Lo llamo el juego del murciano y es muy didáctico si se sabe utilizar con tacto.
Por ejemplo, cuando estás en una reunión entre desconocidos y alguno de ellos se cuela.
—La gente de Murcia es poco de fiar.
Entonces salto:
—Perdona, pero soy murciano.
Espero a que trague saliva, se ponga blanco y me pida disculpas.
—¡Que es broma!