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miércoles, enero 21, 2026

Burbuja

Tú vives en una burbuja, Salva. La vida no es así.

Pareciera que para opinar de África uno tuviera que vivir en Nairobi.

Sí, yo habito en la burbuja que me he creado, con la gente que me aporta, en los espacios donde me siento seguro, y querido, lo que no me impide tener los ojos bien abiertos a lo que ocurre en el mundo. 

Empatizar no implica vestir la misma ropa.

martes, octubre 07, 2025

Documentales

Me encantaría producir documentales.

¡Se me ocurren tantos temas! ¡Tantos personajes! ¡Tantas historias por ordenar!

Vivimos en un mundo acelerado, vivo en un mundo interior acelerado al que quiero poner freno. Tener tiempo para colocarme delante de un corcho y elegir un mapa, una documentación, gente a la que entrevistar, música de fondo, un guion estructurado para contarte a ti acerca de este mundo tremebundo y maravilloso en el que nos plantaron.

¿Llegará el día en el que pueda hacerlo?

lunes, mayo 19, 2025

Pasado

Despertaba con placidez el domingo sin despertador y conseguía entrelazar imágenes de mis sueños, en los que corría, entre risas, por la orilla de la playa de mi infancia, perseguido por mis amigos. No me podían pillar.

Antes de abrir los ojos, viajé, ya consciente, a esos tiempos de sol y luz.

Sí, descubrí que había risas de dolerme la barriga que ya no aparecen en mi presente, como también había mucho miedo a ser desplazado por mi pandilla, a esa nariz tan grande que no paraba de crecer, a no saber qué estudiar, a perder a mi madre. Miedo al despertar sexual. Miedo al mundo.

No me cambio por ese chaval que fui. Ahora las risas son otras. Menos dependientes de los otros, más elaboradas por mí.

martes, abril 01, 2025

Después

—Hay un antes y un después de leer 'La montaña mágica'.

Es una frase muy mía, porque refleja mi visión pasional, exagerada y arrebatada de las cosas. 

Cómo nos cambia la vida un viaje, una película, una persona. Nunca somos el mismo de ayer, pero hay circunstancias que aceleran esa evolución, desmadejándonos por dentro.

Hay mil lugares, conversaciones, personajes que me hicieron ver el mundo de otra forma.

Nada vuelve a ser igual después de ver 'Estación central de Brasil'.

lunes, marzo 21, 2022

Mundo

No hay nada más cierto que nadie nos preguntó si queríamos venir antes de traernos al mundo, pero ya que estamos aquí disfrutémoslo.

Con curiosidad, como si realmente actuásemos como lo que somos, continuos aprendices de esta realidad tan extraña; con alegría, porque no hay nada más tonto que rebuscar agujeros negros que ya vendrán; con empatía, que a los que nos rodean tampoco le consultaron antes de meterlos en este chiringuito del vivir. Con bondad, y es que no hay mejor manera de actuar con los demás que como tú quisieras que a ti te tratasen. Siendo sensibles, porque la belleza está en lo sutil y a ella no llegan los embrutecidos.

Porque hay belleza, mucha, en esa luz que irradia vida y te dice 'mira qué cuadro más bonito te estoy ofreciendo'.

Un cuadro, que en este instante y desde donde estás, sólo puedes verlo tú.

miércoles, junio 02, 2021

Pequeñito

Lo grande que es el mundo se comprende cuando tu mundo se para.

Mientras estás bien en tu piel, tu caminar transcurre paralelo al de los demás. Estás en el sistema. Con más o menos armonía, todo fluye. Eres un individuo más del grupo y eso te hace sentir, sin tú saberlo, calentito.

Cuando llegan mal dadas es cuando te das cuenta de tu pequeñez, porque todo continúa girando como si no pasara nada. La gente sigue preocupándose por llegar a tiempo al trabajo, por recoger al crío del colegio, por preparar la comida, por terminar de ver una serie de Netflix. Por esos kilos de más.

Es un terror que se une al que te dejó paralizado. Acabas de perder a alguien, te acaban de informar de una enfermedad grave, te has quedado sin empleo o se ha terminado tu historia de amor.

A la tragedia personal se une la asunción amarga de lo chiquitillo que eres, de cómo la rueda sigue, siempre, girando.

Es por eso que es bueno parar las máquinas de vez en cuando. Desconectar. Ejercitar el sano ejercicio de sentirte solo con tus propios vacíos. Hacerlo cuando estás bien, sudar esa soledad, sentir ese frío, tensar los músculos y aprender a respirar en la oscuridad. Tener el cuerpo preparado.

La vida nos pondrá a prueba, ejercitemos el escudo frente al terror. Sabremos, entonces, encontrar la salida.

martes, mayo 11, 2021

Prensa

Soy lector habitual de El País desde que tengo uso de razón.

Me gusta leerlo en papel y, a ser posible, con un buen desayuno.

Internet trajo la posibilidad de que saliésemos de nuestra madriguera informativa, de que nos asomáramos a otras editoriales, otros puntos de vista, otros idiomas sin salir de casa. Yo disfruto como un niño leyendo la prensa francesa, El Mundo, el New York Times, La Vanguardia o cualquier periódico local cuando una noticia afecta a un determinado territorio.

En estos tiempos, sin embargo, volvemos atrás. Cada diario quiere financiarse a partir de sus incondicionales. Ya parece que la publicidad no da el ingreso suficiente para mantener su actividad y la venta en papel ha caído a cifras desconocidas por la fuerza de Internet.

Otra vez al rebaño. Otra vez a leer lo que queremos escuchar, a sentirnos cómodos con unos artículos que transitan por los terrenos que nos gusta pasear.

Yo no quiero volver a ese juego, ni gastarme un dineral en tener acceso a la prensa mundial de cualquier ideología. Quizás acabe siendo una persona menos informada, menos culta, menos tolerante. Otro tonto feliz.

Internet te abre ventanas, te muestra mundos de posibilidades, que luego te cierra en tus narices.

Todo es dinero.

martes, enero 29, 2013

Ojos

Hubo un compañero de la fábrica donde trabajo, hace muchos años, que me contaba en los turnos de noche en que las averías nos dejaban respirar sus teorías acerca de la existencia.

Siendo sevillano en el habla parecía oriental en su espíritu contemplativo y reflexivo. Me hablaba de la Naturaleza como su religión, convenciéndome por momentos de la inexistencia de la muerte puesto que, decía, nosotros, como materia, no desaparecemos, formamos un conjunto indisoluble con el mundo y el universo, nos reconvertimos pero ahí seguimos. Siempre.

Es hermoso tener la capacidad de pensar así, aunque sea a ratos.

Su reflexión pasó por mis filtros noveleros y se proyectó en otro prisma para ver la vida, particular, sí, efectivo a ratos también.

Esa proyección me lleva a ver el mundo como un ser vivo, que lo es desde el momento en que encierra vida en su interior, del que nosotros somos un trozo minúsculo, pero trozo al fin y al cabo. De la misma forma que un pelo o una célula, vivísimos, pertenecen a nuestro cuerpo.

Un ser vivo del que nosotros somos sus ojos; le damos la vista al mundo. Esa gran masa de la que formamos parte indisoluble a la que entregamos información a partir de nuestras visiones, sensaciones, escuchas.

El mundo crece en función de lo que siente y es el hombre, soy yo, quien le da el retorno y lo hace evolucionar.

Mis ojos son los ojos del mundo, que mira curioso y reacciona; y por muchos ojos que tenga, los míos son suyos, y yo lo hago avanzar.

domingo, abril 29, 2012

Populismo

El populismo es un término aplicado a la política que tiene mucho que ver con incultura, la incultura que lleva al desconocimiento y éste, sin remedio, al miedo cuando las cosas, como en este período que atravesamos, no pintan bien.

Populismo es el de la Presidenta Kichner agarrando la probeta con el primer petróleo salido de suelo argentino a principios del siglo XX y mirándolo con devoción, como si de un bebé se tratase, atacando con el sentimentalismo más burdo el corazón de su pueblo. Es definir con palabras gordas la frontera entre lo muy bueno, la patria, y lo muy malo, los conquistadores que atacan de nuevo.

En la región francesa del Aisne, en una zona de paisajes de postal al pie de los Alpes, con una baja densidad de población y una población fundamentalmente rural, donde apenas existe inmigración ni delincuencia, cuyo contacto con el mundo como tal se realiza a través de la televisión, es donde más votos ha sacado el Frente Nacional de una Marine Le Pen que se vacía en cada discurso mintiendo acerca de la realidad francesa, clasificando entre patriotas, blancos de apellido Dupont, y usurpadores, vecinos del tal Dupont de otra raza, tan nacido en Francia como el primero. Cómo no va a votar el vecino del Aisne a favor de proteger al pobre Dupont contra el negro, que ellos no han visto ni de lejos, que le quita su trabajo y le amenaza por las noches.

Populismo es Hugo Chávez, o Teodoro Obiang, o Vladimir Putin que, negando a sus pueblos el acceso a informaciones veraces, múltiples y contrastadas, utilizan el victimismo de la falsa patria para azuzar a sus ciudadanos contra el enemigo invisible; pero no nos engañemos: el populismo está anclando con fuerza en Europa aprovechándose de la desesperanza de la gente, jugando con la incertidumbre a la que muchas familias se están viendo abocadas por una crisis económica, y de valores, desconocida hasta ahora.

Ni Kichner ni Le Pen explican el porqué esos 'enemigos' exteriores están ahí. Que existen contratos firmados y una legalidad a respetar en Argentina o que hubo un período de la historia en que Francia necesitó mano de obra para hacer labores que los 'patriotas' blancos no querían hacer.

A base  de estos planteamientos, hace menos de un siglo se conocieron dos grandes guerras.

Contra todo ese intento de zafia manipulación sólo queda el recurso de la cultura, la lectura, la reflexión; pero hasta eso está siendo maltratado por la coyuntura actual. La ciudadanía necesita debate, propuestas, explicaciones, una educación impecable y movilidad para salir de su territorio, para comprobar que el vecino no es peligroso por ser negro, sino que al negro lo han maltratado negándole el pan y la sal por el hecho de ser negro.

domingo, noviembre 20, 2011

Quesos

Desde que conocí a Amín Blanco comprendí que con su dulzura ganaba una ventana nueva con brisas cubanas desde Barcelona. Ella es la confirmación perfecta de que nunca debemos estar cerrados a integrar gente distinta.

Con Amín, incansable contadora de aventuras musicales y de anécdotas cubanas, se puede llegar a conocer un poco más al país caribeño sin los maniqueísmos propios de quien se enreda en posturas basadas en el fanatismo o en el odio.

Hace unas semanas, paseando por Sevilla, me contaba acerca de su último viaje a La Habana, para ver a su familia.

Acompañó a su madre al médico y allí, en la cola esperpéntica de mujeres queriendo vacunar a un gato porque el veterinario no aparece o de infectados por comer pescado en mal estado, ante el tumulto formado por la falta de atención, salió una enfermera negraca, enorme, con gran culo y minifalda y lazo de enfermera, para poner orden. Cuando ya todo el mundo tenía su número la mujerona soltó:

'No os quejéis de las colas, que bien que la hacéis delante de la Sección de Intereses de la Embajada americana pidiendo visas'.

Todo este humor con que Amín habla de su país esconde su pena por comprobar que la desidia se ha instalado en el pueblo cubano.

Esta mañana, paseando con ella por las Ramblas, nos hablaba de cuando se cayó la Unión Soviética, y con ese derrumbe toda una logística alimenticia, energética y financiera de la isla, que quedó aislada y vio como sus habitantes comenzaron a pasar muchísimos apuros para llenar el estómago.

'Los cubanos se fueron quedando flacos, Salva'.

Se compartían recetas de croquetas de huesos de pollo, de mollejas salidas de no se sabía dónde...

'En Cuba todo es ilegal desde que pones los pies en el suelo. La leche que compras es ilegal, el dinero que usas también lo es, cada paso que das es ilegal'.

Recuerda que, en uno de los múltiples cánticos de gente por la calle ofreciendo lo ilegal, se cruzaron con un negro proponiendo el contrabando de un manjar exquisito. Ofrecía quesos.

Una chica, al oírlo, le preguntó:

'¿Pero qué tipo de queso es el que me ofrece, negro?'

Ante lo que éste, circunspecto y casi ofendido por una pregunta que no terminaba de entender, le contestó altivo:

'De hotel, señora, ¡queso de hotel!'

viernes, julio 29, 2011

Pues venga

No he conocido pueblo más amable que el mexicano.

Cuando tuve la oportunidad de ser destinado para trabajar allí unos meses, se me cayeron los estereotipos acumulados por tópicos y falsedades.

Recuerdo como si fuera ayer los encuentros con gente que me conocía por vez primera y cómo me integraron en sus casas, sus familias o sus amigos.

Era un placer asimismo apreciar la suerte que tenemos de poder hablar la misma lengua con todo un océano de por medio.

Por entonces no tenía miedo de pasearme por las calles de Torreón, la ciudad donde tuve la fortuna de trabajar, aunque los malditos narcoterroristas están pervirtiéndolo todo.

En mí encontraron a un españolito ávido de conocerles sin prejuicios, apuntándose a toda cena, visita, fiesta o tequila que se pusiese por medio.

Tan presto estaba que acabaron por llamarme el '¡Pues venga!'

Porque a cada proposición de introducirme en su mundo, éste que aquí suscribe siempre respondía así.

Como a todos los Salvadores, me llamaban Chava.

¿Unas quesadillas?

¡Pues venga!

miércoles, julio 27, 2011

Dial

Relaciono radio con coche porque es el único sitio donde la escucho. De hecho, no podría hacerlo en mi casa porque no tengo ningún transistor.

Aún así, sólo la echaría de menos en mis viajes a la playa o en mis trayectos cortos al trabajo. El placer de esa compañía que no te implica ningún esfuerzo y, a veces, te hace soltar una carcajada.

También reflexionar.

Hace menos de una semana la FAO, esa organización imponente de siglas rotundas dependiente de Naciones Unidas, anunció la hambruna en Somalia.

Recuerdo en mi adolescencia que era más normal hablar de ese tipo de catástrofes humanitarias, salían más reportajes sobre ello. Había, incluso, una reportera de Televisión Española que realizaba múltiples reportajes en África para acercarnos a esa situación extrema en que los niños morían de hambre en los brazos desgarrados de madres de miradas perdidas.

Ahora viene de nuevo la hambruna, que seguro nunca se fue, y comienzan los periodistas a dar datos, a acudir a los campos de refugiados de Kenia y contarnos que el mundo está así de jodido.

La cobardía, en estos casos, me tienta a cambiar de dial. Mi cabeza prefiere oír música, noticias fugaces de economía que apenas entiendo o tertulias de profesionales que se dedican a tirarse platos a la cabeza.

Mis dedos se van al dial y me esfuerzo en no cambiar de cadena, en aguantar el tipo oyendo lo que no queremos oír los occidentales: Que hay niños que mueren por no comer.

lunes, junio 06, 2011

Tres cuartas partes

Hay un comentario casi común entre todos los que hemos tenido la suerte de visitar la India, y tiene que ver con el impacto que produce encontrarse en un lugar donde la miseria es tan palpable.

Para un occidental resulta muy duro ver a chavalillos ir al colegio descalzos mientras cae una tromba de agua constante. O ver a otros que, en un día laborable y en horario escolar, te imploran una limosna con una sonrisa a la puerta de un templo hindú.

En una cura de humildad incluso agresiva para los que damos por supuestos muchos básicos, porque así los hemos vivido desde pequeños, atravesar una calle de cualquiera de sus ciudades es impactante.

No encontré a los indios como ciudadanos especialmente simpáticos, ni me resultó una sociedad motivada. Cuando la comparan con China pienso que están a años luz, sobre todo porque tuve la oportunidad de visitar los dos países con pocos días de diferencia.

Me resultó el país de la desesperanza, por mucho que se le nombre como una potencia emergente. Que lo será. Pero tardará decenios en convertirse en una sociedad justa, porque la miseria es ley de vida.

Hay, excepcionalmente, quien viene de la India maravillado. Yo los envidio, porque no tengo la calidad humana suficiente como para sentir que algún día pudiera irme allí a ayudarles, a compartir sus carencias, a pasearme esas calles sucias descalzo.

Paseando por Chennai con mi amigo Pablo, apesadumbrados por lo visto, comentábamos que los raros éramos nosotros.

No hace falta hacer muchas cuentas para comprender que a tres cuartas partes de la humanidad no les resultaría desasosegante ese paseo por las calles de Chennai.

sábado, mayo 28, 2011

Progreso

Viendo el mapa del mundo y analizando la historia del hombre, hay una relación no casual entre mal clima y civilización.

En trópicos donde la media es de 25 grados todo el año y uno puede ir descalzo por playas de arena en pleno invierno, es más difícil crear necesidades de inventar.

Las creaciones humanas son producto de necesidades básicas, pero también de confort y ocio.

Vivir en Bruselas o Estocolmo sería durísimo si se hiciese a la intemperie. Hay que recluirse al calor de casas confortables que, por serlo, parapetan a las personas del contacto social y la alegría de vivir de quien a esa misma hora en que ellos leen una novela pueden estar charlando bajo las estrellas con los amigos de siempre.

¿Cómo potenciar la educación o la investigación en la República Dominicana o Tahití?

Mostrarles la riqueza que supone el saber.

¿Qué hacen un gran porcentaje de alemanes cuando toman su merecida jubilación?

Buscar esas playas que le permitan, ya con achaques y la piel arrugada como una pasa, vivir la vida que otros viven por siempre mientras ellos corrían bajo la nieve de casa a la universidad y de ésta al trabajo.

¿Qué mundo queremos?, ¿cómo equilibrarlo y hacerlo más justo?

Es tentador nacer en una sociedad con tantas preguntas sin respuestas.

domingo, marzo 13, 2011

Nada que hacer

No hay mayor placer visual que aterrizar un día sin nubes en cualquier lugar del mundo.

Es tan lento ese acercarse a la tierra y el avión ralentiza tanto su velocidad que se puede disfrutar de un espectáculo bestial, inimaginable para la humanidad durante milenios. Ver tu mundo desde el cielo, las personas como hormigas, los ríos como pasillos de agua calma y las ciudades como juguetes de lego.

Hace pocos meses, con mi natural atracción por la geografía, un avión de Japan Airlines aterrizaba en el aeropuerto tokiota de Narita. El día estaba despejado, llegábamos desde Corea y memoricé la ciudad de Chiba en la aproximación a la pista.

Hoy veo una refinería de esa ciudad en llamas, una central nuclear ardiendo y ese Japón tantas veces visitado relamiendo sus heridas.

Hay películas morbosas acerca de catástrofes. Es impactante ver olas arrasar con todo lo que aparece a su paso a una velocidad de vértigo y observar los coches como si fueran clics de famóbil siendo tragados por el mar.

Ayer, al cerrar el telediario, pusieron las imágenes con música de Bach. El dolor era inmenso.

Personas que no son juguetes muriendo ahogadas sin remisión. ¡Cuántas historias anónimas!

El pueblo japonés es fuerte. De peores ha salido.

Ahora sólo pienso en ellos, en su dolor y en su fuerza para recuperar la vida.

No hace mucho me paseaba por las calles de Tokyo, observando con admiración esa cultura milenaria, comprando libros con los que entender su caligrafía, que cada día miro un rato en casa.

Todo lo construido por el ser humano, incluso por el japonés, es nada cuando la naturaleza se rebela. Estructuras de hormigón se vienen abajo con olas de diez metros.

Ante la brutalidad de esta naturaleza que nos hace vivir, no hay nada que hacer.

miércoles, febrero 23, 2011

¿Dónde quedan?

Leí que en Bengasi, en la costa este de Libia, los manifestantes contra el régimen de Gadafi se acercaron a una comisaría para solicitarles unirse al pueblo. Los policías abrieron las puertas y la gente, entusiasmada, entró. Pocos minutos después, con 23 manifestantes ya en el interior, cerraron a cal y canto y los acribillaron con balas en la frente.

Todos somos culpables de haber asumido como normal que existiesen Libias.

Un Diablo vestido de túnica insulta al Islam escupiendo amenazas contra su pueblo, invocando ríos de sangre, bombardeando con la aviación a la patria que dice defender.

La gente, en cambio, sale, grita, se lanza contra la sinrazón de haber aguantado decenios, tal vez milenios de sometimiento a dictadorzuelos de harenes, banquetes y piedras de diamante.

No puedo acostarme estos días sin sentir una doble emoción, la de quien se sabe partícipe de la ruptura del mundo islámico con el fatalismo que suponía tener que asumir vivir en la edad media en plena época digital y el dolor de pensar en los muertos, héroes anónimos que están sacando a sus vecinos, a familiares y conciudadanos anónimos, de la postergación.

Yo sería seguramente el cobarde que miraría la tele horrorizado, maldiciendo a Gadafi, sin tener el valor de salir a la calle para gritarle ¡basta! por el temor egoísta a que una bala me borrara de este mundo.

Sin embargo, pienso en esos 23 valientes de la comisaría de Bengasi y me planteo, ¿dónde quedan esos héroes?

viernes, enero 14, 2011

Takiripinti

Takiripinti es la palabra que yo mantengo en el recuerdo, aunque no hay más que mirar en un traductor para comprobar que está deformada por el paso del tiempo.

El viaje en tren entre Haparanda, en la frontera norte con Suecia, y Helsinki había sido largo. Francis y yo llevábamos semanas viajando, muchas latas de conserva entre pecho y espalda, y ésta última medio jodida de tanto dormir en el suelo de los campings. Tendríamos no mucho más de veinte años.

La llegada nocturna a la capital finlandesa fue movida. En el trayecto en tren nos habíamos peleado por alguna tontería y viajábamos cada uno en un vagón. La necesidad hizo que nos uniéramos para buscar un sitio donde dormir.

Él hizo migas con un anciano francés, que se nos encalomó en busca de un sitio donde acampar en las afueras de la ciudad. Tras tomar un autobús llegamos a un sitio fuera de cualquier civilización. El viejo olía a alcohol y a Francis no se le ocurrió otra cosa que ofrecerle nuestra tienda de campaña para compartirla.

Pasé toda la noche oyendo las tripas del viejo y alaridos de perros maltratados, que resultaron ser gaviotas para el urbanita que esto escribe.

Amanecimos, esa mañana de verano nórdico, en un paisaje verde muy cercano al mar.

El viejo desapareció, quizás por mi falta de cariño.

Francis y yo nos duchamos, nos pusimos guapos y nos lanzamos a conquistar Helsinki por vez primera.

Descubrimos una parada de autobús y una chica rubia, Saana, con unos walkman. Le preguntamos cómo llegar a la ciudad y ella se ofreció a acompañarnos.

Me llevé años escribiéndome con Saana. ¿Cómo podría volver a localizarla? ¿Cómo localizar a tanta gente perdida por el camino?

Ella era profesora de francés y eso me permitió chapurrearlo con ella.

El autobús llegó a su última parada y la seguimos por una boca de metro. El vagón se iba llenando conforme nos acercábamos a la ciudad con gente cada vez más rubia y alta. Saana hablaba y hablaba...

En un momento dado, con la charla, ella puso cara de preocupación. ¿Nos habremos pasado de estación? Gente tan alta a nuestro alrededor nos impedía ver en qué lugar estábamos.

'Don't worry, Saana'.

Me escabullí entre la gente cuando el metro paró y memoricé el nombre de la estación. Entré de nuevo en el vagón y le grité.

'¡We are in Takiripinti!'

No se me olvidará la risa colectiva del vagón.

'That is Don't smoke!'

martes, noviembre 02, 2010

Pablo

No es fácil encontrar una persona con quien estar casi un mes de viaje de trabajo, cambiando cada dos días de país, tomando aviones, metros, taxis, buscando bancos donde cambiar dinero, preparando presentaciones de trabajo, soportando la presión de personas desconocidas hasta ese momento en fábricas que visitamos por vez primera sin tener el más mínimo encontronazo o malentendido.

Ya tuve oportunidad de trabajar con él durante varios años, años muy tensos en que conseguimos hacer equipo a pesar de que nuestra juventud y las circunstancias hacían complicado conseguir los objetivos que la empresa nos solicitaba.

En este mundo actual donde a la gente se le hace un mundo cualquier mínimo reto, es un placer haber podido compartir una experiencia profesional y personal tan intensa con un tipo resuelto, simpático, dinámico y resolutivo.

Saber estar para defender la fábrica con argumentos sólidos y para tomarse las cervezas con los nativos de Indonesia o Corea, y hacerlo todo con la misma pasión y ningún mal gesto, todo un lujo.

sábado, octubre 30, 2010

Imágenes

A punto de terminar mi periplo asiático, las imágenes retenidas se repetirán de por vida.

Si algo retendré, sin duda, son los arrabales de Yakarta.

Pasarán los años y en el recuerdo quedarán los pescados vivos cortados delante de nosotros en el puerto coreano de Pusán, las niñas rebeldes del Tokio más cosmopolita, los prostíbulos de Bangkok, las megalópolis de nuevos ricos chinas, el caos de tráfico indonesio, los niños yendo descalzos a clase en India.

Pero habremos integrado sin duda mucho más.

La potencia de un continente que no se puede simplificar ni reducir ni homogeneizar.

Hay algunas teorías baratas que me puedo plantear, como pensar que los que menos colonizados han estado son los que mejor han orientado su futuro.

En Asia se resumen todas las grandezas y miserias del ser humano. Hemos vivido momentos de tanta dulzura y tanta tensión, que todo me lleva a pensar que no hay que definir tanto a los pueblos sino dejarse llevar por las personas.

No tengo el derecho a clasificar como maleducados a los indios o como entrañables a los tailandeses, aunque lo piense. Ni cuadriculados a los japoneses o laboriosos a los coreanos. No puedo ni quiero retener a los chinos como impersonales, aunque sea China el país que menos me haya llamado la atención.

Pero me quedo con los arrabales de Indonesia. La lluvia cayendo fuerte, los coches pasando entre motociclistas suicidas, las casas y chabolas de madera entre una vegetación arrolladora... entre miradas perdidas de personas sin futuro.

Mi pensamiento, para siempre, con los arrabales de Yakarta.

viernes, octubre 29, 2010

La columna

La inmensidad, hablan de 16 millones de habitantes, y el caos de Chennai, en la India, nos hizo contratar un circuito de 3 horas con chófer para hacernos con las distancias de la ciudad y visitar sus puntos más emblemáticos.

Tras pasearnos por su inmensa playa de arena fina, con barcas de pescadores, mucha suciedad y un mar infestado de tiburones, visitamos el fuerte montado hace siglos por los ingleses y la basílica de Santo Tomás, donde aparentemente está enterrado el santo, antes de llegar al fastuoso templo indú de Parthasarati...

Impresionado por su contundencia, en pirámides de piedra labradas con personajes minuciosamente perfilados que dan entrada al visitante, nos recibieron parias desaliñados, niñas que se hacían fotos con nosotros y viejas que nos untaban de polvo rojo el entrecejo. En los exteriores de cemento, tiendecitas vendiendo velas y flores para el templo, mujeres tiradas por el suelo y viejos famélicos pidiendo de comer.

A gritos me expulsaron cuando vieron que entré con zapatos. Me descalcé y volvieron a decirme que no, al llevar los zapatos en la mano.

Es un templo del siglo VIII, descuidado pero impactante, terrorífico diría yo. Multitud de pasadizos se hacen remolinos en su interior y no sabes hasta qué punto estás participando en un sacrilegio.

Los fieles entraban por diversas puertas, presenciaban a lo que deberían ser santones con falda blanca que, introducidos en pequeñas capillas doradas, los atraían hacia sí. Yo no entendía nada. Había quien se untaba con polvo amarillo colocado sobre las paredes, quien se tumbaba en el suelo, quien daba vueltas a una de las múltiples columnas negras, con personajes casi-aztecas labrados sobre ellas, siempre en el sentido de las agujas del reloj.

Me cogieron haciendo una foto y volvieron a gritarme.

Intenté salir, y de nuevo bronca.

Según dedujo Pablo, estábamos girando en el sentido contrario. Los giros sobre la columna, dentro del propio templo, alrededor de cada fuente... eran siguiendo las agujas del reloj. Incluso una maqueta del templo representaba a todos los muñequitos girando en el mismo sentido.

Hoy hemos salido tan tarde de trabajar que sólo nos apetecía una cerveza. Hemos cenado en el restaurante del hotel comida india, tratando de que no fuera tan picante como la de ayer. Arroz con yogur y patatas con especias, muy rico.

Luego hemos ido a la discoteca del mismo hotel donde nos hospedamos. Según dicen las guías el mejor night-club de la ciudad. Un local que cierra a las once y media de la noche y es considerado el mejor garito de una metrópolis de 16 millones de habitantes. Y pareciera que estábamos en la discoteca de Cazalla de la Sierra.

Es un país difícil para un europeo. Tanta pobreza ¡duele tanto!

Mirábamos, con un gintónic en la mano, a la gente bailar, tan torpe... apurando los cinco minutos hasta el cierre del mejor night-club de Chennai, que Pablo sentenció:

'No me extraña que le anden dando vueltas a una columna'

Y es que no encontramos ciudad más triste y aburrida que Chennai.

Tristeza y aburrimiento para dos occidentales que no olvidarán la miseria de las calles de la India.