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jueves, diciembre 04, 2025

Onda

Soy un gran lector de clásicos.

Haber disfrutado de Madame Bovary, Trafalgar, La tía tula o La montaña mágica es algo que queda dentro para siempre. 

Lo que sí observo, en mis intentos actuales de acercarme a escritores de hace siglos, es cómo la onda literaria actual vibra en otra frecuencia. La falta de tiempo para el ocio que padece nuestra sociedad hace que se haga bola para muchos el poder pausar los ritmos para leer capítulos largos donde, aparentemente, no pasa nada.

No hay paciencia.

Se pide más emoción, más rápido, más golpes de efecto, menos profundizar.

Es un reto al que nos enfrentamos los escritores actuales: saber narrar en la prisa de los demás.

Cada lector mira cuánto queda para terminar una escena, cómo de largo es el texto de facebook, qué porcentaje del ebook llevo leído, qué grosor le queda aún a la novela. 

Corremos, corremos, sin saber muy bien hacia dónde. Sin pararnos a disfrutar de estar parados. De respirar.

Recomendaría vivamente a Machado: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar'.

No hay sitio al que llegar.

jueves, junio 22, 2023

Final

No me acuerdo de los finales de las novelas que más he disfrutado.

Tiene que ver con mis despistes, pero quizás también con mi forma de apreciar la literatura, porque lo que a mí me embriaga de una historia tiene mucho más que ver con la atmósfera que con el desenlace.

La vida no se articula en tres actos, es más bien un caudal que corre desordenado hacia adelante, donde no hay una meta definida por alcanzar. Lo que a mí me gusta disfrutar es de la inmersión en ese río de emociones y dejarme llevar.

No hace mucho escribía acerca de mi novela fetiche, La Montaña Mágica, y los lectores en sus comentarios hacían mención a su impactante final.

¡Yo no lo recuerdo! No sé qué pasó con Hans Castorp. Incluso puedo invertarme un final para mí. No sé si murió su primo, ni dónde quedó Settembrini, ni si llegó a besarse con Madame Chauchat. ¡Me da igual!

Me gusta visitar ese balneario cada cierto tiempo, sin pensar en qué terminó todo. Los prefiero vivos, con sus paseos y sus charlas, para mí.

Hay quien dice que le gustan los finales abiertos, aunque la mayoría de los lectores prefiere que las novelas cierren bien todas las tramas y subtramas.

Yo soy novelista de desenlaces bien estructurados, pese a que, para mí, lo importante, es que aceptes mi invitación para sumergirte en el mundo que he creado para ti.

Mi triunfo sería que, tomando un café, te acordases, de vez en cuando, de la mesa de cocina de Lara.

sábado, mayo 15, 2021

La Montaña Mágica

No sé cuánto hay de mí en La Montaña Mágica ni por qué hay libros que te remueven hasta hacerte cambiar.

El libraco de Thomas Mann es un mamotreto de cuidado para quienes ven enemigos en las novelas, pero también causa respeto a quienes tienen el hábito de la lectura.

Yo lo tomé un verano y no me pude despegar.

Hans Castorp representa la no aceptación del destino. Todos tenemos algo de eso. Este personaje, tan novelesco, un joven militar huérfano de familia bien, apuesto y gran conversador, va a visitar a su primo enfermo a un balneario especializado en dolencias pulmonares. En lo alto de una montaña suiza, el sanatorio se rige por unas normas estrictas para gente de clase alta de toda Europa que quiere mantener su nivel de vida a pesar de sus duras circunstancias personales.

Es entonces cuando Hans Castorp, semanas después de compartir habitación con su primo, decide enfermar de pulmón. Quiere huir del difícil mundo real que le espera ahí abajo, para ser cuidado como uno más de esos huéspedes que no paran de toser.

¿Cuántas veces no hemos querido que nuestra vida se desarrollara en un espacio donde se ocupasen de nosotros?

Hay días, los menos, en la cama, en que sueño con entrar en el balneario de la montaña mágica. Desprenderme de todo, bajar los brazos y dejar que cuiden de mí.