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martes, agosto 30, 2022

Distancia

Idealizamos el sitio en el que no estamos, la estación del año en la que no vivimos, el frío cuando hace calor.

Luego llegamos a ese lugar, en primavera, para darnos cuenta que tal vez no estábamos tan mal en aquella cama, en invierno, donde soñábamos despiertos con ese día en el que, a nuestro pesar, confirmamos que no hay lugares mágicos.

La magia está en nuestros ojos, en la interpretación que hacemos de nuestra realidad y, sobre todo, está en el presente. 

Claro que es buena terapia soñar con paraísos inalcanzables, siempre que sepamos que el bienestar nace de nosotros mismos. No hay playa hermosa si la miramos con ojos tristes.

Soy partidario de hacer el esfuerzo de soñar con el momento en el que vivo, el aquí y el ahora, de encontrar el paraíso justo donde estoy, con el sol que entra por mi ventana.

sábado, marzo 26, 2022

Barba

Nunca había tenido barba hasta el día en el que murió mi padre.

Ahora podría contar que fue una decisión tomada frente al espejo, pero no sería cierto. Dejé de afeitarme, sin más. Como un acto de rebeldía de mi propio cuerpo ante el dolor de una pérdida definitiva.

Cuando los amigos, las redes o mi ordenador, de golpe, me asaltan con una foto del pasado, sé catalogarla en el antes o después. Al verme la cara afeitada sé que entonces él estaba con nosotros y juego a adivinar dónde estaría mientras me hicieron esa foto, si estaría en su mesa camilla con sus libros sobre genealogía de reyes, o de cervezas en el Jamaica, o en la playa con mis hermanas. Si estaría o no ya enfermo, si lo habían operado ya o no, si fue antes o después de nuestro viaje a París, si ese día lo vi o no.

Hay días en los que me recorto la barba y pienso en él, en la magia que sería coger de nuevo la cuchilla, mucha espuma, para lanzarme a recuperar mi cara de entonces, limpia de estos años sin él, y cogiese el coche para ir a buscarlo para tomarnos unas cervezas por su barrio.

domingo, diciembre 26, 2021

La tele

Hay días en que me apetece escribir de mis padres y llorar.

Ese llanto sano de homenaje en el que pones letra a tantos recuerdos almacenados, que pululan en un bucle continuo, para aparecer en instantes inesperados.

Escribir de ellos es escribir del universo, porque fueron ellos, y su decisión de ser padres, los que me pusieron aquí. Sin preguntar. Son ellos los culpables de que los añore, porque existo gracias a su voluntad. De tenerme y de quererme.

Yo moriré sin dar vida, hay una cadena que acaba en mí. Nadie podrá reprocharme haberle metido en este lío del vivir, como nadie podrá agradecerme haberlo hecho.

Soy un cachito de ellos, soy su memoria, sus genes, su amor. La magia de la existencia humana. 

Algunas noches sueño con seguir acostándome en la parte alta de mi litera, en la habitación del fondo, junto a la cocina, donde cierro los ojos y hago, entonces, que escucho la tele de fondo, que suena lejana desde el salón. Se acaba la película y viene el silencio. Ya noto los pasos. Entran en la habitación de mis hermanas, van apagando luces. Me hago el dormido, intento que no se note que trago saliva, hasta que llega el beso de mi madre, que me tapa y me acurruca.

domingo, octubre 17, 2021

Haz de luz

El silencio asusta porque nos deja desnudos, porque nos interpela sin intermediarios, nos menea, se cuela por las rendijas de nuestras inseguridades y provoca frío.

Estamos desentrenados para no escuchar más que el ruido de la calle desde la ventana.

En casa, cuando éramos pequeños, se producía un fenómeno mágico, una de cada mil noches, en la habitación de mis padres. 

Por una rendija del ventanal se colaba una luz tenue que se proyectaba en el techo. Entonces se corría la voz entre los hermanos, apagábamos luces y nos tumbábamos junto a mi madre para ver las figuras diminutas de la gente, de los coches, de los árboles, proyectadas como en una película de súper 8 contra el muro.

Sólo se escuchaban nuestras risas y el silencio impaciente de la espera, hasta que llegaba un nuevo vecino atravesando la calle para verlo reflejado en una esquina de la habitación.

Ese silencio familiar de casa grande y oscura, de pararse todo, de escucharse nuestras respiraciones, de olernos. Tan raro.

En mi piso actual ese fenómeno no se produce. La luz se cuela, autista, sin regalarme figurillas. 

Aunque hay noches en las que yo insisto en apagarlo todo, lámparas y sonidos, para dejar que entre ese rayo de luz blanca que me lleva al frío, placentero, de radiografiarme por dentro. 

Sin ruidos, sólo yo conmigo, y el haz de luz, castrado de magia, a la búsqueda de superpoderes.

domingo, mayo 16, 2021

Magia

Llegamos años después a la misma bodega neoyorquina. No hizo falta mirar los mapas, porque la teníamos integrada entre nuestros mejores recuerdos. Las copas grandes, el plato de queso, el pequeño decantador, la música, la amabilidad de la camarera explicándonos, el ambiente pijo americano en el que nos introdujimos ese primer día para sentirnos príncipes por un día.

Pero en esa segunda visita todo salió mal. El tipo de la puerta nos trató con cierto desprecio, sin imaginar hasta qué punto estaba echando por tierra nuestras expectativas de disfrute. Nos levantamos de la mesa antes de pedir y preferimos dejar en la memoria aquella primera vez.

Cuando viajas mucho y eres curioso, compruebas que no hay lugares en los que se suba al cielo. Por muy hermoso que sea un restaurante, una plaza o un paseo fluvial, debes ser tú el que ponga el punto justo de emoción para convertir aquellos lugares en algo especial.

Hay quien no se emociona en ningún sitio, y encuentran pegas a todo por muy maravilloso que sea, porque se cree que los sitios tienen magia, sin saber que la magia la debes poner tú.