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viernes, julio 31, 2026

Canarias

Los largos ratos pasados con mi sobrino Iván me han servido para ponerme al día sobre sus gustos musicales.

─Escucha esto ─me pasaba uno de sus cascos en el tren.

Me pedía que pusiera especial interés en las letras, a veces auténticos poemas.

─Este chaval ─me aclaraba─ es un tipo de Tenerife, hijo de unos inmigrantes indios llegados de Bombay.

─Hay muchos canarios entre los cantantes que te gustan, ¿no? ─Me encanta su amplitud de miras.

─Canarias es una locura.


sábado, junio 06, 2026

Canarias

Qué alegría de Canarias.

De amabilidad, de buen trato, de simpatía.

Sí, es una región turística; lo sé, hemos tratado sobre todo con personal de hostelería; claro, que han sido apenas cuatro noches.

Pero siempre es así. 

Ni un solo mal gesto.

Estamos muy viajados para saber que esta calidez personal no es fácil de encontrar.


lunes, febrero 10, 2025

Cabarets

En mis años locos en París conocí a un canario.

Mayor que yo, terriblemente apuesto, cultivado, vividor, este hombre era un abogado que compartía vida con un francesito esmirriado, guapísimo, que actuaba en cafés con espíritu de cabaret.

Allí iba yo, y a la ópera, y a su casa, y a visitar exposiciones de arte contemporáneo. 

Cada día trabajaba más en Bruselas, con lo que se hacía más difícil quedar, hasta que un día me di cuenta que nos habíamos dejado de ver. Nuestras vidas eran tan intensas que tardé tiempo en echarle de menos.

Ahora no sabría cometer el error de volver a él, porque lo que significó para mí ya no funcionaría hoy.

lunes, enero 20, 2025

Conchita

Fue un viaje inolvidable a Gran Canaria.

Mariángeles, recién salida de una larga relación, Fran y yo. Los tres nos largamos ese verano a Maspalomas, alquilamos un coche y nos dedicamos a meternos entre pecho y espalda unos desayunos de marajá, recorrer cada rincón de esa maravillosa isla y disfrutar del placer de las charlas al sol.

Eran otros tiempos y el descapotable que cogimos tenía aparato de compact disc's, lo que no sé es cómo se nos ocurrió comprar en la primera gasolinera en la que paramos un CD de Conchita.

—Qué tía más cursi —dijimos cuando empezó a sonar—. ¡Qué música más ñoña!

El caso es que nos acompañó durante todos esos días; cada vez que nos montábamos en el coche, sonaba ella. Si en cualquier lugar del mundo oigo una de sus canciones, me transporto de inmediato a las islas y esos días felices.

Hace poco, bajaba en coche a Sevilla, en una ruta larga, yo solo, y me puse colorado al pedirle a Google que me pusiera música de Conchita.

Me encantan sus letras, cursis y poéticas, me gusta su música ñoña y su voz de no haber roto nunca un plato.

Qué le voy a hacer.

viernes, enero 27, 2023

Lanzarote

Lanzarote es Montse.

Si pienso en la isla, hermosa de roca negra, viento y azul, me agarran la garganta los días que pasé allí a solas. Incluso los dioses se aliaron e hicieron que se me acabasen los datos del móvil, para evitarme distracciones fuera de mí y ella.

Montse había muerto el día antes, a una semana de cumplir lo cincuenta, y yo decidí escapar tras visitarla en el tanatorio.

Con un coche de alquiler la recorrí de norte a sur, de un lado a otro, a la isla y a Montse. Lloré agarrado al volante, al sentarme frente al mar en la inmensa playa de Famara, cada vez que colgaba el teléfono tras hablar con gente que se interesaba por mí.

Me quedaba dormido en la arena, bebía vino canario hasta acabar las botellas. Nunca me sentí tan en comunión con la Naturaleza, pequeñito, frágil, perdido.

Cuando aparece Lanzarote no hay tristeza, porque a ese viaje fui yo solo, pero lo disfruté con ella. 

domingo, octubre 24, 2021

Juntar

Cualquier situación de éxito que imaginemos tendrá mil nombres propios de triunfadores que han conseguido alcanzar esa meta.

No hablo de premios Nobel, sino de hazañas domésticas, logros profesionales, victorias del día a día. 

Hay mucha gente que observa esos triunfos, desde su atalaya, con la impotencia de pensar que sus vidas son más mediocres a cada conquista ajena, porque se produce la falsa sensación de que todos los demás se juntan en una sola persona, el vencedor de todas las batallas.

Uno se escapa dos días de vacaciones a una playa en Canarias y la ve llena de turistas y se dice 'cómo disfruta la gente, cuando yo estaría rompiéndome los cuernos en el trabajo'; uno va a celebrar un aniversario a un restaurante de lujo y no queda una mesa libre y se plantea 'qué poderío económico tiene la gente'; uno se embarca en la compra de un coche y tiene que hacer cola en el concesionario, 'con lo carísimo que sale un coche'.

Lo que nos falta por integrar es que el de Canarias, el del restaurante y el del concesionario son fundamentalmente gente como tú, que consigue regalarse premios merecidos muy de vez en cuando.


jueves, septiembre 23, 2021

La Palma

La empatía son cosas concretas, no una milonga. Es lamentar, por ejemplo, que haya gente de nuestro país que no tiene, desde hace unos días, un salón donde ver la tele, ni una cocina donde hacerse de cenar. Yo me he llevado toda la noche corriendo de un lado al otro de la isla de La Palma, en una coreografía perversa que no sabía controlar sino dando manotazos a la almohada. Tener tan reciente mi paseo en soledad por las lenguas de lava del parque de Timanfaya hacía aún más realistas mis sueños, porque trataba de escapar a través de un camino deforme que me destrozaba los tobillos y me quemaba los pies. Empatía es querer firmar donde haga falta para que esas familias tengan la protección del Estado que necesitan con urgencia, porque ese Estado somos todos y yo quiero que nuestro dinero vaya allí, a socorrer a quien se ha quedado, de un día para otro, en la calle. Ahí se comprueba la calidad humana de un país, no en proclamas desde una tribuna agitando banderas. En mi noche volcánica yo saltaba de una isla a otra para escapar del fuego, con la magia que nos conceden los sueños para volar. En la noche real, sin embargo, son personas con nombres y apellidos que hoy no pueden siquiera dormir.

sábado, agosto 14, 2021

Saramago

En mi huida particular del mundo, esta mañana he disfrutado de la casa de Saramago en Lanzarote.

Tal vez la tristeza con tristeza se limpia, al menos a mí me ha reconfortado pasear por sus habitaciones en una visita reducida guiada con exquisita sensibilidad en la que se nos explicaba el día a día del Nobel portugués en su despacho, una austera mesa de pino con las patas mordisqueadas por sus perros, en un salón con vistas al mar lleno de pinturas relacionadas con sus novelas, la entrada con su alfombra de piedra volcánica, la cocina donde compartió almuerzo con escritores, cineastas, filósofos y presidentes.

Me daba miedo hacer esta visita por temor a que hubieran comercializado su figura, lo que pude descartar en cuanto vi a Pilar, su mujer, como una más entre los trabajadores de la Fundación.

En un momento dado el guía me pidió si podía leer en voz alta un texto. A mí, emoción en carne viva estos días, me tembló la voz al leerlo y se me humedecieron los ojos.

'Cómo se emociona este hombre con Saramago', pensarían el resto de visitantes.

Sí. Uno se emociona con lo bello. Se emociona con la emoción si tiene las puertas abiertas.

Paseamos por su jardín de tierra volcánica, por sus olivos traídos de Portugal. Agarramos la silla donde él se sentaba cada tarde viendo el mar para componer cada una de sus novelas.

Saramago decía que 'todos seremos mejores si vamos de la mano del niño que fuimos'.

Yo me agarro, más que nunca, a ese niño que fui.

viernes, diciembre 11, 2020

Turandot

Cuando viví en París conocí a gente interesantísima. 

Entre otros a un canario del que no recuerdo el nombre. Un abogado apuesto que me sacaba unos diez años y aparecía en escena cuando le apetecía. 

Una noche me invitó a la ópera junto a su novio, actor, y una amiga danesa judía de pelos muy rojos. Los tres, maravillosos.

Era en Bastilla y se trataba de Turandot.

Yo iba con el corazón abierto, dispuesto a rendirme al espectáculo.

Por entonces no sabía nada de esa ópera y mi única experiencia había sido ver la Cenicienta de Rossini en la Garnier, una obra cómica que no llegó a cautivarme.

Con esas premisas nos sentamos en una de las primeras filas. Me dejé llevar por una princesa china que cantaba con un hula-hop fluorescente bailando en su cintura, como en el principio de la Guerra de las Galaxias, sin enterarme de nada pero entregado del todo.

—¿Turandot es un país? —pregunté a la danesa, ingenuo, en el entreacto, mientras degustábamos un vino blanco.

—¡Es el nombre de la princesa! —exclamó en un inglés agudísimo.

A la vista de mi azoramiento me aclaró que podía leer la traducción en simultáneo justo arriba del escenario.

Vibré inmensamente con las tres preguntas que le hace la princesa a su futuro pretendiente. Casi me ahogo de la emoción cuando cae la noche y Calaf tiene que soportar la presión de la venganza de su amada, que busca por todo Pekín con el ejército movilizado alguien que lo delate.

Nos fuimos a cenar justo después y yo no podía soportar la impresión.

Estoy seguro de que ellos tres, a quienes nunca volví a ver, alguna vez habrán comentado, entre risas, que nunca verán a nadie más turbado ante una representación artística que al sevillanito que esa dulce noche se les unió.

martes, agosto 15, 2017

Dignidad

Harto de toparme en las portadas de la prensa, un día sí y otro también, con los cavernícolas de la CUP, tomo el avión de vuelta tras una maravillosa semana en Gran Canaria.

Días de abstracción, paseos, lectura, baño, ejercicio y buen comer en los que he padecido, colocándome los ojos provincianos de la soberbia Anna Gabriel, a decenas de profesionales canarios atendiéndome con exquisita educación y una sonrisa. Profesionales de raza.

La Anna Gabriel de sonrisa perdonavidas les habría explicado que a esos alemanes a los que sirven los desayunos hay que barrerlos, que las islas deberían volver al exclusivo cultivo de plátanos y ellos repudiar al extraño, empezando por el godo españolista.

Al socorrista que amablemente le entregue las toallas le soplaría al oído que está siendo sobornado por el capital, mientras le entrega un bote de polvos pica-pica, 'a utilizar preferentemente con españoles'.

En la recepción pediría que desconectaran las cadenas que no son autóctonas. 'Programe su televisor a su gusto, señora Gabriel'.

No entendería ella que las limpiadoras la saludasen con un sonoro 'buenos días'. '¡Os están explotando!'

Sería uno de esos amables empleados de hotel el que una tarde soleada le explicaría que su trabajo es bien digno, que el hotel donde ella se aloja está en planta desde 1974 y que ahí trabajó su padre, que bajó de 'esa sierra agreste que usted ve, para darnos de comer a la familia'.

'Canarias es mucho más que una playa, señora, pero sabemos ofrecer esa playa al mundo y hacerlos sentir como en casa'.

Con el gintónic de la noche, el cantautor venido en su coche compartido con otros currantes desde Las Palmas, le cantaría suavecito por Serrat, versionando al universal Machado.

'Universal', querida Anna.

Dejaría atrás una región Canaria humilde, bella y digna trabajadora de sus potencialidades, luchadora por su futuro y ambiciosa de un porvenir abierto al desarrollo. Que quiere dar a sus hijos estudios para ser todo lo que puedan soñar en un mundo interconectado. No tendría más que haber leído un poco sobre ella para comprender la grandeza de estas islas, que no son todo playa, pero que saben que la playa, ofrecida con dignidad, es su tesoro.

'Es horrible viajar', diría Gabriel, 'no nos entienden'.

domingo, febrero 12, 2017

Ventanilla

Sólo un tercio de los asientos de un avión estándar tiene ventanas.

Recuerdo un comentario que hacía mi madre acerca de un viaje a Galicia con un matrimonio amigo: 'Atravesábamos unos paisajes tan diferentes de Andalucía, ¡y ella iba leyendo el Lecturas!'

No sé hasta qué punto mi rareza, pero no entiendo que la gente no dé bofetadas por coger ventanilla en el avión. Ese placer inmenso de ver el mundo desde arriba parece que gran parte del género humano lo considera normal, contemplar cordilleras nevadas o grandes valles, las costas arenosas, los pueblos escondidos, tratar de adivinar qué ciudad es ésa, qué río aquél. Aun cuando las nubes lo tapan todo y juegas a imaginar cómo de oscuro estará ahí abajo, cuánto frío no hará allí donde no termina de calentar el sol; incluso cuando todo es igual, aun cuando es noche cerrada. En mi mente almaceno largos viajes sobre el Atlántico, con todo el pasaje dormido y yo asomado al gran balcón que me ofrece mi ventana para ver el océano a mis pies, con la luna sola, para mí, mostrándome lo pequeño que somos; cruzar los Andes y ver los lagos turquesas escondidos entre cumbres heladas; sobrevolar el Amazonas viajando hacia Bolivia, tapado con una manta y viendo amanecer con el sol proyectándose sobre un manto verde infinito; imaginar los tiburones durmiendo alrededor de un Puerto Príncipe iluminado en medio del Caribe; emocionarme con islas diminutas repartidas en un mar de Indonesia tan azul que no lo distingues del cielo, en una suerte de levitación en que todo podría acabarse y hacerlo bien; saltar el mar de Japón desde Corea con un gintónic hasta divisar tierra nipona y contemplar los pequeños templos desperdigados entre sus montañas; aterrizar por primera vez en Nueva York y admirar la inmensidad de esa urbe con la que tanto sueño desde que la pisé; ver acercarse el Teide cuando vas a Canarias, o entrar en la hermosa costa de Huelva y su espectacular Coto de Doñana al volver de allí; despegar de Ciudad de México para alucinar con la vastedad de una tierra maltratada, donde sobreviven colinas no urbanizadas de épocas grandiosas; saborear los momentos en que el avión balancea para tomar tierra, instantes de cosquillas en que se atraviesan los algodones de nubes para asumir con orgullo lo lejos que ha llegado el hombre, para felicitarme por haberlo sabido siempre disfrutar.