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miércoles, julio 26, 2023

Masajes

Si yo fuera rico, me gustaría gastar mi fortuna en placeres sencillos.

Me daría un masaje diario. Cada día un tipo. Los pies, el craneo, la espalda, las piernas... Me encanta que me toquen, que suene música flojita, que huela a aromas calmantes, que no haga ni frío ni calor.

Es maravilloso sentir que te acarician el cuerpo, que cuidan de ti, aunque sea un rato y por dinero. Esa conexión con tu casa carnal es de los mayores disfrutes. Regalarle a tu propia naturaleza, que siempre tira de ti, un rato de atención.

En muchas ocasiones, durante esos masajes, el cuerpo conecta con la mente, como una puesta a cero para sincronizar lo que la mayoría de las veces va desemparejado.

Si yo fuera rico, me construiría una habitación llena de alfombras para que alguien, cada día, viniese a cuidar de mí.

domingo, noviembre 20, 2022

Molestias

De las molestias sólo nos acordamos cuando éstas llegan.

Padecemos dolores crónicos que, en su mayoría, tardan semanas en desaparecer, aunque tengamos siempre la sensación de que el malestar que hoy sentimos se hará eterno en nuestras vidas.

A mí me gusta jugarle la partida a ese pinchazo en la espalda, en la rodilla o en la cabeza que creemos que nos acabará matando.

Las reglas son facilonas. Si el dolor viene de imprevisto, un punto para él. Si, en cambio, soy yo el que me acuerdo espontáneamente de él, por inexistente, un punto para mí. Que me coge comiendo y me pega un latigazo, ya vamos dos a uno; que me estoy duchando y veo que no me duele nada, ya estamos dos a dos.

Así que llego a la cama, me siento en el borde y me digo, estoy en plena forma. Así que gané por tres a dos.

Aunque haya días en los que pierdas, el hecho de marcarle algún que otro golpe al dolor te sirve para confirmar que todo pasará. Que somos más listos. Que vamos a poder.

La mente juega un papel tan importante que es capaz, más veces de la cuenta, de derrotar a las quejas del cuerpo.

(Mi empatía más sincera con aquéllos a los que el dolor siempre les gana la partida)

miércoles, marzo 16, 2022

Mimos

Estoy encantado con mi osteópata.

Esté mal o bien, voy todos los meses a su consulta. Conoce tan bien mi cuerpo que rápidamente percibe dónde están los puntos débiles y cuáles de mis habituales molestias van bien.

Siempre creativo, me programa ejercicios para hacer por mi cuenta. Para relajar la espalda miro de frente a mi dedo índice y, sin mover la cabeza, muevo la mano a un lado y otro hasta casi quedarme bizco. Para aligerar mis molestias con los gases me hago masajes fuertes por encima de las cejas, para quitar el estrés muevo la lengua en círculos y empujo las mejillas hacia los lados.

Tan integrados tengo esos movimientos que hay veces en las que no me percato de que haya gente mirando y comienzo mi función de mimos milagrosos para poner mi cuerpo en sintonía.

Habrá quien piense que voy a echar a volar.

jueves, enero 06, 2022

Tontos

Nunca me llevé bien con los días tontos.

Mis ansias de movimiento provocan que no simpatice con los días parados, aquéllos en los que voy de la cama al sofá y del sofá a la nevera, sin ganas de leer, escribir, entrenar o hablar de nada.

Tengo que aprender a gestionarlos, porque es muy probable que esos días no sean sino una huelga encubierta de mi cuerpo para decirme: 'para ya, que me tienes harto'.

Yo saco mi arsenal de argumentos para protegerme del mal rollo que me produce el no hacer nada, especialista como soy en rellenar cada hueco de mi reloj con un plan definido.

Hace unas semanas me decía mi fisioterapeuta:

—Tienes la espalda como una piedra. Debes parar.

Sí, y mi cuerpo lo escucha y organiza estos días tediosos sin consultarme, en los que atravesar el salón se me antoja como una maratón y sólo quiero tener los pies en alto.