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miércoles, septiembre 30, 2026

Ruin

Leer mucho y ser ruin es propio de estafadores cuya principal víctima son ellos mismos.

Cuando uno dedica una parte importante de su tiempo a navegar por los pensamientos de otros, lo mínimo que puede autoexigirse es crecer como persona, encontrar claves más precisas para entender al ser humano, una paleta más amplia de colores para pintar el universo.

Una persona culta tiene menos coartadas para ser mala.

A quien no ha conocido mundo, se le pueden perdonar necedades. Un analfabeto que no ha salido de su aldea puede temer al extranjero, como un bebé al ruido de un avión.

Pero quien ha tenido la oportunidad, y la suerte, de leer, de viajar, de ver buen cine, de estudiar historia, a esa persona, que puedes ser tú o yo, se le presupone un mínimo criterio para comprender el alma humana.

Lo malo es cuando se utiliza lo aprendido para tergiversar lo real: hace creíble la mentira.

domingo, febrero 08, 2026

Ridículo

Si Trump tuviera un mínimo de inteligencia emocional comprendería que el ser humano lo recordará como uno de los personajes más ridículos de la historia.

De los más incapaces y, sobre todo, de los más abyectos.

Tiempo al tiempo.

Y eso, para un narcisista de libro, es la peor pesadilla imaginable. Lo que ocurre es que tiene una camarilla a su alrededor, riéndole las barbaridades que salen por su boca, que bloquean cualquier conexión con la realidad de la imbecilidad que él representa.

Estar en ese altar de lo abominable junto a gobernantes infames, por los siglos de los siglos, sería un factor que podría ayudar a convencerlo, pero de un tipo tan rastrero no se puede esperar la mínima sensibilidad.

Ya caerá.

martes, noviembre 12, 2024

Roma

Roma me desborda de belleza.

Suena tan cursi como lo es en realidad, pero no hay que acomplejarse de expresar lo que uno siente, y a mí, esta ciudad, tras decenas de kilómetros recorridos en todas las direcciones posibles, me resulta arrebatadora.

Es una cura terapéutica, porque a determinadas edades uno cree que va menguando la disposición a la emoción, que uno empieza a estar de vuelta de todo, sin embargo uno llega aquí y se da de bruces con la grandeza del hombre para construir belleza.

Con mucha sangre por medio, sí, con intolerancias, envidias, saqueos, guerras, epidemias y persecuciones.

En Roma todo eso se mete en una minipimer y te encuentras con algo que supera las expectativas de cualquier persona que se considere sensible.

Hay momentos, ¡muchos!, en que te reconcilias con el ser humano. ¡Hemos sabido crear algo así!

domingo, octubre 08, 2023

Cáceres

Qué bonita es la ciudad de Cáceres. 

Los sevillanos tenemos la suerte de tenerla en el camino hacia el Norte, de ahí que haya tenido varias oportunidades de visitarla y recrearme en ella. Su centro medieval, desde cuyo interior es difícil comprobar en qué época de la historia te encuentras, es un compendio de palacios y leyendas.

Tras un par de tours guiados en los últimos años, me siento capaz de reconocerla incluso en una foto desde el aire. Sé qué pasó en la construcción de esa iglesia, por qué mandó elevar un muro el obispo o quién mandó desmochar sus torres.

Lo sé porque fui varias veces y escuché lo que me contaron de ella. 

Los conocimientos no se adquieren por ciencia infusa, sino a base de insistir.

No hay mejor profesor que la experiencia, ni mejor método que la insistencia. La fortuna es que, a veces, el aprendizaje va acompañado del placer.

viernes, septiembre 23, 2022

Precioso

Desde que se jubiló, mi padre se entregó a la Historia.

Lejos de su profesión de perito agrícola y de sus visitas a los arrozales de las marismas sevillanas, comenzó a montar en la casa su trinchera de enciclopedias para organizarse un nuevo presente.

Como en un juego de niños, él memorizaba fechas de nacimiento de escritores, músicos, pintores y anotaba cuáles eran sus obras principales, hacía esquemas genealógicos de los reyes de España, de Francia, de Inglaterra. Se pasaba las horas anotando en cuadenos organizados por colores toda la nueva información que iba descubriendo.

Las tardes en las que iba a visitarlo, siempre tenía algo que contarme de ellos, no de sus amigos con los que se había tomado la cerveza al mediodía, sino de Isaac Newton o de Felipe III. Se pasaba las horas enredado con sus carpetas. 

Cuando éramos pequeños y acudíamos a él con los deberes, él echaba toda la paciencia del mundo para explicarnos las ecuaciones, los sujetos y predicados, las fórmulas químicas. Le encantaban las fórmulas químicas. Te dibujaba el metanol o el propileno con la facilidad propia del empollón de la clase.

Si lo buscábamos a la desesperada, porque teníamos un examen al día siguiente, él nos calmaba para decirnos que ese problema que no sabíamos resolver era precioso.

Aprender era precioso.

Lo veo en su sillón, con su porte impecable y los esquemas escritos a mano, en esas tardes que nunca volverán.

—¿Sabes decirme cuándo nació Rosalía de Castro?

—No, papá.

Está en mí, en tardes tontas está en mí, en mi sofá con las luces apagadas está él, con su boli y sus apuntes.

Aprender era precioso.