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martes, marzo 31, 2026

Memoria

Mariángeles es mi memoria.

En todos los momentos especiales de nuestras vidas, hemos estado allí. Los tres: ella, su memoria y yo.

En Nueva York, Berlín, París, Londres, Lisboa. En su Huelva, en mi Sevilla.

Me vienen chispazos de un pasado feliz y ella lo dibuja con sus recuerdos.

Eso ocurrió el 14 de diciembre del 2013, tú llevabas un polo rojo y acababas de volver de Japón.

No sé dónde almacena tantas fotos sin papel, cómo enlaza una historia con otra, hasta saber qué comimos ese día, de qué hablamos.

Fogonazos de una vida que ella caza para mí.

Fontanero

Los seguros son rápidos para cobrar y lentísimos para solucionar.

Una intervención no muy complicada ha requerido de no sé cuántas llamadas y visitas infructuosas de fontaneros que se quitaban de en medio sin solventar nada y prometían reparaciones que dejaban sin hacer.

Desesperado, Fran me decía el pasado viernes que ya había dado con uno que iba a resolver el entuerto.

Ya nos han fallado otros tres le recordé.

Este no. Este vendrá el lunes y lo dejará todo arreglado.

Le pregunté por qué tanta confianza.

Porque es el único que ha rodeado la alfombra de entrada al baño sin pisotearla.

Ayer fue lunes. El baño ya está impecable.

viernes, marzo 27, 2026

Soria

Para ver Soria hay que ir a Soria.

No pilla camino de ningún lado.

Esta semana he ido por trabajo y confirmé que me embelesa, con el encanto propio de lo sencillo.

A mí, sevillano, me enamoran los enclaves machadianos. Me identifico con esa tristeza andaluza que el genio proyectó en ellas. Ciudades de piedra lejanas a las paredes de cal blanca de su infancia. Tanto que me cuesta distinguir, cuando ya no son más que recuerdo, si aquel portón era de Baeza, si ese instituto era de Segovia, si los paseos bajos árboles sin hojas eran de Soria. 

Cada cierto tiempo vuelvo para reencontrarme con la verdad de cada una de ellas.

Este miércoles bajé hasta el Duero por donde imaginé que bajaba él, paseé sus orillas con su caminar pausado, agarrado a su abrigo en noches invernales, aguantando el viento que yo aguanté.

Asomado a su río, al caer la noche, sin que nadie nos viera, le dejé mis ojos por un buen rato.

jueves, marzo 26, 2026

Anónimo

Cuando uno pasea con espíritu anónimo, sin mirar para adentro, se da cuenta de cuántos mundos hay en este.

Personas que cavilan sus entripados con caras serias, parejas que hablan entre sí, niños que se parten de risa delante de un balón, ancianos que te ven pasar con la melancolía de sus mejores años.

Hacer ese ejercicio es una forma de derretirse: ¡miles de millones de personas con sus cuitas!

Nos comunicamos poco: desconocidos que se cruzan con desconocidos.

Por eso me gusta defender esta ventana, donde nos hablamos pese a no habernos mirado a los ojos.

Saber del extraño es sentirse menos solo.

Berlín

Yo iría cada cierto tiempo a Berlín para recordar la brutalidad de la guerra.

Es más, de poder hacerlo, enviaría a colegios enteros a visitar lo que fueron los campos de concentración, a entender lo que supuso el muro, a observar los restos de la iglesia conmemorativa del káiser Guillermo.

Entender cómo todo se puede ir al precipicio por el horror de lo peor del alma humana.

Yo llevaría allí a Trump y lo dejaría una semana, a solas, en el horror de Sachsenhausen.

domingo, marzo 22, 2026

Gracias

Me gusta que me den las gracias cuando las merezco.

Llevo mal el que se actúe sin ese comportamiento mínimo de educación en nuestras relaciones personales. 

Mis baterías se cargan, en cualquier aspecto de la vida, cuando se me agradece, aunque sea con la mirada, el haber estado ahí.

No creo a quien dice hacer las cosas sin pensar en la reacción de los demás.

Yo no actúo para ser reconocido, pero sí necesito de la otra parte una sonrisa. Un gesto.

Porque yo siempre intento darlo. Porque no entiendo la vida sin afectos.

sábado, marzo 21, 2026

Papel

Los perros también se cansan de ser perros.

Es tierno cuando ves a uno achacoso, siguiendo a duras penas los pasos de su dueño. Ya quedaron lejanos los tiempos en los que tiraba impetuoso de la correa, para ser ahora el perezoso al que tienen que jalearle para que siga caminando.

Son esos que se sientan al solecito en la terraza de un bar, junto a su humano, cotilleando con ojos somnolientos todo lo que se mueve alrededor.

Hasta que alguien se acerca y lanza, simulando oficio, dos ladridos.

Alhóndiga

Yiyi y yo lo vimos claro en cuanto le conté nuestro viaje a Bilbao.

─Esos días nosotros estamos en Castro Urdiales ─me dijo.

Maquinamos no decirle nada a mis hermanas y nos plantamos en Sondika. El punto clave era la Alhóndiga y la hora, las cinco.

'Vamos cincuenta metros por detrás', me dijo por WhatsApp.

Yo mantenía la conversación con Raquel, Fran entretenía a Mónica.

'Entra por aquí', le escribí, 'nosotros lo haremos por el otro lado'.

─Qué sitio más chulo ─comentaba Mónica, siempre reacia a viajar, pero la más entusiasta cuando lo hace.

Rodeamos el parque de columnas, les hice mirar la piscina colgada del techo, el juego de luces en el hall central.

─¡¡¡Ah!!! ─gritó mi hermana─. ¡Si es el tío Yiyi! ─exclamó─. Pero ¡qué casualidad!

Nos gusta jugar a emocionar.

Casera

En la cafetería de la estación de trenes de Valladolid aprendí que las manchas de la ropa se quitan con Casera blanca.

─Mira, reluciente ─me dijo la camarera que me solucionó el manchurrón de tomate en el pantalón─. Vete ahora al baño y pon la pierna bajo el secador.

Así que ya siempre tenemos una botella en la nevera.

Recién llegado a casa del trabajo, esta semana, le pregunté a Fran por una camisa que no encontraba.

─¿La de la mancha? ─me preguntó.

─¿Cómo sabes que...?

─Pues porque me la encontré chorreando sobre la silla con una botella de Casera abierta en medio de la mesa.

─Ahá.

Izquierda

Llegaba apurado a la cita de las siete del museo del Patio Herreriano.

─¿Ha empezado ya?

─Hace dos minutos, en la primera planta ─me dijo la chica de la entrada─. En cuanto salgas al patio, gira a la derecha y ahí tienes ascensor y escalera.

Con mi dislexia de considerar las indicaciones al revés, giré a la izquierda y me encontré con una cinta que impedía el paso. Tenía tanta prisa y la indicación había sido tan clara, que atravesé la cinta en busca de esa escalera.

Ante el conflicto, pudo más la orden que la lógica.

Una mujer de seguridad se asomó.

─Caballero, ¿no ha visto que ahí no se puede entrar?

─La chica de la taquilla me ha dicho a la derecha ─me excusé.

Entonces la vigilante me destrozó con la mirada.

─Claro ─señalé al otro lado del patio─, es la derecha de allí.

¡Hala!

Siempre que puedo, que es siempre, me acerco a las visitas guiadas de las siete de la tarde del museo de arte contemporáneo de Valladolid.

Yo me planto allí a que me cuenten lo que me quieran contar sobre la exposición temporal que haya en esos días.

Esta semana tocó descubrir, con mucha emoción, la obra del sensibilísimo Xisco Mensua.

El guía, no dejéis de acudir a esos recorridos gratuitos, nos hablaba de los encuentros con escolares de Primaria.

Sean de colegios públicos o privados, del centro de Valladolid o de Cabezón, los niños más pequeños siempre sueltan la misma expresión al entrar en una de estas salas.

Los cinco visitantes preguntamos cuál.

Todos se quedan paralizados y dicen: ¡Hala!

Cuenta cómo entonces se acercan con extrema curiosidad a analizar colores, figuras, a girar las cabezas, a imaginar historias.

En cambio, cuando vienen los mayores, en muchos casos sus expresiones son muy distintas: 'vaya mamarrachada de cuadro' o 'eso lo hago yo con los pies'.

Yo soy bastante de Primaria.


domingo, marzo 15, 2026

Fáciles

Fran y yo somos muy fáciles para decir sí. En cuanto nos llaman para quedar, lo hacemos.

No hay más impedimento que el que físicamente estemos allí donde se nos requiere. Todo lo demás se puede arreglar.

Porque toda la gente a la que queremos es mezclable, así que no hay excusa basada en el ya hemos quedado.

Solo nos faltabas tú.

Nuestra vida es una mesa abierta con una silla siempre libre para ti.

Beneficios

Cuando una empresa española presenta un balance anual de beneficios multimillonarios lo primero que hago es alegrarme y lo segundo es preguntarme ¿es sano?

Porque si esta compañía pongamos, por ejemplo, que se dedica a la venta de productos de alimentación y limpieza, artículos de primera necesidad, cada año gana miles de millones de euros, pienso dos cosas: está muy bien gestionada y, me resulta evidente, los precios están inflados. 

¿Alguien duda de que tienen un acuerdo tácito para no hacerse daño entre ellas?

Ocurre lo mismo con la banca, las eléctricas, las petroleras... 

Esos beneficios galácticos van a la cartera de unos pocos, ¿es eso sano?

¿Puede existir beneficio ilimitado en sectores donde el cliente no tiene alternativa real?

No soy ningún bolivariano ni revolucionario comunista, sino una persona con sensibilidad social. ¿No debería el ser humano, a nivel transnacional, establecer unas reglas que permitan revertir hacia la ciudadanía una parte de esos ingentes beneficios que no vienen sino del consumidor?

Cuando las ganancias pasen de lo rentable a la usura tiene que haber un retorno hacia lo público.

Es obsceno que nos hablen de miles de millones de euros de beneficios y que, además, protesten cuando se les dice que hay que mejorar el salario mínimo o disminuir la jornada laboral.

Es buena gestión, sí. Y es avaricia.

Remo

Mi tío Yiyi me salvó cuando yo era un renacuajo de 12 años.

Celebrábamos un bautizo y él se me acercó:

Borete, estás muy delgado. Te convendría hacer deporte, socializar, no estar todo el día encerrado en casa haciendo deberes.

Yo lo miraría con mezcla de pánico y súplica. Pánico por lo que pudiera proponerme, súplica por que me lo propusiera. Necesitaba que alguien me sacara de mi agujero.

A la semana siguiente ya estaba entrenando, ¡todas las tardes!, en un club de remo. Anchoa, íntimo de mi tío, sabía qué hacer conmigo.

Tenía que coger un autobús, plantarme allí, sufrir lo más grande con ejercicios espartanos que no había practicado nunca.

Estaba naciendo otra persona en mí.

Mi tío Yiyi, ¡cómo lo echo de menos!, me salvó.

Huyendo

Creo escribir las novelas desde la libertad más absoluta, sin controlar hasta qué punto mi pasado guía mis letras. Todo aquel mejunje de emociones acumulado en no sé qué lugar de mí.

Cenaba con Leo en Madrid y me comentó que el primero de mis libros que le llegó a Bolivia fue 'Huyendo de mí', una novela en la que retrato mi eterna crisis con una vida laboral que no termina de casar conmigo.

El protagonista era Leo me decía Leo y su profesión era la arquitectura como la suya.

Cuando construí esa historia hacía 20 años que no nos veíamos y pensé que ese nombre y esa profesión las saqué de la nada. Sin embargo, al otro lado del océano, alguien se vio reflejado.

Seguramente porque era así.

Dormir

Se habla del placer del sexo y la comida, pero poco del disfrute del dormir bien.

Desde pequeño siempre ha sido una cualidad que me define. Sí, una cualidad, como puede serlo tener una dentadura perfecta o habilidad para hacer buenas paellas. 

Yo sé dormir bien.

Puedo caer rendido donde sea a cualquier hora con solo proponérmelo. Y al despertar, empiezo, otra vez, un nuevo día.

Hay veces en las que Fran llega muerto del trabajo y tenemos alguna movida social comprometida. Entonces le insisto:

Échate un rato.

Pero si tenemos que salir en media hora.

Inténtalo.

¡Yo no soy tú!

sábado, marzo 14, 2026

Rosalía

Enganchado a un vídeo de la actuación de Rosalía en los premios Brit en Manchester, cuando me dio por mirar al público me horroricé al ver que todos alzaban el móvil para captar vídeos intrascendentes que luego podrían tener sin problemas por canales oficiales.

El otro día, en cambio, me dio por ver el último concierto en directo de Michael Jackson. Un disfrute total en el que los espectadores se entregaban al baile mientras observaban la coreografía de su ídolo.

Qué torpes somos.

Champú

Tras mi cena con Leo en Madrid, me di una ducha en el hotel para calmar el cuerpo.

Desprevenido, el olor del champú me llevó a México. Fue un electroshock sensorial.

Apagué la luz, volví a la ducha y me embadurné la cara de espuma para intentar encontrar dónde en México. Si fue también el champú del hotel donde estuve alojado cuatro meses, si lo fue el ambientador de la enorme habitación o de aquel restaurante cuadrado, en medio de la avenida principal de Torreón, donde solía comer arracheras.

El caso es que viajé en un instante allí donde, también, fui muy feliz.

Me resulta curioso analizar el comportamiento de aquellas personas que siempre responden con un 'no'.

Eso no existe diría una de ellas.

Al menos en el círculo en el que me muevo, sí que las encuentro. A veces, incluso me gusta ponerlas a prueba, sin que ellos lo sepan. Como ya los tengo catalogados, lanzo una afirmación sin mayor importancia:

Ya se va notando que llega la primavera.

No, Salva. Aún vendrán días de mucho frío.

Pero si me muevo a su terreno, tampoco cambian.

Es cierto, el tiempo a veces nos confunde.

No, Salva, siempre ha sido así.

Tienes razón.

No, si lo que tú dices tiene sentido.

Qué majo eres.

No, no te creas, Salva.

¿Te tomas un café?

No, prefiero un té.

¿Verde?

No, negro.

martes, marzo 10, 2026

Dientes

Viajar a menudo y compartir horas con gente de otras culturas me hace construir teorías que no sé si se sostendrían científicamente.

Desde hace tiempo tengo una acerca de la salud buco-dental y de un indicador fiable, creo, para medir el nivel económico de un país: el uso del palillo de dientes.

Sé que en España ir al dentista es casi una actividad de lujo, pero también me consta que está en nuestras prioridades cuando la boca empieza a dar problemas.

Lo que es cierto es que, cuando termino una cena de trabajo, es más habitual ver a un portugués buscar, con educación, cómo hurgar entre sus dientes; mucho más cuando se trata de un turco; casi cotidiano si hablamos de un marroquí.

Siento que cuanto peor es la economía de un país, menos sanos son sus dientes.

lunes, marzo 09, 2026

Perfección

Soy muy enemigo de la perfección.

A mi equipo le insisto en esa idea: no nos dejemos llevar por el purismo de hacer que no haya un solo reproche a nuestros trabajos, porque es la mejor forma de paralizarnos. 

Igual de aplicable a la vida cotidiana: querer lucir divino, caer bien a todos, ser impecable en las formas es un generador de sufrimiento.

Nuestro mundo avanza cuando se actúa, buscando, eso sí, lo mejor de nosotros mismos.

Pero saber decir hasta aquí.

Porque somos, en esencia, imperfectos. Actuemos con nuestra mejor voluntad. Es lo máximo que debemos exigirnos.

domingo, marzo 08, 2026

Iraníes

A los defensores de las brutalidades cometidas en Gaza e Irán se les llena la boca defendiendo las causas feministas y LGTB de esos países como argumento principal para defender que se los masacre.

Deberían empezar por defenderlo en su propio país.

¿Quién es tan inocente para creer que Trump está devastando Irán para liberar a sus mujeres? 

¿Quién, en su sano juicio, duda de que no lo haría de no ser por las cantidades ingentes de petróleo que atesora en su suelo?

Yo estuve trabajando en Teherán y vi esa realidad infame del trato a la mujer. Un país gobernado por una teocracia intolerante que no respeta los derechos de su pueblo. Y no es buscando la destrucción total, como se jacta el payaso americano, como se busca el bien de un país.

De esas bombas saldrá más odio aún. Más destrucción.

Hay medidas mucho más eficaces para hacer cambiar el destino de un pueblo sometido: condicionar la compra de bienes materiales a que se respeten derechos básicos sería un buen principio. El persa es un pueblo viejo, que entendería bien que para vender caviar o petróleo tendría que reorganizar su mundo.

Medidas que tienen que ver con las leyes y la palabra. Pero debemos querer utilizarlas.

Y ni siquiera la vieja Europa ha querido hacerlo. Puede más la codicia. Por eso, casi todos, miran para otro lado.

Leo

Cuando yo era un jovencito en la veintena muy metido en el armario, tras escribirme durante meses con un chico boliviano que me enviaba cartas preciosas desde el otro lado del Atlántico, reuní todos mis ahorros para viajar a verlo.

El encuentro no fue lo esperado porque no hubo química, pero sí un profundo respeto entre los dos. Allí pasé dos semanas maravillosas recorriendo un país que quedó para siempre en mi corazón.

Poco después él me devolvió la visita a Sevilla, cargada del mismo cariño. De eso hace media vida.

En todo este tiempo hubo contacto esporádico gracias a que nos reencontramos por las redes sociales. Entonces supe que se había ido a vivir a Barcelona, que había adoptado a una niña, que triunfaba con su carrera de arquitecto.

Hace unos días me envió un mensaje:

Tengo el corazón hecho pedacitos, Salva.

Esta noche seremos dos señores maduros los que nos encontremos, treinta años después, en un restaurante en Madrid.

Hay abrazos que no pueden esperar.

Flor

En la Feria de Sevilla las mujeres se colocan una flor en el pelo.

¿Hay algo más absurdo? ¿Algo más hermoso?

Cuando te cruzas por las calles de mi ciudad a turistas extranjeras con esa rosa en el moño, te das cuenta de que es una seña de identidad, un intento de asimilarse al paisaje que visitan.

Anoche una dominicana me servía una tarta de queso en un restaurante del centro, con todo el arte del país caribeño. Al darse la vuelta, le vi el clavel prendido a su cola.

«Soy mujer y soy luz».

jueves, marzo 05, 2026

Carmen

"Salva, vente a Valencia", me animó Carmen Estellés hace unos días.

Allí se reunía con dos amigas, Jone y Ana, que llegaban desde Bilbao y Zaragoza para visitarla.

Vi que esos días estaba en Valladolid, que este viernes tenía el estreno de la obra de mi querida Carmen Tamayo, que no me cuadraban las fechas y me disculpé, dolido por no tener la libertad de unirme a ellas.

El jueves me envió fotos desde la plaza de la Catedral. 

Se conocieron a través de mis textos de cada tarde, de comentarlos.

¿Quién me dice que no merece la pena este abrirme en canal diario?

Solo por esa foto, por la amistad entre ellas tres, ya todo tiene sentido.