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sábado, enero 04, 2025

Mimar

Nos exigimos mucho y nos cuidamos poco.

No hablo de repetirnos cuánto nos queremos ni mantras de ese tipo, pero sí de sentarnos en la cama, antes de acostarnos, y masajearnos durante un rato los pies, sin pensar en otra cosa que en buscar el propio bienestar y desencontrarnos de tanto barullo externo.

No digo que tengamos que decir yo, yo y, después, yo, pero sí escucharnos desde dentro. Tumbarnos en el suelo, poner las piernas en alto y dejar que el tiempo pase sin atender a otro ruido que al bombeo de nuestro corazón.

Hay técnicas orientales, cursos de relajación, métodos de todo tipo, pero nadie como uno para darse regalos tontos de paz en los que concentrarnos en nosotros para mimarnos un poco.

Miramos, demasiado, para fuera.

domingo, octubre 08, 2023

Cremitas

—¡Cremitas!

Tirado en la cama, con la cabeza en los pies del colchón, lanzó el primer grito de guerra. Fran se hace el loco.

—¡Cremitas!

Tengo la suerte de tener una cuñada que es toda una eminencia en cuidados de la piel, y ese mujer, Desi, la hermana pequeña de Fran, le surte de todo tipo de cremas, lociones, mascarillas, serums... y, además, le explica como aplicarlos.

No hay cosa que me guste más que me mimen, que me toquen, que me masajeen. Así que, cuando el estrés me sube por las piernas, me tiro en la cama bocarriba.

—¡Cremitas!

Ya llegan entonces las risas de Fran, asumiendo que no tiene escapatoria. Ya escucho el ruido de choque entre botes de plástico y cristal que viene desde el baño. Entonces cierro los ojos a la espera de que me dé un beso en la frente y empiece la ceremonia del masaje facial de amor.

miércoles, julio 26, 2023

Masajes

Si yo fuera rico, me gustaría gastar mi fortuna en placeres sencillos.

Me daría un masaje diario. Cada día un tipo. Los pies, el craneo, la espalda, las piernas... Me encanta que me toquen, que suene música flojita, que huela a aromas calmantes, que no haga ni frío ni calor.

Es maravilloso sentir que te acarician el cuerpo, que cuidan de ti, aunque sea un rato y por dinero. Esa conexión con tu casa carnal es de los mayores disfrutes. Regalarle a tu propia naturaleza, que siempre tira de ti, un rato de atención.

En muchas ocasiones, durante esos masajes, el cuerpo conecta con la mente, como una puesta a cero para sincronizar lo que la mayoría de las veces va desemparejado.

Si yo fuera rico, me construiría una habitación llena de alfombras para que alguien, cada día, viniese a cuidar de mí.