alcázares de Sevilla.

Días antes le pregunté qué vestimenta era la apropiada, sin imaginar el ceremonial.

—Chaqueta y corbata, Salva.

Fue Rocío Gálvez, escritora, a quien conocí en un encuentro literario, quien me avisó del premio cultural que acababa de nacer. Fue ella quien me animó a presentarme.

—He pensado que tus escritos diarios podrían ser dignos de premio.

Un tiempo después recibí un mensaje de Ana de la Peña, alma mater del evento y mujer emprendedora, confirmándome que me habían seleccionado entre los nominados.

Esa noche mágica comprobé que un jurado presidido por el Ateneo de Sevilla, políticos de izquierda y derecha, artistas consagrados como el pintor Salustiano García y patrocinado por grandes multinacionales, bufetes de abogados y entidades culturales, habían elegido mi nombre entre todos los nominados.

—El 'Premio digital de Sevilla a la mejor columna de opinión' es para el escritor Salvador Navarro —anunció la conductora del acto, Mónica Rosón.

No me habrían elegido si no les hubieran convencido mis textos durante todos estos años, lo sé. Pero también sé que no me habría llevado esa alegría inesperada sin la intervención de un ángel.

Es el mayor aliciente para mí y mi carrera literaria en este año que termina.

Gracias, Rocío Gálvez, por creer en mí.

sábado, octubre 22, 2022

Premio

Me habían llamado para decirme que era finalista de un premio internacional de novela.

Yo iba conduciendo camino de casa de mi padre y el grito que pegué en el coche debió resonar en toda la Avenida de la Palmera.

Llevaba tanto tiempo escribiendo, tanto tiempo intentándolo, que recibir una llamada anónima, de gente especializada en literatura, para decirme que mi propuesta les había parecido merecedora de semejante honor, fue para mí un empujón enorme para creer que algún día sería escritor. 

Al llegar a su casa y contarle la noticia, mi padre me dio un abrazo de los que no se olvidan.

Días después se dio el fallo definitivo, y no fui yo el ganador.

El jurado lo formaban cinco escritores de reconocido prestigio, así que aproveché que uno de ellos firmaba en una librería de Sevilla para acercarme, con toda la ingenuidad, y decirle que yo era el autor de la novela finalista. 

Él me confirmó que les había entusiasmado.

Pero... provoqué.

Pero... es una historia demasiado triste para ser comercial.