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lunes, junio 09, 2025

Panteón

—Si esta va así al Panteón, cómo no irá en su casa —comentamos Raquel y yo al ver a una turista haciendo fotos bajó la impresionante cúpula de ese soberbio edificio mandado edificar por Agripa.

Recordaba una escena similar en la bellísima ciudad japonesa de Nara, cuando justo a mi lado un turista americano llevaba una toalla de baño entre la cabeza y la gorra, para quitarse el sudor.

"Hijo de tu madre, ¿no ves dónde estás?"

No entiendo que se pueda disfrutar de lo hermoso sin cuidar el propio aspecto.

Sí, todo el derecho a meterte en los soberbios jardines del Alcázar de Sevilla con un pijama roto y unas babuchas llenas de churretones, pero qué agresión innecesaria al resto de visitantes. 

lunes, agosto 16, 2021

Toalla

Es un reto tratar de definir el buen gusto, porque tiene que ver con la elegancia pero se puede confundir con la exclusividad.

Hay veces en que la mejor forma de explicar un término es recurrir a lo opuesto, que no es sino lo zafio en este caso.

Tener buen gusto no tiene que ver con el nivel social, sino que es una actitud de vida.

Rehúyo de la gente malhablada, escandalosa, desastrada, de los chistes escatológicos, de los vasos de plástico, de quienes visitan la catedral de León en bañador, de los que se hurgan las orejas mientras te hablan, de quien se pasea con calcetines y chanclas, de quienes hablan a voz en grito por teléfono en el tren, de los que no saludan al recibirte en su establecimiento, de los que tosen y tosen en el teatro, de quienes necesitan dos carpas, cuatro mesas y dos equipos de radio para ir a primera línea de playa, de los que hablan con un palillo en la boca, de quienes no te miran a los ojos al hablar.

Recuerdo una visita a la bellísima ciudad japonesa de Nara. Todo era armonioso. Su gran templo de madera, los jardines de arena, el gran parque central, incluso los ciervos correteando en busca de comida.

Justo al entrar en el inmenso Todai-Ji, donde un Buda gigante te recibe entre fuertes olores a sándalo, me adelanta un turista americano, cámara en ristre y con una inmensa toalla por debajo el sombrero, quizás para contener el sudor de su cabeza de chorlito. No imagino imagen más ridícula.

Vas a visitar uno de los lugares más hermosos del mundo sin entender nada. Como tomarse una ostra metiendo las manazas en la concha y comiéndosela a bocados. 

Tanto me impresionó esa falta de respeto, ese mal gusto, que se me ensucia el recuerdo de ese día maravilloso con ese turista mamarracho.

domingo, noviembre 25, 2018

Toalla

Era nuestro segundo día en Kyoto, habíamos caído rendidos a la belleza de sus templos y nos disponíamos a encarar una excursión en tren a Nara, la vieja ciudad imperial. Antes habíamos querido visitar el santuario de puertas naranja de Fushimi-Inari, pero equivocamos el tren, lo que apenas trastocó el orden de nuestro recorrido.

Contemplar el gran templo Todai-ji de Nara, con su gran Buda, fue una experiencia sobrecogedora. ¡Tanta belleza! Pasear, divertidos, el gran parque de la ciudad, dar de comer a los ciervos sin que te muerdan los dedos; participar en ceremonias intimistas donde escribir deseos, beber agua purificadora, hacer sonar 'gongs' sin trascender su importancia convirtió la mañana en una deliciosa incursión por el Japón más deslumbrante en un día de sol canicular.

Al entrar al tren de vuelta, lleno de colegiales salidos del instituto, con sus uniformes propios de dibujos Manga, entró un señor maduro, muy alto, de apariencia americana, con una enorme mochila y una horrorosa toalla entre la cabeza y el gorro para contener el sudor. Como si fuese invisible, ajeno a su esperpéntica vestimenta ¡Y tan pancho!

A mí se me mezclan entre las imágenes inolvidables de Nara aquella del turista insensible al hecho de que los que viajamos le debemos nuestro decoro a la belleza de los lugares que se nos regalan.