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Mostrando entradas con la etiqueta Montse. Mostrar todas las entradas
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miércoles, agosto 26, 2026

Depeche Mode

Si escucho a Depeche Mode inmediatamente pienso en mi hermana Mónica.

Del mismo modo que me llega al corazón mi añorada Montse cuando suena Enrique Morente.

La música no solo se disfruta en el presente, sino que es una línea de tiempo que nos conecta con nuestro pasado. Con las personas que amamos.

Yo sé que hay mucha gente que se acuerda de mí cuando escucha a Everything but the Girl.

jueves, diciembre 26, 2024

Ventanas

Son tres ventanas de arco redondo, pequeñas, que asoman a una plaza sin salida, desde un tercer piso, y que puedo ver a menudo desde la calle Peris Mencheta.

La imagino allí, entre sus cosas, por darme el placer de pensar en ella. 

Que abre una de las tres ventanas y aparece con su pelo negro gritando:

—¡Sube, Salva!

No quiero que se rompa ese sueño, no quiero que quiten esas tres ventanas, ni que se abran para que aparezca alguien que no sea Montse.

Yo sigo caminando por allí, da igual con quién o hacia dónde; no hay vez que no mire para allá por si se produce el milagro.

(—Ay, mi Salva)


miércoles, noviembre 27, 2024

Fantasma

Conocí en Conil a un tipo que te vendía felicidad.

Simpático, sociable, liante, siempre tenía un buen plan y anécdotas divertidísimas por contar.

El día que se enteró que presentaba mi novela 'Andrea no está loca' en Madrid, donde él vivía, me aseguró:

—Salva ¡cuenta conmigo!

Y no se quedó ahí:

—¿Qué tipo de gente te interesa que vaya? ¿Cuánto es el aforo? ¿Te viene bien gente de la farándula o mejor políticos?

Yo, emocionado, le dije que todo aquel a quien le gustase leer era bienvenido y me planteé si el local se me iba a quedar pequeño.

El acto lo presentaba mi querida Montse, con su ciruelita gateando entre las mesas de los muchos que me acompañaron. ¡Qué evento más bonito!

Estaba en mis inicios y había cariño del bueno hacia mí en ese café, pero ni el tipo de la felicidad apareció, ni vino nadie en su nombre.

Sí, yo creo en los fantasmas.

martes, octubre 29, 2024

La frase

Me ocurre a menudo, que tengo tan claro lo que quiero decir, que no termino de cerrarlo.

—Ya una vez que estemos allí lo...

Mi añorada amiga Montse siempre me decía,

—Ay, Salva, ¡termina la frase!

Se me va el santo al cielo antes de hacerlo.

—Pero si tú sabes lo mucho que yo te...

Hay veces, pienso, que mi mente lo hace adrede, porque añora tanto la regañina de Montse que me deja con la última palabra en la boca, para que aparezca mi añorada amiga y me grite,

—¡Ay, Salva!

Siempre ella está en mí.

miércoles, octubre 02, 2024

El no

Estaba con mi queridísima Montse en el hall de mi hotel de Gran Vía a pocos minutos de cruzar al otro lado de la avenida para presentar 'El hombre que ya no soy' en la Casa del Libro madrileña, justo en el espacio que era el despacho de Ortega y Gasset en la capital.

Llovía como si se fuese a acabar el mundo y tuve un instante de vértigo, que compartí con ella.

—Querría que me tragase la tierra.

Me podía la responsabilidad.

—Anda, Salva, pero si eso para ti está chupado —me dijo ella.

Siempre recordaré esa frase, porque ahí veo la clave del triunfo personal, independiente de si alcanzas tus metas o no. El no arredrarse.

Cada vez que me he tenido que enfrentar un reto he dicho que sí, a pesar de los sudores fríos y las inseguridades. Las veces en las que he tenido que elegir entre hacerlo o no hacerlo, elegí el sí.

Soy una persona de meterse en líos.

La vida está en el sí.


lunes, marzo 06, 2023

Escuchar

Teníamos ganas de conocerla porque Elisa nos había hablado maravillas de ella:

—Es mi mejor amiga de mi época manchega.

Y su época manchega ha sido media vida para Elisa. Así que nos citamos el pasado viernes a comer con las dos, ella y Montse.

Son esos ratos divinos en los que se para el mundo, ocasiones en las que se te ofrece una ventana para conocer a alguien nuevo, otra vida, una nueva forma de mirar las cosas. Una delicia en el caso de Montse, una mujer comprometida con lo social, asertiva, empática.

Cuando estábamos en los postres y Elisa fue al baño, ella nos soltó el mejor piropo que se nos puede soltar, a Fran y a mí.

—Sois grandes escuchadores.

domingo, febrero 19, 2023

Frases

-Ay, Salva, termina las frases... -me decía Montse.

Era cierto, tenía y tengo tendencia a dejar expresiones inacabadas y no sé de dónde vendrá ese mal hábito. Tal vez porque doy por supuesto en quien me escucha que ya sabe lo que voy a decir, o quizás sea que con ese toque dado que tengo, y me hace vivir en la luna de Valencia, se me quedan danzando las palabras por la cabeza.

Intenté corregirlo, empecé a detectarlo, me esforcé en rematar las frases, hasta que algún que otro día me escucho a mí mismo:

-Sí, siempre me ha gustado mucho que...

Me quedo bloqueado y se me aparece el ángel de Montse, la que habita en mi interior, para darme dos coscorrones en la cabeza.

-¡Salva, otra vez!

viernes, enero 27, 2023

Lanzarote

Lanzarote es Montse.

Si pienso en la isla, hermosa de roca negra, viento y azul, me agarran la garganta los días que pasé allí a solas. Incluso los dioses se aliaron e hicieron que se me acabasen los datos del móvil, para evitarme distracciones fuera de mí y ella.

Montse había muerto el día antes, a una semana de cumplir lo cincuenta, y yo decidí escapar tras visitarla en el tanatorio.

Con un coche de alquiler la recorrí de norte a sur, de un lado a otro, a la isla y a Montse. Lloré agarrado al volante, al sentarme frente al mar en la inmensa playa de Famara, cada vez que colgaba el teléfono tras hablar con gente que se interesaba por mí.

Me quedaba dormido en la arena, bebía vino canario hasta acabar las botellas. Nunca me sentí tan en comunión con la Naturaleza, pequeñito, frágil, perdido.

Cuando aparece Lanzarote no hay tristeza, porque a ese viaje fui yo solo, pero lo disfruté con ella. 

viernes, agosto 26, 2022

Rápido

Cuando pienses que la vida va demasiado rápido, escribe.

Si uno se deja arrastrar por la melancolía, hay muchas posibilidades de que caiga en la sensación de que la vida se nos fue en un segundo, pero no es verdad. La mejor manera es ir completando los huecos, hacer trabajar la cabeza, entrenar nuestra memoria para que salten imágenes y cazarlas al vuelo, anotarlas en un papel. Esas risas nos transportarán a un viaje, ese traje nos conducirá a una fiesta, aquella pintura nos llevará a un amigo. Descubriremos que de cada año vivido hay una anécdota, un elemento diferenciador, una huella en nuestra alma. Aquel en que murió mi amiga Montse, ese otro en el que encontré trabajo en Renault, el de la mudanza a mi casa en Santa Clara, ese otro de la excursión por Europa en tren con Raquel e Iván, ese de mi primera novela.

Entonces vas haciendo zoom, ampliando imágenes y empiezan a aparecer personas, momentazos, hábitos que ya perdiste, regalos que te hicieron.

Apúntalo todo. Escríbelo. Verás que no se queda el papel en blanco, que todo lo viviste, que muchos te quisieron, que fuiste protagonista. Que la vida se llenó mil veces en ti.

A eso me dedico yo, a escribir, a narrarme mis vivencias, mis pensamientos, mis miedos sin barreras, para confirmar el sentido de las cosas. Que no todo ocurrió sin más. Que lo vivido, mucho, viaja con nosotros.

Ayuda a ser feliz.


jueves, diciembre 23, 2021

Montse

Se cierra el año de Montse.

Para mí.

Para ti puede ser que se esté cerrando el año de tu jubilación, o el de tu primer empleo, o el de tu superación del covid, o el de Blas, María, tu segundo nieto, el de tu madre, el de tu licenciatura, o el de haber encontrado el amor, o tu nuevo piso, o el de renacer tras un cáncer.

Mi año 2021 es el de Montse. Una chica que rozó con la punta de los dedos sus cincuenta años. Que nos tenía ya a todos enredados para celebrarlo. Una estudiante aventajada de Navalmoral de la Mata que estudió una ingeniería en Sevilla para orgullo de su familia. Una mujer que no sabía no reír. Que tocaba, estrujaba, achuchaba sin pudores. Que empatizaba con tus lágrimas si las había. Una flamenca que idolatraba a Morente, y las danzas tribales. Que se recorría África dando su ayuda a causas que serían imposibles sin alguien como ella. Una triunfadora profesional, excelente compañera de equipo, solidaria.

No olvido el día en el que, frente al Reina Sofía, me dijo que iba a ser madre. ¡Ese abrazo!

O aquél en el que me confirmó que dejaba Sevilla para irse a Madrid. ¡Ese llanto!

La gran pena es que se enamorase de quien no la quiso, cuando ella daba amor a borbotones. De tener sus hijos con un miserable que no dudó en meterla en juicios para sacarle aún más dinero, incluso cuando ella estaba en las peores fases de su enfermedad. La tragedia es que a ese sol se le cruzó ese agujero negro, inservible, desalmado, egoísta y vejador. 

Este es el año de Montse. Y todos los que vendrán. Porque somos legión los que la queremos y le daremos vida, para siempre, en nuestro corazón.

Está viva en mí. Y no es una frase hecha.

viernes, agosto 13, 2021

Parálisis

La muerte, cuando te toca muy de cerca, te paraliza.

Más aun si la persona a la que secuestró para siempre estaba loca por vivir.

Es una parálisis destructiva, que ataca los cimientos de tus energías para decirte, 'conmigo no puede nadie'. Me llevo lo más hermoso y me río de tu impotencia.

Ante eso me planteo que no tengo nada que decir que gane al silencio, nada que escribir que mejore al papel en blanco. Todo parece prescindible. Superfluo.

Pero cuando te encuentras en el lado seguro del puente y ves, impotente, que alguien querido se agarra con todas sus fuerzas desde el otro lado para no despeñarse en el precipicio, que tus manos no llegan a la punta de sus dedos para socorrerle, lo mínimo que puedes hacer, si esa persona acaba cayendo, es apreciar la suerte de estar allí donde tu amigo quería estar, en la zona segura, vallada, donde hace sol y te puedes reír por tonterías.

Si al perder a alguien te dejas llevar indefinidamente por el desconsuelo, estás despreciando la batalla de esa persona por sobrevivir. Le escupes a la cara sus esfuerzos. Le quitas valor a su dolor. Te haces cómplice de la muerte.

No sé qué sentido tiene la vida, nos pusieron aquí sin preguntarnos, pero sí sé que cuando la vemos en peligro somos jabatos en busca de la salvación.

Uno muere cuando muere, pero no muere la vida, los que te quieren, la ciudad que te vio crecer, el cielo azul, los niños, las carcajadas sonoras ni el café de media tarde.

Cuando alguien se va tenemos el reto de valorar el ansiado regalo que para siempre habría perdido esa persona de no ser porque nosotros lo disfrutamos en su nombre, ofreciéndole nuestros ojos, nuestra risa y nuestro corazón. Haciéndoles presente entre nosotros. Dándoles su espacio.

Vivir es, también, homenajear a los que, queriendo vivir, se fueron.

martes, octubre 13, 2020

Oportunidad

Por querer ayudar a un negocio familiar, recién empezado a trabajar con veintitantos años, me vi prácticamente en la ruina de un día para otro. No supe calcular los riesgos y los bancos me dieron un revolcón.

Mi futuro era prometedor, pero el presente se me hizo desolador. Acababa de comprarme una casa y los préstamos no me dejaban respirar.

Acudí a cuatro amigos que me querían. Sabía quién tenía posibilidad de ayudarme y quién no. Les expuse mi situación y les dije que cualquier respuesta por su parte la entendería.

A Bárbara, Montse e Ignacio les faltó tiempo para dejarme una importante cantidad de dinero. El cuarto, no importa su nombre, me dijo que no.

En menos de un año había reorganizado mi vida y a mis tres amigos les devolví, con una invitación a cena incluida y de forma individual, el dinero que me dejaron. 

El cuarto, durante largo tiempo, cinco, diez, quince años después, cada vez que salía de copas conmigo, y bebía de más, acababa con la misma cantinela.

—¡Qué me gustaría haberte dejado ese dinero el día que acudiste a mí!

Yo le echaba la mano por encima del hombro.

—Esa oportunidad, amigo mío, la perdiste para siempre.

miércoles, mayo 10, 2017

Dinero

Al poco tiempo de comenzar a trabajar en Renault, con veintitantos, me vi salpicado de un puntual problema económico, ajeno a mí y que no viene a cuento detallar, en que de golpe me encontré totalmente arruinado en el corto plazo. Todo mi capital era una nómina interesante, un contrato fijo y ganas de comerme el mundo.

Al tener la suerte de contar, desde que tengo uso de razón, de tanta gente que me quiere, decidí explicar el detalle de mi situación a aquéllos de entre mis amigos que podían ayudarme. Así lo hice, a corazón abierto.

Bárbara, con la que hoy he pasado una tarde deliciosa, me dijo que me veía al día siguiente en la calle Virgen de Luján. 'Allí tengo las dos sucursales de mis dos cuentas. Sacamos tanto dinero como sea posible'. Mi querida Montse no tardó en firmarme un cheque. Jose Ignacio me prestó un millón de las antiguas pesetas. Incluso Paco, mi jefe, se involucró con quinientas mil pesetas. ¡Confiaban a ciegas en mí!

No tardé en recuperarme, en menos de un año ya les había invitado a cada uno de ellos a una cena, en la que les entregaba el dinero prestado con la mayor de las emociones.

Hubo alguien, sin embargo, que me dijo no.

Durante los años siguientes, en las numerosas veces en que nos veíamos los fines de semana para salir de copas, siempre que bebía más alcohol de la cuenta me decía: 'Salva, lo que daría por volver a esa tarde y poder decirte que sí, que tenías mi dinero a tu disposición'. 

sábado, enero 02, 2016

Regenerar

No se puede vivir sin sueños, aunque sean compartidos o incluso de otros, cuando la edad te cierra horizontes lejanos y no te queda sino proyectar tus ilusiones en las de los tuyos.

No es saludable apagar el despertador cada mañana sin tener motivaciones para levantarte de la cama. Estén relacionadas con lo que lo estén.

Los proyectos, eso sí, deben ir regenerándose. Hay que actualizarlos. La madurez consiste en eso, en encontrar palancas que accionar para ir acoplando nuevos retos cuando los desafíos pasados se hicieron realidad o se desinflaron.

Yo sueño con mi nuevo año en Renault, con objetivos más ambiciosos que nunca por poner nuestra fábrica al primer nivel; sueño con el negocio de Fran y el cosquilleo que producen los nuevos envites; con mi novela aún por aparecer y con mi novela aún por escribir; con la película que, esta vez sí, está próxima a estrenar; con los cinco kilos que sé que voy a perder, con la semana santa en Florencia de la que ya tengo los billetes, con la adolescencia desconocida de mi sobrino Iván, con la carrera profesional de mis hermanas como monitoras de pilates, con los cursos de quiromasaje de mi hermano David, ¡vaya familia sana! Sueño con todos los viajes y cenas por compartir con mis amigos de verdad, para que me hagan partícipe de sus éxitos y confíen en mí en sus pequeñas derrotas; sueño con la recuperación total a una nueva vida de mi querida Montse.

Sueño con que el amor siga siendo mi faro, algo que necesita de un trabajo diario, constante, leal, que estoy dispuesto a reforzar.

Sueño con una España cada vez más civilizada, solidaria y unida, dispuesta a entenderse sin coacciones, por el bien exclusivo de la ciudadanía. Un país que deje atrás lo soez y abrace la cultura, que haga penar a los corruptos y motive a la juventud, que no se deje llevar por populismos ni por mesías y refuerce la educación. Un país cosmopolita y abierto que no olvide nunca a los más débiles y no se deje gobernar por gente casposa que hace tiempo que dejó de representarnos.

Un mundo donde el fanatismo quede acorralado por las armas de la razón y el respeto a la naturaleza.

Y sueño con los mejores días para mi padre, con hacerle partícipe de nuestros proyectos para que cada mañana en que le despierte la luz de un día nuevo, encuentre en los que lo queremos un motivo de sonrisa. Que siga por mucho tiempo con sus lecturas de historia, sus diagramas con los reyes de España, sus paseos entre amigos por Heliópolis y su coqueteo adolescente con las mujeres que lo adoran.

lunes, diciembre 14, 2015

Fantasmas

Es ante determinadas circunstancias que tocan lo personal cuando tu relación de afecto con los demás se pone a prueba.

Ahora que tengo muy recientes las presentaciones de mi novela Huyendo de mí por diferentes ciudades españolas, se me viene a la mente el recuerdo de un tipo encantador, madrileño, al que conocí cuando él regentaba un chiringuito en El Palmar. Un día de invierno le comenté que presentaba mi novela Andrea no está loca en el Café Galdós, de Madrid, con idea de que él acudiese si andaba por allí. Hablamos de siete años atrás.

Por teléfono me contestó que por supuesto contase con él, pero no sólo eso, me interrogó acerca del público al que iba dirigida la novela para que él pudiese hacerse una idea de a quién llevarse con él.

Le hablé del carácter intimista de la historia, que transcurría en Nueva York y que su línea argumental tenía mucho que ver con cómo las vivencias que nos marcan en la infancia moldean casi siempre nuestra madurez.

Él no necesitó saber más.

-Te lo puedo llenar de diputados del Congreso, que coge cerca, o con media escuela de teatro. ¿Cuánta gente tienes como tope? ¿Cien? ¿Quinientas?

El acto se desarrolló en un ambiente cálido y relajado, en pleno invierno. Fue Montse quien presentó la novela y allí estuvieron muchos de mis incondicionales, además de tertulianos de una web literaria, mi amigo Isaac vendiendo libros con Jota, Guillaume, recién llegado de París, mi amigo Jose de Ecija y su pandilla madrileña... Nada de diputados ni estudiantes de teatro. Ni quinientos, ni cien, ni diez, ni uno. Mi amigo encantador de los chiringuitos gaditanos tampoco. Ni un mensaje, ni una disculpa, ni un interesarse por cómo fue.

La noche se alargó entre copas hasta casi el amanecer.

No sé por qué esta tarde tranquila me acuerdo de tanta gente sencilla y cercana que me ha acompañado estos días porque me conocen, porque saben de mi amor por la escritura, lo haga mejor o peor, y porque me quieren. Gente, en buena parte, que nunca iría a un evento de este tipo, ni se leería una novela como las que escribo, pero que me demuestra con gestos como el de estar a mi lado que me quieren.

Para todos ellos, mi amor y mi agradecimiento.

domingo, octubre 11, 2015

Instantes

Hay instantes que borran mil desengaños.
Fue un desgarrador wasap de Montse hace unos meses el que me removió por dentro y en el que me hacía partícipe de un inesperado episodio de salud que le obligaba a introducir una pausa en su intensa y brillante vida laboral para dedicarse a cuidar de sí misma con todo su empuje, que es mucho y bueno.
A esa noticia demoledora siguió una bajada de ella a Sevilla para vernos antes de comenzar el tratamiento. El almuerzo en el Eslava fue una delicia, con la sensibilidad de nuestra amistad a flor de piel.
De Montse guardo escenas imborrables de veinte años atrás, cuando empezamos a trabajar en Renault y nos planteábamos si estábamos hechos para ese trabajo industrial, vestidos de monos azules y portando una caja de herramientas recién salidos de la universidad. Nos tomábamos con humor nuestros desconocimientos e hicimos piña con los compañeros de mantenimiento con los que nos tocó trabajar. Sabíamos que la empresa nos estaba formando, que llegarían tiempos en los que nos sentiríamos más útiles y que, a fin de cuentas, éramos unos afortunados.
Como dos personas que se quieren, fuimos haciendo vida fuera del trabajo, conociendo nuestras familias, los amigos, los amores.
Llegó el día en que su amor tiró de ella hacia Madrid; la vida no tiene puertas. Y con Montse se fueron unas risas contagiosas que aún hay compañeros que recuerdan entre las altas naves de la fábrica.
La distancia nunca fue el olvido para nosotros. Emocionante fue cuando ella me contó con la lágrima saltada en un bar de Atocha que iba a ser madre, o cuando coincidimos un frío invierno en Grazalema para celebrar el fin de año, o aquella tarde en que me presentó mi novela de Andrea en un café madrileño, con su niña correteando entre el público.
Este pasado viernes quise compartir con todos aquéllos que acudieron a la presentación de mi última novela por qué la dedicatoria iba dirigida a ella, pero no me dio tiempo a terminar. Fran me hizo gestos desde el fondo de la sala para que me callase; Montse había cogido un AVE esa misma tarde para entremezclarse entre el público sin que yo me apercibiese. El abrazo que nos dimos entre aplausos me pareció el principio del fin de este episodio amargo que le ha tocado afrontar como lo hacen las personas que aprecian la vida.
Hay instantes que te hacen ver que el mundo podría ser maravilloso.

sábado, marzo 17, 2012

Mi diáspora

Los medios con los que el ser humano se ha dotado para comunicarse permiten jubilar el pleno sentido de la expresión 'la distancia es el olvido', aunque no hacerlo de pleno.

El contacto físico es recomendable, que no esencial, para mantener los afectos.

Hay personas a las que me une tal cantidad de sentimientos, que pueden pasar años sin que nos veamos, meses sin telefonearnos, para volver a encontrarnos con la misma alegría, poniéndonos al día en minutos y renovando nuestra alianza vital.

A Mariángeles, a quien tengo en Huelva, a menos de una hora de Sevilla, la echo de menos muchísimo. Es la cerveza de entre semana, el paseo de mediodía, las cenas en casa con ella lo que echo en falta. Los años pasan y las oportunidades van reduciéndose en este mundo de vértigo en el que vivimos.

Es una alegría, sin embargo, saber que está ahí, siempre fiel, dispuesta a escuchar, a contar, apoyar cualquier causa o llorarme sus miedos.

A Pepe lo tengo en Munich. Científico concienzudo, encontró en Alemania un país más adecuado a su carácter que no esta España jaleosa e inestable. Nuestros correos son espaciados pero sentidos, sus visitas a Sevilla cada vez menos frecuentes, pero siempre se encuentra el momento para un paseo largo en que compartir nuestras ilusiones.

Montse es Madrid, todo Madrid. Fuerte, risueña, pasional, despistada. Tenerla como amiga es un regalo. Tenemos mil ocasiones de acordarnos uno de otro y nos lo hacemos saber. Ejerciendo de madre resuelve todo, me apena no poder haber vivido su día a día más de cerca, haber podido compartir sus dudas laborales, sus ganas de escapar de la gran ciudad.

En París dejé a Guillaume y Paolo, en Toulouse a Vincent y Elodie, en Barcelona a Rafa.

La distancia no es el olvido, no puede serlo.

domingo, enero 11, 2009

Emociones caducas

Era un viernes de inicio de vacaciones de Semana Santa. La familia al completo llegaba al gran chalé de siempre en La Antilla. Habíamos recorrido horas antes un hipermercado en busca de provisiones para diez días. Mi madre nos organizaba para ir buscando las compras por los pasillos del Continente. Era de noche cuando entramos en esa casa fría de la playa. Yo me senté en el mármol de la cocina viendo a mi familia organizando las cosas, llenando la nevera, abriendo ventanas y pensé que no podría ser jamás tan feliz.

Cada persona tiene estampas fijas de emociones intensas.

En unos de mis viajes a Turquía compré un tarro de un perfume olvidado en el tiempo que, al abrirlo, me hizo volver tantos años atrás, que paseé junto al mar del Mármara henchido de una melancolía que me llenaba.

Con dieciocho años llegué por primera vez a París, en tren, con dos amigos del colegio, con una mochila a la espalda. Cuando bajamos en la estación de Austerlitz en una ciudad que despertaba a las siete de la mañana, recuerdo que hicimos un trayecto largo, equivocado, a pie hasta Place d’Italie, confundiendo el paso hacia el centro. En las farolas había colocados carteles que anunciaban un concierto de Madonna en Bercy. Yo no sentía el peso de la mochila, ni el sueño de una noche de paliza en tren. Yo, literalmente, flotaba.

En 1984 leía a George Orwell tirado en la arena de la playa con Mariló a mi lado. La novela era 1984. Ella leía un párrafo, yo el siguiente, ella después hasta el próximo punto y aparte. Después yo. ¿Podía ser más hermosa la vida?

La primera vez que tuve sexo recuerdo volver a casa de mis padres, una noche fría, dando gritos desde mi vespa al aire de Sevilla por la avenida de la Palmera.

La puerta del ascensor que se abrió en el Virgen del Rocío para ver por vez primera a mi sobrino Iván en los brazos de mi hermana Raquel; el día que llegué de unos campeonatos de España de remo y me esperaba mi madre con unas zapatillas de deportes nuevas, a pocos meses de morir; el momento de verme en la lista de aprobados de Mecánica de Fluidos, cuando realmente fui consciente de que podría ser ingeniero; la aparición sorpresiva de Montse en la presentación de mi última novela; el abrazo de mi padre tras confirmarme por teléfono Renault que me había fichado; la conversación con Mariángeles en el Café Europa; la primera llegada de Fran a Orly.

¿Por qué, con el tiempo, pienso que las emociones se hacen menos fuertes?, ¿qué hace que nos vayamos haciendo más duros al entripado que produce la felicidad de los momentos puntuales?, ¿por qué el olor que antes nos llevaba al cielo ahora nos resulta casi indiferente?

Entiendo que el descubrimiento de la vida va acompañado de esos momentos cumbre de felicidad en que nuestra sensibilidad se pone a flor de piel.

¿La madurez implica pérdida?

Es posible que el ser humano esté concebido de ese modo, que la experiencia vaya instalando en nosotros una costra de dureza menos receptiva a las emociones explosivas que creemos que no volverán. En cambio, siento que con los años el bienestar personal crece, quizás porque vamos comprendiendo las claves. Sería duro ir viendo acercarse nuestro final y mantener la misma capacidad de asombro y de ansias de comerse el mundo. La felicidad se define en otros parámetros.

Soy de los que creo que con el tiempo se gana. Puedo recordar momentos de emoción inmensa cuando yo era un niño o un adolescente, pero si apago la luz y echo la vista atrás, yo no era una persona feliz, las inseguridades, los miedos, los complejos eran tan fuertes que tal vez por ello reforzaban la grandeza de los pasos adelante.

Con los años crece la experiencia y con ella debe venir la palabra justa, la comprensión amplia de las cosas, de las personas, la sabiduría, la calma, las risas sentidas, los abrazos sinceros.

Emociones de más calidad.