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lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

jueves, agosto 29, 2024

Viaje

Hay días en los que cogería un avión a cualquier lado, no por ser infeliz, que no lo soy, sino por vivir otra vida.

Son días de una lucidez especial en los que me veo de nuevo en el espejo al levantarme y me digo '¿otra vez tú?'.

Si, hay días en los que me tengo muy visto, en los que soy tremendamente predecible, mañanas en las que suena el despertador ¡otra vez! a las 6 de la mañana. Despertares en los que visualizas cada una de las puñeteras rutinas que sabes que te van a llevar hasta la noche, de nuevo, para volver a la misma cama.

Son pocos, pasan rápido, se esquivan más o menos bien y consigues volver al redil de tus cosas de siempre, pero esos días llegan.

Vaya que sí.

jueves, septiembre 02, 2021

Carne viva

Hay momentos en los que me gustaría sentir menos.

Tener la sangre aguada, estar programado con circuitos electrónicos y saber darle al 'off'. Aprender a enfriar el corazón y no mirar a mi alrededor como si todo se manejase en carne viva.

Querría saber disfrutar de lo rutinario, a ratos, sin plantearme a cada momento el porqué de las cosas.

Son instantes que pasan por mi cabeza en que suplico por robotizarme un poco. Vestirme de metal, componer mi mundo de dinámicas ingenuas por las que dejarme llevar, como un tobogán interminable en el que sólo estuvieran permitidas risas infantiles.

Punzadas tontas de desconcierto en las que quiero renunciar a ser tan yo.

Tirar por la borda la intensidad de vivir a pleno pulmón y tomar un respirador prestado, enchufado a un lugar que no ofrezca sorpresas, para que todo funcione sin pensar en cómo lo hace.

Querer con calma, odiar por diversión, tumbarme en diagonal en la cama, mirar al techo y no ver sino techo, con toda mi cabeza del mismo blanco de la pintura, sin resquicios para colores que allí no existen ni figuras que yo me invento.

Creer que es posible girar en redondo, romper las normas de lo temporal y volver, de vez en cuando, a aquel lugar que pensé perdido para siempre.

sábado, julio 17, 2021

Cabeza

Hay mucha gente que, a la mínima, te suelta:

-¡No me comas la cabeza!

Sí. Una parte no desdeñable de la población no quiere que le coman la cabeza. Que le hagan pensar, vaya. Que le planteen algo más allá del qué vas a hacer esta noche o qué te apetece de comer.

Quizás porque no quieran indagar mucho en ese cerebro perezoso, porque saben que si lo hicieran trabajar empezaría a plantearles que la forma de organizar sus prioridades deja mucho que desear.

Mejor dejarlo al ralentí.

Son muchos los que prefieren vivir con el piloto automático puesto, y así les va. Porque cuando se coloca el piloto automático éste no distingue los obstáculos imprevistos, las sutilidades de las cosas, sino que se dedica a hacer lo que siempre se ha hecho. Los mismos horarios de siempre, las mismas cervezas en el mismo bar y el partido de fútbol de los domingos.

Un día alguien le mira de frente, lo zamarrea y ese individuo le pide que le explique cómo pudo llegar hasta aquí.

lunes, abril 12, 2021

Carreteras

Me horroriza dejarme llevar por lo lineal.

Cuando los días repiten las rutinas todo se vuelve parecido, se desvanecen las sorpresas, las curvas, los repechos, el futuro se ve diáfano a lo lejos y la autopista de los días por llegar se abre entonces con malicia bajo un sol que aletarga.

Siempre me excitó pensar, cuando viajaba de pequeño en el coche con mi padre, ¿qué habrá detrás de esa montaña?

Al volverse todo recto el tiempo pasa más rápido, no distingues un día de otro, no tienes señalizaciones donde agarrarte, ni piedras de colores en el camino que te permitan ver lo que fuiste, lo que sentiste, en ese día de aquel mes.

Mirar para atrás y ver todo igual me produciría pánico. Tanto como no ver obstáculos de frente.

Yo quiero carreteras secundarias, caminos de arena, oportunidades de perderme, de equivocarme. Deseo complicaciones, amigos nuevos, retos por cumplir; me apetece contrastar ideas con gente sana que piense distinto, no rodearme de iguales, ni hablar siempre el mismo idioma.

Vivir en sitios nuevos, oler a hierba mojada, sentir que tengo que aprender una vez más.

Deseo que me pasen cosas. Fuerzo para que me pasen. Quiero estar entrenado para la guerra y para la paz.

No me apetece el calorcito de saber cómo serán mis días cada vez que suene el despertador.

jueves, noviembre 12, 2020

Sugestión

¡Cuántas veces no somos víctimas de nuestra propia imaginación!

No recibimos la llamada que esperamos e inmediatamente se nos desatan resortes para explicarnos las causas. Una lleva a la otra, nos radiografiamos en unos minutos, visualizamos los porqués, las sombras, las deudas pendientes, los agravios pasados y conseguimos que nuestro ánimo se vaya a los suelos por pura sugestión el tiempo preciso hasta que la llamada llega y todo vuelve a su cauce.

Somos, por lo general, poco capaces de asumir escenarios extraños. La mente se recrea en volar alto, y a lo loco, cuando lo esperable se hace de rogar, los días en que alguien de habitual amable nos tuerce mínimamente el gesto.

Como lecheras del cuento, vamos presagiando futuras escenas equivocadas a partir de pistas endebles.

Tal vez sea que la felicidad la dé la certidumbre, el escuchar la llave de la puerta cuando corresponde, el recibir el mensaje de amor a la hora de siempre; necesitamos el gracias habitual del jefe, que nuestros amigos se dejen ver con la frecuencia de siempre.

Una tos rara, una tristeza súbita, la mirada atravesada de un vecino, un despiste impropio, lecturas que no nos llegan al alma, emociones que se desatan, un olor que nos desborda, alguien querido que no responde a nuestro mensaje... y la máquina de programar fantasmas comienza a fabricar escenarios de los que somos los únicos protagonistas.

Sugestionamos nuestro futuro al albur de vientos imprevistos que aparecen porque sí.

miércoles, julio 18, 2018

Triturado

Cada vez que la mañana se complica en el trabajo, me escapo a un bar cercano para abstraerme del mundo con un buen desayuno. El único problema es que cambian mucho de personal y no terminan de quedarse con mis rutinas:

-Un batido de chocolate y media con jamón serrano y tomate.

-¿En rodajas o triturado?

-Tiru... tritru... rado

Hay veces que vengo con la frase preparada.

-Un batido de chocolate y media con jamón serrano y tomate tiru... tritru... rado

Hay una puerta de la fábrica por la que he pasado miles de veces, desde hace más de veinte años. No reparo en ella hasta que me la encuentro de frente y entonces me digo... es de empujar, es de empujar... Pero no. Es de tirar.

Hay genes rebeldes en mí, que se empeñan en provocarme siempre los mismos tropiezos.

Son dos interruptores en la cocina de Conil y uno alumbra un foco agresivo de luz blanca. Cuando acerco el dedo siempre pienso... es el de la derecha... y enciendo con el izquierdo la luz maldita.

Estos días de auditoría me hacen escribir tonterías para bajar 'estreses' que no son buenos. Uno de los técnicos que nos visitan se llama Mustafá, y yo debo presentarlo a mis compañeros conforme se desarrolla la semana de trabajo. Se dan la manos todos entre sí y cuando me toca introducirlo:

-Él es Mohamed.

Mustafá se ríe y le quita importancia, pero yo trato de abstraerme para no repetir el fallo. No me conoce para evitar pensar en mofas extrañas por mi parte. Cambiamos de zona, nuevas presentaciones... No es Mohamed. Es Mustafá. No es Mustafá.

-Os presento a Mohamed.

Hay frustraciones ocultas o defectos de fábrica. Tra-tre-tri-tro-tru... Sé decirlo. Seguro.

-¿El tomate se lo corto?

-¡No!

Maldito el momento en que le cogí manía a las rodajas de tomate.