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miércoles, septiembre 27, 2023

Anécdota

Todo el mundo quiere venir a casa para ver los vasos de Venecia.

Un familiar nos había conseguido, este verano, una entrada VIP para visitar una fábrica de vidrio soplado en la isla de Murano. Nos recibieron como a marqueses, con el único coche de la isla en la puerta. 

—Por venir de parte de quien venís, tendréis un descuento del 50% en todo lo que compréis —nos dijeron, como bienvenida.

Yo, ufano del arte decorativo, pregunté por el precio de una lámpara.

—Son 350.000 euros —me respondieron, y yo tragué saliva.

Tras invitarnos a soplar nuestro propio objeto, nos pasaron a una sala de exposiciones. Fran preguntó por un globo de vidrio azul.

—4.000 euros.

¡La madre! 

Yo, que soy un bienqueda, no quería irme de allí sin comprar algo, obligado por el trato que nos estaban dispensando. Me fui al vaso más simple que vi.

—Vale 130 euros.

—Me llevo dos —respondí, valiente, ante lo que Fran mostró su desacuerdo con la mirada—. Nos rebajan el 50% —le aclaré.

Al ir a pagar nos dijeron que, precisamente a ese vaso, no se le podía aplicar el descuento.

Así que nos vimos en el vaporetto de vuelta a Venecia con un regalito envenenado de 260 euros. 

Cada vez que lo contamos, la gente se muere de risa. Porque nos conocen, mi rol de persona más cumplida que un luto, el de Fran, desconfiado de ese tipo de movidas.

Anoche estuvieron en casa Joaquín y Antonio. Nada más llegar, preguntaron.

—¿Dónde están esos vasos?

Fran me miró.

—Al menos, hemos pagado la anécdota.

miércoles, mayo 31, 2023

Vidrio

La vida te sonríe y, de pronto, te ponen un contenedor de vidrio bajo la ventana.

Así funcionan las cosas.

Todas las planificaciones, previsiones y comodidades se te pueden ir por el agujero del lavabo en menos que canta un gallo. Cuando menos se lo espera uno, algo se tuerce y uno empieza a sentirse no tan bien en sus propios huesos.

Es por eso que hay que practicar el espíritu de la resiliencia, aprender un poco cada día a entender que no podemos luchar contra el universo, sino que tenemos que asociarnos a él, ser facilones, no tomarnos demasiado en serio.

Estar siempre dispuesto a perder no es de derrotados, es de gente que festejará, con toda el alma, los triunfos.