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lunes, abril 04, 2022

Queja

Tenemos todo el derecho a maldecir el despertador. A no querer levantarnos. Nos merecemos poder decir que nos desespera volver a empezar de nuevo un día más.

Lo que no vale es decirlo a diario.

Lucho por no avergonzarme de expresar, no a nadie sino a mí mismo, mi hartura. Esos días en los que ves que a las ocho de la mañana tienes reunión con el amargado de turno, que Fran está en San Sebastián y que no tengo yogur en la nevera. Sí. Me cabreo con el mundo, saco mi tablao de Farruquito y me pego mi 'zapateao'. Me meto en la ducha y me achicharro, con plena consciencia, hasta que con la toalla me seco mi mala uva y abro las ventanas.

No quiero ser contenido conmigo mismo. Quiero concederme esos instantes de pataleo casi infantil en el que me digo, en el tono dramático que corresponde, que no puedo más.

La luz de amanecer de mi ciudad, que me conoce, hace por amansar a la fiera.

miércoles, febrero 16, 2022

Farruquito

Fran dice que llevo un 'tablao' flamenco desplegable en el bolsillo.

Lo utilizo poco, pero me gusta tenerlo ahí.

Llevaba años asistiendo a una reunión en la que uno de los integrantes no hacía sino provocar con su mal rollo. Hubo un día en el que se me fue la olla, noté que perdía el control. Lo mandé callar a voz en grito y mis compañeros se quedaron de piedra. Yo, el más prudente de la fábrica, había patinado. Noté el corazón a cien y pedí disculpas.

Son contadas las ocasiones en las que he perdido los papeles, pero los he perdido.

Esos momentos en los que, según Fran, sacó el 'tablao' portátil, lo tiro al suelo y me pego un 'zapateao' a la salud de los presentes.

Tal vez sea la consecuencia de ser tan contenido, de tratar de ser siempre amable y considerado, que llega un día en que me tocan las palmas y tiro el 'tablao' al suelo.

—Ahí está mi Farruquito —diría Fran.