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domingo, septiembre 15, 2024

Marsella

Antes y después de tomar el barco hacia la isla de If, en cuyo castillo estuvo preso el conde de Montecristo, Fran y Raquel pasaron un buen tiempo en una jabonería del viejo puerto de Marsella.

Yo, poco dado a ese tipo de establecimientos, me lo pasé oliendo todas las esencias de pastillas en forma de manzana, limón o tabletas de chocolate.

—¿Os decidís? —les pregunté.

Fran miró unos paños de cocina una y otra vez, volvía a por los jabones, tomaba uno para cambiarlo por otro.

—Compra los trapos, Fran —le dije—. Van a durar mucho tiempo y cada vez que nos limpiemos en ellos las manos nos acordaremos de estos días de sol marsellés.

Así está siendo, cada mañana, desde entonces, al prepararnos el desayuno. 

Tenemos a Montecristo en casa.

sábado, agosto 17, 2024

Conflicto

Cenábamos en Marsella y planteé un conflicto laboral que me inquieta personalmente.

Con el tiempo que dan los días felices para explicarnos de forma pausada, pedí opinión a mi hermana y a Fran sobre cómo enfrentar una situación delicada que me perturba en mi día a día en el trabajo.

Entonces se avanzó mi sobrino Iván hacia mí para decirme cómo lo veía él.

Con poco más de veinte años, se mojaba, me alertaba de lo que él creía que podía hacerme daño y tomaba partido por una de las salidas que yo proponía.

El niño que hemos cuidado desde que nació se convirtió ese día en un hombre.

sábado, agosto 03, 2024

Viaje a Turín

Desde que nació mi sobrino Iván, hace más de veinte años, Fran y yo nos lo hemos llevado a todos lados con nosotros.

—¿Te vienes, Iván?

—Sí.

No pregunta dónde, siempre dice sí. Desde que era un renacuajo.

Él sabe que tiene unos tíos Willy Fog y se apunta al carro.

Este verano, como todos desde hace muchos años, nos vamos una semana a conocer mundo. Esta vez toca Turín, donde acabamos de aterrizar, Lyon y Marsella. Su madre, él y nosotros formamos el cuarteto perfecto para perdernos, sin prisas, por calles de ciudades que descubrimos por vez primera.

En estos tiempos en los que tanto se critica, muchas veces con razón, el turismo descontrolado, yo reivindico el viaje instructivo, el de conocer otras culturas, el de expresarse en otros idiomas, el de comprobar en las propias carnes que el mundo es muy grande y tenemos mucho que aprender.

Con respeto, por encima de todo, al lugar que nos recibe y desde el convencimiento profundo de que se tiene que legislar para proteger las condiciones de vida de las ciudades que acogen al visitante.