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viernes, julio 23, 2021

Tokio

No hubo decisión más acertada en mi juventud que apuntarme a hacer remo.

Tendría 13 años, muy buenas notas y una vida social que se limitaba al paseo de ida y vuelta a clase.

Fue, a esa edad, cuando comprendí la grandeza del deporte, no sólo por lo que implicaba de esfuerzo, disciplina y solidaridad, sino porque me permitió salir de mi caparazón, encontrar ilusiones fuera de mi círculo cerrado, conocer otros círculos sociales y empezar a valorar mi cuerpo.

El deporte es un reflejo aumentado de la vida. Forjar un proyecto, luchar por él, trabajar en equipo, disfrutar de cada paso ganado, comprender cuáles son tus límites, abandonar cuando no puedes más. Como la vida misma. 

Como la vida, también, tiene su parte negra, allí donde entra la corrupción, el dopaje, la trampa.

Disfrutar de un partido de tenis o de un campeonato de natación es un puro disfrute. Cuando sientes que lo entregan todo en pos de la victoria.

Hoy empiezan los Juegos Olímpicos, una vez más, marcando nuestros períodos vitales. Qué época de juventud más hermosa cuando tuve la posibilidad de estar en Barcelona durante las Olimpíadas. 

Sidney, Atenas, Seúl, Atlanta, Londres, Pekín... ciudades que han quedado grabadas en nuestra memoria personal gracias a la grandeza del ser humano, que un día se organizó para ver quién era el más fuerte, el más rápido, el más alto.

El deporte como símbolo de la Vida, porque todos vamos detrás de un sueño.

sábado, noviembre 21, 2020

Conflictos

Tengo un amigo reconocido a nivel mundial como intérprete de música clásica.

Nos vemos menos de lo que quisiéramos porque vivimos a mil kilómetros de distancia.

Este pasado verano he salido de cervezas varios días con él, he cenado en su casa y hemos reído mucho.

-Salva, me han ofrecido un contrato espectacular en el Teatro de la Ópera de San Francisco.

Le brillaban los ojos. Incluso a él, acostumbrado a tocar en solitario en los grandes teatros de medio mundo. Tan pronto está en Sidney como en Buenos Aires. Un orgullo de amigo.

-Pero he dicho que no.

Su padre con una grave enfermedad y su única hermana, discapacitada, le hacen decir que no.

La vida, a veces, se muestra así de extrema. Te pone a prueba. Llegas justo donde querías llegar, te abre las puertas del Olimpo, para al mismo tiempo decirte que no, que te debes a la sangre, a la tierra.

En situaciones así lo máximo que puedes hacer es sonreírle, felicitarle por la gran oferta y decirle que comprenderás la decisión que tome. ¡Me acuerdo tantas veces de él!

Qué raro es vivir.