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lunes, febrero 09, 2026

Carca

Casi todos los medios de comunicación tienen una empresa detrás que busca beneficios. Como es normal en una empresa.

Hay excepciones, agradabilísimas, en que son los lectores quienes pagan una suscripción para mantener una línea editorial independiente de los grandes conglomerados informativos.

Lo cierto es que una parte inmensa de la información nos llega sesgada por intereses empresariales que, habitualmente, no están con la clase trabajadora, sino con la que decide. Con la que quiere más beneficios, menos impuestos, más liberalización. Algo respetable, faltaría más, pero muy de derechas.

A un consejo editorial le sienta mal que aumenten los derechos de los trabajadores, los permisos por maternidad, las horas semanales de trabajo.

Todo es muy sutil, pero a nosotros nos llega una información sesgada. No leemos lo que nos conviene, sino lo que les conviene.


sábado, marzo 15, 2025

Famosos

No es un fenómeno nuevo que existan famosos cuya única cualidad sea la de ser famosos.

Personajes que no han creado nada, que no destacan en nada más allá de su ubicuidad mediática, siempre presentes, siempre en la foto.

Mientras les dedicamos portadas, entrevistas y horas de tertulia, ignoramos a quienes realmente tienen algo que decir.

Esos no interesan. Quizás porque nos recuerdan, con su talento y su esfuerzo, lo poco que nos exigimos a nosotros mismos.


viernes, enero 24, 2025

Actualidad

Me duele que cada vez me duela menos la actualidad.

Que mis muchas esperanzas, de joven, en el ser humano, se desvanezcan cada tiempo un poquito, que los telediarios no dejen de ser un bucle que tiende a volver a lo más ruin en ciclos que estamos condenados a repetir.

Buceo en las páginas de los periódicos por encontrar la noticia que me diga que sí, que ese investigador, aquella escritora, este músico, aquel emprendedor, esa filósofa me han acercado, una vez más, al menos una vez más, a la utopía de creer que sí que es posible.

Que aún es posible.

jueves, septiembre 26, 2024

Periódicos

La historia del ser humano es, muchas veces, circular.

Hace más de un siglo, cuando comenzaron a circular trenes entre grandes ciudades europeas, los rotativos de la época señalaban cómo la gente se dedicaba a leer la prensa mientras viajaba y lo documentaba con fotos en blanco y negro.

'Se está perdiendo la conversación entre ciudadanos', alertaban.

Dentro de un siglo seguramente se rían de nuestros miedos acerca del uso de los móviles, una antigualla que algún abuelo tendrá entre sus reliquias.

jueves, junio 27, 2024

Investigación

Pese a lo cruel de enfermedades que se han llevado a gente que amábamos, es precioso, admirable, el trabajo que hacen investigadores por llegar a dar pasos en la cura de males que hace nada no tenían remedio.

Es una parte de la prensa, la sección de investigaciones médicas, que me leo de pe a pa. 

Con su lectura, dejando de lado los muchos términos que no entiendo, vuela mi imaginación y hago por ponerme en la piel de aquellos que están al otro lado de los visores de los microscopios y de las tablas de datos.

No encuentro oficio más motivador que el de utilizar los conocimientos científicos para solucionar la vida futura a anónimos que estaban destinados a sufrir un destino que ya no será devastador.

jueves, diciembre 21, 2023

Desequilibrio

En todos los terrenos posibles suelo encontrarme con gente que se maneja por el precipicio del desequilibrio mental.

No son certezas, sí fuertes intuiciones que me hacen ver lo cerca que están de perder el pie. Se les nota en la mirada, en gestos atropellados, en frases deslavazadas que me ponen en alerta y me hacen prestarles especial atención.

Nadie está a salvo de perderse por dentro y descarrilar, pero sí es cierto que hay quien tiene muchas más papeletas para caer.

Los tengo localizados en el trabajo, entre los amigos, en algún que otro bar, incluso los distingo entre las páginas de los periódicos y en programas de televisión.

Hay veces, pocas, en que descubren que los he descubierto y entonces, avergonzado, bajo la mirada.

Una mirada que, quizás, malinterpreten, porque no hay compasión en mí hacia ellos, sino solidaridad.


domingo, octubre 22, 2023

Animal

Desde pequeño he sido un animal devorador de prensa. Ya le quitaba a mi padre el ABC para leérmelo de arriba abajo sin escatimar un solo artículo. Conforme fui teniendo uso de razón, entendí que no me gustaba como veía el mundo ese diario y me convertí a periódicos más progresistas.

Siempre he pensado que mi nivel cultural, más o menos sólido, me lo ha dado más la prensa escrita que la literatura.

Son granitos que se van sumando a diario, año tras año, durante varias décadas. Un aprendizaje sobre la naturaleza humana, la política, la sociedad, la cultura, los avances científicos, la salud que no se obtiene de ninguna forma más eficiente que a través de la gota malaya, constante, de la lectura diaria de un periódico.

Ocurre, a mi pesar, que hay épocas, recientes, en que he empezado a rehuirlos. Cuando la maldad se hace tan espantosamente presente, como en estos días, dejo a un lado las noticias, las leo de perfil, para no contaminarme de la falta de esperanza en el ser humano.

Volverán los días de sol.

domingo, enero 22, 2023

Opinar

Opinar es gratis, necesario y constructivo, pero la fortaleza de un juicio es proporcional al conocimiento que tengamos sobre un tema.

Yo podría opinar sobre el sistema político en Paraguay, pero sería atrevido e incluso soberbio, porque no tengo gran idea acerca de la situación en aquel país.

Hay gente que opina de todo y por todo, sin la humildad necesaria para distinguir entre lo que sí que sabe y lo que le suena a chino.

A opinar se aprende viviendo, a posicionarse se entrena leyendo, a tener criterio se llega escuchando.

Llevo toda mi vida desayunando con los artículos de opinión de prensa, escuchando tertulias en radio acerca de lo divino y lo humano y aún así tengo lagunas inmensas para tomar postura con la autoridad que da el conocimiento.

Salvo que seamos especialistas en un tema, considero que debemos ser abiertos a entender los argumentos en el otro, partiendo de nuestra particular manera de ver el mundo.

Yo tengo muy clara mi visión sobre temas fundamentales que tienen que ver con los derechos humanos, las políticas sociales, la sanidad pública o mi visión de España, lo que no quita para querer escuchar cómo lo ves tú.

Sobre Paraguay, que me explique quien lo conozca, que me encantará saber.

jueves, abril 21, 2022

Conspiración

Vivimos asediados por el tufo de la conspiración. Una humareda que se extiende por la sociedad con tal fuerza que una gran parte de la población piensa que estamos siendo engañados, siempre, en todos los asuntos.

—A la prensa le interesa que ya no hablemos del covid —me decía un amigo mientras paseábamos por las playas de Portugal.

—¿Qué prensa? —le pregunté yo—. ¿Se ponen de acuerdo en una cueva siniestra los directores de La Razón, El País y El Mundo para decir que ya se deja de lado el covid?

—Pero, Salva, ¿no ves que ya todo lo ocupa la guerra de Ucrania?

—Porque la guerra de Ucrania es un asunto mayor, gravísimo, y porque, afortunadamente, las vacunas han hecho mucho bien por vaciar las UCI's del covid.

Soy un convencido de la libertad de prensa y de la posibilidad que se nos da por infinitos medios de informarnos, de contrastar, de ir a medios franceses, estadounidenses o de la India, de izquierdas y de derechas, para comprobar cómo se explican las cosas en otros sitios. No podemos dejarnos narcotizar por esa corriente que dice que los ciudadanos somos unos peleles y que nos llevan por donde quieren los poderosos grupos de comunicación.

Sí es cierto que hay un terreno donde me siento más incómodo y no es otro que el monopolio de cierta información de determinadas compañías digitales como Google, Facebook (espero que no borren este texto) o Microsoft. Éstos sí tienen herramientas mucho más peligrosas, más audaces, menos sanas, porque escuchan lo que hablamos, analizan lo que escribimos, investigan nuestros gustos y pueden hacer, si no se legisla de manera ordenada en favor del ciudadano, que a nuestros ojos se nos ofrezca sólo lo que nos interesa ver, hasta el punto de llegar a vivir cada uno de nosotros en el paraíso venenoso de nuestras supuestas convicciones.

Y yo no quiero que nadie decida por mí.

martes, mayo 11, 2021

Prensa

Soy lector habitual de El País desde que tengo uso de razón.

Me gusta leerlo en papel y, a ser posible, con un buen desayuno.

Internet trajo la posibilidad de que saliésemos de nuestra madriguera informativa, de que nos asomáramos a otras editoriales, otros puntos de vista, otros idiomas sin salir de casa. Yo disfruto como un niño leyendo la prensa francesa, El Mundo, el New York Times, La Vanguardia o cualquier periódico local cuando una noticia afecta a un determinado territorio.

En estos tiempos, sin embargo, volvemos atrás. Cada diario quiere financiarse a partir de sus incondicionales. Ya parece que la publicidad no da el ingreso suficiente para mantener su actividad y la venta en papel ha caído a cifras desconocidas por la fuerza de Internet.

Otra vez al rebaño. Otra vez a leer lo que queremos escuchar, a sentirnos cómodos con unos artículos que transitan por los terrenos que nos gusta pasear.

Yo no quiero volver a ese juego, ni gastarme un dineral en tener acceso a la prensa mundial de cualquier ideología. Quizás acabe siendo una persona menos informada, menos culta, menos tolerante. Otro tonto feliz.

Internet te abre ventanas, te muestra mundos de posibilidades, que luego te cierra en tus narices.

Todo es dinero.

martes, febrero 09, 2021

Caricia

Por cada desprecio hay cien palabras de amor.

Tras cada enfurruñamiento, se ocultan muchas sonrisas. Cuando nos hablan de una mesa de comedor vacía, no nos llegan todas aquéllas donde los almuerzos son pura risa. 

Lo malo vende, lo malo atrae. 

La bondad no tiene espacio en los medios de comunicación, salvo que sean ángeles que te lleven al cielo de lo imposible.

Dicen que el ser humano tiene a imitar de forma inconsciente. Que cuando hay una masacre las fuerzas de seguridad se ponen alerta por si el fenómeno se reproduce. Si, en plena pandemia, se informa de fiestas clandestinas con determinadas características, en los días siguientes aparecen grupos similares de imbéciles copiando lo que vieron por la tele.

Si funcionamos así, ¿por qué no potenciar el buen rollo?

Yo estoy rodeado de ángeles que dedican su tiempo a ayudar a gente sin techo, a familias sin recursos, a inmigrantes perdidos en nuestro país, que dan consuelo a reclusos. 

¿Por qué no les damos más voz?

domingo, febrero 07, 2021

Relámpago

¿Existe la felicidad sin pensarla?

Si imaginamos una tormenta en un espectacular paisaje desértico, ¿se oirían los truenos si no hubiese nadie para escucharlos?

Hace unos días me enviaba mi hermana Raquel un vídeo de Iván en la playa, de muy pequeño. Abría los brazos, se reía a carcajadas y flirteaba con la cámara. 'La felicidad', me escribía mi hermana.

Nosotros la vimos entonces, ahora también. Pero, ¿la disfrutó Iván en su momento?

Es la época de la vida en que todo fluye, la infancia, pero también es un período en que los conceptos abstractos no existen. De ahí que nos vengan tantas imágenes sobrevaloradas de nuestra niñez, de esos tiempos en que fuimos, sin saberlo, gloriosos.

A mí me ocurre observando a Fran, con su nueva empresa, sus carcajadas al otro lado del teléfono, su música a todo volumen mientras cocina garbanzos con langostinos. Y se lo digo. 

-Qué alegría transmites.

Disfrutar del recuerdo es una terapia sanísima, pero más potente es recrearse en el presente.

A veces pienso en ponerme alarmas de felicidad en el móvil, que suenen con una musiquilla diferente a la del despertador. La programaría a diferentes horas del día en que sé que estoy pletórico. Al desayunar con el periódico, al escribir mi texto diario, al tomar la cerveza previa a la cena en mi banqueta alta con la televisión sin volumen, al responder comentarios ocurrentes de mis lectores, mientras hago deporte escuchando las noticias.

Tomar conciencia del disfrute absoluto. Sentir un cosquilleo cerebral. Un pellizco en el estómago. Décimas de segundo, sí. Pero ¡qué décimas!

He ido aprendiendo a hacerlo sin alarmas. Parar de golpe y decírmelo. Soy feliz.

Es una pastilla baratísima que no necesita de receta médica ni prescripción.

sábado, diciembre 26, 2020

Prensa

Salvo en regímenes dictatoriales, la prensa te hace más libre.

Es un ejercicio sanísimo que hay que saber practicar. No todo se puede leer a diario. Hay que encontrar métodos para llegar a los puntos clave que hacen de la narración periodística una lección vital diaria. Es una poción mágica que te sincroniza con el mundo a tu propio ritmo, que te dice dónde estás, cómo evoluciona nuestra sociedad, que peligros la acechan, cuáles son las esperanzas de futuro.

La prensa te permite llevar tú el ritmo, ir hacia delante y hacia atrás, parar y volver. Releer. Enmarcar. Pararte y suspirar.

Es a la tele como la novela al cine. Tú decides el ritmo, no vas detrás. La tienes entre tus manos.

La buena prensa te abre la mente para que tú razones, te expone con una visión prismática las múltiples realidades de un mismo conflicto. Te alerta de lo que podemos llegar a ser.

Te hace más sabio.

Salvo la bondad, no encuentro cualidad más potente que la sabiduría.

Internet, además, nos proporciona el placer de acudir a diversas fuentes, idiomas, países, ciudades. Leer artículos de opinión de grandes intelectuales sin salir de casa. A veces no somos conscientes de la grandeza de esa oferta tan barata.

La prensa te permite saltarte los sucesos, los deportes, la crónica social, las paparruchadas de algún político nefasto. Porque está en ti pasar página y obviar.

Sí, podemos abstraernos de todo, del mundo que nos rodea, del tiempo en que vivimos. Es una opción tan plausible como cualquier otra. Puede darnos igual qué ocurre en Perú, en Soria, en los hospitales, en el Elíseo, quién gana un Nobel, cómo es de grande la luna. Podemos elegir ser sólo de los nuestros, del minúsculo terruño en que nacimos y de las personas que podemos tocar.

Yo no. Yo siento que estoy ahí dentro. Yo quiero desayunar cada día con ella. Dedicarle mis cafés. Aprovechar el don de la capacidad de abstracción con que hemos sido regalados. Sentirme ciudadano del mundo. Envolverme en lo que del ser humano, sus miserias y grandezas, me quieran contar a mí.

Mis pulmones se abren al viajar, por las mañanas, a las entrañas del periódico, fugaz, de cada día.

viernes, enero 29, 2016

Antiguo

Toreando una vaquilla con su hija de 5 meses y publicándolo en las redes sociales con orgullo. Así de antiguo y de casposo.

Tal vez no esperase la reacción de un país cada vez más cansado de palmear a figuras de papel maché construidas a base de vacíos y falsas carreras por estaciones, haciendo que evitan preguntas de medios que les dan de comer a base de airear sus vacuas miserias.

Afortunadamente en nuestra querida España van quedando cada vez más fuera de onda estas actitudes chulescas que se vanaglorian de estar en el centro del mundo, que tratan de arrastrar con ellos la forma de ser de un pueblo, que se encierran en plazoletas de albero como si eso tuviera algo que ver con nosotros, sin saber que están a un tramo de pasar al ridículo más espantoso con sus vidas supuestamente envidiables.

Yo veo la imagen y me doy cuenta de la evolución imparable de este país hacia fronteras sin marcha atrás en que estos personajes vestidos con chaquetilla, con pantalones marcando paquete y un trozo de tela llevando de un lado a otro a una endeble vaquilla están rozando el punto de lo grotesco.

Seguro que esa niña verá esa foto de aquí a treinta años y se le subirá un calor enorme a las mejillas pensando ¡qué ridículo más espantoso!

jueves, diciembre 26, 2013

TAC

A veces un ejemplo exagerado, muchas veces injusto, sirve para explicar determinadas posiciones. Sin pretensión de molestar a nadie, más en esta ciudad que por mucho menos te puede 'crucificar', me lanzo a contar uno que me viene como anillo al dedo para justificar mi predilección, a mi pesar, de leer la prensa nacional, al ser realmente difícil encontrar opiniones o artículos de calado en los diarios locales.

Si debo establecer un criterio de selección, a lo que más tiempo dedico cuando me siento delante de un periódico es a leer con atención los artículos de opinión, acordes o no con la línea editorial del medio del que se trate. En estas páginas es donde se encuentra, al menos yo, una interpretación elaborada de la actualidad, diseccionada, organizada, comparada, crítica, ácida, irónica, didáctica, reivindicativa o equivocada. Son momentos en que mi 'yo' pensador se enfrenta al de intelectuales, profesionales o sabios que me explican o tratan de convencerme de verdades que nunca son únicas.

En el siguiente escalón de mis inquietudes están los grandes conflictos, que no tienen por qué ser internacionales. Actualmente estamos viviendo en nuestro país determinados enfrentamientos, llámese aborto, Cataluña o la corrupción, que merecen toda mi atención, en cuanto a sujetos sensibles que son en que, si bien mi posición es clara y hay certezas incuestionables, hay múltiples matices que hacen de ellos unos temas polémicos en los que el ser humano se pone a prueba.

La economía, a pesar de mi desconocimiento, me parece un asunto apasionante, por lo que implica de base de nuestro funcionamiento como sociedad; o la cultura, en todas sus grandes manifestaciones; incluso los avances científicos, con los conflictos éticos a los que a veces va asociado.

A un segundo nivel, o tercero, dejaría el capítulo de sucesos y la crónica social o deportiva.

Pero claro, comprando prensa nacional uno acaba desconectándose de la actualidad local de la propia ciudad o comunidad donde reside, salvo que hablemos de Alaya o sucesos desagradables como la muerte de una familia envenenada. Afortunadamente está internet para saciar esa curiosidad.

El otro día, sin embargo, acababa de terminar el desayuno y la lectura de El País, tenía una cita media hora más tarde y, para hacer tiempo, me hice con un diario de la ciudad.

Me pedí un café y abrí al azar el periódico por la mitad. Una foto grande daba paso a una noticia impactante: El día anterior habían sometido a un TAC a la Virgen de Montesión. El equipo médico y el hermano mayor de la cofradía, posando junto al gran aparato, así lo atestiguaban.

jueves, noviembre 21, 2013

Arisco

Hay veces en que uno se queda estupefacto cuando analiza su propio comportamiento ante situaciones imprevistas, momentos en que no da tiempo a utilizar el raciocinio y te delatan tus instintos.

Veo pocos placeres similares a tomar una bici las mañanas de los sábados, pasearme la ciudad aletargada con el sol temprano de primera hora hasta el VIPS de República Argentina, comprar El País, pedirme un batido de chocolate blanco -insuperable, artesanal- y un croissant tostado con jamón york y queso (¡sin bechamel!) y saber que durante un determinado tiempo éste no existirá, flotando en la nebulosa de dejar de ser yo para viajar a las preocupaciones de otros países, meditar reflexiones de intelectuales acerca de nuestro mundo político o bucear en la biografía de algún escritor admirado que, sin estarlo previsto, se vuelve una necesidad de lectura futura.

En esas estaba yo, en el instante previo en que comenzaba a adentrarme en esa cueva personal de felicidad total, cuando al sentarme en mi sillón de eskai para pedir el goloso desayuno me encontré, de bruces, con un antiguo compañero de la fábrica, ya jubilado, con el que compartí muchísimas horas de trabajo en el pasado. Un hombre que ni me cae bien ni mal, que leía la prensa a tres metros frente a mí.

Como un gato, fui levantándome fijando mi mirada en él, que seguía con su lectura -seguro que en su propio túnel atemporal- sin levantar la cabeza.

Como una serpiente, sin hacer ruido, fui rodeando su mesa hasta conseguir escapar de allí y situarme, de espaldas, en mi propia trinchera.

Cuando ya estaba a salvo, con toda la parafernalia montada en mi cuartel general provisional y daba el primer sorbo al batido, me planteé cómo un tío tan mayorcito puede llegar a ser tan infantil y arisco.

jueves, enero 03, 2013

Clínex

Sin planteamiento previo, con el paso de los años he ido dándome cuenta de que en mis desayunos de fin de semana, donde tanta fiesta hago a un periódico de papel mientras tomos unas tostadas en casa o en alguna de mis cafeterías preferidas del centro, he ido pasando de leer dos diarios, uno sevillano y otro nacional, a quedarme con un solo ejemplar de El País.

En mi modesta opinión la prensa sevillana va a rebufo de las inquietudes más básicas de la población menos inquieta. Que la población quiere fútbol, toma fútbol. Que el pueblo quiere hermandades de Semana Santa, ración doble todo el año. Que a los sevillanos les gusta saber cuántas farolas hay rotas semanalmente, ahí tenéis vuestro informe.

Es una caricatura, sí.

Una misión que no debe olvidar el periodismo, entiendo, es la de crear opinión e incluso provocar una evolución de ésta a partir de informaciones contrastadas, complejas y tendentes a no solo informar, sino formar.

Prefiero mil veces saber cómo transcurren los acontecimientos en una Siria que se desangra o los últimos avances en investigación médica en Estados Unidos que no el parte diario de besamanos en las iglesias sevillanas.

Pero no habría que ir muy lejos para que yo volviera a caer en las redes de la prensa de mi ciudad. Bastaría con que me provocasen contándome historias de la Sevilla real con la profundidad que nos merecemos o artículos de opinión de cómo va el mundo, del que no somos ombligo, con el punto de vista de nuestro carácter andaluz.

Llevo años observando la sonrisa casi nunca correspondida de los negros que abarrotan las principales avenidas del extrarradio de la ciudad vendiendo clínex. Son personas que habitan a mi lado, que no creo que puedan vivir de esa miseria. Quiero saber quiénes los organizan, qué comen, dónde duermen, de qué países vienen, cuánto tiempo se quedan de media, cuántos se integran, cuántos regresan. Quiero saber si se casan con gente del lugar, cuáles son sus sueños, hasta qué puntos están atendidos sanitariamente, qué es de sus familias.

A cambio encuentro, más veces de lo que mi estómago es capaz de soportar, fotos de señoras aristocráticas con pelo de peluquería vendiendo muebles antiguos en rastrillos benéficos.

Periodismo de investigación, moderno, no entrevistas hechas con rejillas del siglo pasado.

Necesito riesgo, aventura, inconformismo, innovación, propuestas, provocación... pero la encuentro en otros periódicos que no son andaluces.

La pena es que sé que todo es ponerse y romper.

sábado, julio 28, 2012

Disfrute

Levantarse con la luz del día y no con un sonido repetitivo que martillea tus sueños antes de traerte a la realidad, darse una ducha sin prisas ni obligación de afeitarse antes, vestirse con pantalones cortos y chanclas, tomar las llaves y escapar a la calle, comprar el periódico, pedirse un desayuno copioso y extender las noticias frente a ti, en papel, del incómodo ése que te hace jugar con la taza, las tostadas, sin saber dónde colocarlas, que se te mancha de migas y de aceite. Recrearte durante un par de horas leyendo artículos de opinión o reportajes, no aprisa y corriendo, por internet, mientras engulles un zumo y dos magdalenas a las seis de la mañana antes de ir al trabajo. Terminar de leerlo, pasearte la ciudad, entrar en librerías, iglesias con puertas abiertas o grandes almacenes sin ánimo de comprar ni prisas por llegar a ningún lado. Saber, además, que van a ser así de placenteras las tres semanas que quedan por venir.

Soy la persona más feliz del mundo con la vida que llevo, pero estas tres semanas de libertad que me regalan una vez al año significan para mí reencontrarme con el disfrute de saber que otra vida existe, la del ritmo pausado y los paseos sin rumbo fijo.

Esta tarde ya podré correr por la playa al caer el sol y bañarme al anochecer en las playas del Atlántico. ¡Qué más se puede pedir!

No sé si el ser humano está orientando bien el tiro a lo largo de su historia para construir estructuras de vida tan programadas, en que todos somos o queremos ser rehenes de estos ciclos que nos hacen soñar durante el año con unos días de vacaciones concentradas en un pack que, de no tomarlo con buen tino, puede crearnos más ansiedad que alivio de ver pasar los días y no saborearlos como se merecen.

Creo que la clave es no esperar más de ellos que lo que cada día te pueda traer. Tener la mente abierta, llenar bien los pulmones, estar dispuesto a decir que sí a todo plan, a cualquier amigo que aparezca, a no cerrarte a rutinas ni a objetivos cifrados, que de eso tenemos suficiente durante el resto del año.

¡Viva el verano!

lunes, julio 02, 2012

Himán

Sé por amigos del gremio que el negocio periodístico está especialmente tocado por la crisis, necesitando reinventarse para conseguir que los menores ingresos publicitarios que genera internet no destrocen la parte del pastel que es financiada por inversores privados, más ahora que las instituciones públicas están cerrando el grifo en cuanto a introducción de información pública o compra masiva de ejemplares se refiere.

A todo ello se une que las fuentes informativas se socializan. Es difícil que ocurra algo en cualquier lugar del mundo donde no haya un móvil, y algunos de alta calidad fotográfica, para grabarlo. Además la gente, el lector, cada vez tiene más ganas de expresarse, hay más criterio y más fuentes donde comparar, por lo que la proliferación de blogs, páginas informativas, algunas de ellas tremendamente especializadas y de calidad o enlaces a los medios de otros países suponen un reto aún mayor para la prensa, radio o televisiones clásicas por las que nos hemos dejado guiar desde que tenemos uso de razón.

Hasta los lectores más empedernidos, como yo, que buscan siempre el hueco para disfrutar de un buen periódico en papel en una cafetería tranquila un fin de semana cualquiera, sin que haya relojes que perviertan, entramos sin querer en la dinámica de la prisa, el café rápido y la mirada acelerada de los titulares de cuatro o cinco cabeceras para palpar el pulso a la actualidad.

Todo esto implica que hay menos dinero y, consecuentemente, las empresas del ramo tienen que recortar. ¿Cuál es el trozo más grande del queso? El personal. Eso provoca un estrés intrínseco en el profesional del periodismo, que en muchos casos acaba aceptando peores condiciones laborales, menos sueldo y más horas, para trabajar en un perímetro mayor del que no llega a controlarlo todo.

No hay que ser muy avispado para comprender que esa tensión que pone al periodista en el ojo del huracán implica, estadísticamente, una merma en la calidad del producto ofrecido y, por ende, una disminución de la confianza del lector.

El otro día leí un titular en El País, periódico que ha sido y es una de mis referencias, referido a un asunto deportivo en el que venía a decir que 'el portero era un 'himán' para los balones'.

Escandalizado por el error garrafal no tuve tiempo de ser el primero. Había múltiples comentarios criticando ese despiste mayúsculo. Aún así, y siendo una noticia de primera plana, el periódico tardó horas en corregirlo.

Sí, han eliminado a los más bajos del escalafón, los correctores ortográficos. Y los segundos serán los que vigilan por el buen uso de la página web. Después vendrán los fotógrafos menos 'brillantes', los comentaristas menos 'polémicos', y se empezará a mirar con lupa cuántas entradas provoca tal o cual articulista para sacarlo de la nómina o proponerle un tres por dos.

Ante situaciones así no queda otro remedio que pensar a lo grande, buscar alternativas diferentes y asegurar una actividad que siempre va a ser necesaria.

¿Dónde está la solución?

Mi opinión es que la calidad atrae al público y perdiéndose ésta se entra en un círculo de caída a los infiernos.

¿Cómo compaginar calidad y falta de recursos?

Con buenos gestores que sepan optimizar la oferta y adecuarla al lector. No se puede informar de todo, a todas horas y a cualquier precio.

Es fácil opinar y difícil llevarlo a cabo. El reto es apasionante, seguro.

Los que confiamos en la profesión periodística deseamos con ansia que ésta recupere su sitio a costa de una política inteligente, no miserable, de quienes tienen el poder de decidir.